WorksheetsLC 6º Pr. Prim trim
Total questions: 142
Worksheet time: 1hrs 11mins
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1.
Un grupo nominal es:
a)
Un conjunto de palabras que se agrupa en torno a un artículo
b)
Un conjunto de palabras que se agrupa en torno a un adjetivo.
c)
Un conjunto de palabras que se agrupa en torno a un sustantivo.
2.
Los nombres de las épocas históricas se escriben:
a)
Con letra inicial minúscula.
b)
Solo con letra inicial mayúscula si van después de punto.
c)
Siempre con letra inicial mayúscula.
3.
La narración de los hechos más importantes de la vida de una persona es:
a)
Una biografía.
b)
Una leyenda.
c)
Una noticia.
4.
La partícula que se añade al final de una palabra para formar otra palabra es:
a)
Un artículo.
b)
Un sufijo.
c)
Un prefijo.
5.
5.Los principales géneros literarios son:
a)
El cuento, la biografía y la leyenda.
b)
El narrador, los personajes y la acción.
c)
La narrativa, la lírica y el teatro.
6.
En el grupo nominal, el artículo desempeña la función de:
a)
Núcleo.
b)
Determinante.
c)
Complemento.
7.
No se escriben con mayúscula:
a)
Los nombres propios de lugar.
b)
Los nombres de las personas.
c)
Los nombres de los días de la semana.
8.
El sufijo de la palabra pasear es:
a)
-pas
b)
-ear
c)
-ar
9.
Un relato breve escrito en prosa en el que se cuentan unos hechos imaginarios que les ocurren a unos personajes es:
a)
Una leyenda.
b)
Un cuento.
c)
Una novela.
10.
Las palabras que expresan cualidades o estados son:
a)
Adjetivos.
b)
Sustantivos.
c)
Artículos.
11.
¿Qué palabra no contiene un prefijo intensivo?
a)
superarse
b)
superpoblado
c)
superhéroe
d)
superpoderes
12.
¿Qué palabra no contiene un prefijo intensivo?
a)
hipérbole
b)
hipermercado
c)
hipersensible
d)
hiperrealista
13.
¿Qué palabra no contiene un prefijo intensivo?
a)
archipiélago
b)
archiconocido
c)
archisabido
d)
archifamoso
14.
¿Qué palabra no contiene un prefijo intensivo?
a)
ultrajado
b)
ultravioleta
c)
ultrarrápido
d)
ultrasonido
15.
Marca la opción correcta.
• Por favor, la vuelta. • quieres, te ayudo. • Este jarrón es porcelana. • , gracias. • Yo no lo hacer. • madre es periodista. • Eso no toca. • A me encanta leer.
si / sí mi / mí
• Por favor, la vuelta. • quieres, te ayudo. • Este jarrón es porcelana. • , gracias. • Yo no lo hacer. • madre es periodista. • Eso no toca. • A me encanta leer.
si / sí mi / mí
a)
Por favor, dé la vuelta.
b)
Por favor, de la vuelta.
16.
Marca la opción correcta.
• Por favor, la vuelta. • quieres, te ayudo. • Este jarrón es porcelana. • , gracias. • Yo no lo hacer. • madre es periodista. • Eso no toca. • A me encanta leer.
si / sí mi / mí
• Por favor, la vuelta. • quieres, te ayudo. • Este jarrón es porcelana. • , gracias. • Yo no lo hacer. • madre es periodista. • Eso no toca. • A me encanta leer.
si / sí mi / mí
a)
Si quieres, te ayudo.
b)
Sí quieres, te ayudo.
17.
Marca la opción correcta.
a)
Sí, gracias.
b)
Si, gracias.
18.
Marca la opción correcta.
a)
Yo no lo sé hacer.
b)
Yo no lo se hacer
19.
Marca la opción correcta.
a)
Eso no se toca.
b)
Eso no sé toca.
20.
Marca la opción correcta.
a)
Mi madre es periodista.
b)
Mí madre es periodista.
21.
Marca la opción correcta.
a)
A mí me encanta leer.
b)
A mi me encanta leer.
22.
¿Qué son los posesivos?
a)
Son palabras que expresan que un ser y objeto pertenece a alguien.
b)
Son palabras que señalan a los seres u objetos y expresan la distancia a la que estos se encuentran de los hablantes.
23.
Marca la opción correcta
a)
Si te sientas delante de mí, no veo.
b)
Si te sientas delante mío, no veo.
24.
Marca la opción correcta
a)
No sé aún si él sabe la noticia.
b)
No se aún si el sabe la noticia.
c)
No se aun si él sabe la noticia.
25.
Marca la palabra que lleva prefijo intensivo
a)
hipertensión
b)
archivador
c)
incapaz
d)
descosido
26.
Marca la opción correcta
a)
A mí me encanta tu jersey.
b)
A mi me encanta tu jersey.
c)
A mi me encanta tú jersey.
27.
Sinónimo de valla
cerca: valla. tentadoras: apetecibles, deseables. parsimonia: lentitud deliberada. absorto: concentrado. quiebra: ruina.
cerca: valla. tentadoras: apetecibles, deseables. parsimonia: lentitud deliberada. absorto: concentrado. quiebra: ruina.
a)
cerca
b)
tentadoras
c)
deseables
d)
quiebra
28.
Sinónimo de tentadoras:
parsimonia: lentitud deliberada. absorto: concentrado. quiebra: ruina.
parsimonia: lentitud deliberada. absorto: concentrado. quiebra: ruina.
a)
apetecibles
b)
lentitud
c)
concentrado
d)
ruina
29.
Sinónimo de parsimonia
a)
lentitud deliberada
b)
concentrado
c)
quiebra
d)
ruina
30.
Sinónimo de absorto
a)
concentrado
b)
quiebra
c)
ruina
d)
parsimonia
31.
Las partículas que aumentan el grado o la intensidad del significado de la palabra a la que se unen reciben el nombre de
a)
prefijos y sufijos intensivos
b)
determinantes
c)
verbos
d)
pronombres
32.
Algunos de los prefijos intensivos más frecuentes son
a)
ultra-, super-, archi- e hiper-
b)
-érrimo (-érrima)
33.
El sufijo intensivo más utilizado es:
a)
-ísimo (-ísima)
b)
-érrimo (-érrima)
34.
Las palabras que señalan a los seres u objetos y expresan la distancia a la que estos se encuentran de los hablantes son:
a)
demostrativos
b)
posesivos
35.
Cuando los demostrativos van delante del sustantivo, son:
a)
determinantes
b)
complementos
c)
núcleos
36.
Cuando los demostrativos van detrás del sustantivo, funcionan como:
a)
complementos
b)
núcleos
c)
determinantes
37.
Las palabras que expresan que un ser u objeto pertenece a alguien a quien llamamos poseedor.
a)
posesivos
b)
demostrativos
38.
Cuando los posesivos van delante del sustantivo, son:
a)
determinantes
b)
complementos
c)
núcleos
39.
Cuando los posesivos van detrás del sustantivo, funcionan como:
a)
complementos
b)
determinantes
c)
núcleos
40.
:Cuando los posesivos aparecen en lugar del sustantivo, funcionan como
a)
núcleos
b)
determinantes
c)
complementos
41.
Marca el uso incorrecto
a)
delante mío, detrás suyo…
b)
delante de mí, detrás de él…
42.
Grupo nominal con posesivo que cumple estos requisitos.-
Posesivo singular, varios poseedores.
Posesivo singular, varios poseedores.
a)
Nuestro nuevo profesor.
b)
Tus coches veloces.
43.
Grupo nominal con posesivo que cumple estos requisitos.-
Posesivo plural, un poseedor.
Posesivo plural, un poseedor.
a)
Tus coches veloces.
b)
Nuestro nuevo profesor.
44.
Marca la opción correcta
a)
Cuando llegues, no me llames a mí.
b)
Cuando llegues, no me llames a mi.
45.
Marca la opción correcta
a)
Mi chaqueta de lana está un poco vieja.
b)
Mí chaqueta de lana está un poco vieja.
46.
Marca la opción correcta
a)
Si llegas primero a casa, prepara la comida.
b)
Sí llegas primero a casa, prepara la comida.
47.
Marca la opción correcta
a)
Se dijo a sí mismo que ganaría el partido.
b)
Se dijo a si mismo que ganaría el partido.
48.
Marca la opción correcta
a)
¿Tú has traído tu cámara?
b)
¿Tu has traído tu cámara?
c)
¿Tú has traído tú cámara?
d)
¿Tú has traido tu cámara?
49.
Marca la opción correcta
a)
Sí. Si quieres, te la dejo.
b)
Si. Sí quieres, te la dejo.
50.
Marca la opción correcta
a)
Espero que ella me dé la carta.
b)
Espero que ella me de la carta.
51.
Marca la opción correcta
a)
Yo no sé cuándo llegaré a clase.
b)
Yo no se cuándo llegaré a clase.
52.
Marca la opción correcta
a)
¿Quieres que yo le dé el regalo?
b)
¿Quieres que yo le de el regalo?
53.
Marca la opción correcta
a)
Yo sé que él se dejó el libro allí.
b)
Yo se que él se dejó el libro allí.
54.
Marca la opción correcta
a)
No sé a qué hora vendrás.
b)
No se a qué hora vendrás.
55.
Marca la opción correcta
a)
Ellos se lo enviaron a Juan.
b)
Ellos sé lo enviaron a Juan.
56.
Marca la opción correcta
a)
¿Te gusta el café?
b)
¿Té gusta el café?
57.
Marca la opción correcta
a)
Lo que me gusta es el té.
b)
Lo que me gusta es el te.
58.
Marca la opción correcta
a)
Ese es el compás de Marcos.
b)
Ese es él compás de Marcos.
59.
Marca la opción correcta
a)
Él trajo a clase su cuaderno.
b)
El trajo a clase su cuaderno.
60.
Marca la opción correcta
a)
La llamé, mas luego me arrepentí.
b)
La llamé, más luego me arrepentí.
61.
Marca la opción correcta
a)
¿Tienes más hermanos?
b)
¿Tienes mas hermanos?
62.
Marca la opción correcta
a)
Óscar preguntó a su nuevo compañero: –¿Es cierto que donde tú naciste nieva mucho? –Sí, en mi ciudad, Moscú, hace muchísimo frío. –A mí me encanta la nieve. ¿Y a ti? –No sé… A veces nieva demasiado.
b)
Óscar preguntó a su nuevo compañero: –¿Es cierto que donde tu naciste nieva mucho? –Sí, en mi ciudad, Moscú, hace muchísimo frío. –A mí me encanta la nieve. ¿Y a ti? –No sé… A veces nieva demasiado.
c)
Óscar preguntó a su nuevo compañero: –¿Es cierto que donde tú naciste nieva mucho? –Sí, en mi ciudad, Moscú, hace muchísimo frío. –A mi me encanta la nieve. ¿Y a ti? –No sé… A veces nieva demasiado.
d)
Óscar preguntó a su nuevo compañero: –¿Es cierto que donde tú naciste nieva mucho? –Si, en mi ciudad, Moscú, hace muchísimo frío. –A mí me encanta la nieve. ¿Y a ti? –No sé… A veces nieva demasiado.
63.
Marca la opción correcta
a)
Lisa llevaba tres días en casa con varicela y se entretenía como podía para evitar rascarse. Su tío Álvaro la animó: él había pasado por lo mismo y sabía algo: –Yo sé un secreto que te ayudará. Tienes que hacer algo que te guste tanto que dejes de pensar en ese picor. Lisa pensó un rato y por fin encontró la actividad que la haría olvidarse de todo: leer.
b)
Lisa llevaba tres días en casa con varicela y se entretenía como podía para evitar rascarse. Su tío Álvaro la animó: él había pasado por lo mismo y sabía algo: –Yo sé un secreto que te ayudara. Tienes que hacer algo que te guste tanto que dejes de pensar en ese picor. Lisa pensó un rato y por fin encontró la actividad que la haría olvidarse de todo: leer.
c)
Lisa llevaba tres días en casa con varicela y se entretenía como podía para evitar rascarse. Su tío Álvaro la animó: él había pasado por lo mismo y sabía algo: –Yo sé un secreto que te ayudará. Tienes que hacer algo que te guste tanto que dejes de pensar en ese picor. Lisa pensó un rato y por fin encontró la actividad que la haria olvidarse de todo: leer.
d)
Lisa llevaba tres días en casa con varicela y se entretenía como podía para evitar rascarse. Su tío Álvaro la animó: él había pasado por lo mismo y sabía algo: –Yo sé un secreto que te ayudará. Tienes que hacer algo que te guste tanto que dejes de pensar en ese picor. Lisa pensó un rato y por fin encontro la actividad que la haría olvidarse de todo: leer.
64.
Marca la opción correcta
a)
Yo sé jugar al calienta manos. Es un juego de habilidad y mi pasatiempo favorito. Se juega de dos en dos. Tú colocas tus manos con las palmas hacia arriba y yo coloco las mías encima de las tuyas, con las palmas hacia abajo, pero sin tocarnos. Tú debes intentar darme a mí con una de tus manos y yo debo evitar que me des apartándolas. Si lo consigues, cambiaremos los papeles en el juego: yo colocaré las manos debajo y tú encima. Si pierdes, explícale el juego a otra persona. Dile que me dé en una de las manos; si él no lo logra, el turno pasa a otro. ¡Es muy fácil! ¡Este sí es un juego divertido! Cuando aprendas, puede ser tu preferido.
b)
Yo se jugar al calienta manos. Es un juego de habilidad y mi pasatiempo favorito. Se juega de dos en dos. Tú colocas tus manos con las palmas hacia arriba y yo coloco las mías encima de las tuyas, con las palmas hacia abajo, pero sin tocarnos. Tú debes intentar darme a mí con una de tus manos y yo debo evitar que me des apartándolas. Si lo consigues, cambiaremos los papeles en el juego: yo colocaré las manos debajo y tú encima. Si pierdes, explícale el juego a otra persona. Dile que me dé en una de las manos; si él no lo logra, el turno pasa a otro. ¡Es muy fácil! ¡Este sí es un juego divertido! Cuando aprendas, puede ser tu preferido.
c)
Yo sé jugar al calienta manos. Es un juego de habilidad y mi pasatiempo favorito. Se juega de dos en dos. Tú colocas tus manos con las palmas hacia arriba y yo coloco las mías encima de las tuyas, con las palmas hacia abajo, pero sin tocarnos. Tú debes intentar darme a mí con una de tus manos y yo debo evitar que me des apartándolas. Si lo consigues, cambiaremos los papeles en el juego: yo colocaré las manos debajo y tú encima. Si pierdes, explícale el juego a otra persona. Dile que me dé en una de las manos; si él no lo logra, el turno pasa a otro. ¡Es muy fácil! ¡Este si es un juego divertido! Cuando aprendas, puede ser tu preferido.
d)
Yo sé jugar al calienta manos. Es un juego de habilidad y mi pasatiempo favorito. Se juega de dos en dos. Tú colocas tus manos con las palmas hacia arriba y yo coloco las mías encima de las tuyas, con las palmas hacia abajo, pero sin tocarnos. Tú debes intentar darme a mí con una de tus manos y yo debo evitar que me des apartándolas. Si lo consigues, cambiaremos los papeles en el juego: yo colocaré las manos debajo y tú encima. Si pierdes, explícale el juego a otra persona. Dile que me de en una de las manos; si él no lo logra, el turno pasa a otro. ¡Es muy fácil! ¡Este sí es un juego divertido! Cuando aprendas, puede ser tu preferido.
