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WorksheetsLENGUA CASTELLANA 3º PRIMARIA UNIDAD 3 COLEGIO PEÑAFORT.
Total questions: 53
Worksheet time: 27mins
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1.
¿Qué acontecimiento se anuncia en el cartel? Marca.
a)
La celebración de los diez años del Parque Natural.
b)
La apertura de nuevas rutas por Vista Hermosa.
c)
La inauguración del Parque Natural Vista Hermosa.
2.
¿Qué actividades se pueden realizar según el cartel?
a)
En el parque se puede hacer rutas por el bosque, descender
por el río Florido, pasear por la cueva El búho y ver una exposición
fotográfica.
b)
En el parque únicamente está permitido fotografiar animales.
3.
Indica qué grupo de palabras no es una oración.
a)
Había muchos.
b)
Marta fue a la farmacia.
c)
El parque está lejos de aquí.
d)
Tengo muchos amigos.
4.
¿Cuántas oraciones tiene el texto?
Ayer fui al zoológico con mi vecino. Llegamos temprano para poder ver a todos los animales. Después, entramos a una exposición sobre delfines. Queremos volver pronto.
Ayer fui al zoológico con mi vecino. Llegamos temprano para poder ver a todos los animales. Después, entramos a una exposición sobre delfines. Queremos volver pronto.
a)
Cuatro.
b)
Tres.
c)
Cinco.
d)
Dos.
5.
¿Cuántas oraciones tiene el texto?
Ayer nos fuimos al pueblo mi familia y yo. Nos levantamos temprano para hacer las maletas. Cuando llegamos, el abuelo nos estaba esperando en la puerta de la casa.
Ayer nos fuimos al pueblo mi familia y yo. Nos levantamos temprano para hacer las maletas. Cuando llegamos, el abuelo nos estaba esperando en la puerta de la casa.
a)
Tres
b)
Cuatro
c)
Cinco
d)
Dos
6.
Marca el sujeto que corresponde.
juegan al baloncesto
juegan al baloncesto
a)
Luis y Ana
b)
Vosotros
c)
El polideportivo
d)
Un perro
7.
Marca el sujeto en la oración:
Los niños juegan a la pelota
Los niños juegan a la pelota
a)
Los niños
b)
juegan a la pelota
8.
Marca el predicado en la oración:
Los niños juegan a la pelota
Los niños juegan a la pelota
a)
Los niños
b)
juegan a la pelota
9.
¿Quién escribe la postal?
a)
Raúl
b)
Álex Montiel
10.
¿A quién va dirigida la postal?
a)
Álex Montiel
b)
Raúl
11.
¿Cómo se escriben los textos literarios?
a)
En prosa o en verso.
b)
En prosa
c)
En verso
12.
¿Cómo se llaman los textos literarios escritos en verso?
a)
Poemas
b)
Rimas
c)
Noticias
d)
Textos
13.
¿Qué datos necesitas de la persona a la que diriges una postal?
a)
Nombre y apellidos, código postal,
dirección, localidad.
b)
Fecha de nacimiento y nacionalidad.
14.
¿Cuál de estas palabras es polisémica?
a)
muñeca
b)
tuerca
c)
cuervo
15.
Marca la definición:
Se ha desvanecido
Se ha desvanecido
a)
Ha desaparecido.
b)
Se ha enfadado
16.
Marca la definición:
cólera
cólera
a)
Enfado de una persona que se pone muy violenta y grita mucho.
b)
Rabo de un animal.
17.
El secreto de la serenidad Hace tiempo, en una aldea cerca de los Cárpatos, en la actual Polonia, vivía un granjero llamado Marek. Marek era un hombre muy agradable, cariñoso, aficionado a las bromas y siempre dispuesto a ayudar. Sin embargo, tenía un grave defecto: cuando se enfadaba, se ponía furioso y no podía controlarse. Esa conducta le causaba problemas con sus amigos y vecinos. Y, aunque todos lo apreciaban, empezaban a estar hartos de sus explosiones de genio. Un día, Marek oyó hablar de un hombre sabio que vivía en lo alto de la montaña. Y, ni corto ni perezoso, se fue a verlo en busca de ayuda. El sabio, después de escuchar atentamente a Marek, le dijo: –Para poder ayudarte necesito verte furioso. Así sabré qué clase de enfado tienes. Vete a tu casa y en cuanto notes que te invade la ira, ven a verme corriendo. Pocos días después, Marek se enfadó con su esposa por un pequeño contratiempo. Esa vez, en lugar de ponerse a gritar como siempre, salió corriendo. Dando enormes zancadas, subió el camino que conducía a la cima de la montaña, donde se encontraba la humilde cabaña del sabio. Una vez arriba, se detuvo para tomar aliento y comprobó, con cierta desilusión, que ya no estaba enfadado.
–Venía a enseñarte mi furia, pero se ha desvanecido –le explicó al sabio. –Vuelve a casa y la próxima vez sube aún más deprisa. Si no te veo en pleno ataque de cólera, no podré ayudarte. Marek regresó triste. El remedio a su mal se estaba haciendo esperar. ¡La próxima vez correría con todas sus fuerzas! Y así fue. Hubo un nuevo enfado y, en cuanto notó el calor de la rabia invadiéndolo, corrió a toda prisa montaña arriba. Iba tan rápido que casi no tocaba el suelo. No pensaba en otra cosa que en llegar cuanto antes. Esta vez tardó la mitad de tiempo en alcanzar la cumbre, pero… ¡el enfado ya se le había pasado! El sabio se quedó de nuevo sin ver la ira del granjero y este, sin cura para su mal. ¡Era desesperante! La misma situación se repitió varias veces. Hasta que un día Marek, cansado de subir aquella montaña sin lograr mantenerse enfadado, le dijo al sabio: –Tú no puedes ayudarme. No volveré más. El sabio respondió: –¿Acaso has vuelto a perder el control desde que me conoces? –No he tenido tiempo –replicó él–. Nada más enfadarme, echaba a correr para que pudieras verme. –Ahí tienes la solución. Simplemente, cuando notes que te estás enfadando, no te dejes llevar por la rabia y echa a correr hacia cualquier sitio. Verás que enseguida la ira te abandona. Marek se dio cuenta de que el sabio le había estado enseñando lo que debía hacer sin decírselo. Así aprendió a ignorar su furia y se convirtió en un hombre mucho más feliz.
