
EXAMEN ADMISIÓN ESPAÑOL OCTAVO
Authored by Luzmila Mancera Camacho
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1.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
5 mins • 1 pt
Al oído del lector
No fue pasión aquello, fue una ternura vaga lo que inspiran los niños enfermizos, los tiempos idos y las noches pálidas. El espíritu solo al conmoverse canta: cuando el amor lo agita poderoso tiembla, medita, se recoge y calla. Pasión hubiera sido en verdad; estas páginas en otro tiempo más feliz escritas no tuvieran estrofas sino lágrimas.
José Asunción Silva. Tomado de Poesía/De sobremesa, Madrid, Ediciones Cátedra, 2006.
Según el poeta, “los niños enfermizos, los tiempos idos y las noches pálidas”, solo inspiran
amor
pasión
amor intenso
vaga ternura
2.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
5 mins • 1 pt
l oído del lector
No fue pasión aquello, fue una ternura vaga lo que inspiran los niños enfermizos, los tiempos idos y las noches pálidas. El espíritu solo al conmoverse canta: cuando el amor lo agita poderoso tiembla, medita, se recoge y calla. Pasión hubiera sido en verdad; estas páginas en otro tiempo más feliz escritas no tuvieran estrofas sino lágrimas.
José Asunción Silva. Tomado de Poesía/De sobremesa, Madrid, Ediciones Cátedra, 2006.
Según el poema anterior, todo espíritu que “se agita, tiembla, medita, se recoge y calla”, evidencia que ha sido invadido por
un amor apasionado
la triste soledad
un amor superficial
la vaga ternura
3.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
5 mins • 1 pt
Al oído del lector
No fue pasión aquello, fue una ternura vaga lo que inspiran los niños enfermizos, los tiempos idos y las noches pálidas. El espíritu solo al conmoverse canta: cuando el amor lo agita poderoso tiembla, medita, se recoge y calla. Pasión hubiera sido en verdad; estas páginas en otro tiempo más feliz escritas no tuvieran estrofas sino lágrimas.
José Asunción Silva. Tomado de Poesía/De sobremesa, Madrid, Ediciones Cátedra, 2006.
Para José Asunción Silva, la verdadera pasión inspira una poesía
pálida y enfermiza.
vacía y solitaria.
intensamente emotiva.
tiernamente vaga
4.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
5 mins • 1 pt
Al oído del lector
No fue pasión aquello, fue una ternura vaga lo que inspiran los niños enfermizos, los tiempos idos y las noches pálidas. El espíritu solo al conmoverse canta: cuando el amor lo agita poderoso tiembla, medita, se recoge y calla. Pasión hubiera sido en verdad; estas páginas en otro tiempo más feliz escritas no tuvieran estrofas sino lágrimas.
José Asunción Silva. Tomado de Poesía/De sobremesa, Madrid, Ediciones Cátedra, 2006.
El título establece con el posible lector una relación
de confidencialidad.
distante y trivial.
de desconfianza.
lejana y fugaz.
5.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
5 mins • 1 pt
María
Soñé que María entraba a renovar las flores de mi mesa, y que al salir había rozado las cortinas de mi lecho con su falda de muselina vaporosa salpicada de florecillas azules.
Cuando desperté, las aves cantaban revoloteando en los follajes de los naranjos y pomarrosas, y los azahares llenaron mi estancia con su aroma tan luego como entreabrí la puerta.
La voz de María llegó entonces a mis oídos dulce y pura: era su voz de niña, pero más grave y lista ya para prestarse a todas las modulaciones de la ternura y de la pasión. ¡Ay! ¡Cuántas veces, en mis sueños, un eco de ese mismo acento ha llegado después a mi alma, y mis ojos han buscado en vano aquel huerto donde tan bella la vi en aquella mañana de agosto!
La niña cuyas inocentes caricias habían sido todas para mí, no sería ya la compañera de mis juegos; pero en las tardes doradas del verano estaría en los paseos a mi lado, en medio del grupo de mis hermanas; le ayudaría yo a cultivar sus flores predilectas; en las veladas oiría su voz, me mirarían sus ojos, nos separaría un solo paso.
Luego que me hube arreglado ligeramente los vestidos, abrí la ventana y divisé a María en una de las calles del jardín, acompañada de Emma: llevaba un traje más oscuro que el de la víspera, y el pañolón color de púrpura, enlazado a la cintura, le caía en forma de banda sobre la falda; su larga cabellera, dividida en dos crenchas, ocultábale a medias parte de la espalda y pecho: ella y mi hermana tenían descalzos los pies. Llevaba una vasija de porcelana poco más blanca que los brazos que la sostenían, la que iba llenando de rosas abiertas durante la noche, desechando por marchitas las menos húmedas y lozanas. Ella, riendo con su compañera, hundía las mejillas, más frescas que las rosas, en el tazón rebosante. Descubrióme Emma: María lo notó, y sin volverse hacia mí, cayó de rodillas para ocultarme sus pies, desatóse del talle el pañolón, y cubriéndose con él los hombros, fingía jugar con las flores.
Jorge Isaacs. Tomado de María, Madrid, Ediciones Cátedra, 2006.