65.
Marca la opción correcta
a)
Cuando era pequeño, mis amigos y yo jugábamos en casa, pero si hacía bueno, cogíamos el monopatín y nos íbamos al parque. Era divertidísimo, a mí me encantaba. Ahora tengo más deberes, pero los sábados sí que salgo con mis amigos. El otro día fuimos a merendar juntos. Un amigo mío llevaba la bandeja con los refrescos y, de repente, se tropezó y se le cayó un vaso al suelo. Pidió perdón y ayudó al empleado a limpiar, pero pasó tanta vergüenza que solo quería salir de allí…
b)
Cuando era pequeño, mis amigos y yo jugábamos en casa, pero si hacía bueno, cogíamos el monopatín y nos íbamos al parque. Era divertidísimo, a mí me encantaba. Ahora tengo más deberes, pero los sábados si que salgo con mis amigos. El otro día fuimos a merendar juntos. Un amigo mío llevaba la bandeja con los refrescos y, de repente, se tropezó y se le cayó un vaso al suelo. Pidió perdón y ayudó al empleado a limpiar, pero pasó tanta vergüenza que solo quería salir de allí…
c)
Cuando era pequeño, mis amigos y yo jugábamos en casa, pero si hacía bueno, cogíamos el monopatín y nos íbamos al parque. Era divertidísimo, a mi me encantaba. Ahora tengo más deberes, pero los sábados sí que salgo con mis amigos. El otro día fuimos a merendar juntos. Un amigo mío llevaba la bandeja con los refrescos y, de repente, se tropezó y se le cayó un vaso al suelo. Pidió perdón y ayudó al empleado a limpiar, pero pasó tanta vergüenza que solo quería salir de allí…
d)
Cuando era pequeño, mis amigos y yo jugábamos en casa, pero si hacía bueno, cogíamos el monopatín y nos íbamos al parque. Era divertidísimo, a mí me encantaba. Ahora tengo más deberes, pero los sábados sí que salgo con mis amigos. El otro día fuimos a merendar juntos. Un amigo mío llevaba la bandeja con los refrescos y, de repente, se tropezó y se le cayó un vaso al suelo. Pidió perdón y ayudó al empleado a limpiar, pero pasó tanta vergüenza que solo quería salir de alli…
66.
Una descripción es objetiva cuando
a)
el autor intenta reflejar la realidad tal como es, sin dar su opinión ni su valoración.
b)
el autor intenta dar una visión personal de lo que describe, por lo que selecciona muy bien los rasgos de los que va a hablar y añade la impresión que le producen.
67.
Una descripción es subjetiva cuando
a)
el autor intenta reflejar la realidad tal como es, sin dar su opinión ni su valoración.
b)
el autor intenta dar una visión personal de lo que describe, por lo que selecciona muy bien los rasgos de los que va a hablar y añade la impresión que le producen.
68.
Maleza
a)
Vegetación muy abundante y apretada.
b)
Cachorros de lobo
c)
Presumir, enorgullecerse.
d)
Perversos, despreciables.
69.
La buena suerte
Por algunas aldeas remotas del norte de África circula una curiosa historia sobre un campesino sabio al que llamaban Rashid y que vivió en aquellas tierras hace muchos años. Cuentan que una mañana, muy temprano, Rashid se llevó una desagradable sorpresa: la puerta de la cuadra donde dormía su caballo estaba abierta y el animal había desaparecido. La noticia se propagó rápidamente por la aldea y los vecinos acudieron a casa del campesino, para acompañarlo en su aflicción y lamentar con él su desgracia: –¡Qué mala suerte has tenido! –dijo uno de ellos haciéndose eco de lo que pensaba el resto. Rashid reflexionó un instante y luego respondió: –¿Mala suerte? Ya veremos… ¡La vida da muchas vueltas! Nadie entendió aquellas palabras. Cualquiera en su lugar hubiera pensado que se trataba de un infortunio: Rashid le tenía un gran cariño al caballo, un ejemplar robusto y dócil, acostumbrado a pasar largas jornadas trabajando en el campo con su amo. Además, al campesino no le resultaría nada fácil reunir el dinero necesario para comprar otro animal. Las sorpresas de Rashid no habían acabado aún. Al día siguiente, oyó un inexplicable alboroto junto al establo, salió a ver de qué se trataba y comprobó con asombro que su querido caballo había regresado. Además, ¡no había vuelto solo! Lo acompañaba un joven potrillo, lleno de vitalidad, que se acercó a Rashid haciendo alegres cabriolas. Los vecinos acudieron de nuevo a casa de Rashid. Esta vez para congratularse con él. –¡Eres un hombre afortunado! ¡Quién hubiera pensado que el caballo iba a volver…! ¡Y, encima, acompañado! –¡Qué buena suerte tienes, hermano! –le decían. Rashid recibió las felicitaciones de sus vecinos con la misma prudencia con que antes había acogido sus lamentos. Y de nuevo volvió a decir: –¿Buena suerte? Ya veremos… ¡La vida da muchas vueltas! Algunos días después, Rashid y su hijo tuvieron que acudir a un pueblo cercano. Rashid iba montado en su caballo y Alim, su hijo, cabalgaba a lomos del potrillo. De pronto, un ruido entre los matorrales asustó al animal más joven, que frenó bruscamente y comenzó a agitarse hasta que se elevó sobre las patas traseras y tiró a su jinete. Como consecuencia del golpe, Alim se fracturó la pierna derecha. Los vecinos, conmovidos por el suceso, acudieron a ver cómo se encontraba Alim. Y, como no podía ser de otro modo, dieron su opinión sobre aquel desafortunado incidente: –¡Ya es mala suerte, Rashid! Recibes el potrillo como un regalo del cielo y mira qué consecuencias te ha traído. Más te hubiera valido no llegar a tener nunca ese animal. –¡Qué fatalidad! Ahora que se acerca el tiempo de la cosecha, con todo el trabajo por hacer… Rashid escuchaba sin inmutarse las quejas sobre su propia desgracia. Y repetía incansable su extraña letanía, que a los demás habitantes del pueblo seguía resultándoles incomprensible. –¿Mala suerte? Ya se verá… ¡La vida da muchas vueltas! Y así fue. Dos semanas después, el reino en el que vivía Rashid entró en guerra con un país vecino. Inmediatamente, se necesitaron soldados y los jóvenes tuvieron que alistarse en el ejército. Todos los muchachos de la aldea partieron hacia la guerra, salvo Alim, que se libró porque no podía caminar. Los atribulados vecinos de Rashid se quejaban: –Nuestros hijos van camino de una guerra incierta. ¡Qué desgracia! ¡Cómo íbamos a suponer que podría ocurrir una cosa así! –Comprendo y lamento vuestra tristeza –les decía Rashid compungido. Uno de los vecinos añadió: –En cambio tú, Rashid, debes considerarte el hombre más afortunado del mundo: tu hijo Alim está contigo, a salvo, gracias a la caída del caballo… Como era habitual en él, Rashid se tomó unos segundos para reflexionar y luego respondió: –¿Veis? Os lo dije: nunca se sabe cuál es la suerte… ¡La vida es así!
¿Cuáles son los hechos afortunados del cuento?
Por algunas aldeas remotas del norte de África circula una curiosa historia sobre un campesino sabio al que llamaban Rashid y que vivió en aquellas tierras hace muchos años. Cuentan que una mañana, muy temprano, Rashid se llevó una desagradable sorpresa: la puerta de la cuadra donde dormía su caballo estaba abierta y el animal había desaparecido. La noticia se propagó rápidamente por la aldea y los vecinos acudieron a casa del campesino, para acompañarlo en su aflicción y lamentar con él su desgracia: –¡Qué mala suerte has tenido! –dijo uno de ellos haciéndose eco de lo que pensaba el resto. Rashid reflexionó un instante y luego respondió: –¿Mala suerte? Ya veremos… ¡La vida da muchas vueltas! Nadie entendió aquellas palabras. Cualquiera en su lugar hubiera pensado que se trataba de un infortunio: Rashid le tenía un gran cariño al caballo, un ejemplar robusto y dócil, acostumbrado a pasar largas jornadas trabajando en el campo con su amo. Además, al campesino no le resultaría nada fácil reunir el dinero necesario para comprar otro animal. Las sorpresas de Rashid no habían acabado aún. Al día siguiente, oyó un inexplicable alboroto junto al establo, salió a ver de qué se trataba y comprobó con asombro que su querido caballo había regresado. Además, ¡no había vuelto solo! Lo acompañaba un joven potrillo, lleno de vitalidad, que se acercó a Rashid haciendo alegres cabriolas. Los vecinos acudieron de nuevo a casa de Rashid. Esta vez para congratularse con él. –¡Eres un hombre afortunado! ¡Quién hubiera pensado que el caballo iba a volver…! ¡Y, encima, acompañado! –¡Qué buena suerte tienes, hermano! –le decían. Rashid recibió las felicitaciones de sus vecinos con la misma prudencia con que antes había acogido sus lamentos. Y de nuevo volvió a decir: –¿Buena suerte? Ya veremos… ¡La vida da muchas vueltas! Algunos días después, Rashid y su hijo tuvieron que acudir a un pueblo cercano. Rashid iba montado en su caballo y Alim, su hijo, cabalgaba a lomos del potrillo. De pronto, un ruido entre los matorrales asustó al animal más joven, que frenó bruscamente y comenzó a agitarse hasta que se elevó sobre las patas traseras y tiró a su jinete. Como consecuencia del golpe, Alim se fracturó la pierna derecha. Los vecinos, conmovidos por el suceso, acudieron a ver cómo se encontraba Alim. Y, como no podía ser de otro modo, dieron su opinión sobre aquel desafortunado incidente: –¡Ya es mala suerte, Rashid! Recibes el potrillo como un regalo del cielo y mira qué consecuencias te ha traído. Más te hubiera valido no llegar a tener nunca ese animal. –¡Qué fatalidad! Ahora que se acerca el tiempo de la cosecha, con todo el trabajo por hacer… Rashid escuchaba sin inmutarse las quejas sobre su propia desgracia. Y repetía incansable su extraña letanía, que a los demás habitantes del pueblo seguía resultándoles incomprensible. –¿Mala suerte? Ya se verá… ¡La vida da muchas vueltas! Y así fue. Dos semanas después, el reino en el que vivía Rashid entró en guerra con un país vecino. Inmediatamente, se necesitaron soldados y los jóvenes tuvieron que alistarse en el ejército. Todos los muchachos de la aldea partieron hacia la guerra, salvo Alim, que se libró porque no podía caminar. Los atribulados vecinos de Rashid se quejaban: –Nuestros hijos van camino de una guerra incierta. ¡Qué desgracia! ¡Cómo íbamos a suponer que podría ocurrir una cosa así! –Comprendo y lamento vuestra tristeza –les decía Rashid compungido. Uno de los vecinos añadió: –En cambio tú, Rashid, debes considerarte el hombre más afortunado del mundo: tu hijo Alim está contigo, a salvo, gracias a la caída del caballo… Como era habitual en él, Rashid se tomó unos segundos para reflexionar y luego respondió: –¿Veis? Os lo dije: nunca se sabe cuál es la suerte… ¡La vida es así!
¿Cuáles son los hechos afortunados del cuento?
a)
Alim se libra de ir a la guerra y el caballo perdido de Rashid vuelve al día siguiente con un potrillo.
b)
Rashid gana dinero con la venta del potrillo.
c)
Alim puede ayudar a su padre en la cosecha gracias al potrillo.
d)
El reino de Rashid gana la guerra.
70.
La buena suerte
Por algunas aldeas remotas del norte de África circula una curiosa historia sobre un campesino sabio al que llamaban Rashid y que vivió en aquellas tierras hace muchos años. Cuentan que una mañana, muy temprano, Rashid se llevó una desagradable sorpresa: la puerta de la cuadra donde dormía su caballo estaba abierta y el animal había desaparecido. La noticia se propagó rápidamente por la aldea y los vecinos acudieron a casa del campesino, para acompañarlo en su aflicción y lamentar con él su desgracia: –¡Qué mala suerte has tenido! –dijo uno de ellos haciéndose eco de lo que pensaba el resto. Rashid reflexionó un instante y luego respondió: –¿Mala suerte? Ya veremos… ¡La vida da muchas vueltas! Nadie entendió aquellas palabras. Cualquiera en su lugar hubiera pensado que se trataba de un infortunio: Rashid le tenía un gran cariño al caballo, un ejemplar robusto y dócil, acostumbrado a pasar largas jornadas trabajando en el campo con su amo. Además, al campesino no le resultaría nada fácil reunir el dinero necesario para comprar otro animal. Las sorpresas de Rashid no habían acabado aún. Al día siguiente, oyó un inexplicable alboroto junto al establo, salió a ver de qué se trataba y comprobó con asombro que su querido caballo había regresado. Además, ¡no había vuelto solo! Lo acompañaba un joven potrillo, lleno de vitalidad, que se acercó a Rashid haciendo alegres cabriolas. Los vecinos acudieron de nuevo a casa de Rashid. Esta vez para congratularse con él. –¡Eres un hombre afortunado! ¡Quién hubiera pensado que el caballo iba a volver…! ¡Y, encima, acompañado! –¡Qué buena suerte tienes, hermano! –le decían. Rashid recibió las felicitaciones de sus vecinos con la misma prudencia con que antes había acogido sus lamentos. Y de nuevo volvió a decir: –¿Buena suerte? Ya veremos… ¡La vida da muchas vueltas! Algunos días después, Rashid y su hijo tuvieron que acudir a un pueblo cercano. Rashid iba montado en su caballo y Alim, su hijo, cabalgaba a lomos del potrillo. De pronto, un ruido entre los matorrales asustó al animal más joven, que frenó bruscamente y comenzó a agitarse hasta que se elevó sobre las patas traseras y tiró a su jinete. Como consecuencia del golpe, Alim se fracturó la pierna derecha. Los vecinos, conmovidos por el suceso, acudieron a ver cómo se encontraba Alim. Y, como no podía ser de otro modo, dieron su opinión sobre aquel desafortunado incidente: –¡Ya es mala suerte, Rashid! Recibes el potrillo como un regalo del cielo y mira qué consecuencias te ha traído. Más te hubiera valido no llegar a tener nunca ese animal. –¡Qué fatalidad! Ahora que se acerca el tiempo de la cosecha, con todo el trabajo por hacer… Rashid escuchaba sin inmutarse las quejas sobre su propia desgracia. Y repetía incansable su extraña letanía, que a los demás habitantes del pueblo seguía resultándoles incomprensible. –¿Mala suerte? Ya se verá… ¡La vida da muchas vueltas! Y así fue. Dos semanas después, el reino en el que vivía Rashid entró en guerra con un país vecino. Inmediatamente, se necesitaron soldados y los jóvenes tuvieron que alistarse en el ejército. Todos los muchachos de la aldea partieron hacia la guerra, salvo Alim, que se libró porque no podía caminar. Los atribulados vecinos de Rashid se quejaban: –Nuestros hijos van camino de una guerra incierta. ¡Qué desgracia! ¡Cómo íbamos a suponer que podría ocurrir una cosa así! –Comprendo y lamento vuestra tristeza –les decía Rashid compungido. Uno de los vecinos añadió: –En cambio tú, Rashid, debes considerarte el hombre más afortunado del mundo: tu hijo Alim está contigo, a salvo, gracias a la caída del caballo… Como era habitual en él, Rashid se tomó unos segundos para reflexionar y luego respondió: –¿Veis? Os lo dije: nunca se sabe cuál es la suerte… ¡La vida es así!