¿Quién era Marek?
–Venía a enseñarte mi furia, pero se ha desvanecido –le explicó al sabio. –Vuelve a casa y la próxima vez sube aún más deprisa. Si no te veo en pleno ataque de cólera, no podré ayudarte. Marek regresó triste. El remedio a su mal se estaba haciendo esperar. ¡La próxima vez correría con todas sus fuerzas! Y así fue. Hubo un nuevo enfado y, en cuanto notó el calor de la rabia invadiéndolo, corrió a toda prisa montaña arriba. Iba tan rápido que casi no tocaba el suelo. No pensaba en otra cosa que en llegar cuanto antes. Esta vez tardó la mitad de tiempo en alcanzar la cumbre, pero… ¡el enfado ya se le había pasado! El sabio se quedó de nuevo sin ver la ira del granjero y este, sin cura para su mal. ¡Era desesperante! La misma situación se repitió varias veces. Hasta que un día Marek, cansado de subir aquella montaña sin lograr mantenerse enfadado, le dijo al sabio: –Tú no puedes ayudarme. No volveré más. El sabio respondió: –¿Acaso has vuelto a perder el control desde que me conoces? –No he tenido tiempo –replicó él–. Nada más enfadarme, echaba a correr para que pudieras verme. –Ahí tienes la solución. Simplemente, cuando notes que te estás enfadando, no te dejes llevar por la rabia y echa a correr hacia cualquier sitio. Verás que enseguida la ira te abandona. Marek se dio cuenta de que el sabio le había estado enseñando lo que debía hacer sin decírselo. Así aprendió a ignorar su furia y se convirtió en un hombre mucho más feliz.
¿Quién era Marek?
a)
Un granjero.
b)
Un leñador
c)
Un maestro.
d)
Un informático.
18.
El secreto de la serenidad Hace tiempo, en una aldea cerca de los Cárpatos, en la actual Polonia, vivía un granjero llamado Marek. Marek era un hombre muy agradable, cariñoso, aficionado a las bromas y siempre dispuesto a ayudar. Sin embargo, tenía un grave defecto: cuando se enfadaba, se ponía furioso y no podía controlarse. Esa conducta le causaba problemas con sus amigos y vecinos. Y, aunque todos lo apreciaban, empezaban a estar hartos de sus explosiones de genio. Un día, Marek oyó hablar de un hombre sabio que vivía en lo alto de la montaña. Y, ni corto ni perezoso, se fue a verlo en busca de ayuda. El sabio, después de escuchar atentamente a Marek, le dijo: –Para poder ayudarte necesito verte furioso. Así sabré qué clase de enfado tienes. Vete a tu casa y en cuanto notes que te invade la ira, ven a verme corriendo. Pocos días después, Marek se enfadó con su esposa por un pequeño contratiempo. Esa vez, en lugar de ponerse a gritar como siempre, salió corriendo. Dando enormes zancadas, subió el camino que conducía a la cima de la montaña, donde se encontraba la humilde cabaña del sabio. Una vez arriba, se detuvo para tomar aliento y comprobó, con cierta desilusión, que ya no estaba enfadado.
–Venía a enseñarte mi furia, pero se ha desvanecido –le explicó al sabio. –Vuelve a casa y la próxima vez sube aún más deprisa. Si no te veo en pleno ataque de cólera, no podré ayudarte. Marek regresó triste. El remedio a su mal se estaba haciendo esperar. ¡La próxima vez correría con todas sus fuerzas! Y así fue. Hubo un nuevo enfado y, en cuanto notó el calor de la rabia invadiéndolo, corrió a toda prisa montaña arriba. Iba tan rápido que casi no tocaba el suelo. No pensaba en otra cosa que en llegar cuanto antes. Esta vez tardó la mitad de tiempo en alcanzar la cumbre, pero… ¡el enfado ya se le había pasado! El sabio se quedó de nuevo sin ver la ira del granjero y este, sin cura para su mal. ¡Era desesperante! La misma situación se repitió varias veces. Hasta que un día Marek, cansado de subir aquella montaña sin lograr mantenerse enfadado, le dijo al sabio: –Tú no puedes ayudarme. No volveré más. El sabio respondió: –¿Acaso has vuelto a perder el control desde que me conoces? –No he tenido tiempo –replicó él–. Nada más enfadarme, echaba a correr para que pudieras verme. –Ahí tienes la solución. Simplemente, cuando notes que te estás enfadando, no te dejes llevar por la rabia y echa a correr hacia cualquier sitio. Verás que enseguida la ira te abandona. Marek se dio cuenta de que el sabio le había estado enseñando lo que debía hacer sin decírselo. Así aprendió a ignorar su furia y se convirtió en un hombre mucho más feliz.
¿Dónde vivía Marek?
–Venía a enseñarte mi furia, pero se ha desvanecido –le explicó al sabio. –Vuelve a casa y la próxima vez sube aún más deprisa. Si no te veo en pleno ataque de cólera, no podré ayudarte. Marek regresó triste. El remedio a su mal se estaba haciendo esperar. ¡La próxima vez correría con todas sus fuerzas! Y así fue. Hubo un nuevo enfado y, en cuanto notó el calor de la rabia invadiéndolo, corrió a toda prisa montaña arriba. Iba tan rápido que casi no tocaba el suelo. No pensaba en otra cosa que en llegar cuanto antes. Esta vez tardó la mitad de tiempo en alcanzar la cumbre, pero… ¡el enfado ya se le había pasado! El sabio se quedó de nuevo sin ver la ira del granjero y este, sin cura para su mal. ¡Era desesperante! La misma situación se repitió varias veces. Hasta que un día Marek, cansado de subir aquella montaña sin lograr mantenerse enfadado, le dijo al sabio: –Tú no puedes ayudarme. No volveré más. El sabio respondió: –¿Acaso has vuelto a perder el control desde que me conoces? –No he tenido tiempo –replicó él–. Nada más enfadarme, echaba a correr para que pudieras verme. –Ahí tienes la solución. Simplemente, cuando notes que te estás enfadando, no te dejes llevar por la rabia y echa a correr hacia cualquier sitio. Verás que enseguida la ira te abandona. Marek se dio cuenta de que el sabio le había estado enseñando lo que debía hacer sin decírselo. Así aprendió a ignorar su furia y se convirtió en un hombre mucho más feliz.
