
Lectura crítica
Authored by Yuliana Jaramillo
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1.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
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RESPONDA LAS PREGUNTAS 1 A 3 DE ACUERDO CON LA SIGUIENTE INFORMACIÓN
Concibo en la especie humana dos clases de desigualdad: una, que llamo natural o física, porque se halla establecida por la naturaleza, y que consiste en la diferencia de edades, de salud, de fuerzas del cuerpo y de las cualidades del espíritu o del alma; la otra, que se puede llamar desigualdad moral o política, porque depende de una especie de convención, y que se halla establecida (al menos autorizada) por el consenso de los hombres. Ésta consiste en los diferentes privilegios de que gozan los unos en perjuicio de los otros, como el ser más ricos, más distinguidos, más poderosos e incluso el hacerse obedecer.
No puede preguntarse cuál es la causa de la desigualdad natural, porque la respuesta se encontraría enunciada en la simple definición de la palabra. Menos aún se puede investigar si no habría enlace esencial entre las dos desigualdades, porque esto sería preguntar en otros términos si los que mandan valen necesariamente más que aquellos que obedecen, y si la fuerza del cuerpo o del espíritu, la sabiduría o la virtud, se encuentran siempre en los mismos individuos en proporción del poderío o de la riqueza; cuestión buena tal vez para suscitarse entre esclavos con relación a sus amos, pero que no conviene con la condición de hombres razonables y libres que buscan la verdad.
Tomado de: J.J. Rousseau. Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres.
1. En la frase "pero que no conviene con la condición de hombres razonables y libres que buscan la verdad", ¿cuál de las siguientes expresiones podría sustituir a "pero que", sin alterar el sentido?
A. y...
B. aunque...
C. que por tanto...
D. que eventualmente...
2.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
2 mins • 1 pt
RESPONDA LAS PREGUNTAS 1 A 3 DE ACUERDO CON LA SIGUIENTE INFORMACIÓN
Concibo en la especie humana dos clases de desigualdad: una, que llamo natural o física, porque se halla establecida por la naturaleza, y que consiste en la diferencia de edades, de salud, de fuerzas del cuerpo y de las cualidades del espíritu o del alma; la otra, que se puede llamar desigualdad moral o política, porque depende de una especie de convención, y que se halla establecida (al menos autorizada) por el consenso de los hombres. Ésta consiste en los diferentes privilegios de que gozan los unos en perjuicio de los otros, como el ser más ricos, más distinguidos, más poderosos e incluso el hacerse obedecer.
No puede preguntarse cuál es la causa de la desigualdad natural, porque la respuesta se encontraría enunciada en la simple definición de la palabra. Menos aún se puede investigar si no habría enlace esencial entre las dos desigualdades, porque esto sería preguntar en otros términos si los que mandan valen necesariamente más que aquellos que obedecen, y si la fuerza del cuerpo o del espíritu, la sabiduría o la virtud, se encuentran siempre en los mismos individuos en proporción del poderío o de la riqueza; cuestión buena tal vez para suscitarse entre esclavos con relación a sus amos, pero que no conviene con la condición de hombres razonables y libres que buscan la verdad.
Tomado de: J.J. Rousseau. Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres.
2. Considere el siguiente resumen del texto:
"Rousseau establece la diferencia entre dos tipos de desigualdad existentes entre los hombres y explica que no puede ofrecerse ninguna razón para justificar la desigualdad natural".
Este no constituye un buen resumen del texto de Rousseau, porque
A. no afirma que hay dos tipos de desigualdades.
B. no hace alusión a la desigualdad física.
C. no explica la relación entre las desigualdades naturales y las morales o políticas.
D. no hace referencia a la desigualdad moral, y a que esta no depende de la física.
3.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
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RESPONDA LAS PREGUNTAS 1 A 3 DE ACUERDO CON LA SIGUIENTE INFORMACIÓN
Concibo en la especie humana dos clases de desigualdad: una, que llamo natural o física, porque se halla establecida por la naturaleza, y que consiste en la diferencia de edades, de salud, de fuerzas del cuerpo y de las cualidades del espíritu o del alma; la otra, que se puede llamar desigualdad moral o política, porque depende de una especie de convención, y que se halla establecida (al menos autorizada) por el consenso de los hombres. Ésta consiste en los diferentes privilegios de que gozan los unos en perjuicio de los otros, como el ser más ricos, más distinguidos, más poderosos e incluso el hacerse obedecer.