¿Cuáles son los hechos desafortunados del cuento?
Por algunas aldeas remotas del norte de África circula una curiosa historia sobre un campesino sabio al que llamaban Rashid y que vivió en aquellas tierras hace muchos años. Cuentan que una mañana, muy temprano, Rashid se llevó una desagradable sorpresa: la puerta de la cuadra donde dormía su caballo estaba abierta y el animal había desaparecido. La noticia se propagó rápidamente por la aldea y los vecinos acudieron a casa del campesino, para acompañarlo en su aflicción y lamentar con él su desgracia: –¡Qué mala suerte has tenido! –dijo uno de ellos haciéndose eco de lo que pensaba el resto. Rashid reflexionó un instante y luego respondió: –¿Mala suerte? Ya veremos… ¡La vida da muchas vueltas! Nadie entendió aquellas palabras. Cualquiera en su lugar hubiera pensado que se trataba de un infortunio: Rashid le tenía un gran cariño al caballo, un ejemplar robusto y dócil, acostumbrado a pasar largas jornadas trabajando en el campo con su amo. Además, al campesino no le resultaría nada fácil reunir el dinero necesario para comprar otro animal. Las sorpresas de Rashid no habían acabado aún. Al día siguiente, oyó un inexplicable alboroto junto al establo, salió a ver de qué se trataba y comprobó con asombro que su querido caballo había regresado. Además, ¡no había vuelto solo! Lo acompañaba un joven potrillo, lleno de vitalidad, que se acercó a Rashid haciendo alegres cabriolas. Los vecinos acudieron de nuevo a casa de Rashid. Esta vez para congratularse con él. –¡Eres un hombre afortunado! ¡Quién hubiera pensado que el caballo iba a volver…! ¡Y, encima, acompañado! –¡Qué buena suerte tienes, hermano! –le decían. Rashid recibió las felicitaciones de sus vecinos con la misma prudencia con que antes había acogido sus lamentos. Y de nuevo volvió a decir: –¿Buena suerte? Ya veremos… ¡La vida da muchas vueltas! Algunos días después, Rashid y su hijo tuvieron que acudir a un pueblo cercano. Rashid iba montado en su caballo y Alim, su hijo, cabalgaba a lomos del potrillo. De pronto, un ruido entre los matorrales asustó al animal más joven, que frenó bruscamente y comenzó a agitarse hasta que se elevó sobre las patas traseras y tiró a su jinete. Como consecuencia del golpe, Alim se fracturó la pierna derecha. Los vecinos, conmovidos por el suceso, acudieron a ver cómo se encontraba Alim. Y, como no podía ser de otro modo, dieron su opinión sobre aquel desafortunado incidente: –¡Ya es mala suerte, Rashid! Recibes el potrillo como un regalo del cielo y mira qué consecuencias te ha traído. Más te hubiera valido no llegar a tener nunca ese animal. –¡Qué fatalidad! Ahora que se acerca el tiempo de la cosecha, con todo el trabajo por hacer… Rashid escuchaba sin inmutarse las quejas sobre su propia desgracia. Y repetía incansable su extraña letanía, que a los demás habitantes del pueblo seguía resultándoles incomprensible. –¿Mala suerte? Ya se verá… ¡La vida da muchas vueltas! Y así fue. Dos semanas después, el reino en el que vivía Rashid entró en guerra con un país vecino. Inmediatamente, se necesitaron soldados y los jóvenes tuvieron que alistarse en el ejército. Todos los muchachos de la aldea partieron hacia la guerra, salvo Alim, que se libró porque no podía caminar. Los atribulados vecinos de Rashid se quejaban: –Nuestros hijos van camino de una guerra incierta. ¡Qué desgracia! ¡Cómo íbamos a suponer que podría ocurrir una cosa así! –Comprendo y lamento vuestra tristeza –les decía Rashid compungido. Uno de los vecinos añadió: –En cambio tú, Rashid, debes considerarte el hombre más afortunado del mundo: tu hijo Alim está contigo, a salvo, gracias a la caída del caballo… Como era habitual en él, Rashid se tomó unos segundos para reflexionar y luego respondió: –¿Veis? Os lo dije: nunca se sabe cuál es la suerte… ¡La vida es así!
¿Cuáles son los hechos desafortunados del cuento?
a)
Rashid pierde a su caballo.
b)
Rashid no tiene dinero para alimentar al potrillo.
c)
Rashid no puede recoger la cosecha ese año.
71.
Marca el análisis correcto.
Las he regado esta mañana.
Las he regado esta mañana.
a)
Pronombre átono, 3ª persona del plural.
b)
Pronombre átono, 2ª persona del plural.
c)
Pronombre tónico, 3ª persona del plural.
d)
Pronombre tónico 1ª persona del singular.
72.
Marca el análisis correcto.
Si queréis os llevo a casa.
Si queréis os llevo a casa.
a)
Pronombre átono, 3ª persona del plural.
b)
Pronombre átono, 2ª persona del plural.
c)
Pronombre tónico, 3ª persona del plural.
d)
Pronombre tónico 1ª persona del singular.
73.
Marca el análisis correcto.
Llego con ellas por la tarde.
Llego con ellas por la tarde.
a)
Pronombre átono, 3ª persona del plural.
b)
Pronombre átono, 2ª persona del plural.
c)
Pronombre tónico, 3ª persona del plural.
d)
Pronombre tónico 1ª persona del singular.
74.
Marca el análisis correcto.
Vino de vacaciones conmigo.
Vino de vacaciones conmigo.
a)
Pronombre átono, 3ª persona del plural.
b)
Pronombre átono, 2ª persona del plural.
c)
Pronombre tónico, 3ª persona del plural.
d)
Pronombre tónico 1ª persona del singular.
75.
Persona que tiene por oficio trabajar en el fondo del mar.
a)
buzo
b)
vuzo
76.
Que está muy enfermo.
a)
Grave
b)
Grabe
77.
Asiento en el teatro o en el cine
a)
Butaca
b)
vutaca
78.
Antiguamente, persona que tenía un amo.
a)
Esclavo.
b)
Esclabo
79.
Pompa que se forma en un líquido y sale a la superficie.
a)
Burbuja
b)
Vurbuja
80.
Persona que se mueve o trabaja mucho.
a)
Activo
b)
Actibo
81.
¿Cuál de los siguientes libros no contiene textos expositivos?
a)
Un libro de poemas de amor.
b)
Un libro de texto.
c)
Un libro sobre el cuidado de las plantas.
82.
Sufrimiento, preocupación.
a)
Aflicción
b)
Infortunio
c)
Congratularse
d)
Letanía
83.
Desgracia
a)
Aflicción
b)
Infortunio
c)
Congratularse
d)
Letanía
84.
Alegrarse, ponerse contento.
a)
Aflicción
b)
Infortunio
c)
Congratularse
d)
Letanía
85.
Frase que se repite.
a)
Aflicción
b)
Infortunio
c)
Congratularse
d)
Letanía
86.
Pronombres de primera persona.
a)
Los pronombres que nombran a la persona que habla. Por ejemplo: yo, nosotros.
b)
Los pronombres que nombran a la persona que escucha. Por ejemplo: tú, vosotras.
c)
Los pronombres que nombran a una persona u objeto que no es ni quien habla ni quien escucha. Por ejemplo: él, ella, lo.
87.
Pronombres de segunda persona.
a)
Los pronombres que nombran a la persona que habla. Por ejemplo: yo, nosotros.
b)
Los pronombres que nombran a la persona que escucha. Por ejemplo: tú, vosotras.
c)
Los pronombres que nombran a una persona u objeto que no es ni quien habla ni quien escucha. Por ejemplo: él, ella, lo.
88.
Pronombres de tercera persona.
a)
Los pronombres que nombran a la persona que habla. Por ejemplo: yo, nosotros.
b)
Los pronombres que nombran a la persona que escucha. Por ejemplo: tú, vosotras.
c)
Los pronombres que nombran a una persona u objeto que no es ni quien habla ni quien escucha. Por ejemplo: él, ella, lo.
89.
Los pronombres personales tónicos
a)
pueden aparecer solos. Por ejemplo: yo, tú, él, nosotros…
b)
no pueden aparecer solos, siempre acompañan a un verbo. Si van delante del verbo, se escriben de forma independiente. Por ejemplo: El caballo lo tiró. Si van detrás del verbo, se unen a él. Por ejemplo: Tómalo.
90.
Los pronombres personales átonos
a)
pueden aparecer solos. Por ejemplo: yo, tú, él, nosotros…
b)
no pueden aparecer solos, siempre acompañan a un verbo. Si van delante del verbo, se escriben de forma independiente. Por ejemplo: El caballo lo tiró. Si van detrás del verbo, se unen a él. Por ejemplo: Tómalo.
91.
Pronombres personales tónicos en singular
a)
yo, mí, conmigo
tú, usted, ti, contigo
él, ella, sí, consigo
tú, usted, ti, contigo
él, ella, sí, consigo
b)
me
te
se, lo, la, le
te
se, lo, la, le
92.
Pronombres personales átonos en singular
a)
yo, mí, conmigo
tú, usted, ti, contigo
él, ella, sí, consigo
tú, usted, ti, contigo
él, ella, sí, consigo
b)
me
te
se, lo, la, le
te
se, lo, la, le
93.
Pronombres personales tónicos en plural
a)
nosotros, nosotras vosotros, vosotras, ustedes ellos, ellas, sí, consigo tú, usted, ti, contigo
él, ella, sí, consigo
él, ella, sí, consigo
b)
nos os se, los, las, les
94.
Pronombres personales átonos en plural
a)
nosotros, nosotras vosotros, vosotras, ustedes ellos, ellas, sí, consigo tú, usted, ti, contigo
él, ella, sí, consigo
él, ella, sí, consigo
b)
nos os se, los, las, les
95.
Marca la opción correcta
a)
La bufanda
Amalia acababa de recibir la lana que llevaba tanto tiempo esperando. Con ella tejería una nueva bufanda para su nieta. Anduvo mucho tiempo buscando la lana más suave del mundo y, al fin, la tenía entre sus manos. Al ver esa madeja, no tuvo ninguna duda: era lo que ella deseaba.
Amalia acababa de recibir la lana que llevaba tanto tiempo esperando. Con ella tejería una nueva bufanda para su nieta. Anduvo mucho tiempo buscando la lana más suave del mundo y, al fin, la tenía entre sus manos. Al ver esa madeja, no tuvo ninguna duda: era lo que ella deseaba.
b)
La bufanda
Amalia acabava de recibir la lana que llevaba tanto tiempo esperando. Con ella tejería una nueva bufanda para su nieta. Anduvo mucho tiempo buscando la lana más suave del mundo y, al fin, la tenía entre sus manos. Al ver esa madeja, no tuvo ninguna duda: era lo que ella deseaba.
Amalia acabava de recibir la lana que llevaba tanto tiempo esperando. Con ella tejería una nueva bufanda para su nieta. Anduvo mucho tiempo buscando la lana más suave del mundo y, al fin, la tenía entre sus manos. Al ver esa madeja, no tuvo ninguna duda: era lo que ella deseaba.
c)
La bufanda
Amalia acababa de recibir la lana que llevaba tanto tiempo esperando. Con ella tejería una nueva bufanda para su nieta. Anduvo mucho tiempo buscando la lana más suabe del mundo y, al fin, la tenía entre sus manos. Al ver esa madeja, no tuvo ninguna duda: era lo que ella deseaba.
Amalia acababa de recibir la lana que llevaba tanto tiempo esperando. Con ella tejería una nueva bufanda para su nieta. Anduvo mucho tiempo buscando la lana más suabe del mundo y, al fin, la tenía entre sus manos. Al ver esa madeja, no tuvo ninguna duda: era lo que ella deseaba.
d)
La bufanda
Amalia acababa de recibir la lana que llevaba tanto tiempo esperando. Con ella tejería una nueva bufanda para su nieta. Andubo mucho tiempo buscando la lana más suave del mundo y, al fin, la tenía entre sus manos. Al ver esa madeja, no tuvo ninguna duda: era lo que ella deseaba.
Amalia acababa de recibir la lana que llevaba tanto tiempo esperando. Con ella tejería una nueva bufanda para su nieta. Andubo mucho tiempo buscando la lana más suave del mundo y, al fin, la tenía entre sus manos. Al ver esa madeja, no tuvo ninguna duda: era lo que ella deseaba.
96.
Marca la opción correcta.
a)
El reloj de la torre
La encargada del reloj de la torre estaba muy satisfecha de su trabajo. Cada día subía a la torre y engrasaba y ajustaba toda la maquinaria. Un leve desajuste y el reloj dejaba de funcionar. Para ella no había nada más reconfortante en este mundo que sentarse en la butaca del torreón y ver toda aquella magnífica maquinaria moverse con rítmica exactitud. Siempre tuvo la certeza de que ese trabajo estaba hecho para ella.
La encargada del reloj de la torre estaba muy satisfecha de su trabajo. Cada día subía a la torre y engrasaba y ajustaba toda la maquinaria. Un leve desajuste y el reloj dejaba de funcionar. Para ella no había nada más reconfortante en este mundo que sentarse en la butaca del torreón y ver toda aquella magnífica maquinaria moverse con rítmica exactitud. Siempre tuvo la certeza de que ese trabajo estaba hecho para ella.
b)
El reloj de la torre
La encargada del reloj de la torre estaba muy satisfecha de su trabajo. Cada día subía a la torre y engrasaba y ajustaba toda la maquinaria. Un lebe desajuste y el reloj dejaba de funcionar. Para ella no había nada más reconfortante en este mundo que sentarse en la butaca del torreón y ver toda aquella magnífica maquinaria moverse con rítmica exactitud. Siempre tuvo la certeza de que ese trabajo estaba hecho para ella.