¿Dónde vivía Marek?
a)
En una aldea cerca de los Cárpatos, en Polonia.
b)
Cerca de casa de Mario.
c)
En Portugal.
d)
En Francia.
19.
El secreto de la serenidad Hace tiempo, en una aldea cerca de los Cárpatos, en la actual Polonia, vivía un granjero llamado Marek. Marek era un hombre muy agradable, cariñoso, aficionado a las bromas y siempre dispuesto a ayudar. Sin embargo, tenía un grave defecto: cuando se enfadaba, se ponía furioso y no podía controlarse. Esa conducta le causaba problemas con sus amigos y vecinos. Y, aunque todos lo apreciaban, empezaban a estar hartos de sus explosiones de genio. Un día, Marek oyó hablar de un hombre sabio que vivía en lo alto de la montaña. Y, ni corto ni perezoso, se fue a verlo en busca de ayuda. El sabio, después de escuchar atentamente a Marek, le dijo: –Para poder ayudarte necesito verte furioso. Así sabré qué clase de enfado tienes. Vete a tu casa y en cuanto notes que te invade la ira, ven a verme corriendo. Pocos días después, Marek se enfadó con su esposa por un pequeño contratiempo. Esa vez, en lugar de ponerse a gritar como siempre, salió corriendo. Dando enormes zancadas, subió el camino que conducía a la cima de la montaña, donde se encontraba la humilde cabaña del sabio. Una vez arriba, se detuvo para tomar aliento y comprobó, con cierta desilusión, que ya no estaba enfadado.
–Venía a enseñarte mi furia, pero se ha desvanecido –le explicó al sabio. –Vuelve a casa y la próxima vez sube aún más deprisa. Si no te veo en pleno ataque de cólera, no podré ayudarte. Marek regresó triste. El remedio a su mal se estaba haciendo esperar. ¡La próxima vez correría con todas sus fuerzas! Y así fue. Hubo un nuevo enfado y, en cuanto notó el calor de la rabia invadiéndolo, corrió a toda prisa montaña arriba. Iba tan rápido que casi no tocaba el suelo. No pensaba en otra cosa que en llegar cuanto antes. Esta vez tardó la mitad de tiempo en alcanzar la cumbre, pero… ¡el enfado ya se le había pasado! El sabio se quedó de nuevo sin ver la ira del granjero y este, sin cura para su mal. ¡Era desesperante! La misma situación se repitió varias veces. Hasta que un día Marek, cansado de subir aquella montaña sin lograr mantenerse enfadado, le dijo al sabio: –Tú no puedes ayudarme. No volveré más. El sabio respondió: –¿Acaso has vuelto a perder el control desde que me conoces? –No he tenido tiempo –replicó él–. Nada más enfadarme, echaba a correr para que pudieras verme. –Ahí tienes la solución. Simplemente, cuando notes que te estás enfadando, no te dejes llevar por la rabia y echa a correr hacia cualquier sitio. Verás que enseguida la ira te abandona. Marek se dio cuenta de que el sabio le había estado enseñando lo que debía hacer sin decírselo. Así aprendió a ignorar su furia y se convirtió en un hombre mucho más feliz.
¿Cómo era su carácter?
–Venía a enseñarte mi furia, pero se ha desvanecido –le explicó al sabio. –Vuelve a casa y la próxima vez sube aún más deprisa. Si no te veo en pleno ataque de cólera, no podré ayudarte. Marek regresó triste. El remedio a su mal se estaba haciendo esperar. ¡La próxima vez correría con todas sus fuerzas! Y así fue. Hubo un nuevo enfado y, en cuanto notó el calor de la rabia invadiéndolo, corrió a toda prisa montaña arriba. Iba tan rápido que casi no tocaba el suelo. No pensaba en otra cosa que en llegar cuanto antes. Esta vez tardó la mitad de tiempo en alcanzar la cumbre, pero… ¡el enfado ya se le había pasado! El sabio se quedó de nuevo sin ver la ira del granjero y este, sin cura para su mal. ¡Era desesperante! La misma situación se repitió varias veces. Hasta que un día Marek, cansado de subir aquella montaña sin lograr mantenerse enfadado, le dijo al sabio: –Tú no puedes ayudarme. No volveré más. El sabio respondió: –¿Acaso has vuelto a perder el control desde que me conoces? –No he tenido tiempo –replicó él–. Nada más enfadarme, echaba a correr para que pudieras verme. –Ahí tienes la solución. Simplemente, cuando notes que te estás enfadando, no te dejes llevar por la rabia y echa a correr hacia cualquier sitio. Verás que enseguida la ira te abandona. Marek se dio cuenta de que el sabio le había estado enseñando lo que debía hacer sin decírselo. Así aprendió a ignorar su furia y se convirtió en un hombre mucho más feliz.
¿Cómo era su carácter?
a)
Agradable, cariñoso, bromista y siempre dispuesto a ayudar
b)
Desagradable, siempre estaba enfadado.
20.
El secreto de la serenidad Hace tiempo, en una aldea cerca de los Cárpatos, en la actual Polonia, vivía un granjero llamado Marek. Marek era un hombre muy agradable, cariñoso, aficionado a las bromas y siempre dispuesto a ayudar. Sin embargo, tenía un grave defecto: cuando se enfadaba, se ponía furioso y no podía controlarse. Esa conducta le causaba problemas con sus amigos y vecinos. Y, aunque todos lo apreciaban, empezaban a estar hartos de sus explosiones de genio. Un día, Marek oyó hablar de un hombre sabio que vivía en lo alto de la montaña. Y, ni corto ni perezoso, se fue a verlo en busca de ayuda. El sabio, después de escuchar atentamente a Marek, le dijo: –Para poder ayudarte necesito verte furioso. Así sabré qué clase de enfado tienes. Vete a tu casa y en cuanto notes que te invade la ira, ven a verme corriendo. Pocos días después, Marek se enfadó con su esposa por un pequeño contratiempo. Esa vez, en lugar de ponerse a gritar como siempre, salió corriendo. Dando enormes zancadas, subió el camino que conducía a la cima de la montaña, donde se encontraba la humilde cabaña del sabio. Una vez arriba, se detuvo para tomar aliento y comprobó, con cierta desilusión, que ya no estaba enfadado.