En el fragmento se presenta a María como
una mujer que asume con madurez los asuntos del amor
una joven tierna que se resiste a abandonar sus muñecas.
una niña dulce que está entrando a la adolescencia.
una jovencita alegre que está entrando a la edad adulta.
6.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
5 mins • 1 pt
María
Soñé que María entraba a renovar las flores de mi mesa, y que al salir había rozado las cortinas de mi lecho con su falda de muselina vaporosa salpicada de florecillas azules.
Cuando desperté, las aves cantaban revoloteando en los follajes de los naranjos y pomarrosas, y los azahares llenaron mi estancia con su aroma tan luego como entreabrí la puerta.
La voz de María llegó entonces a mis oídos dulce y pura: era su voz de niña, pero más grave y lista ya para prestarse a todas las modulaciones de la ternura y de la pasión. ¡Ay! ¡Cuántas veces, en mis sueños, un eco de ese mismo acento ha llegado después a mi alma, y mis ojos han buscado en vano aquel huerto donde tan bella la vi en aquella mañana de agosto!
La niña cuyas inocentes caricias habían sido todas para mí, no sería ya la compañera de mis juegos; pero en las tardes doradas del verano estaría en los paseos a mi lado, en medio del grupo de mis hermanas; le ayudaría yo a cultivar sus flores predilectas; en las veladas oiría su voz, me mirarían sus ojos, nos separaría un solo paso.
Luego que me hube arreglado ligeramente los vestidos, abrí la ventana y divisé a María en una de las calles del jardín, acompañada de Emma: llevaba un traje más oscuro que el de la víspera, y el pañolón color de púrpura, enlazado a la cintura, le caía en forma de banda sobre la falda; su larga cabellera, dividida en dos crenchas, ocultábale a medias parte de la espalda y pecho: ella y mi hermana tenían descalzos los pies. Llevaba una vasija de porcelana poco más blanca que los brazos que la sostenían, la que iba llenando de rosas abiertas durante la noche, desechando por marchitas las menos húmedas y lozanas. Ella, riendo con su compañera, hundía las mejillas, más frescas que las rosas, en el tazón rebosante. Descubrióme Emma: María lo notó, y sin volverse hacia mí, cayó de rodillas para ocultarme sus pies, desatóse del talle el pañolón, y cubriéndose con él los hombros, fingía jugar con las flores.
Jorge Isaacs. Tomado de María, Madrid, Ediciones Cátedra, 2006.
Cuando el narrador dice: “Un eco de ese mismo acento ha llegado después a mi alma”, está
recordando las veces en que escucha la voz de María en sus sueños.
dudando de que la presencia de María en medio de los rosales sea real.
delirando con voces y murmullos que escucha en todas partes.
imaginando lo que ocurrirá cuando el alma de María se le aparezca.
7.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
5 mins • 1 pt
María
Soñé que María entraba a renovar las flores de mi mesa, y que al salir había rozado las cortinas de mi lecho con su falda de muselina vaporosa salpicada de florecillas azules.
Cuando desperté, las aves cantaban revoloteando en los follajes de los naranjos y pomarrosas, y los azahares llenaron mi estancia con su aroma tan luego como entreabrí la puerta.
La voz de María llegó entonces a mis oídos dulce y pura: era su voz de niña, pero más grave y lista ya para prestarse a todas las modulaciones de la ternura y de la pasión. ¡Ay! ¡Cuántas veces, en mis sueños, un eco de ese mismo acento ha llegado después a mi alma, y mis ojos han buscado en vano aquel huerto donde tan bella la vi en aquella mañana de agosto!
La niña cuyas inocentes caricias habían sido todas para mí, no sería ya la compañera de mis juegos; pero en las tardes doradas del verano estaría en los paseos a mi lado, en medio del grupo de mis hermanas; le ayudaría yo a cultivar sus flores predilectas; en las veladas oiría su voz, me mirarían sus ojos, nos separaría un solo paso.
Luego que me hube arreglado ligeramente los vestidos, abrí la ventana y divisé a María en una de las calles del jardín, acompañada de Emma: llevaba un traje más oscuro que el de la víspera, y el pañolón color de púrpura, enlazado a la cintura, le caía en forma de banda sobre la falda; su larga cabellera, dividida en dos crenchas, ocultábale a medias parte de la espalda y pecho: ella y mi hermana tenían descalzos los pies. Llevaba una vasija de porcelana poco más blanca que los brazos que la sostenían, la que iba llenando de rosas abiertas durante la noche, desechando por marchitas las menos húmedas y lozanas. Ella, riendo con su compañera, hundía las mejillas, más frescas que las rosas, en el tazón rebosante. Descubrióme Emma: María lo notó, y sin volverse hacia mí, cayó de rodillas para ocultarme sus pies, desatóse del talle el pañolón, y cubriéndose con él los hombros, fingía jugar con las flores.
Jorge Isaacs. Tomado de María, Madrid, Ediciones Cátedra, 2006.
Teniendo en cuenta algunos conocimientos literarios, se puede inferir que el fragmento anterior hace parte de
un cuento del Realismo.
una novela del Romanticismo.
un cuento del Modernismo.
una novela del Modernismo.
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