La encargada del reloj de la torre estaba muy satisfecha de su trabajo. Cada día subía a la torre y engrasaba y ajustaba toda la maquinaria. Un lebe desajuste y el reloj dejaba de funcionar. Para ella no había nada más reconfortante en este mundo que sentarse en la butaca del torreón y ver toda aquella magnífica maquinaria moverse con rítmica exactitud. Siempre tuvo la certeza de que ese trabajo estaba hecho para ella.
c)
El reloj de la torre
La encargada del reloj de la torre estaba muy satisfecha de su trabajo. Cada día suvía a la torre y engrasaba y ajustaba toda la maquinaria. Un leve desajuste y el reloj dejaba de funcionar. Para ella no había nada más reconfortante en este mundo que sentarse en la butaca del torreón y ver toda aquella magnífica maquinaria moverse con rítmica exactitud. Siempre tuvo la certeza de que ese trabajo estaba hecho para ella.
La encargada del reloj de la torre estaba muy satisfecha de su trabajo. Cada día suvía a la torre y engrasaba y ajustaba toda la maquinaria. Un leve desajuste y el reloj dejaba de funcionar. Para ella no había nada más reconfortante en este mundo que sentarse en la butaca del torreón y ver toda aquella magnífica maquinaria moverse con rítmica exactitud. Siempre tuvo la certeza de que ese trabajo estaba hecho para ella.
d)
El reloj de la torre
La encargada del reloj de la torre estaba muy satisfecha de su trabajo. Cada día subía a la torre y engrasaba y ajustaba toda la maquinaria. Un leve desajuste y el reloj dejaba de funcionar. Para ella no había nada más reconfortante en este mundo que sentarse en la butaca del torreón y ver toda aquella magnífica maquinaria moberse con rítmica exactitud. Siempre tuvo la certeza de que ese trabajo estaba hecho para ella.
La encargada del reloj de la torre estaba muy satisfecha de su trabajo. Cada día subía a la torre y engrasaba y ajustaba toda la maquinaria. Un leve desajuste y el reloj dejaba de funcionar. Para ella no había nada más reconfortante en este mundo que sentarse en la butaca del torreón y ver toda aquella magnífica maquinaria moberse con rítmica exactitud. Siempre tuvo la certeza de que ese trabajo estaba hecho para ella.
97.
Marca la opción correcta.
a)
Octava feria colectiva
El fin de semana estuve en una feria gastronómica con platos típicos de diferentes lugares. Primero me acerqué a la zona de los aperitivos. Después subí a la primera planta y me sirvieron una especialidad escandinava a base de huevas de salmón. Luego tomé unos rollitos de pavo con una salsa muy suave. De pronto percibí un olor delicioso y busqué de dónde venía… ¡Era una sala repleta de postres! Los dulces son mi debilidad y aquellos eran tan novedosos e imaginativos… Me decidí por unos buñuelos acompañados de una riquísima bebida burbujeante, que simulaba lava hirviendo. ¡Me gustó mucho ir!
El fin de semana estuve en una feria gastronómica con platos típicos de diferentes lugares. Primero me acerqué a la zona de los aperitivos. Después subí a la primera planta y me sirvieron una especialidad escandinava a base de huevas de salmón. Luego tomé unos rollitos de pavo con una salsa muy suave. De pronto percibí un olor delicioso y busqué de dónde venía… ¡Era una sala repleta de postres! Los dulces son mi debilidad y aquellos eran tan novedosos e imaginativos… Me decidí por unos buñuelos acompañados de una riquísima bebida burbujeante, que simulaba lava hirviendo. ¡Me gustó mucho ir!
b)
Octava feria colectiva
El fin de semana estuve en una feria gastronómica con platos típicos de diferentes lugares. Primero me acerqué a la zona de los aperitivos. Después subí a la primera planta y me sirvieron una especialidad escandinava a base de huevas de salmón. Luego tomé unos rollitos de pavo con una salsa muy suave. De pronto percibí un olor delicioso y busqué de dónde venía… ¡Era una sala repleta de postres! Los dulces son mi debilidad y aquellos eran tan novedosos e imaginativos… Me decidí por unos buñuelos acompañados de una riquísima bebida burbujeante, que simulaba lava hirbiendo. ¡Me gustó mucho ir!
El fin de semana estuve en una feria gastronómica con platos típicos de diferentes lugares. Primero me acerqué a la zona de los aperitivos. Después subí a la primera planta y me sirvieron una especialidad escandinava a base de huevas de salmón. Luego tomé unos rollitos de pavo con una salsa muy suave. De pronto percibí un olor delicioso y busqué de dónde venía… ¡Era una sala repleta de postres! Los dulces son mi debilidad y aquellos eran tan novedosos e imaginativos… Me decidí por unos buñuelos acompañados de una riquísima bebida burbujeante, que simulaba lava hirbiendo. ¡Me gustó mucho ir!
c)
Octava feria colectiva
El fin de semana estuve en una feria gastronómica con platos típicos de diferentes lugares. Primero me acerqué a la zona de los aperitivos. Después subí a la primera planta y me sirvieron una especialidad escandinava a base de huevas de salmón. Luego tomé unos rollitos de pavo con una salsa muy suave. De pronto percibí un olor delicioso y busqué de dónde venía… ¡Era una sala repleta de postres! Los dulces son mi debilidad y aquellos eran tan novedosos e imaginativos… Me decidí por unos vuñuelos acompañados de una riquísima bebida burbujeante, que simulaba lava hirviendo. ¡Me gustó mucho ir!
El fin de semana estuve en una feria gastronómica con platos típicos de diferentes lugares. Primero me acerqué a la zona de los aperitivos. Después subí a la primera planta y me sirvieron una especialidad escandinava a base de huevas de salmón. Luego tomé unos rollitos de pavo con una salsa muy suave. De pronto percibí un olor delicioso y busqué de dónde venía… ¡Era una sala repleta de postres! Los dulces son mi debilidad y aquellos eran tan novedosos e imaginativos… Me decidí por unos vuñuelos acompañados de una riquísima bebida burbujeante, que simulaba lava hirviendo. ¡Me gustó mucho ir!
d)
Octava feria colectiva
El fin de semana estuve en una feria gastronómica con platos típicos de diferentes lugares. Primero me acerqué a la zona de los aperitivos. Después subí a la primera planta y me sirvieron una especialidad escandinava a base de huevas de salmón. Luego tomé unos rollitos de pavo con una salsa muy suave. De pronto percibí un olor delicioso y busqué de dónde venía… ¡Era una sala repleta de postres! Los dulces son mi devilidad y aquellos eran tan novedosos e imaginativos… Me decidí por unos buñuelos acompañados de una riquísima bebida burbujeante, que simulaba lava hirviendo. ¡Me gustó mucho ir!
El fin de semana estuve en una feria gastronómica con platos típicos de diferentes lugares. Primero me acerqué a la zona de los aperitivos. Después subí a la primera planta y me sirvieron una especialidad escandinava a base de huevas de salmón. Luego tomé unos rollitos de pavo con una salsa muy suave. De pronto percibí un olor delicioso y busqué de dónde venía… ¡Era una sala repleta de postres! Los dulces son mi devilidad y aquellos eran tan novedosos e imaginativos… Me decidí por unos buñuelos acompañados de una riquísima bebida burbujeante, que simulaba lava hirviendo. ¡Me gustó mucho ir!
98.
Marca la opción correcta.
a)
Otras culturas, otras costumbres
Las Navidades pasadas mi familia y yo estuvimos en Rusia. Mis padres tienen unos amigos de Moscú que nos invitaron a pasar unos días con ellos. Al llegar a su casa nos recibieron con una gran sonrisa, pero pasó algo extrañísimo: nos pidieron que nos quitáramos los zapatos y nos dieron unas zapatillas. Mis padres se miraban extrañados, yo tuve que disimular porque me daba la risa... Entonces nos contaron que, en su país, al entrar en una casa la gente se quita los zapatos para no ensuciar el suelo, sobre todo porque allí llueve y nieva mucho. ¡Qué costumbre tan curiosa!
Las Navidades pasadas mi familia y yo estuvimos en Rusia. Mis padres tienen unos amigos de Moscú que nos invitaron a pasar unos días con ellos. Al llegar a su casa nos recibieron con una gran sonrisa, pero pasó algo extrañísimo: nos pidieron que nos quitáramos los zapatos y nos dieron unas zapatillas. Mis padres se miraban extrañados, yo tuve que disimular porque me daba la risa... Entonces nos contaron que, en su país, al entrar en una casa la gente se quita los zapatos para no ensuciar el suelo, sobre todo porque allí llueve y nieva mucho. ¡Qué costumbre tan curiosa!
b)
Otras culturas, otras costumbres
Las Navidades pasadas mi familia y yo estubimos en Rusia. Mis padres tienen unos amigos de Moscú que nos invitaron a pasar unos días con ellos. Al llegar a su casa nos recibieron con una gran sonrisa, pero pasó algo extrañísimo: nos pidieron que nos quitáramos los zapatos y nos dieron unas zapatillas. Mis padres se miraban extrañados, yo tuve que disimular porque me daba la risa... Entonces nos contaron que, en su país, al entrar en una casa la gente se quita los zapatos para no ensuciar el suelo, sobre todo porque allí llueve y nieva mucho. ¡Qué costumbre tan curiosa!
Las Navidades pasadas mi familia y yo estubimos en Rusia. Mis padres tienen unos amigos de Moscú que nos invitaron a pasar unos días con ellos. Al llegar a su casa nos recibieron con una gran sonrisa, pero pasó algo extrañísimo: nos pidieron que nos quitáramos los zapatos y nos dieron unas zapatillas. Mis padres se miraban extrañados, yo tuve que disimular porque me daba la risa... Entonces nos contaron que, en su país, al entrar en una casa la gente se quita los zapatos para no ensuciar el suelo, sobre todo porque allí llueve y nieva mucho. ¡Qué costumbre tan curiosa!
c)
Otras culturas, otras costumbres
Las Navidades pasadas mi familia y yo estuvimos en Rusia. Mis padres tienen unos amigos de Moscú que nos invitaron a pasar unos días con ellos. Al llegar a su casa nos recibieron con una gran sonrisa, pero pasó algo extrañísimo: nos pidieron que nos quitáramos los zapatos y nos dieron unas zapatillas. Mis padres se miraban extrañados, yo tuve que disimular porque me daba la risa... Entonces nos contaron que, en su país, al entrar en una casa la gente se quita los zapatos para no ensuciar el suelo, sobre todo porque allí llueve y nieva mucho. ¡Qué costumvre tan curiosa!
Las Navidades pasadas mi familia y yo estuvimos en Rusia. Mis padres tienen unos amigos de Moscú que nos invitaron a pasar unos días con ellos. Al llegar a su casa nos recibieron con una gran sonrisa, pero pasó algo extrañísimo: nos pidieron que nos quitáramos los zapatos y nos dieron unas zapatillas. Mis padres se miraban extrañados, yo tuve que disimular porque me daba la risa... Entonces nos contaron que, en su país, al entrar en una casa la gente se quita los zapatos para no ensuciar el suelo, sobre todo porque allí llueve y nieva mucho. ¡Qué costumvre tan curiosa!
d)
Otras culturas, otras costumbres
Las Navidades pasadas mi familia y yo estuvimos en Rusia. Mis padres tienen unos amigos de Moscú que nos invitaron a pasar unos días con ellos. Al llegar a su casa nos recibieron con una gran sonrisa, pero pasó algo extrañísimo: nos pidieron que nos quitáramos los zapatos y nos dieron unas zapatillas. Mis padres se miravan extrañados, yo tuve que disimular porque me daba la risa... Entonces nos contaron que, en su país, al entrar en una casa la gente se quita los zapatos para no ensuciar el suelo, sobre todo porque allí llueve y nieva mucho. ¡Qué costumbre tan curiosa!
Las Navidades pasadas mi familia y yo estuvimos en Rusia. Mis padres tienen unos amigos de Moscú que nos invitaron a pasar unos días con ellos. Al llegar a su casa nos recibieron con una gran sonrisa, pero pasó algo extrañísimo: nos pidieron que nos quitáramos los zapatos y nos dieron unas zapatillas. Mis padres se miravan extrañados, yo tuve que disimular porque me daba la risa... Entonces nos contaron que, en su país, al entrar en una casa la gente se quita los zapatos para no ensuciar el suelo, sobre todo porque allí llueve y nieva mucho. ¡Qué costumbre tan curiosa!
99.
Características de los textos expositivos.
En la introducción
En la introducción
a)
Se suele presentar el tema que se va a tratar.
b)
Se explican los conceptos, se dan datos…
c)
Suele contener un resumen de todo lo expuesto.
100.
Características de los textos expositivos.
En el desarrollo
En el desarrollo
a)
Se suele presentar el tema que se va a tratar.
b)
Se explican los conceptos, se dan datos…
c)
Suele contener un resumen de todo lo expuesto.
101.
Características de los textos expositivos.
En la conclusión
En la conclusión
a)
Se suele presentar el tema que se va a tratar.
b)
Se explican los conceptos, se dan datos…
c)
Suele contener un resumen de todo lo expuesto.
102.
Los zo'és En la selva amazónica brasileña vive una tribu muy especial: es la tribu de los zo'és. Su población no es muy numerosa y viven prácticamente aislados en el interior de la selva. Apenas tienen contacto con el mundo exterior. Guardan celosamente sus antiguas costumbres y no tienen interés por nuestro modo de vida.
Los zo'és viven en comunidad. Sus casas son rectangulares y no tienen paredes, están abiertas al exterior. En cada una viven varias familias. Suelen dormir en hamacas colgadas del techo y cocinan en hogueras que hacen al aire libre.
Los zo'és cuidan mucho su aspecto. Desde que son jóvenes, muchos llevan un largo palo de madera insertado en el labio inferior. Las mujeres adornan sus cabezas con una especie de gorros hechos con plumas blancas y pintan su cuerpo con unos polvos rojos que extraen de unas semillas.
Su principal actividad es el cultivo de huertos. De ellos obtienen bananas, mandioca, pimientos… Además cultivan el algodón que necesitan para tejer. Los zo'és también se dedican a la caza, a veces de forma individual y a veces en grandes grupos, y a la pesca.
Todos los miembros de esta tribu son iguales y tienen los mismos derechos. No hay jefes ni líderes, aunque se suele tener muy en cuenta en los asuntos importantes a las personas que mejor hablan. Todos escuchan con atención sus opiniones y argumentos. Y los niños son responsabilidad de todos, no solo de sus padres: toda la tribu los educa y los cuida.
Los zo'és viven en comunidad. Sus casas son rectangulares y no tienen paredes, están abiertas al exterior. En cada una viven varias familias. Suelen dormir en hamacas colgadas del techo y cocinan en hogueras que hacen al aire libre.