–Venía a enseñarte mi furia, pero se ha desvanecido –le explicó al sabio. –Vuelve a casa y la próxima vez sube aún más deprisa. Si no te veo en pleno ataque de cólera, no podré ayudarte. Marek regresó triste. El remedio a su mal se estaba haciendo esperar. ¡La próxima vez correría con todas sus fuerzas! Y así fue. Hubo un nuevo enfado y, en cuanto notó el calor de la rabia invadiéndolo, corrió a toda prisa montaña arriba. Iba tan rápido que casi no tocaba el suelo. No pensaba en otra cosa que en llegar cuanto antes. Esta vez tardó la mitad de tiempo en alcanzar la cumbre, pero… ¡el enfado ya se le había pasado! El sabio se quedó de nuevo sin ver la ira del granjero y este, sin cura para su mal. ¡Era desesperante! La misma situación se repitió varias veces. Hasta que un día Marek, cansado de subir aquella montaña sin lograr mantenerse enfadado, le dijo al sabio: –Tú no puedes ayudarme. No volveré más. El sabio respondió: –¿Acaso has vuelto a perder el control desde que me conoces? –No he tenido tiempo –replicó él–. Nada más enfadarme, echaba a correr para que pudieras verme. –Ahí tienes la solución. Simplemente, cuando notes que te estás enfadando, no te dejes llevar por la rabia y echa a correr hacia cualquier sitio. Verás que enseguida la ira te abandona. Marek se dio cuenta de que el sabio le había estado enseñando lo que debía hacer sin decírselo. Así aprendió a ignorar su furia y se convirtió en un hombre mucho más feliz.
¿Qué defecto tenía?
–Venía a enseñarte mi furia, pero se ha desvanecido –le explicó al sabio. –Vuelve a casa y la próxima vez sube aún más deprisa. Si no te veo en pleno ataque de cólera, no podré ayudarte. Marek regresó triste. El remedio a su mal se estaba haciendo esperar. ¡La próxima vez correría con todas sus fuerzas! Y así fue. Hubo un nuevo enfado y, en cuanto notó el calor de la rabia invadiéndolo, corrió a toda prisa montaña arriba. Iba tan rápido que casi no tocaba el suelo. No pensaba en otra cosa que en llegar cuanto antes. Esta vez tardó la mitad de tiempo en alcanzar la cumbre, pero… ¡el enfado ya se le había pasado! El sabio se quedó de nuevo sin ver la ira del granjero y este, sin cura para su mal. ¡Era desesperante! La misma situación se repitió varias veces. Hasta que un día Marek, cansado de subir aquella montaña sin lograr mantenerse enfadado, le dijo al sabio: –Tú no puedes ayudarme. No volveré más. El sabio respondió: –¿Acaso has vuelto a perder el control desde que me conoces? –No he tenido tiempo –replicó él–. Nada más enfadarme, echaba a correr para que pudieras verme. –Ahí tienes la solución. Simplemente, cuando notes que te estás enfadando, no te dejes llevar por la rabia y echa a correr hacia cualquier sitio. Verás que enseguida la ira te abandona. Marek se dio cuenta de que el sabio le había estado enseñando lo que debía hacer sin decírselo. Así aprendió a ignorar su furia y se convirtió en un hombre mucho más feliz.
¿Qué defecto tenía?
a)
Cuando se enfadaba, no podía controlar su furia.
b)
Cuando se enfadaba, se quedaba sin habla.
21.
Cuando decimos Marek tiene mucho genio, expresamos una idea. Marek tiene mucho genio es una
a)
oración
b)
frase
22.
La persona o cosa de la que se dice algo es el
a)
sujeto
b)
predicado
23.
Lo que se dice del sujeto es el
a)
predicado
b)
verbo
24.
Marca el texto correcto
a)
Mi amigo Miguel Miguel es muy madrugador. Siempre consigue llegar el primero al trabajo. Es profesor de guitarra en el conservatorio. ¡Le gusta mucho la música! Los domingos, Miguel se pasa el día en el lago, con su piragua. El piragüismo es otra de sus pasiones.
b)
Mi amigo Miguel Miguel es muy madrugador. Siempre consigue llegar el primero al trabajo. Es profesor de guitarra en el conservatorio. ¡Le gusta mucho la música! Los domingos, Miguel se pasa el día en el lago, con su piragüa. El piragüismo es otra de sus pasiones.
c)
Mi amigo Miguel Miguel es muy madrugador. Siempre consigue llegar el primero al trabajo. Es profesor de guitarra en el conservatorio. ¡Le gusta mucho la música! Los domingos, Miguel se pasa el día en el lago, con su piragua. El piraguismo es otra de sus pasiones.
d)
Mi amigo Miguel Miguel es muy madrugador. Siempre consigue llegar el primero al trabajo. Es profesor de guitarra en el conservatorio. ¡Le gusta mucho la música! Los domingos, Miguel se pasa el dia en el lago, con su piragua. El piragüismo es otra de sus pasiones.
25.
