
CONCLUSIONES
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Hard
Eliana Camargo
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1
FECHA:____________ CLASE 34
TEMA: CONCLUSIONES.
2
Multiple Choice
Todas las culturas, además de una concepción propia de lo bello, han tenido siempre una idea propia de lo feo, aunque a partir de los hallazgos arqueológicos normalmente es difícil establecer si lo que está representado realmente era considerado bello o feo: a los ojos de un occidental contemporáneo ciertos fetiches o ciertas máscaras de otras civilizaciones parecen representar seres horribles y deformes, mientras que para los nativos pueden o podían ser representaciones de lo bello.
Según distintas teorías estéticas, desde la Antigüedad hasta la Edad Media, lo feo es una antítesis de lo bello, una carencia de armonía que viola las reglas de la proporción en las que se basa la belleza, tanto física como moral, o una carencia que sustrae al ser lo que por naturaleza debería tener.
Por eso, Platón, en sus Diálogos, discute en varias ocasiones acerca de lo bello y de lo feo, pero ante la grandeza moral de Sócrates se ríe del aspecto deforme de este. En cualquier caso, se admite un principio que es respetado de manera casi uniforme: si bien existen seres y cosas feas, el arte tiene el poder de representarlos de manera hermosa, y la belleza (o, al menos, la fidelidad realista) de esta imitación hace aceptable lo feo.
Abundan testimonios de esta concepción, desde Aristóteles hasta Kant. De modo que, si nos detenemos a reflexionar, la cuestión es sencilla: existe lo feo que nos repugna en la naturaleza, pero que se torna aceptable y hasta agradable en el arte que expresa y denuncia “bellamente” la fealdad de lo feo, tanto en sentido físico como moral. Pero ¿hasta qué punto una bella representación de lo feo (y de lo monstruoso) lo transforma en algo sublime? No es casual que, en la época clásica tardía y sobre todo en la era cristiana, la problemática de lo feo se vuelva más compleja. Lo expresa muy bien Hegel en una página donde advierte que, con la llegada de la sensibilidad cristiana y del arte que la expresa, adquieren una importancia central (especialmente en relación con la figura de Cristo, sus seguidores y aun sus perseguidores) el dolor, el sufrimiento, la muerte, la tortura y las deformaciones físicas que sufren tanto las víctimas como los verdugos.
Tomado de: Eco, U. (1996). Historia de la belleza. Bogotá, Editorial Norma.
1. En el texto, el sentido de la palabra ANTÍTESIS es
evocación
negación
hipérbole
síntesis
3
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Todas las culturas, además de una concepción propia de lo bello, han tenido siempre una idea propia de lo feo, aunque a partir de los hallazgos arqueológicos normalmente es difícil establecer si lo que está representado realmente era considerado bello o feo: a los ojos de un occidental contemporáneo ciertos fetiches o ciertas máscaras de otras civilizaciones parecen representar seres horribles y deformes, mientras que para los nativos pueden o podían ser representaciones de lo bello.
Según distintas teorías estéticas, desde la Antigüedad hasta la Edad Media, lo feo es una antítesis de lo bello, una carencia de armonía que viola las reglas de la proporción en las que se basa la belleza, tanto física como moral, o una carencia que sustrae al ser lo que por naturaleza debería tener.
Por eso, Platón, en sus Diálogos, discute en varias ocasiones acerca de lo bello y de lo feo, pero ante la grandeza moral de Sócrates se ríe del aspecto deforme de este. En cualquier caso, se admite un principio que es respetado de manera casi uniforme: si bien existen seres y cosas feas, el arte tiene el poder de representarlos de manera hermosa, y la belleza (o, al menos, la fidelidad realista) de esta imitación hace aceptable lo feo.
Abundan testimonios de esta concepción, desde Aristóteles hasta Kant. De modo que, si nos detenemos a reflexionar, la cuestión es sencilla: existe lo feo que nos repugna en la naturaleza, pero que se torna aceptable y hasta agradable en el arte que expresa y denuncia “bellamente” la fealdad de lo feo, tanto en sentido físico como moral. Pero ¿hasta qué punto una bella representación de lo feo (y de lo monstruoso) lo transforma en algo sublime? No es casual que, en la época clásica tardía y sobre todo en la era cristiana, la problemática de lo feo se vuelva más compleja. Lo expresa muy bien Hegel en una página donde advierte que, con la llegada de la sensibilidad cristiana y del arte que la expresa, adquieren una importancia central (especialmente en relación con la figura de Cristo, sus seguidores y aun sus perseguidores) el dolor, el sufrimiento, la muerte, la tortura y las deformaciones físicas que sufren tanto las víctimas como los verdugos.
Tomado de: Eco, U. (1996). Historia de la belleza. Bogotá, Editorial Norma.
2. El autor se refiere, principalmente
Al principio estético que explica la aceptación de lo feo por medio del arte.
A la evolución de las diversas teorías estéticas desde la lejana Antigüedad.
A la historia de la discusión filosófica sobre el concepto cultural de belleza.
Al choque cultural entre Oriente y Occidente sobre la valoración de lo bello.
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Todas las culturas, además de una concepción propia de lo bello, han tenido siempre una idea propia de lo feo, aunque a partir de los hallazgos arqueológicos normalmente es difícil establecer si lo que está representado realmente era considerado bello o feo: a los ojos de un occidental contemporáneo ciertos fetiches o ciertas máscaras de otras civilizaciones parecen representar seres horribles y deformes, mientras que para los nativos pueden o podían ser representaciones de lo bello.