Los zo'és cuidan mucho su aspecto. Desde que son jóvenes, muchos llevan un largo palo de madera insertado en el labio inferior. Las mujeres adornan sus cabezas con una especie de gorros hechos con plumas blancas y pintan su cuerpo con unos polvos rojos que extraen de unas semillas.
Su principal actividad es el cultivo de huertos. De ellos obtienen bananas, mandioca, pimientos… Además cultivan el algodón que necesitan para tejer. Los zo'és también se dedican a la caza, a veces de forma individual y a veces en grandes grupos, y a la pesca.
Todos los miembros de esta tribu son iguales y tienen los mismos derechos. No hay jefes ni líderes, aunque se suele tener muy en cuenta en los asuntos importantes a las personas que mejor hablan. Todos escuchan con atención sus opiniones y argumentos. Y los niños son responsabilidad de todos, no solo de sus padres: toda la tribu los educa y los cuida.
a)
El segundo párrafo nos dice cómo viven y cómo son sus casas.
b)
El primer párrafo nos dice cómo viven y cómo son sus casas.
c)
El tercer párrafo nos dice cómo viven y cómo son sus casas.
d)
El cuarto párrafo nos dice cómo viven y cómo son sus casas.
103.
Los zo'és En la selva amazónica brasileña vive una tribu muy especial: es la tribu de los zo'és. Su población no es muy numerosa y viven prácticamente aislados en el interior de la selva. Apenas tienen contacto con el mundo exterior. Guardan celosamente sus antiguas costumbres y no tienen interés por nuestro modo de vida.
Los zo'és viven en comunidad. Sus casas son rectangulares y no tienen paredes, están abiertas al exterior. En cada una viven varias familias. Suelen dormir en hamacas colgadas del techo y cocinan en hogueras que hacen al aire libre.
Los zo'és cuidan mucho su aspecto. Desde que son jóvenes, muchos llevan un largo palo de madera insertado en el labio inferior. Las mujeres adornan sus cabezas con una especie de gorros hechos con plumas blancas y pintan su cuerpo con unos polvos rojos que extraen de unas semillas.
Su principal actividad es el cultivo de huertos. De ellos obtienen bananas, mandioca, pimientos… Además cultivan el algodón que necesitan para tejer. Los zo'és también se dedican a la caza, a veces de forma individual y a veces en grandes grupos, y a la pesca.
Todos los miembros de esta tribu son iguales y tienen los mismos derechos. No hay jefes ni líderes, aunque se suele tener muy en cuenta en los asuntos importantes a las personas que mejor hablan. Todos escuchan con atención sus opiniones y argumentos. Y los niños son responsabilidad de todos, no solo de sus padres: toda la tribu los educa y los cuida.
Los zo'és viven en comunidad. Sus casas son rectangulares y no tienen paredes, están abiertas al exterior. En cada una viven varias familias. Suelen dormir en hamacas colgadas del techo y cocinan en hogueras que hacen al aire libre.
Los zo'és cuidan mucho su aspecto. Desde que son jóvenes, muchos llevan un largo palo de madera insertado en el labio inferior. Las mujeres adornan sus cabezas con una especie de gorros hechos con plumas blancas y pintan su cuerpo con unos polvos rojos que extraen de unas semillas.
Su principal actividad es el cultivo de huertos. De ellos obtienen bananas, mandioca, pimientos… Además cultivan el algodón que necesitan para tejer. Los zo'és también se dedican a la caza, a veces de forma individual y a veces en grandes grupos, y a la pesca.
Todos los miembros de esta tribu son iguales y tienen los mismos derechos. No hay jefes ni líderes, aunque se suele tener muy en cuenta en los asuntos importantes a las personas que mejor hablan. Todos escuchan con atención sus opiniones y argumentos. Y los niños son responsabilidad de todos, no solo de sus padres: toda la tribu los educa y los cuida.
a)
El tercer párrafo nos expone cómo cuidan su aspecto.
b)
El primer párrafo nos expone cómo cuidan su aspecto.
c)
El segundo párrafo nos expone cómo cuidan su aspecto.
d)
El cuarto párrafo nos expone cómo cuidan su aspecto.
104.
Los zo'és En la selva amazónica brasileña vive una tribu muy especial: es la tribu de los zo'és. Su población no es muy numerosa y viven prácticamente aislados en el interior de la selva. Apenas tienen contacto con el mundo exterior. Guardan celosamente sus antiguas costumbres y no tienen interés por nuestro modo de vida.
Los zo'és viven en comunidad. Sus casas son rectangulares y no tienen paredes, están abiertas al exterior. En cada una viven varias familias. Suelen dormir en hamacas colgadas del techo y cocinan en hogueras que hacen al aire libre.
Los zo'és cuidan mucho su aspecto. Desde que son jóvenes, muchos llevan un largo palo de madera insertado en el labio inferior. Las mujeres adornan sus cabezas con una especie de gorros hechos con plumas blancas y pintan su cuerpo con unos polvos rojos que extraen de unas semillas.
Su principal actividad es el cultivo de huertos. De ellos obtienen bananas, mandioca, pimientos… Además cultivan el algodón que necesitan para tejer. Los zo'és también se dedican a la caza, a veces de forma individual y a veces en grandes grupos, y a la pesca.
Todos los miembros de esta tribu son iguales y tienen los mismos derechos. No hay jefes ni líderes, aunque se suele tener muy en cuenta en los asuntos importantes a las personas que mejor hablan. Todos escuchan con atención sus opiniones y argumentos. Y los niños son responsabilidad de todos, no solo de sus padres: toda la tribu los educa y los cuida.
Los zo'és viven en comunidad. Sus casas son rectangulares y no tienen paredes, están abiertas al exterior. En cada una viven varias familias. Suelen dormir en hamacas colgadas del techo y cocinan en hogueras que hacen al aire libre.
Los zo'és cuidan mucho su aspecto. Desde que son jóvenes, muchos llevan un largo palo de madera insertado en el labio inferior. Las mujeres adornan sus cabezas con una especie de gorros hechos con plumas blancas y pintan su cuerpo con unos polvos rojos que extraen de unas semillas.
Su principal actividad es el cultivo de huertos. De ellos obtienen bananas, mandioca, pimientos… Además cultivan el algodón que necesitan para tejer. Los zo'és también se dedican a la caza, a veces de forma individual y a veces en grandes grupos, y a la pesca.
Todos los miembros de esta tribu son iguales y tienen los mismos derechos. No hay jefes ni líderes, aunque se suele tener muy en cuenta en los asuntos importantes a las personas que mejor hablan. Todos escuchan con atención sus opiniones y argumentos. Y los niños son responsabilidad de todos, no solo de sus padres: toda la tribu los educa y los cuida.
a)
El cuarto párrafo nos cuenta de qué viven y sus principales actividades para alimentarse.
b)
El primer párrafo nos cuenta de qué viven y sus principales actividades para alimentarse.
c)
El segundo párrafo nos cuenta de qué viven y sus principales actividades para alimentarse.
d)
El tercer párrafo nos cuenta de qué viven y sus principales actividades para alimentarse.
105.
Los zo'és En la selva amazónica brasileña vive una tribu muy especial: es la tribu de los zo'és. Su población no es muy numerosa y viven prácticamente aislados en el interior de la selva. Apenas tienen contacto con el mundo exterior. Guardan celosamente sus antiguas costumbres y no tienen interés por nuestro modo de vida.
Los zo'és viven en comunidad. Sus casas son rectangulares y no tienen paredes, están abiertas al exterior. En cada una viven varias familias. Suelen dormir en hamacas colgadas del techo y cocinan en hogueras que hacen al aire libre.
Los zo'és cuidan mucho su aspecto. Desde que son jóvenes, muchos llevan un largo palo de madera insertado en el labio inferior. Las mujeres adornan sus cabezas con una especie de gorros hechos con plumas blancas y pintan su cuerpo con unos polvos rojos que extraen de unas semillas.
Su principal actividad es el cultivo de huertos. De ellos obtienen bananas, mandioca, pimientos… Además cultivan el algodón que necesitan para tejer. Los zo'és también se dedican a la caza, a veces de forma individual y a veces en grandes grupos, y a la pesca.
Todos los miembros de esta tribu son iguales y tienen los mismos derechos. No hay jefes ni líderes, aunque se suele tener muy en cuenta en los asuntos importantes a las personas que mejor hablan. Todos escuchan con atención sus opiniones y argumentos. Y los niños son responsabilidad de todos, no solo de sus padres: toda la tribu los educa y los cuida.
Los zo'és viven en comunidad. Sus casas son rectangulares y no tienen paredes, están abiertas al exterior. En cada una viven varias familias. Suelen dormir en hamacas colgadas del techo y cocinan en hogueras que hacen al aire libre.
Los zo'és cuidan mucho su aspecto. Desde que son jóvenes, muchos llevan un largo palo de madera insertado en el labio inferior. Las mujeres adornan sus cabezas con una especie de gorros hechos con plumas blancas y pintan su cuerpo con unos polvos rojos que extraen de unas semillas.
Su principal actividad es el cultivo de huertos. De ellos obtienen bananas, mandioca, pimientos… Además cultivan el algodón que necesitan para tejer. Los zo'és también se dedican a la caza, a veces de forma individual y a veces en grandes grupos, y a la pesca.
Todos los miembros de esta tribu son iguales y tienen los mismos derechos. No hay jefes ni líderes, aunque se suele tener muy en cuenta en los asuntos importantes a las personas que mejor hablan. Todos escuchan con atención sus opiniones y argumentos. Y los niños son responsabilidad de todos, no solo de sus padres: toda la tribu los educa y los cuida.
a)
El quinto párrafo explica cómo es su organización social.
b)
El cuarto párrafo explica cómo es su organización social.
c)
El tercer párrafo explica cómo es su organización social.
d)
El segundo párrafo explica cómo es su organización social.
106.
La buena suerte
Por algunas aldeas remotas del norte de África circula una curiosa historia sobre un campesino sabio al que llamaban Rashid y que vivió en aquellas tierras hace muchos años. Cuentan que una mañana, muy temprano, Rashid se llevó una desagradable sorpresa: la puerta de la cuadra donde dormía su caballo estaba abierta y el animal había desaparecido. La noticia se propagó rápidamente por la aldea y los vecinos acudieron a casa del campesino, para acompañarlo en su aflicción y lamentar con él su desgracia: –¡Qué mala suerte has tenido! –dijo uno de ellos haciéndose eco de lo que pensaba el resto. Rashid reflexionó un instante y luego respondió: –¿Mala suerte? Ya veremos… ¡La vida da muchas vueltas! Nadie entendió aquellas palabras. Cualquiera en su lugar hubiera pensado que se trataba de un infortunio: Rashid le tenía un gran cariño al caballo, un ejemplar robusto y dócil, acostumbrado a pasar largas jornadas trabajando en el campo con su amo. Además, al campesino no le resultaría nada fácil reunir el dinero necesario para comprar otro animal. Las sorpresas de Rashid no habían acabado aún. Al día siguiente, oyó un inexplicable alboroto junto al establo, salió a ver de qué se trataba y comprobó con asombro que su querido caballo había regresado. Además, ¡no había vuelto solo! Lo acompañaba un joven potrillo, lleno de vitalidad, que se acercó a Rashid haciendo alegres cabriolas. Los vecinos acudieron de nuevo a casa de Rashid. Esta vez para congratularse con él. –¡Eres un hombre afortunado! ¡Quién hubiera pensado que el caballo iba a volver…! ¡Y, encima, acompañado! –¡Qué buena suerte tienes, hermano! –le decían. Rashid recibió las felicitaciones de sus vecinos con la misma prudencia con que antes había acogido sus lamentos. Y de nuevo volvió a decir: –¿Buena suerte? Ya veremos… ¡La vida da muchas vueltas! Algunos días después, Rashid y su hijo tuvieron que acudir a un pueblo cercano. Rashid iba montado en su caballo y Alim, su hijo, cabalgaba a lomos del potrillo. De pronto, un ruido entre los matorrales asustó al animal más joven, que frenó bruscamente y comenzó a agitarse hasta que se elevó sobre las patas traseras y tiró a su jinete. Como consecuencia del golpe, Alim se fracturó la pierna derecha. Los vecinos, conmovidos por el suceso, acudieron a ver cómo se encontraba Alim. Y, como no podía ser de otro modo, dieron su opinión sobre aquel desafortunado incidente: –¡Ya es mala suerte, Rashid! Recibes el potrillo como un regalo del cielo y mira qué consecuencias te ha traído. Más te hubiera valido no llegar a tener nunca ese animal. –¡Qué fatalidad! Ahora que se acerca el tiempo de la cosecha, con todo el trabajo por hacer… Rashid escuchaba sin inmutarse las quejas sobre su propia desgracia. Y repetía incansable su extraña letanía, que a los demás habitantes del pueblo seguía resultándoles incomprensible. –¿Mala suerte? Ya se verá… ¡La vida da muchas vueltas! Y así fue. Dos semanas después, el reino en el que vivía Rashid entró en guerra con un país vecino. Inmediatamente, se necesitaron soldados y los jóvenes tuvieron que alistarse en el ejército. Todos los muchachos de la aldea partieron hacia la guerra, salvo Alim, que se libró porque no podía caminar. Los atribulados vecinos de Rashid se quejaban: –Nuestros hijos van camino de una guerra incierta. ¡Qué desgracia! ¡Cómo íbamos a suponer que podría ocurrir una cosa así! –Comprendo y lamento vuestra tristeza –les decía Rashid compungido. Uno de los vecinos añadió: –En cambio tú, Rashid, debes considerarte el hombre más afortunado del mundo: tu hijo Alim está contigo, a salvo, gracias a la caída del caballo… Como era habitual en él, Rashid se tomó unos segundos para reflexionar y luego respondió: –¿Veis? Os lo dije: nunca se sabe cuál es la suerte… ¡La vida es así!
¿Cuáles son los hechos afortunados del cuento?