No puede preguntarse cuál es la causa de la desigualdad natural, porque la respuesta se encontraría enunciada en la simple definición de la palabra. Menos aún se puede investigar si no habría enlace esencial entre las dos desigualdades, porque esto sería preguntar en otros términos si los que mandan valen necesariamente más que aquellos que obedecen, y si la fuerza del cuerpo o del espíritu, la sabiduría o la virtud, se encuentran siempre en los mismos individuos en proporción del poderío o de la riqueza; cuestión buena tal vez para suscitarse entre esclavos con relación a sus amos, pero que no conviene con la condición de hombres razonables y libres que buscan la verdad.
Tomado de: J.J. Rousseau. Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres.
3. La pregunta central que responde este fragmento del texto de Rousseau es:
A. ¿Se justifican naturalmente las desigualdades entre los hombres?
B. ¿Las diferencias de edad constituyen una desigualdad entre los hombres?
C. ¿Por qué debe eliminarse la desigualdad entre los hombres?
D. ¿Las desigualdades morales o políticas tienen relación con la sabiduría?
4.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
15 mins • 1 pt
RESPONDA LAS PREGUNTAS 4 A 8 DE ACUERDO CON LA SIGUIENTE INFORMACIÓN
La deforestación en la selva del Amazonas sigue siendo intensa. Se transformó en un cáncer para el bosque tropical más grande del planeta. Una prueba más es una medición ejecutada por el proyecto Terra-i, impulsado por el Centro de Agricultura Tropical (Ciat), con sede en el Valle, y The Nature Conservancy (TNC), que indica que en ocho años ocho países amazónicos –sin contar a Brasil–, entre los que figura Colombia, perdieron 2,3 millones de hectáreas de bosque, algo así como si se hubiera talado casi todo el parque Chiribiquete, el área protegida más grande de la nación. La medición fue hecha entre el 2004 y el 2012 y señala que mientras en Brasil –que abarca el 60 por ciento de la selva amazónica– la tasa de deforestación bajó –pasó de 2,7 millones de hectáreas en el 2004 a 465.000 hectáreas en el 2012–, esta creció en el resto de los países con terrenos que hacen parte de la selva. Se concluye, entonces, que Colombia es uno de los más afectados por esta problemática en el continente.
Y resulta impactante que la deforestación en la selva húmeda más grande del mundo no tenga freno y ahora esté tan en su ADN como su propia biodiversidad, a pesar de que, desde hace décadas, los motores de esta tragedia ambiental hayan estado identificados.
En nuestro caso, el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (Sinchi), máxima autoridad en la materia, explica que el principal es la ganadería, que no solo tumba miles de plantas para abrirse paso, sino que también daña el suelo.
Pero a esta actividad se suman la agricultura, los cultivos ilícitos, el tráfico de especies y el comercio fraudulento de madera ilegal, que han acabado con varias especies de árboles nativos. Según Sinchi, hay 66 especies de flora en alto riesgo por estas actividades, al punto de que legendarios árboles como la caoba, el cedro o el palo de rosa –explotado durante años por multinacionales como Chanel– ya casi no se ven. Por algo, el Ideam advierte que, de los 32 departamentos, son los situados en la Amazonia los más afectados por la deforestación, especialmente Caquetá, Meta y Guaviare, que concentran el 46 por ciento de esa pérdida.
Han sido muchas las soluciones planteadas para cambiar tal realidad. Incluso, el presidente Juan Manuel Santos lideró la creación del Pacto por la Madera Legal, que intenta involucrar a todos los sectores sociales en el comercio justo y sostenible de este recurso. Válido, plausible. Pero se sabe que esto es como arar en el mar si a la Amazonia no se le da la importancia necesaria desde el punto de vista político y económico, para que se desarraigue tanta corrupción, se saque a sus comunidades de la pobreza y se las invite a olvidar el delito y las infracciones contra el bosque como vía para obtener dinero.
Ya es hora de pensar en una estrategia de desarrollo diseñada exclusivamente para este territorio indígena, diferente y frágil, que ocupa casi la mitad del mapa nacional (42 por ciento). Ya nos aceptamos con orgullo como costeños o andinos; nos falta asumir que también somos amazónicos. Allí tal vez no esperan carreteras de doble calzada, megaindustrias o explotaciones mineras. Anhelan, más bien, investigación, educación y proyectos biotecnológicos para aprovechar tantas plantas medicinales o especies de fauna. Y no para cortarlas o traficarlas a cualquier precio, sino para crear productos cosméticos o medicinas ‘made in Colombia’. La región lo merece. No podemos seguir mirándola como el indigno ‘patio de atrás’ de nuestra geografía.