Marca el texto correcto
a)
De marcha El club El Aguilucho ha organizado una marcha a la Laguna Azul el próximo domingo. La laguna se forma en verano con el agua de los neveros de las cumbres. Acompañados de un guía, los participantes ascenderán entre árboles de una belleza inigualable y atravesarán varios regueros de montaña. Está previsto que lleguen a su destino al mediodía.
b)
De marcha El club El Aguilucho ha organizado una marcha a la Laguna Azul el próximo domingo. La laguna se forma en verano con el agua de los neveros de las cumbres. Acompañados de un guía, los participantes ascenderán entre árboles de una belleza inigualable y atravesarán varios regueros de montaña. Está previsto que lleguen a su destino al mediodia.
c)
De marcha El club El Aguilucho ha organizado una marcha a la Laguna Azul el próximo domingo. La laguna se forma en verano con el agua de los neveros de las cumbres. Acompañados de un guía, los participantes ascenderán entre árboles de una belleza inigualable y atravesarán varios regueros de montaña. Está prebisto que lleguen a su destino al mediodía.
d)
De marcha El club El Aguilucho ha organizado una marcha a la Laguna Azul el próximo domingo. La laguna se forma en verano con el agua de los neveros de las cumbres. Acompañados de un guia, los participantes ascenderán entre árboles de una belleza inigualable y atravesarán varios regueros de montaña. Está previsto que lleguen a su destino al mediodía.
26.
Bosque
¡Qué verde trino!
A canto de pájaros
huele el camino.
Antonio Granados
¿Qué animales trinan?
¡Qué verde trino!
A canto de pájaros
huele el camino.
Antonio Granados
¿Qué animales trinan?
a)
Los pájaros
b)
Las orugas
27.
El secreto de la serenidad Hace tiempo, en una aldea cerca de los Cárpatos, en la actual Polonia, vivía un granjero llamado Marek. Marek era un hombre muy agradable, cariñoso, aficionado a las bromas y siempre dispuesto a ayudar. Sin embargo, tenía un grave defecto: cuando se enfadaba, se ponía furioso y no podía controlarse. Esa conducta le causaba problemas con sus amigos y vecinos. Y, aunque todos lo apreciaban, empezaban a estar hartos de sus explosiones de genio. Un día, Marek oyó hablar de un hombre sabio que vivía en lo alto de la montaña. Y, ni corto ni perezoso, se fue a verlo en busca de ayuda. El sabio, después de escuchar atentamente a Marek, le dijo: –Para poder ayudarte necesito verte furioso. Así sabré qué clase de enfado tienes. Vete a tu casa y en cuanto notes que te invade la ira, ven a verme corriendo. Pocos días después, Marek se enfadó con su esposa por un pequeño contratiempo. Esa vez, en lugar de ponerse a gritar como siempre, salió corriendo. Dando enormes zancadas, subió el camino que conducía a la cima de la montaña, donde se encontraba la humilde cabaña del sabio. Una vez arriba, se detuvo para tomar aliento y comprobó, con cierta desilusión, que ya no estaba enfadado.
–Venía a enseñarte mi furia, pero se ha desvanecido –le explicó al sabio. –Vuelve a casa y la próxima vez sube aún más deprisa. Si no te veo en pleno ataque de cólera, no podré ayudarte. Marek regresó triste. El remedio a su mal se estaba haciendo esperar. ¡La próxima vez correría con todas sus fuerzas! Y así fue. Hubo un nuevo enfado y, en cuanto notó el calor de la rabia invadiéndolo, corrió a toda prisa montaña arriba. Iba tan rápido que casi no tocaba el suelo. No pensaba en otra cosa que en llegar cuanto antes. Esta vez tardó la mitad de tiempo en alcanzar la cumbre, pero… ¡el enfado ya se le había pasado! El sabio se quedó de nuevo sin ver la ira del granjero y este, sin cura para su mal. ¡Era desesperante! La misma situación se repitió varias veces. Hasta que un día Marek, cansado de subir aquella montaña sin lograr mantenerse enfadado, le dijo al sabio: –Tú no puedes ayudarme. No volveré más. El sabio respondió: –¿Acaso has vuelto a perder el control desde que me conoces? –No he tenido tiempo –replicó él–. Nada más enfadarme, echaba a correr para que pudieras verme. –Ahí tienes la solución. Simplemente, cuando notes que te estás enfadando, no te dejes llevar por la rabia y echa a correr hacia cualquier sitio. Verás que enseguida la ira te abandona. Marek se dio cuenta de que el sabio le había estado enseñando lo que debía hacer sin decírselo. Así aprendió a ignorar su furia y se convirtió en un hombre mucho más feliz.
Marek sabía controlar muy bien su ira cuando se enfadaba.
–Venía a enseñarte mi furia, pero se ha desvanecido –le explicó al sabio. –Vuelve a casa y la próxima vez sube aún más deprisa. Si no te veo en pleno ataque de cólera, no podré ayudarte. Marek regresó triste. El remedio a su mal se estaba haciendo esperar. ¡La próxima vez correría con todas sus fuerzas! Y así fue. Hubo un nuevo enfado y, en cuanto notó el calor de la rabia invadiéndolo, corrió a toda prisa montaña arriba. Iba tan rápido que casi no tocaba el suelo. No pensaba en otra cosa que en llegar cuanto antes. Esta vez tardó la mitad de tiempo en alcanzar la cumbre, pero… ¡el enfado ya se le había pasado! El sabio se quedó de nuevo sin ver la ira del granjero y este, sin cura para su mal. ¡Era desesperante! La misma situación se repitió varias veces. Hasta que un día Marek, cansado de subir aquella montaña sin lograr mantenerse enfadado, le dijo al sabio: –Tú no puedes ayudarme. No volveré más. El sabio respondió: –¿Acaso has vuelto a perder el control desde que me conoces? –No he tenido tiempo –replicó él–. Nada más enfadarme, echaba a correr para que pudieras verme. –Ahí tienes la solución. Simplemente, cuando notes que te estás enfadando, no te dejes llevar por la rabia y echa a correr hacia cualquier sitio. Verás que enseguida la ira te abandona. Marek se dio cuenta de que el sabio le había estado enseñando lo que debía hacer sin decírselo. Así aprendió a ignorar su furia y se convirtió en un hombre mucho más feliz.
Marek sabía controlar muy bien su ira cuando se enfadaba.
a)
falso
b)
verdadero
28.