Por algunas aldeas remotas del norte de África circula una curiosa historia sobre un campesino sabio al que llamaban Rashid y que vivió en aquellas tierras hace muchos años. Cuentan que una mañana, muy temprano, Rashid se llevó una desagradable sorpresa: la puerta de la cuadra donde dormía su caballo estaba abierta y el animal había desaparecido. La noticia se propagó rápidamente por la aldea y los vecinos acudieron a casa del campesino, para acompañarlo en su aflicción y lamentar con él su desgracia: –¡Qué mala suerte has tenido! –dijo uno de ellos haciéndose eco de lo que pensaba el resto. Rashid reflexionó un instante y luego respondió: –¿Mala suerte? Ya veremos… ¡La vida da muchas vueltas! Nadie entendió aquellas palabras. Cualquiera en su lugar hubiera pensado que se trataba de un infortunio: Rashid le tenía un gran cariño al caballo, un ejemplar robusto y dócil, acostumbrado a pasar largas jornadas trabajando en el campo con su amo. Además, al campesino no le resultaría nada fácil reunir el dinero necesario para comprar otro animal. Las sorpresas de Rashid no habían acabado aún. Al día siguiente, oyó un inexplicable alboroto junto al establo, salió a ver de qué se trataba y comprobó con asombro que su querido caballo había regresado. Además, ¡no había vuelto solo! Lo acompañaba un joven potrillo, lleno de vitalidad, que se acercó a Rashid haciendo alegres cabriolas. Los vecinos acudieron de nuevo a casa de Rashid. Esta vez para congratularse con él. –¡Eres un hombre afortunado! ¡Quién hubiera pensado que el caballo iba a volver…! ¡Y, encima, acompañado! –¡Qué buena suerte tienes, hermano! –le decían. Rashid recibió las felicitaciones de sus vecinos con la misma prudencia con que antes había acogido sus lamentos. Y de nuevo volvió a decir: –¿Buena suerte? Ya veremos… ¡La vida da muchas vueltas! Algunos días después, Rashid y su hijo tuvieron que acudir a un pueblo cercano. Rashid iba montado en su caballo y Alim, su hijo, cabalgaba a lomos del potrillo. De pronto, un ruido entre los matorrales asustó al animal más joven, que frenó bruscamente y comenzó a agitarse hasta que se elevó sobre las patas traseras y tiró a su jinete. Como consecuencia del golpe, Alim se fracturó la pierna derecha. Los vecinos, conmovidos por el suceso, acudieron a ver cómo se encontraba Alim. Y, como no podía ser de otro modo, dieron su opinión sobre aquel desafortunado incidente: –¡Ya es mala suerte, Rashid! Recibes el potrillo como un regalo del cielo y mira qué consecuencias te ha traído. Más te hubiera valido no llegar a tener nunca ese animal. –¡Qué fatalidad! Ahora que se acerca el tiempo de la cosecha, con todo el trabajo por hacer… Rashid escuchaba sin inmutarse las quejas sobre su propia desgracia. Y repetía incansable su extraña letanía, que a los demás habitantes del pueblo seguía resultándoles incomprensible. –¿Mala suerte? Ya se verá… ¡La vida da muchas vueltas! Y así fue. Dos semanas después, el reino en el que vivía Rashid entró en guerra con un país vecino. Inmediatamente, se necesitaron soldados y los jóvenes tuvieron que alistarse en el ejército. Todos los muchachos de la aldea partieron hacia la guerra, salvo Alim, que se libró porque no podía caminar. Los atribulados vecinos de Rashid se quejaban: –Nuestros hijos van camino de una guerra incierta. ¡Qué desgracia! ¡Cómo íbamos a suponer que podría ocurrir una cosa así! –Comprendo y lamento vuestra tristeza –les decía Rashid compungido. Uno de los vecinos añadió: –En cambio tú, Rashid, debes considerarte el hombre más afortunado del mundo: tu hijo Alim está contigo, a salvo, gracias a la caída del caballo… Como era habitual en él, Rashid se tomó unos segundos para reflexionar y luego respondió: –¿Veis? Os lo dije: nunca se sabe cuál es la suerte… ¡La vida es así!
¿Cuáles son los hechos afortunados del cuento?
a)
Alim se libra de ir a la guerra y el caballo perdido de Rashid vuelve al día siguiente con un potrillo.
b)
Rashid gana dinero con la venta del potrillo.
c)
Alim puede ayudar a su padre en la cosecha gracias al potrillo.
d)
El reino de Rashid gana la guerra.
107.
La buena suerte
Por algunas aldeas remotas del norte de África circula una curiosa historia sobre un campesino sabio al que llamaban Rashid y que vivió en aquellas tierras hace muchos años. Cuentan que una mañana, muy temprano, Rashid se llevó una desagradable sorpresa: la puerta de la cuadra donde dormía su caballo estaba abierta y el animal había desaparecido. La noticia se propagó rápidamente por la aldea y los vecinos acudieron a casa del campesino, para acompañarlo en su aflicción y lamentar con él su desgracia: –¡Qué mala suerte has tenido! –dijo uno de ellos haciéndose eco de lo que pensaba el resto. Rashid reflexionó un instante y luego respondió: –¿Mala suerte? Ya veremos… ¡La vida da muchas vueltas! Nadie entendió aquellas palabras. Cualquiera en su lugar hubiera pensado que se trataba de un infortunio: Rashid le tenía un gran cariño al caballo, un ejemplar robusto y dócil, acostumbrado a pasar largas jornadas trabajando en el campo con su amo. Además, al campesino no le resultaría nada fácil reunir el dinero necesario para comprar otro animal. Las sorpresas de Rashid no habían acabado aún. Al día siguiente, oyó un inexplicable alboroto junto al establo, salió a ver de qué se trataba y comprobó con asombro que su querido caballo había regresado. Además, ¡no había vuelto solo! Lo acompañaba un joven potrillo, lleno de vitalidad, que se acercó a Rashid haciendo alegres cabriolas. Los vecinos acudieron de nuevo a casa de Rashid. Esta vez para congratularse con él. –¡Eres un hombre afortunado! ¡Quién hubiera pensado que el caballo iba a volver…! ¡Y, encima, acompañado! –¡Qué buena suerte tienes, hermano! –le decían. Rashid recibió las felicitaciones de sus vecinos con la misma prudencia con que antes había acogido sus lamentos. Y de nuevo volvió a decir: –¿Buena suerte? Ya veremos… ¡La vida da muchas vueltas! Algunos días después, Rashid y su hijo tuvieron que acudir a un pueblo cercano. Rashid iba montado en su caballo y Alim, su hijo, cabalgaba a lomos del potrillo. De pronto, un ruido entre los matorrales asustó al animal más joven, que frenó bruscamente y comenzó a agitarse hasta que se elevó sobre las patas traseras y tiró a su jinete. Como consecuencia del golpe, Alim se fracturó la pierna derecha. Los vecinos, conmovidos por el suceso, acudieron a ver cómo se encontraba Alim. Y, como no podía ser de otro modo, dieron su opinión sobre aquel desafortunado incidente: –¡Ya es mala suerte, Rashid! Recibes el potrillo como un regalo del cielo y mira qué consecuencias te ha traído. Más te hubiera valido no llegar a tener nunca ese animal. –¡Qué fatalidad! Ahora que se acerca el tiempo de la cosecha, con todo el trabajo por hacer… Rashid escuchaba sin inmutarse las quejas sobre su propia desgracia. Y repetía incansable su extraña letanía, que a los demás habitantes del pueblo seguía resultándoles incomprensible. –¿Mala suerte? Ya se verá… ¡La vida da muchas vueltas! Y así fue. Dos semanas después, el reino en el que vivía Rashid entró en guerra con un país vecino. Inmediatamente, se necesitaron soldados y los jóvenes tuvieron que alistarse en el ejército. Todos los muchachos de la aldea partieron hacia la guerra, salvo Alim, que se libró porque no podía caminar. Los atribulados vecinos de Rashid se quejaban: –Nuestros hijos van camino de una guerra incierta. ¡Qué desgracia! ¡Cómo íbamos a suponer que podría ocurrir una cosa así! –Comprendo y lamento vuestra tristeza –les decía Rashid compungido. Uno de los vecinos añadió: –En cambio tú, Rashid, debes considerarte el hombre más afortunado del mundo: tu hijo Alim está contigo, a salvo, gracias a la caída del caballo… Como era habitual en él, Rashid se tomó unos segundos para reflexionar y luego respondió: –¿Veis? Os lo dije: nunca se sabe cuál es la suerte… ¡La vida es así!
¿Cuáles son los hechos desafortunados del cuento?
Por algunas aldeas remotas del norte de África circula una curiosa historia sobre un campesino sabio al que llamaban Rashid y que vivió en aquellas tierras hace muchos años. Cuentan que una mañana, muy temprano, Rashid se llevó una desagradable sorpresa: la puerta de la cuadra donde dormía su caballo estaba abierta y el animal había desaparecido. La noticia se propagó rápidamente por la aldea y los vecinos acudieron a casa del campesino, para acompañarlo en su aflicción y lamentar con él su desgracia: –¡Qué mala suerte has tenido! –dijo uno de ellos haciéndose eco de lo que pensaba el resto. Rashid reflexionó un instante y luego respondió: –¿Mala suerte? Ya veremos… ¡La vida da muchas vueltas! Nadie entendió aquellas palabras. Cualquiera en su lugar hubiera pensado que se trataba de un infortunio: Rashid le tenía un gran cariño al caballo, un ejemplar robusto y dócil, acostumbrado a pasar largas jornadas trabajando en el campo con su amo. Además, al campesino no le resultaría nada fácil reunir el dinero necesario para comprar otro animal. Las sorpresas de Rashid no habían acabado aún. Al día siguiente, oyó un inexplicable alboroto junto al establo, salió a ver de qué se trataba y comprobó con asombro que su querido caballo había regresado. Además, ¡no había vuelto solo! Lo acompañaba un joven potrillo, lleno de vitalidad, que se acercó a Rashid haciendo alegres cabriolas. Los vecinos acudieron de nuevo a casa de Rashid. Esta vez para congratularse con él. –¡Eres un hombre afortunado! ¡Quién hubiera pensado que el caballo iba a volver…! ¡Y, encima, acompañado! –¡Qué buena suerte tienes, hermano! –le decían. Rashid recibió las felicitaciones de sus vecinos con la misma prudencia con que antes había acogido sus lamentos. Y de nuevo volvió a decir: –¿Buena suerte? Ya veremos… ¡La vida da muchas vueltas! Algunos días después, Rashid y su hijo tuvieron que acudir a un pueblo cercano. Rashid iba montado en su caballo y Alim, su hijo, cabalgaba a lomos del potrillo. De pronto, un ruido entre los matorrales asustó al animal más joven, que frenó bruscamente y comenzó a agitarse hasta que se elevó sobre las patas traseras y tiró a su jinete. Como consecuencia del golpe, Alim se fracturó la pierna derecha. Los vecinos, conmovidos por el suceso, acudieron a ver cómo se encontraba Alim. Y, como no podía ser de otro modo, dieron su opinión sobre aquel desafortunado incidente: –¡Ya es mala suerte, Rashid! Recibes el potrillo como un regalo del cielo y mira qué consecuencias te ha traído. Más te hubiera valido no llegar a tener nunca ese animal. –¡Qué fatalidad! Ahora que se acerca el tiempo de la cosecha, con todo el trabajo por hacer… Rashid escuchaba sin inmutarse las quejas sobre su propia desgracia. Y repetía incansable su extraña letanía, que a los demás habitantes del pueblo seguía resultándoles incomprensible. –¿Mala suerte? Ya se verá… ¡La vida da muchas vueltas! Y así fue. Dos semanas después, el reino en el que vivía Rashid entró en guerra con un país vecino. Inmediatamente, se necesitaron soldados y los jóvenes tuvieron que alistarse en el ejército. Todos los muchachos de la aldea partieron hacia la guerra, salvo Alim, que se libró porque no podía caminar. Los atribulados vecinos de Rashid se quejaban: –Nuestros hijos van camino de una guerra incierta. ¡Qué desgracia! ¡Cómo íbamos a suponer que podría ocurrir una cosa así! –Comprendo y lamento vuestra tristeza –les decía Rashid compungido. Uno de los vecinos añadió: –En cambio tú, Rashid, debes considerarte el hombre más afortunado del mundo: tu hijo Alim está contigo, a salvo, gracias a la caída del caballo… Como era habitual en él, Rashid se tomó unos segundos para reflexionar y luego respondió: –¿Veis? Os lo dije: nunca se sabe cuál es la suerte… ¡La vida es así!
¿Cuáles son los hechos desafortunados del cuento?
a)
Rashid pierde a su caballo.
b)
Rashid no tiene dinero para alimentar al potrillo.
c)
Rashid no puede recoger la cosecha ese año.
108.
Marca el análisis correcto.
Las he regado esta mañana.
Las he regado esta mañana.
a)
Pronombre átono, 3ª persona del plural.
b)
Pronombre átono, 2ª persona del plural.
c)
Pronombre tónico, 3ª persona del plural.
d)
Pronombre tónico 1ª persona del singular.
109.
Marca el análisis correcto.
Si queréis os llevo a casa.
Si queréis os llevo a casa.
a)
Pronombre átono, 3ª persona del plural.
b)
Pronombre átono, 2ª persona del plural.
c)
Pronombre tónico, 3ª persona del plural.
d)
Pronombre tónico 1ª persona del singular.
110.
Marca el análisis correcto.
Llego con ellas por la tarde.
Llego con ellas por la tarde.
a)
Pronombre átono, 3ª persona del plural.
b)
Pronombre átono, 2ª persona del plural.
c)
Pronombre tónico, 3ª persona del plural.
d)
Pronombre tónico 1ª persona del singular.
111.
Marca el análisis correcto.
Vino de vacaciones conmigo.
Vino de vacaciones conmigo.
a)
Pronombre átono, 3ª persona del plural.
b)
Pronombre átono, 2ª persona del plural.
c)
Pronombre tónico, 3ª persona del plural.
d)
Pronombre tónico 1ª persona del singular.
112.
Persona que tiene por oficio trabajar en el fondo del mar.
a)
buzo
b)
vuzo
113.
Que está muy enfermo.
a)
Grave
b)
Grabe
114.
Asiento en el teatro o en el cine
a)
Butaca
b)
vutaca
115.
Antiguamente, persona que tenía un amo.
a)
Esclavo.
b)
Esclabo
116.
Pompa que se forma en un líquido y sale a la superficie.
a)
Burbuja
b)
Vurbuja
117.
Persona que se mueve o trabaja mucho.
a)
Activo
b)
Actibo
118.
¿Cuál de los siguientes libros no contiene textos expositivos?
a)
Un libro de poemas de amor.
b)
Un libro de texto.
c)
Un libro sobre el cuidado de las plantas.
119.
Sufrimiento, preocupación.
a)
Aflicción
b)
Infortunio
c)
Congratularse
d)
Letanía
120.
Desgracia
a)
Aflicción
b)
Infortunio
c)
Congratularse
d)
Letanía
121.
Alegrarse, ponerse contento.
a)
Aflicción
b)
Infortunio
c)
Congratularse
d)
Letanía
122.
Frase que se repite.
a)
Aflicción
b)
Infortunio
c)
Congratularse
d)
Letanía
123.
Pronombres de primera persona.
a)
Los pronombres que nombran a la persona que habla. Por ejemplo: yo, nosotros.
b)
Los pronombres que nombran a la persona que escucha. Por ejemplo: tú, vosotras.
c)
Los pronombres que nombran a una persona u objeto que no es ni quien habla ni quien escucha. Por ejemplo: él, ella, lo.
124.