Tomado de: Aceptémonos como amazónicos. Artículo Editorial de El Tiempo, 28 de febrero de 2014.
4. ¿Cuál de los siguientes enunciados puede inferirse del primer párrafo?
A. En Colombia, se ha talado en ocho años casi todo el parque Chiribiquete, el área más protegida de la nación.
B. Brasil es el único país del continente donde la tasa de deforestación de la selva amazónica no crece.
C. El bosque amazónico ha sufrido una gran deforestación al haber perdido más de 3,2 millones de hectáreas de bosque.
D. De acuerdo con el Centro Internacional de Agricultura Tropical, Colombia es el país del continente que más hectáreas de bosque ha perdido.
5.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
2 mins • 1 pt
RESPONDA LAS PREGUNTAS 4 A 8 DE ACUERDO CON LA SIGUIENTE INFORMACIÓN
La deforestación en la selva del Amazonas sigue siendo intensa. Se transformó en un cáncer para el bosque tropical más grande del planeta. Una prueba más es una medición ejecutada por el proyecto Terra-i, impulsado por el Centro de Agricultura Tropical (Ciat), con sede en el Valle, y The Nature Conservancy (TNC), que indica que en ocho años ocho países amazónicos –sin contar a Brasil–, entre los que figura Colombia, perdieron 2,3 millones de hectáreas de bosque, algo así como si se hubiera talado casi todo el parque Chiribiquete, el área protegida más grande de la nación. La medición fue hecha entre el 2004 y el 2012 y señala que mientras en Brasil –que abarca el 60 por ciento de la selva amazónica– la tasa de deforestación bajó –pasó de 2,7 millones de hectáreas en el 2004 a 465.000 hectáreas en el 2012–, esta creció en el resto de los países con terrenos que hacen parte de la selva. Se concluye, entonces, que Colombia es uno de los más afectados por esta problemática en el continente.
Y resulta impactante que la deforestación en la selva húmeda más grande del mundo no tenga freno y ahora esté tan en su ADN como su propia biodiversidad, a pesar de que, desde hace décadas, los motores de esta tragedia ambiental hayan estado identificados.
En nuestro caso, el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (Sinchi), máxima autoridad en la materia, explica que el principal es la ganadería, que no solo tumba miles de plantas para abrirse paso, sino que también daña el suelo.
Pero a esta actividad se suman la agricultura, los cultivos ilícitos, el tráfico de especies y el comercio fraudulento de madera ilegal, que han acabado con varias especies de árboles nativos. Según Sinchi, hay 66 especies de flora en alto riesgo por estas actividades, al punto de que legendarios árboles como la caoba, el cedro o el palo de rosa –explotado durante años por multinacionales como Chanel– ya casi no se ven. Por algo, el Ideam advierte que, de los 32 departamentos, son los situados en la Amazonia los más afectados por la deforestación, especialmente Caquetá, Meta y Guaviare, que concentran el 46 por ciento de esa pérdida.
Han sido muchas las soluciones planteadas para cambiar tal realidad. Incluso, el presidente Juan Manuel Santos lideró la creación del Pacto por la Madera Legal, que intenta involucrar a todos los sectores sociales en el comercio justo y sostenible de este recurso. Válido, plausible. Pero se sabe que esto es como arar en el mar si a la Amazonia no se le da la importancia necesaria desde el punto de vista político y económico, para que se desarraigue tanta corrupción, se saque a sus comunidades de la pobreza y se las invite a olvidar el delito y las infracciones contra el bosque como vía para obtener dinero.
Ya es hora de pensar en una estrategia de desarrollo diseñada exclusivamente para este territorio indígena, diferente y frágil, que ocupa casi la mitad del mapa nacional (42 por ciento). Ya nos aceptamos con orgullo como costeños o andinos; nos falta asumir que también somos amazónicos. Allí tal vez no esperan carreteras de doble calzada, megaindustrias o explotaciones mineras. Anhelan, más bien, investigación, educación y proyectos biotecnológicos para aprovechar tantas plantas medicinales o especies de fauna. Y no para cortarlas o traficarlas a cualquier precio, sino para crear productos cosméticos o medicinas ‘made in Colombia’. La región lo merece. No podemos seguir mirándola como el indigno ‘patio de atrás’ de nuestra geografía.
Tomado de: Aceptémonos como amazónicos. Artículo Editorial de El Tiempo, 28 de febrero de 2014.