Según distintas teorías estéticas, desde la Antigüedad hasta la Edad Media, lo feo es una antítesis de lo bello, una carencia de armonía que viola las reglas de la proporción en las que se basa la belleza, tanto física como moral, o una carencia que sustrae al ser lo que por naturaleza debería tener.
Por eso, Platón, en sus Diálogos, discute en varias ocasiones acerca de lo bello y de lo feo, pero ante la grandeza moral de Sócrates se ríe del aspecto deforme de este. En cualquier caso, se admite un principio que es respetado de manera casi uniforme: si bien existen seres y cosas feas, el arte tiene el poder de representarlos de manera hermosa, y la belleza (o, al menos, la fidelidad realista) de esta imitación hace aceptable lo feo.
Abundan testimonios de esta concepción, desde Aristóteles hasta Kant. De modo que, si nos detenemos a reflexionar, la cuestión es sencilla: existe lo feo que nos repugna en la naturaleza, pero que se torna aceptable y hasta agradable en el arte que expresa y denuncia “bellamente” la fealdad de lo feo, tanto en sentido físico como moral. Pero ¿hasta qué punto una bella representación de lo feo (y de lo monstruoso) lo transforma en algo sublime? No es casual que, en la época clásica tardía y sobre todo en la era cristiana, la problemática de lo feo se vuelva más compleja. Lo expresa muy bien Hegel en una página donde advierte que, con la llegada de la sensibilidad cristiana y del arte que la expresa, adquieren una importancia central (especialmente en relación con la figura de Cristo, sus seguidores y aun sus perseguidores) el dolor, el sufrimiento, la muerte, la tortura y las deformaciones físicas que sufren tanto las víctimas como los verdugos.
Tomado de: Eco, U. (1996). Historia de la belleza. Bogotá, Editorial Norma.
3. Uno de los siguientes enunciados es incompatible con lo aseverado en el texto.
Todas las culturas han tenido simultáneamente una concepción de lo bello y de lo feo.
De Aristóteles a Kant, hay un principio sobre la representación de lo feo a través del arte.
Lo feo era entendido como una antítesis de lo bello tanto a nivel físico como moral.
El arte cristiano mantuvo una valoración totalmente negativa de la concepción de lo feo.
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Todas las culturas, además de una concepción propia de lo bello, han tenido siempre una idea propia de lo feo, aunque a partir de los hallazgos arqueológicos normalmente es difícil establecer si lo que está representado realmente era considerado bello o feo: a los ojos de un occidental contemporáneo ciertos fetiches o ciertas máscaras de otras civilizaciones parecen representar seres horribles y deformes, mientras que para los nativos pueden o podían ser representaciones de lo bello.
Según distintas teorías estéticas, desde la Antigüedad hasta la Edad Media, lo feo es una antítesis de lo bello, una carencia de armonía que viola las reglas de la proporción en las que se basa la belleza, tanto física como moral, o una carencia que sustrae al ser lo que por naturaleza debería tener.
Por eso, Platón, en sus Diálogos, discute en varias ocasiones acerca de lo bello y de lo feo, pero ante la grandeza moral de Sócrates se ríe del aspecto deforme de este. En cualquier caso, se admite un principio que es respetado de manera casi uniforme: si bien existen seres y cosas feas, el arte tiene el poder de representarlos de manera hermosa, y la belleza (o, al menos, la fidelidad realista) de esta imitación hace aceptable lo feo.
Abundan testimonios de esta concepción, desde Aristóteles hasta Kant. De modo que, si nos detenemos a reflexionar, la cuestión es sencilla: existe lo feo que nos repugna en la naturaleza, pero que se torna aceptable y hasta agradable en el arte que expresa y denuncia “bellamente” la fealdad de lo feo, tanto en sentido físico como moral. Pero ¿hasta qué punto una bella representación de lo feo (y de lo monstruoso) lo transforma en algo sublime? No es casual que, en la época clásica tardía y sobre todo en la era cristiana, la problemática de lo feo se vuelva más compleja. Lo expresa muy bien Hegel en una página donde advierte que, con la llegada de la sensibilidad cristiana y del arte que la expresa, adquieren una importancia central (especialmente en relación con la figura de Cristo, sus seguidores y aun sus perseguidores) el dolor, el sufrimiento, la muerte, la tortura y las deformaciones físicas que sufren tanto las víctimas como los verdugos.
Tomado de: Eco, U. (1996). Historia de la belleza. Bogotá, Editorial Norma.
4. De acuerdo con los hallazgos arqueológicos, se infiere que las diferencias históricas y culturales establecen diferencias estéticas, porque
Las valoraciones de un occidental contemporáneo diferirían de las de un miembro de una civilización antigua.
Es imposible establecer ideas que construyan un puente histórico que permita la interpretación de otras culturas.
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ACTIVIDAD
Lectura y análisis de los textos “Aceptémonos como amazónicos” y “El buho que quería salvar a la humanidad” de Augusto Monterroso, socialización preguntas tipo icfes.
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CONSTATACIÓN
Desarrollo de las actividades del portafolio de aprendizaje, clase 32.
EXTRACLASE
Desarrollo del Quizzis asignado al correo.
FECHA:____________ CLASE 34
TEMA: CONCLUSIONES.
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