Pronombres de segunda persona.
a)
Los pronombres que nombran a la persona que habla. Por ejemplo: yo, nosotros.
b)
Los pronombres que nombran a la persona que escucha. Por ejemplo: tú, vosotras.
c)
Los pronombres que nombran a una persona u objeto que no es ni quien habla ni quien escucha. Por ejemplo: él, ella, lo.
125.
Pronombres de tercera persona.
a)
Los pronombres que nombran a la persona que habla. Por ejemplo: yo, nosotros.
b)
Los pronombres que nombran a la persona que escucha. Por ejemplo: tú, vosotras.
c)
Los pronombres que nombran a una persona u objeto que no es ni quien habla ni quien escucha. Por ejemplo: él, ella, lo.
126.
Los pronombres personales tónicos
a)
pueden aparecer solos. Por ejemplo: yo, tú, él, nosotros…
b)
no pueden aparecer solos, siempre acompañan a un verbo. Si van delante del verbo, se escriben de forma independiente. Por ejemplo: El caballo lo tiró. Si van detrás del verbo, se unen a él. Por ejemplo: Tómalo.
127.
Los pronombres personales átonos
a)
pueden aparecer solos. Por ejemplo: yo, tú, él, nosotros…
b)
no pueden aparecer solos, siempre acompañan a un verbo. Si van delante del verbo, se escriben de forma independiente. Por ejemplo: El caballo lo tiró. Si van detrás del verbo, se unen a él. Por ejemplo: Tómalo.
128.
Pronombres personales tónicos en singular
a)
yo, mí, conmigo
tú, usted, ti, contigo
él, ella, sí, consigo
tú, usted, ti, contigo
él, ella, sí, consigo
b)
me
te
se, lo, la, le
te
se, lo, la, le
129.
Pronombres personales átonos en singular
a)
yo, mí, conmigo
tú, usted, ti, contigo
él, ella, sí, consigo
tú, usted, ti, contigo
él, ella, sí, consigo
b)
me
te
se, lo, la, le
te
se, lo, la, le
130.
Pronombres personales tónicos en plural
a)
nosotros, nosotras vosotros, vosotras, ustedes ellos, ellas, sí, consigo tú, usted, ti, contigo
él, ella, sí, consigo
él, ella, sí, consigo
b)
nos os se, los, las, les
131.
Pronombres personales átonos en plural
a)
nosotros, nosotras vosotros, vosotras, ustedes ellos, ellas, sí, consigo tú, usted, ti, contigo
él, ella, sí, consigo
él, ella, sí, consigo
b)
nos os se, los, las, les
132.
Marca la opción correcta
a)
La bufanda
Amalia acababa de recibir la lana que llevaba tanto tiempo esperando. Con ella tejería una nueva bufanda para su nieta. Anduvo mucho tiempo buscando la lana más suave del mundo y, al fin, la tenía entre sus manos. Al ver esa madeja, no tuvo ninguna duda: era lo que ella deseaba.
Amalia acababa de recibir la lana que llevaba tanto tiempo esperando. Con ella tejería una nueva bufanda para su nieta. Anduvo mucho tiempo buscando la lana más suave del mundo y, al fin, la tenía entre sus manos. Al ver esa madeja, no tuvo ninguna duda: era lo que ella deseaba.
b)
La bufanda
Amalia acabava de recibir la lana que llevaba tanto tiempo esperando. Con ella tejería una nueva bufanda para su nieta. Anduvo mucho tiempo buscando la lana más suave del mundo y, al fin, la tenía entre sus manos. Al ver esa madeja, no tuvo ninguna duda: era lo que ella deseaba.
Amalia acabava de recibir la lana que llevaba tanto tiempo esperando. Con ella tejería una nueva bufanda para su nieta. Anduvo mucho tiempo buscando la lana más suave del mundo y, al fin, la tenía entre sus manos. Al ver esa madeja, no tuvo ninguna duda: era lo que ella deseaba.
c)
La bufanda
Amalia acababa de recibir la lana que llevaba tanto tiempo esperando. Con ella tejería una nueva bufanda para su nieta. Anduvo mucho tiempo buscando la lana más suabe del mundo y, al fin, la tenía entre sus manos. Al ver esa madeja, no tuvo ninguna duda: era lo que ella deseaba.
Amalia acababa de recibir la lana que llevaba tanto tiempo esperando. Con ella tejería una nueva bufanda para su nieta. Anduvo mucho tiempo buscando la lana más suabe del mundo y, al fin, la tenía entre sus manos. Al ver esa madeja, no tuvo ninguna duda: era lo que ella deseaba.
d)
La bufanda
Amalia acababa de recibir la lana que llevaba tanto tiempo esperando. Con ella tejería una nueva bufanda para su nieta. Andubo mucho tiempo buscando la lana más suave del mundo y, al fin, la tenía entre sus manos. Al ver esa madeja, no tuvo ninguna duda: era lo que ella deseaba.
Amalia acababa de recibir la lana que llevaba tanto tiempo esperando. Con ella tejería una nueva bufanda para su nieta. Andubo mucho tiempo buscando la lana más suave del mundo y, al fin, la tenía entre sus manos. Al ver esa madeja, no tuvo ninguna duda: era lo que ella deseaba.
133.
Marca la opción correcta.
a)
El reloj de la torre
La encargada del reloj de la torre estaba muy satisfecha de su trabajo. Cada día subía a la torre y engrasaba y ajustaba toda la maquinaria. Un leve desajuste y el reloj dejaba de funcionar. Para ella no había nada más reconfortante en este mundo que sentarse en la butaca del torreón y ver toda aquella magnífica maquinaria moverse con rítmica exactitud. Siempre tuvo la certeza de que ese trabajo estaba hecho para ella.
La encargada del reloj de la torre estaba muy satisfecha de su trabajo. Cada día subía a la torre y engrasaba y ajustaba toda la maquinaria. Un leve desajuste y el reloj dejaba de funcionar. Para ella no había nada más reconfortante en este mundo que sentarse en la butaca del torreón y ver toda aquella magnífica maquinaria moverse con rítmica exactitud. Siempre tuvo la certeza de que ese trabajo estaba hecho para ella.
b)
El reloj de la torre
La encargada del reloj de la torre estaba muy satisfecha de su trabajo. Cada día subía a la torre y engrasaba y ajustaba toda la maquinaria. Un lebe desajuste y el reloj dejaba de funcionar. Para ella no había nada más reconfortante en este mundo que sentarse en la butaca del torreón y ver toda aquella magnífica maquinaria moverse con rítmica exactitud. Siempre tuvo la certeza de que ese trabajo estaba hecho para ella.
La encargada del reloj de la torre estaba muy satisfecha de su trabajo. Cada día subía a la torre y engrasaba y ajustaba toda la maquinaria. Un lebe desajuste y el reloj dejaba de funcionar. Para ella no había nada más reconfortante en este mundo que sentarse en la butaca del torreón y ver toda aquella magnífica maquinaria moverse con rítmica exactitud. Siempre tuvo la certeza de que ese trabajo estaba hecho para ella.
c)
El reloj de la torre
La encargada del reloj de la torre estaba muy satisfecha de su trabajo. Cada día suvía a la torre y engrasaba y ajustaba toda la maquinaria. Un leve desajuste y el reloj dejaba de funcionar. Para ella no había nada más reconfortante en este mundo que sentarse en la butaca del torreón y ver toda aquella magnífica maquinaria moverse con rítmica exactitud. Siempre tuvo la certeza de que ese trabajo estaba hecho para ella.
La encargada del reloj de la torre estaba muy satisfecha de su trabajo. Cada día suvía a la torre y engrasaba y ajustaba toda la maquinaria. Un leve desajuste y el reloj dejaba de funcionar. Para ella no había nada más reconfortante en este mundo que sentarse en la butaca del torreón y ver toda aquella magnífica maquinaria moverse con rítmica exactitud. Siempre tuvo la certeza de que ese trabajo estaba hecho para ella.
d)
El reloj de la torre
La encargada del reloj de la torre estaba muy satisfecha de su trabajo. Cada día subía a la torre y engrasaba y ajustaba toda la maquinaria. Un leve desajuste y el reloj dejaba de funcionar. Para ella no había nada más reconfortante en este mundo que sentarse en la butaca del torreón y ver toda aquella magnífica maquinaria moberse con rítmica exactitud. Siempre tuvo la certeza de que ese trabajo estaba hecho para ella.
La encargada del reloj de la torre estaba muy satisfecha de su trabajo. Cada día subía a la torre y engrasaba y ajustaba toda la maquinaria. Un leve desajuste y el reloj dejaba de funcionar. Para ella no había nada más reconfortante en este mundo que sentarse en la butaca del torreón y ver toda aquella magnífica maquinaria moberse con rítmica exactitud. Siempre tuvo la certeza de que ese trabajo estaba hecho para ella.
134.
Marca la opción correcta.
a)
Octava feria colectiva
El fin de semana estuve en una feria gastronómica con platos típicos de diferentes lugares. Primero me acerqué a la zona de los aperitivos. Después subí a la primera planta y me sirvieron una especialidad escandinava a base de huevas de salmón. Luego tomé unos rollitos de pavo con una salsa muy suave. De pronto percibí un olor delicioso y busqué de dónde venía… ¡Era una sala repleta de postres! Los dulces son mi debilidad y aquellos eran tan novedosos e imaginativos… Me decidí por unos buñuelos acompañados de una riquísima bebida burbujeante, que simulaba lava hirviendo. ¡Me gustó mucho ir!
El fin de semana estuve en una feria gastronómica con platos típicos de diferentes lugares. Primero me acerqué a la zona de los aperitivos. Después subí a la primera planta y me sirvieron una especialidad escandinava a base de huevas de salmón. Luego tomé unos rollitos de pavo con una salsa muy suave. De pronto percibí un olor delicioso y busqué de dónde venía… ¡Era una sala repleta de postres! Los dulces son mi debilidad y aquellos eran tan novedosos e imaginativos… Me decidí por unos buñuelos acompañados de una riquísima bebida burbujeante, que simulaba lava hirviendo. ¡Me gustó mucho ir!
b)
Octava feria colectiva
El fin de semana estuve en una feria gastronómica con platos típicos de diferentes lugares. Primero me acerqué a la zona de los aperitivos. Después subí a la primera planta y me sirvieron una especialidad escandinava a base de huevas de salmón. Luego tomé unos rollitos de pavo con una salsa muy suave. De pronto percibí un olor delicioso y busqué de dónde venía… ¡Era una sala repleta de postres! Los dulces son mi debilidad y aquellos eran tan novedosos e imaginativos… Me decidí por unos buñuelos acompañados de una riquísima bebida burbujeante, que simulaba lava hirbiendo. ¡Me gustó mucho ir!
El fin de semana estuve en una feria gastronómica con platos típicos de diferentes lugares. Primero me acerqué a la zona de los aperitivos. Después subí a la primera planta y me sirvieron una especialidad escandinava a base de huevas de salmón. Luego tomé unos rollitos de pavo con una salsa muy suave. De pronto percibí un olor delicioso y busqué de dónde venía… ¡Era una sala repleta de postres! Los dulces son mi debilidad y aquellos eran tan novedosos e imaginativos… Me decidí por unos buñuelos acompañados de una riquísima bebida burbujeante, que simulaba lava hirbiendo. ¡Me gustó mucho ir!
c)
Octava feria colectiva
El fin de semana estuve en una feria gastronómica con platos típicos de diferentes lugares. Primero me acerqué a la zona de los aperitivos. Después subí a la primera planta y me sirvieron una especialidad escandinava a base de huevas de salmón. Luego tomé unos rollitos de pavo con una salsa muy suave. De pronto percibí un olor delicioso y busqué de dónde venía… ¡Era una sala repleta de postres! Los dulces son mi debilidad y aquellos eran tan novedosos e imaginativos… Me decidí por unos vuñuelos acompañados de una riquísima bebida burbujeante, que simulaba lava hirviendo. ¡Me gustó mucho ir!
El fin de semana estuve en una feria gastronómica con platos típicos de diferentes lugares. Primero me acerqué a la zona de los aperitivos. Después subí a la primera planta y me sirvieron una especialidad escandinava a base de huevas de salmón. Luego tomé unos rollitos de pavo con una salsa muy suave. De pronto percibí un olor delicioso y busqué de dónde venía… ¡Era una sala repleta de postres! Los dulces son mi debilidad y aquellos eran tan novedosos e imaginativos… Me decidí por unos vuñuelos acompañados de una riquísima bebida burbujeante, que simulaba lava hirviendo. ¡Me gustó mucho ir!
d)
Octava feria colectiva
El fin de semana estuve en una feria gastronómica con platos típicos de diferentes lugares. Primero me acerqué a la zona de los aperitivos. Después subí a la primera planta y me sirvieron una especialidad escandinava a base de huevas de salmón. Luego tomé unos rollitos de pavo con una salsa muy suave. De pronto percibí un olor delicioso y busqué de dónde venía… ¡Era una sala repleta de postres! Los dulces son mi devilidad y aquellos eran tan novedosos e imaginativos… Me decidí por unos buñuelos acompañados de una riquísima bebida burbujeante, que simulaba lava hirviendo. ¡Me gustó mucho ir!
El fin de semana estuve en una feria gastronómica con platos típicos de diferentes lugares. Primero me acerqué a la zona de los aperitivos. Después subí a la primera planta y me sirvieron una especialidad escandinava a base de huevas de salmón. Luego tomé unos rollitos de pavo con una salsa muy suave. De pronto percibí un olor delicioso y busqué de dónde venía… ¡Era una sala repleta de postres! Los dulces son mi devilidad y aquellos eran tan novedosos e imaginativos… Me decidí por unos buñuelos acompañados de una riquísima bebida burbujeante, que simulaba lava hirviendo. ¡Me gustó mucho ir!
135.
Marca la opción correcta.
a)
Otras culturas, otras costumbres
Las Navidades pasadas mi familia y yo estuvimos en Rusia. Mis padres tienen unos amigos de Moscú que nos invitaron a pasar unos días con ellos. Al llegar a su casa nos recibieron con una gran sonrisa, pero pasó algo extrañísimo: nos pidieron que nos quitáramos los zapatos y nos dieron unas zapatillas. Mis padres se miraban extrañados, yo tuve que disimular porque me daba la risa... Entonces nos contaron que, en su país, al entrar en una casa la gente se quita los zapatos para no ensuciar el suelo, sobre todo porque allí llueve y nieva mucho. ¡Qué costumbre tan curiosa!