5. ¿Cuál de los siguientes enunciados describe mejor lo conclusión general del texto?
A. Ante el daño ambiental causado al Amazonas, se debe pensar en una estrategia de desarrollo exclusiva para este territorio.
B. La deforestación del Amazonas es uno de los problemas ambientales más graves que enfrentan Colombia y los países vecinos.
C. Instituciones ambientales han determinado que 2,3 millones de hectáreas de bosque tropical se han deforestado en la Amazonia.
D. La ganadería es el principal factor o motor de la deforestación en el bosque tropical de la Amazonia en Colombia.
6.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
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RESPONDA LAS PREGUNTAS 4 A 8 DE ACUERDO CON LA SIGUIENTE INFORMACIÓN
La deforestación en la selva del Amazonas sigue siendo intensa. Se transformó en un cáncer para el bosque tropical más grande del planeta. Una prueba más es una medición ejecutada por el proyecto Terra-i, impulsado por el Centro de Agricultura Tropical (Ciat), con sede en el Valle, y The Nature Conservancy (TNC), que indica que en ocho años ocho países amazónicos –sin contar a Brasil–, entre los que figura Colombia, perdieron 2,3 millones de hectáreas de bosque, algo así como si se hubiera talado casi todo el parque Chiribiquete, el área protegida más grande de la nación. La medición fue hecha entre el 2004 y el 2012 y señala que mientras en Brasil –que abarca el 60 por ciento de la selva amazónica– la tasa de deforestación bajó –pasó de 2,7 millones de hectáreas en el 2004 a 465.000 hectáreas en el 2012–, esta creció en el resto de los países con terrenos que hacen parte de la selva. Se concluye, entonces, que Colombia es uno de los más afectados por esta problemática en el continente.
Y resulta impactante que la deforestación en la selva húmeda más grande del mundo no tenga freno y ahora esté tan en su ADN como su propia biodiversidad, a pesar de que, desde hace décadas, los motores de esta tragedia ambiental hayan estado identificados.
En nuestro caso, el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (Sinchi), máxima autoridad en la materia, explica que el principal es la ganadería, que no solo tumba miles de plantas para abrirse paso, sino que también daña el suelo.
Pero a esta actividad se suman la agricultura, los cultivos ilícitos, el tráfico de especies y el comercio fraudulento de madera ilegal, que han acabado con varias especies de árboles nativos. Según Sinchi, hay 66 especies de flora en alto riesgo por estas actividades, al punto de que legendarios árboles como la caoba, el cedro o el palo de rosa –explotado durante años por multinacionales como Chanel– ya casi no se ven. Por algo, el Ideam advierte que, de los 32 departamentos, son los situados en la Amazonia los más afectados por la deforestación, especialmente Caquetá, Meta y Guaviare, que concentran el 46 por ciento de esa pérdida.
Han sido muchas las soluciones planteadas para cambiar tal realidad. Incluso, el presidente Juan Manuel Santos lideró la creación del Pacto por la Madera Legal, que intenta involucrar a todos los sectores sociales en el comercio justo y sostenible de este recurso. Válido, plausible. Pero se sabe que esto es como arar en el mar si a la Amazonia no se le da la importancia necesaria desde el punto de vista político y económico, para que se desarraigue tanta corrupción, se saque a sus comunidades de la pobreza y se las invite a olvidar el delito y las infracciones contra el bosque como vía para obtener dinero.
Ya es hora de pensar en una estrategia de desarrollo diseñada exclusivamente para este territorio indígena, diferente y frágil, que ocupa casi la mitad del mapa nacional (42 por ciento). Ya nos aceptamos con orgullo como costeños o andinos; nos falta asumir que también somos amazónicos. Allí tal vez no esperan carreteras de doble calzada, megaindustrias o explotaciones mineras. Anhelan, más bien, investigación, educación y proyectos biotecnológicos para aprovechar tantas plantas medicinales o especies de fauna. Y no para cortarlas o traficarlas a cualquier precio, sino para crear productos cosméticos o medicinas ‘made in Colombia’. La región lo merece. No podemos seguir mirándola como el indigno ‘patio de atrás’ de nuestra geografía.
Tomado de: Aceptémonos como amazónicos. Artículo Editorial de El Tiempo, 28 de febrero de 2014.
6. Considere el siguiente enunciado del texto:
"La deforestación en la selva del Amazonas sigue siendo intensa".
De acuerdo con el artículo, ¿cuál de las siguientes opciones presenta una razón a favor del enunciado?