El secreto de la serenidad Hace tiempo, en una aldea cerca de los Cárpatos, en la actual Polonia, vivía un granjero llamado Marek. Marek era un hombre muy agradable, cariñoso, aficionado a las bromas y siempre dispuesto a ayudar. Sin embargo, tenía un grave defecto: cuando se enfadaba, se ponía furioso y no podía controlarse. Esa conducta le causaba problemas con sus amigos y vecinos. Y, aunque todos lo apreciaban, empezaban a estar hartos de sus explosiones de genio. Un día, Marek oyó hablar de un hombre sabio que vivía en lo alto de la montaña. Y, ni corto ni perezoso, se fue a verlo en busca de ayuda. El sabio, después de escuchar atentamente a Marek, le dijo: –Para poder ayudarte necesito verte furioso. Así sabré qué clase de enfado tienes. Vete a tu casa y en cuanto notes que te invade la ira, ven a verme corriendo. Pocos días después, Marek se enfadó con su esposa por un pequeño contratiempo. Esa vez, en lugar de ponerse a gritar como siempre, salió corriendo. Dando enormes zancadas, subió el camino que conducía a la cima de la montaña, donde se encontraba la humilde cabaña del sabio. Una vez arriba, se detuvo para tomar aliento y comprobó, con cierta desilusión, que ya no estaba enfadado.
–Venía a enseñarte mi furia, pero se ha desvanecido –le explicó al sabio. –Vuelve a casa y la próxima vez sube aún más deprisa. Si no te veo en pleno ataque de cólera, no podré ayudarte. Marek regresó triste. El remedio a su mal se estaba haciendo esperar. ¡La próxima vez correría con todas sus fuerzas! Y así fue. Hubo un nuevo enfado y, en cuanto notó el calor de la rabia invadiéndolo, corrió a toda prisa montaña arriba. Iba tan rápido que casi no tocaba el suelo. No pensaba en otra cosa que en llegar cuanto antes. Esta vez tardó la mitad de tiempo en alcanzar la cumbre, pero… ¡el enfado ya se le había pasado! El sabio se quedó de nuevo sin ver la ira del granjero y este, sin cura para su mal. ¡Era desesperante! La misma situación se repitió varias veces. Hasta que un día Marek, cansado de subir aquella montaña sin lograr mantenerse enfadado, le dijo al sabio: –Tú no puedes ayudarme. No volveré más. El sabio respondió: –¿Acaso has vuelto a perder el control desde que me conoces? –No he tenido tiempo –replicó él–. Nada más enfadarme, echaba a correr para que pudieras verme. –Ahí tienes la solución. Simplemente, cuando notes que te estás enfadando, no te dejes llevar por la rabia y echa a correr hacia cualquier sitio. Verás que enseguida la ira te abandona. Marek se dio cuenta de que el sabio le había estado enseñando lo que debía hacer sin decírselo. Así aprendió a ignorar su furia y se convirtió en un hombre mucho más feliz.
Marek no quiso pedir ayuda al sabio para controlar su genio.
–Venía a enseñarte mi furia, pero se ha desvanecido –le explicó al sabio. –Vuelve a casa y la próxima vez sube aún más deprisa. Si no te veo en pleno ataque de cólera, no podré ayudarte. Marek regresó triste. El remedio a su mal se estaba haciendo esperar. ¡La próxima vez correría con todas sus fuerzas! Y así fue. Hubo un nuevo enfado y, en cuanto notó el calor de la rabia invadiéndolo, corrió a toda prisa montaña arriba. Iba tan rápido que casi no tocaba el suelo. No pensaba en otra cosa que en llegar cuanto antes. Esta vez tardó la mitad de tiempo en alcanzar la cumbre, pero… ¡el enfado ya se le había pasado! El sabio se quedó de nuevo sin ver la ira del granjero y este, sin cura para su mal. ¡Era desesperante! La misma situación se repitió varias veces. Hasta que un día Marek, cansado de subir aquella montaña sin lograr mantenerse enfadado, le dijo al sabio: –Tú no puedes ayudarme. No volveré más. El sabio respondió: –¿Acaso has vuelto a perder el control desde que me conoces? –No he tenido tiempo –replicó él–. Nada más enfadarme, echaba a correr para que pudieras verme. –Ahí tienes la solución. Simplemente, cuando notes que te estás enfadando, no te dejes llevar por la rabia y echa a correr hacia cualquier sitio. Verás que enseguida la ira te abandona. Marek se dio cuenta de que el sabio le había estado enseñando lo que debía hacer sin decírselo. Así aprendió a ignorar su furia y se convirtió en un hombre mucho más feliz.
Marek no quiso pedir ayuda al sabio para controlar su genio.
a)
falso
b)
verdadero
29.
El secreto de la serenidad Hace tiempo, en una aldea cerca de los Cárpatos, en la actual Polonia, vivía un granjero llamado Marek. Marek era un hombre muy agradable, cariñoso, aficionado a las bromas y siempre dispuesto a ayudar. Sin embargo, tenía un grave defecto: cuando se enfadaba, se ponía furioso y no podía controlarse. Esa conducta le causaba problemas con sus amigos y vecinos. Y, aunque todos lo apreciaban, empezaban a estar hartos de sus explosiones de genio. Un día, Marek oyó hablar de un hombre sabio que vivía en lo alto de la montaña. Y, ni corto ni perezoso, se fue a verlo en busca de ayuda. El sabio, después de escuchar atentamente a Marek, le dijo: –Para poder ayudarte necesito verte furioso. Así sabré qué clase de enfado tienes. Vete a tu casa y en cuanto notes que te invade la ira, ven a verme corriendo. Pocos días después, Marek se enfadó con su esposa por un pequeño contratiempo. Esa vez, en lugar de ponerse a gritar como siempre, salió corriendo. Dando enormes zancadas, subió el camino que conducía a la cima de la montaña, donde se encontraba la humilde cabaña del sabio. Una vez arriba, se detuvo para tomar aliento y comprobó, con cierta desilusión, que ya no estaba enfadado.
–Venía a enseñarte mi furia, pero se ha desvanecido –le explicó al sabio. –Vuelve a casa y la próxima vez sube aún más deprisa. Si no te veo en pleno ataque de cólera, no podré ayudarte. Marek regresó triste. El remedio a su mal se estaba haciendo esperar. ¡La próxima vez correría con todas sus fuerzas! Y así fue. Hubo un nuevo enfado y, en cuanto notó el calor de la rabia invadiéndolo, corrió a toda prisa montaña arriba. Iba tan rápido que casi no tocaba el suelo. No pensaba en otra cosa que en llegar cuanto antes. Esta vez tardó la mitad de tiempo en alcanzar la cumbre, pero… ¡el enfado ya se le había pasado! El sabio se quedó de nuevo sin ver la ira del granjero y este, sin cura para su mal. ¡Era desesperante! La misma situación se repitió varias veces. Hasta que un día Marek, cansado de subir aquella montaña sin lograr mantenerse enfadado, le dijo al sabio: –Tú no puedes ayudarme. No volveré más. El sabio respondió: –¿Acaso has vuelto a perder el control desde que me conoces? –No he tenido tiempo –replicó él–. Nada más enfadarme, echaba a correr para que pudieras verme. –Ahí tienes la solución. Simplemente, cuando notes que te estás enfadando, no te dejes llevar por la rabia y echa a correr hacia cualquier sitio. Verás que enseguida la ira te abandona. Marek se dio cuenta de que el sabio le había estado enseñando lo que debía hacer sin decírselo. Así aprendió a ignorar su furia y se convirtió en un hombre mucho más feliz.
El sabio pidió a Marek que fuera a verlo cuando le invadiera la ira.
–Venía a enseñarte mi furia, pero se ha desvanecido –le explicó al sabio. –Vuelve a casa y la próxima vez sube aún más deprisa. Si no te veo en pleno ataque de cólera, no podré ayudarte. Marek regresó triste. El remedio a su mal se estaba haciendo esperar. ¡La próxima vez correría con todas sus fuerzas! Y así fue. Hubo un nuevo enfado y, en cuanto notó el calor de la rabia invadiéndolo, corrió a toda prisa montaña arriba. Iba tan rápido que casi no tocaba el suelo. No pensaba en otra cosa que en llegar cuanto antes. Esta vez tardó la mitad de tiempo en alcanzar la cumbre, pero… ¡el enfado ya se le había pasado! El sabio se quedó de nuevo sin ver la ira del granjero y este, sin cura para su mal. ¡Era desesperante! La misma situación se repitió varias veces. Hasta que un día Marek, cansado de subir aquella montaña sin lograr mantenerse enfadado, le dijo al sabio: –Tú no puedes ayudarme. No volveré más. El sabio respondió: –¿Acaso has vuelto a perder el control desde que me conoces? –No he tenido tiempo –replicó él–. Nada más enfadarme, echaba a correr para que pudieras verme. –Ahí tienes la solución. Simplemente, cuando notes que te estás enfadando, no te dejes llevar por la rabia y echa a correr hacia cualquier sitio. Verás que enseguida la ira te abandona. Marek se dio cuenta de que el sabio le había estado enseñando lo que debía hacer sin decírselo. Así aprendió a ignorar su furia y se convirtió en un hombre mucho más feliz.
El sabio pidió a Marek que fuera a verlo cuando le invadiera la ira.
a)
falso
b)
verdadero
30.
El secreto de la serenidad Hace tiempo, en una aldea cerca de los Cárpatos, en la actual Polonia, vivía un granjero llamado Marek. Marek era un hombre muy agradable, cariñoso, aficionado a las bromas y siempre dispuesto a ayudar. Sin embargo, tenía un grave defecto: cuando se enfadaba, se ponía furioso y no podía controlarse. Esa conducta le causaba problemas con sus amigos y vecinos. Y, aunque todos lo apreciaban, empezaban a estar hartos de sus explosiones de genio. Un día, Marek oyó hablar de un hombre sabio que vivía en lo alto de la montaña. Y, ni corto ni perezoso, se fue a verlo en busca de ayuda. El sabio, después de escuchar atentamente a Marek, le dijo: –Para poder ayudarte necesito verte furioso. Así sabré qué clase de enfado tienes. Vete a tu casa y en cuanto notes que te invade la ira, ven a verme corriendo. Pocos días después, Marek se enfadó con su esposa por un pequeño contratiempo. Esa vez, en lugar de ponerse a gritar como siempre, salió corriendo. Dando enormes zancadas, subió el camino que conducía a la cima de la montaña, donde se encontraba la humilde cabaña del sabio. Una vez arriba, se detuvo para tomar aliento y comprobó, con cierta desilusión, que ya no estaba enfadado.
–Venía a enseñarte mi furia, pero se ha desvanecido –le explicó al sabio. –Vuelve a casa y la próxima vez sube aún más deprisa. Si no te veo en pleno ataque de cólera, no podré ayudarte. Marek regresó triste. El remedio a su mal se estaba haciendo esperar. ¡La próxima vez correría con todas sus fuerzas! Y así fue. Hubo un nuevo enfado y, en cuanto notó el calor de la rabia invadiéndolo, corrió a toda prisa montaña arriba. Iba tan rápido que casi no tocaba el suelo. No pensaba en otra cosa que en llegar cuanto antes. Esta vez tardó la mitad de tiempo en alcanzar la cumbre, pero… ¡el enfado ya se le había pasado! El sabio se quedó de nuevo sin ver la ira del granjero y este, sin cura para su mal. ¡Era desesperante! La misma situación se repitió varias veces. Hasta que un día Marek, cansado de subir aquella montaña sin lograr mantenerse enfadado, le dijo al sabio: –Tú no puedes ayudarme. No volveré más. El sabio respondió: –¿Acaso has vuelto a perder el control desde que me conoces? –No he tenido tiempo –replicó él–. Nada más enfadarme, echaba a correr para que pudieras verme. –Ahí tienes la solución. Simplemente, cuando notes que te estás enfadando, no te dejes llevar por la rabia y echa a correr hacia cualquier sitio. Verás que enseguida la ira te abandona. Marek se dio cuenta de que el sabio le había estado enseñando lo que debía hacer sin decírselo. Así aprendió a ignorar su furia y se convirtió en un hombre mucho más feliz.
El sabio le hizo ver a Marek que su furia desaparecía cuando salía corriendo a verlo.