A. Colombia comparte con otros ocho países inmensas hectáreas de selva tropical en la región amazónica.
B. Una reciente medición indica que varios de los países con zonas en el área amazónica han aumentado drásticamente la tala del bosque tropical.
C. Brasil, que posee el 60 por ciento de la región amazónica, ha disminuido sustancialmente la deforestación de la selva amazónica.
D. Una gran variedad de fauna nativa del Amazonas se aprovecha por industrias multinacionales químicas y cosméticas.
7.
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La deforestación en la selva del Amazonas sigue siendo intensa. Se transformó en un cáncer para el bosque tropical más grande del planeta. Una prueba más es una medición ejecutada por el proyecto Terra-i, impulsado por el Centro de Agricultura Tropical (Ciat), con sede en el Valle, y The Nature Conservancy (TNC), que indica que en ocho años ocho países amazónicos –sin contar a Brasil–, entre los que figura Colombia, perdieron 2,3 millones de hectáreas de bosque, algo así como si se hubiera talado casi todo el parque Chiribiquete, el área protegida más grande de la nación. La medición fue hecha entre el 2004 y el 2012 y señala que mientras en Brasil –que abarca el 60 por ciento de la selva amazónica– la tasa de deforestación bajó –pasó de 2,7 millones de hectáreas en el 2004 a 465.000 hectáreas en el 2012–, esta creció en el resto de los países con terrenos que hacen parte de la selva. Se concluye, entonces, que Colombia es uno de los más afectados por esta problemática en el continente.
Y resulta impactante que la deforestación en la selva húmeda más grande del mundo no tenga freno y ahora esté tan en su ADN como su propia biodiversidad, a pesar de que, desde hace décadas, los motores de esta tragedia ambiental hayan estado identificados.
En nuestro caso, el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas (Sinchi), máxima autoridad en la materia, explica que el principal es la ganadería, que no solo tumba miles de plantas para abrirse paso, sino que también daña el suelo.
Pero a esta actividad se suman la agricultura, los cultivos ilícitos, el tráfico de especies y el comercio fraudulento de madera ilegal, que han acabado con varias especies de árboles nativos. Según Sinchi, hay 66 especies de flora en alto riesgo por estas actividades, al punto de que legendarios árboles como la caoba, el cedro o el palo de rosa –explotado durante años por multinacionales como Chanel– ya casi no se ven. Por algo, el Ideam advierte que, de los 32 departamentos, son los situados en la Amazonia los más afectados por la deforestación, especialmente Caquetá, Meta y Guaviare, que concentran el 46 por ciento de esa pérdida.
Han sido muchas las soluciones planteadas para cambiar tal realidad. Incluso, el presidente Juan Manuel Santos lideró la creación del Pacto por la Madera Legal, que intenta involucrar a todos los sectores sociales en el comercio justo y sostenible de este recurso. Válido, plausible. Pero se sabe que esto es como arar en el mar si a la Amazonia no se le da la importancia necesaria desde el punto de vista político y económico, para que se desarraigue tanta corrupción, se saque a sus comunidades de la pobreza y se las invite a olvidar el delito y las infracciones contra el bosque como vía para obtener dinero.
Ya es hora de pensar en una estrategia de desarrollo diseñada exclusivamente para este territorio indígena, diferente y frágil, que ocupa casi la mitad del mapa nacional (42 por ciento). Ya nos aceptamos con orgullo como costeños o andinos; nos falta asumir que también somos amazónicos. Allí tal vez no esperan carreteras de doble calzada, megaindustrias o explotaciones mineras. Anhelan, más bien, investigación, educación y proyectos biotecnológicos para aprovechar tantas plantas medicinales o especies de fauna. Y no para cortarlas o traficarlas a cualquier precio, sino para crear productos cosméticos o medicinas ‘made in Colombia’. La región lo merece. No podemos seguir mirándola como el indigno ‘patio de atrás’ de nuestra geografía.
Tomado de: Aceptémonos como amazónicos. Artículo Editorial de El Tiempo, 28 de febrero de 2014.
7. ¿Qué comportamiento social no sanciona el autor en el texto?
A. La tala indiscriminada del bosque húmedo amazónico.
B. El aprovechamiento de la naturaleza amazónica para fabricar productos nacionales.
C. El protagonismo de las regiones Andina y Caribe en las políticas públicas colombianas.
D. El desarrollo extensivo de la industria ganadera en el bosque húmedo del Amazonas.
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