–Venía a enseñarte mi furia, pero se ha desvanecido –le explicó al sabio. –Vuelve a casa y la próxima vez sube aún más deprisa. Si no te veo en pleno ataque de cólera, no podré ayudarte. Marek regresó triste. El remedio a su mal se estaba haciendo esperar. ¡La próxima vez correría con todas sus fuerzas! Y así fue. Hubo un nuevo enfado y, en cuanto notó el calor de la rabia invadiéndolo, corrió a toda prisa montaña arriba. Iba tan rápido que casi no tocaba el suelo. No pensaba en otra cosa que en llegar cuanto antes. Esta vez tardó la mitad de tiempo en alcanzar la cumbre, pero… ¡el enfado ya se le había pasado! El sabio se quedó de nuevo sin ver la ira del granjero y este, sin cura para su mal. ¡Era desesperante! La misma situación se repitió varias veces. Hasta que un día Marek, cansado de subir aquella montaña sin lograr mantenerse enfadado, le dijo al sabio: –Tú no puedes ayudarme. No volveré más. El sabio respondió: –¿Acaso has vuelto a perder el control desde que me conoces? –No he tenido tiempo –replicó él–. Nada más enfadarme, echaba a correr para que pudieras verme. –Ahí tienes la solución. Simplemente, cuando notes que te estás enfadando, no te dejes llevar por la rabia y echa a correr hacia cualquier sitio. Verás que enseguida la ira te abandona. Marek se dio cuenta de que el sabio le había estado enseñando lo que debía hacer sin decírselo. Así aprendió a ignorar su furia y se convirtió en un hombre mucho más feliz.
El sabio le hizo ver a Marek que su furia desaparecía cuando salía corriendo a verlo.
a)
falso
b)
verdadero
31.
Marca la afirmación verdadera.
a)
Las palabras polisémicas son las que tienen un significado parecido.
b)
Las palabras polisémicas son las que tienen más de un significado.
c)
Las palabras polisémicas son las que tienen un significado contrario.
32.
¿Cuál de las siguientes palabras es polisémica?
a)
carta
b)
abeto
c)
calabacín
33.
Marca la afirmación falsa.
a)
Las oraciones son mensajes que expresan nuestras ideas y pensamientos.
b)
Las oraciones tienen sujeto y predicado.
c)
El sujeto de la oración La vaca muge, es muge.
34.
Marca la afirmación verdadera.
a)
La palabra ver__uenza se escribe con gü.
b)
La palabra __indilla se escribe con gü.
c)
La palabra ho__era se escribe con gü
35.
¿Cuál de estas palabras no se escribe con gu?
a)
ju__uete
b)
col_ante
c)
__iñol
36.
Costero
a)
Relacionado con la costa.
b)
Terreno con mucha pendiente.
c)
Relacionado con el mar.
37.
Escarpado
a)
Terreno con mucha pendiente.
b)
Relacionado con el mar.
c)
Relacionado con la costa.
38.
Marino
a)
Relacionado con el mar.
b)
Terreno con mucha pendiente.
c)
Relacionado con la costa.
39.
Marca los signos de puntuación que corresponden en esta oración.
Me darías un poquito
Me darías un poquito
a)
.
b)
,
c)
:
d)
?¿
40.
Marca los signos de puntuación que corresponden en esta oración.
A ver si tengo suerte
A ver si tengo suerte
a)
¡!
b)
¿?
c)
,
d)
.
41.
Marca los signos de puntuación que corresponden en esta oración.
Ten cuidado
Ten cuidado
a)
¡!
b)
¿?
c)
,
d)
:
42.
Marca los signos de puntuación que corresponden en esta oración.
Las cerezas son de color rojo
Las cerezas son de color rojo
a)
.
b)
:
c)
,
d)
¡!
43.
Marca los signos de puntuación que corresponden en esta oración.
Cuándo vendrás
Cuándo vendrás
a)
¿?
b)
,
c)
.
d)
:
44.
Marca los signos de puntuación que corresponden en esta oración.
Adónde vamos
Adónde vamos
a)
¿?
b)
¡!
c)
,
d)
.
45.
Marca los signos de puntuación que corresponden en esta oración.
Tengo dos hermanos Miguel y Sara.
Tengo dos hermanos Miguel y Sara.
a)
:
b)
,
c)
.
d)
¡!
46.
Marca el grupo de palabras ordenadas alfabéticamente.
a)
novela, novelero, novelista, noventa.
b)
novelero, novelista, noventa, novela.
c)
novelista, noventa, novela, novelero.
d)
noventa, novelista, novela, novelero.
47.
Marca el grupo de palabras ordenadas alfabéticamente.
a)
químico, quimono, quiosco, quirófano.
b)
quimono, quiosco, quirófano, químico.
c)
quiosco, quirófano, químico, quimono.
d)
quirófano, químico, quimono, quiosco.
48.
Marca el grupo de palabras ordenadas alfabéticamente.
a)
solicitar, solicitud, solidaridad, sólido
b)
solicitud, solidaridad, sólido, solicitar
c)
sólido, solicitar, solidaridad, solicitud
d)
solicitar, sólido, solicitud, solidaridad
49.
Marca el grupo de palabras monosílabas:
a)
Dos, gris.
b)
Cuento, nuevo, ruta.
c)
Director, minuto, persona.
d)
Carretera, hipopótamo.
50.
Marca el grupo de palabras bisílabas:
a)
Dos, gris.
b)
Cuento, nuevo, ruta.
c)
Director, minuto, persona.
d)
Carretera, hipopótamo.
51.
Marca el grupo de palabras trisílabas:
a)
Dos, gris.
b)
Cuento, nuevo, ruta.
c)
Director, minuto, persona.
d)
Carretera, hipopótamo.
52.
Marca el grupo de palabras polisílabas:
a)
Dos, gris.
b)
Cuento, nuevo, ruta.
c)
Director, minuto, persona.
d)
Carretera, hipopótamo.
53.
¿Qué palabra estaría mal dividida a final de línea?
a)
luci-érnaga
b)
luciér-naga
c)
lu-ciérnaga
d)
luciérna-ga
Reset