Las Navidades pasadas mi familia y yo estuvimos en Rusia. Mis padres tienen unos amigos de Moscú que nos invitaron a pasar unos días con ellos. Al llegar a su casa nos recibieron con una gran sonrisa, pero pasó algo extrañísimo: nos pidieron que nos quitáramos los zapatos y nos dieron unas zapatillas. Mis padres se miraban extrañados, yo tuve que disimular porque me daba la risa... Entonces nos contaron que, en su país, al entrar en una casa la gente se quita los zapatos para no ensuciar el suelo, sobre todo porque allí llueve y nieva mucho. ¡Qué costumbre tan curiosa!
b)
Otras culturas, otras costumbres
Las Navidades pasadas mi familia y yo estubimos en Rusia. Mis padres tienen unos amigos de Moscú que nos invitaron a pasar unos días con ellos. Al llegar a su casa nos recibieron con una gran sonrisa, pero pasó algo extrañísimo: nos pidieron que nos quitáramos los zapatos y nos dieron unas zapatillas. Mis padres se miraban extrañados, yo tuve que disimular porque me daba la risa... Entonces nos contaron que, en su país, al entrar en una casa la gente se quita los zapatos para no ensuciar el suelo, sobre todo porque allí llueve y nieva mucho. ¡Qué costumbre tan curiosa!
Las Navidades pasadas mi familia y yo estubimos en Rusia. Mis padres tienen unos amigos de Moscú que nos invitaron a pasar unos días con ellos. Al llegar a su casa nos recibieron con una gran sonrisa, pero pasó algo extrañísimo: nos pidieron que nos quitáramos los zapatos y nos dieron unas zapatillas. Mis padres se miraban extrañados, yo tuve que disimular porque me daba la risa... Entonces nos contaron que, en su país, al entrar en una casa la gente se quita los zapatos para no ensuciar el suelo, sobre todo porque allí llueve y nieva mucho. ¡Qué costumbre tan curiosa!
c)
Otras culturas, otras costumbres
Las Navidades pasadas mi familia y yo estuvimos en Rusia. Mis padres tienen unos amigos de Moscú que nos invitaron a pasar unos días con ellos. Al llegar a su casa nos recibieron con una gran sonrisa, pero pasó algo extrañísimo: nos pidieron que nos quitáramos los zapatos y nos dieron unas zapatillas. Mis padres se miraban extrañados, yo tuve que disimular porque me daba la risa... Entonces nos contaron que, en su país, al entrar en una casa la gente se quita los zapatos para no ensuciar el suelo, sobre todo porque allí llueve y nieva mucho. ¡Qué costumvre tan curiosa!
Las Navidades pasadas mi familia y yo estuvimos en Rusia. Mis padres tienen unos amigos de Moscú que nos invitaron a pasar unos días con ellos. Al llegar a su casa nos recibieron con una gran sonrisa, pero pasó algo extrañísimo: nos pidieron que nos quitáramos los zapatos y nos dieron unas zapatillas. Mis padres se miraban extrañados, yo tuve que disimular porque me daba la risa... Entonces nos contaron que, en su país, al entrar en una casa la gente se quita los zapatos para no ensuciar el suelo, sobre todo porque allí llueve y nieva mucho. ¡Qué costumvre tan curiosa!
d)
Otras culturas, otras costumbres
Las Navidades pasadas mi familia y yo estuvimos en Rusia. Mis padres tienen unos amigos de Moscú que nos invitaron a pasar unos días con ellos. Al llegar a su casa nos recibieron con una gran sonrisa, pero pasó algo extrañísimo: nos pidieron que nos quitáramos los zapatos y nos dieron unas zapatillas. Mis padres se miravan extrañados, yo tuve que disimular porque me daba la risa... Entonces nos contaron que, en su país, al entrar en una casa la gente se quita los zapatos para no ensuciar el suelo, sobre todo porque allí llueve y nieva mucho. ¡Qué costumbre tan curiosa!
Las Navidades pasadas mi familia y yo estuvimos en Rusia. Mis padres tienen unos amigos de Moscú que nos invitaron a pasar unos días con ellos. Al llegar a su casa nos recibieron con una gran sonrisa, pero pasó algo extrañísimo: nos pidieron que nos quitáramos los zapatos y nos dieron unas zapatillas. Mis padres se miravan extrañados, yo tuve que disimular porque me daba la risa... Entonces nos contaron que, en su país, al entrar en una casa la gente se quita los zapatos para no ensuciar el suelo, sobre todo porque allí llueve y nieva mucho. ¡Qué costumbre tan curiosa!
136.
Características de los textos expositivos.
En la introducción
En la introducción
a)
Se suele presentar el tema que se va a tratar.
b)
Se explican los conceptos, se dan datos…
c)
Suele contener un resumen de todo lo expuesto.
137.
Características de los textos expositivos.
En el desarrollo
En el desarrollo
a)
Se suele presentar el tema que se va a tratar.
b)
Se explican los conceptos, se dan datos…
c)
Suele contener un resumen de todo lo expuesto.
138.
Características de los textos expositivos.
En la conclusión
En la conclusión
a)
Se suele presentar el tema que se va a tratar.
b)
Se explican los conceptos, se dan datos…
c)
Suele contener un resumen de todo lo expuesto.
139.
Los zo'és En la selva amazónica brasileña vive una tribu muy especial: es la tribu de los zo'és. Su población no es muy numerosa y viven prácticamente aislados en el interior de la selva. Apenas tienen contacto con el mundo exterior. Guardan celosamente sus antiguas costumbres y no tienen interés por nuestro modo de vida.
Los zo'és viven en comunidad. Sus casas son rectangulares y no tienen paredes, están abiertas al exterior. En cada una viven varias familias. Suelen dormir en hamacas colgadas del techo y cocinan en hogueras que hacen al aire libre.
Los zo'és cuidan mucho su aspecto. Desde que son jóvenes, muchos llevan un largo palo de madera insertado en el labio inferior. Las mujeres adornan sus cabezas con una especie de gorros hechos con plumas blancas y pintan su cuerpo con unos polvos rojos que extraen de unas semillas.
Su principal actividad es el cultivo de huertos. De ellos obtienen bananas, mandioca, pimientos… Además cultivan el algodón que necesitan para tejer. Los zo'és también se dedican a la caza, a veces de forma individual y a veces en grandes grupos, y a la pesca.
Todos los miembros de esta tribu son iguales y tienen los mismos derechos. No hay jefes ni líderes, aunque se suele tener muy en cuenta en los asuntos importantes a las personas que mejor hablan. Todos escuchan con atención sus opiniones y argumentos. Y los niños son responsabilidad de todos, no solo de sus padres: toda la tribu los educa y los cuida.
Los zo'és viven en comunidad. Sus casas son rectangulares y no tienen paredes, están abiertas al exterior. En cada una viven varias familias. Suelen dormir en hamacas colgadas del techo y cocinan en hogueras que hacen al aire libre.
Los zo'és cuidan mucho su aspecto. Desde que son jóvenes, muchos llevan un largo palo de madera insertado en el labio inferior. Las mujeres adornan sus cabezas con una especie de gorros hechos con plumas blancas y pintan su cuerpo con unos polvos rojos que extraen de unas semillas.
Su principal actividad es el cultivo de huertos. De ellos obtienen bananas, mandioca, pimientos… Además cultivan el algodón que necesitan para tejer. Los zo'és también se dedican a la caza, a veces de forma individual y a veces en grandes grupos, y a la pesca.
Todos los miembros de esta tribu son iguales y tienen los mismos derechos. No hay jefes ni líderes, aunque se suele tener muy en cuenta en los asuntos importantes a las personas que mejor hablan. Todos escuchan con atención sus opiniones y argumentos. Y los niños son responsabilidad de todos, no solo de sus padres: toda la tribu los educa y los cuida.
a)
El segundo párrafo nos dice cómo viven y cómo son sus casas.
b)
El primer párrafo nos dice cómo viven y cómo son sus casas.
c)
El tercer párrafo nos dice cómo viven y cómo son sus casas.
d)
El cuarto párrafo nos dice cómo viven y cómo son sus casas.
140.
Los zo'és En la selva amazónica brasileña vive una tribu muy especial: es la tribu de los zo'és. Su población no es muy numerosa y viven prácticamente aislados en el interior de la selva. Apenas tienen contacto con el mundo exterior. Guardan celosamente sus antiguas costumbres y no tienen interés por nuestro modo de vida.
Los zo'és viven en comunidad. Sus casas son rectangulares y no tienen paredes, están abiertas al exterior. En cada una viven varias familias. Suelen dormir en hamacas colgadas del techo y cocinan en hogueras que hacen al aire libre.
Los zo'és cuidan mucho su aspecto. Desde que son jóvenes, muchos llevan un largo palo de madera insertado en el labio inferior. Las mujeres adornan sus cabezas con una especie de gorros hechos con plumas blancas y pintan su cuerpo con unos polvos rojos que extraen de unas semillas.
Su principal actividad es el cultivo de huertos. De ellos obtienen bananas, mandioca, pimientos… Además cultivan el algodón que necesitan para tejer. Los zo'és también se dedican a la caza, a veces de forma individual y a veces en grandes grupos, y a la pesca.
Todos los miembros de esta tribu son iguales y tienen los mismos derechos. No hay jefes ni líderes, aunque se suele tener muy en cuenta en los asuntos importantes a las personas que mejor hablan. Todos escuchan con atención sus opiniones y argumentos. Y los niños son responsabilidad de todos, no solo de sus padres: toda la tribu los educa y los cuida.
Los zo'és viven en comunidad. Sus casas son rectangulares y no tienen paredes, están abiertas al exterior. En cada una viven varias familias. Suelen dormir en hamacas colgadas del techo y cocinan en hogueras que hacen al aire libre.
Los zo'és cuidan mucho su aspecto. Desde que son jóvenes, muchos llevan un largo palo de madera insertado en el labio inferior. Las mujeres adornan sus cabezas con una especie de gorros hechos con plumas blancas y pintan su cuerpo con unos polvos rojos que extraen de unas semillas.
Su principal actividad es el cultivo de huertos. De ellos obtienen bananas, mandioca, pimientos… Además cultivan el algodón que necesitan para tejer. Los zo'és también se dedican a la caza, a veces de forma individual y a veces en grandes grupos, y a la pesca.
Todos los miembros de esta tribu son iguales y tienen los mismos derechos. No hay jefes ni líderes, aunque se suele tener muy en cuenta en los asuntos importantes a las personas que mejor hablan. Todos escuchan con atención sus opiniones y argumentos. Y los niños son responsabilidad de todos, no solo de sus padres: toda la tribu los educa y los cuida.
a)
El tercer párrafo nos expone cómo cuidan su aspecto.
b)
El primer párrafo nos expone cómo cuidan su aspecto.
c)
El segundo párrafo nos expone cómo cuidan su aspecto.
d)
El cuarto párrafo nos expone cómo cuidan su aspecto.
141.
Los zo'és En la selva amazónica brasileña vive una tribu muy especial: es la tribu de los zo'és. Su población no es muy numerosa y viven prácticamente aislados en el interior de la selva. Apenas tienen contacto con el mundo exterior. Guardan celosamente sus antiguas costumbres y no tienen interés por nuestro modo de vida.
Los zo'és viven en comunidad. Sus casas son rectangulares y no tienen paredes, están abiertas al exterior. En cada una viven varias familias. Suelen dormir en hamacas colgadas del techo y cocinan en hogueras que hacen al aire libre.
Los zo'és cuidan mucho su aspecto. Desde que son jóvenes, muchos llevan un largo palo de madera insertado en el labio inferior. Las mujeres adornan sus cabezas con una especie de gorros hechos con plumas blancas y pintan su cuerpo con unos polvos rojos que extraen de unas semillas.
Su principal actividad es el cultivo de huertos. De ellos obtienen bananas, mandioca, pimientos… Además cultivan el algodón que necesitan para tejer. Los zo'és también se dedican a la caza, a veces de forma individual y a veces en grandes grupos, y a la pesca.
Todos los miembros de esta tribu son iguales y tienen los mismos derechos. No hay jefes ni líderes, aunque se suele tener muy en cuenta en los asuntos importantes a las personas que mejor hablan. Todos escuchan con atención sus opiniones y argumentos. Y los niños son responsabilidad de todos, no solo de sus padres: toda la tribu los educa y los cuida.
Los zo'és viven en comunidad. Sus casas son rectangulares y no tienen paredes, están abiertas al exterior. En cada una viven varias familias. Suelen dormir en hamacas colgadas del techo y cocinan en hogueras que hacen al aire libre.
Los zo'és cuidan mucho su aspecto. Desde que son jóvenes, muchos llevan un largo palo de madera insertado en el labio inferior. Las mujeres adornan sus cabezas con una especie de gorros hechos con plumas blancas y pintan su cuerpo con unos polvos rojos que extraen de unas semillas.
Su principal actividad es el cultivo de huertos. De ellos obtienen bananas, mandioca, pimientos… Además cultivan el algodón que necesitan para tejer. Los zo'és también se dedican a la caza, a veces de forma individual y a veces en grandes grupos, y a la pesca.
Todos los miembros de esta tribu son iguales y tienen los mismos derechos. No hay jefes ni líderes, aunque se suele tener muy en cuenta en los asuntos importantes a las personas que mejor hablan. Todos escuchan con atención sus opiniones y argumentos. Y los niños son responsabilidad de todos, no solo de sus padres: toda la tribu los educa y los cuida.
a)
El cuarto párrafo nos cuenta de qué viven y sus principales actividades para alimentarse.
b)
El primer párrafo nos cuenta de qué viven y sus principales actividades para alimentarse.
c)
El segundo párrafo nos cuenta de qué viven y sus principales actividades para alimentarse.
d)
El tercer párrafo nos cuenta de qué viven y sus principales actividades para alimentarse.
142.
Los zo'és En la selva amazónica brasileña vive una tribu muy especial: es la tribu de los zo'és. Su población no es muy numerosa y viven prácticamente aislados en el interior de la selva. Apenas tienen contacto con el mundo exterior. Guardan celosamente sus antiguas costumbres y no tienen interés por nuestro modo de vida.
Los zo'és viven en comunidad. Sus casas son rectangulares y no tienen paredes, están abiertas al exterior. En cada una viven varias familias. Suelen dormir en hamacas colgadas del techo y cocinan en hogueras que hacen al aire libre.
Los zo'és cuidan mucho su aspecto. Desde que son jóvenes, muchos llevan un largo palo de madera insertado en el labio inferior. Las mujeres adornan sus cabezas con una especie de gorros hechos con plumas blancas y pintan su cuerpo con unos polvos rojos que extraen de unas semillas.
Su principal actividad es el cultivo de huertos. De ellos obtienen bananas, mandioca, pimientos… Además cultivan el algodón que necesitan para tejer. Los zo'és también se dedican a la caza, a veces de forma individual y a veces en grandes grupos, y a la pesca.
Todos los miembros de esta tribu son iguales y tienen los mismos derechos. No hay jefes ni líderes, aunque se suele tener muy en cuenta en los asuntos importantes a las personas que mejor hablan. Todos escuchan con atención sus opiniones y argumentos. Y los niños son responsabilidad de todos, no solo de sus padres: toda la tribu los educa y los cuida.
Los zo'és viven en comunidad. Sus casas son rectangulares y no tienen paredes, están abiertas al exterior. En cada una viven varias familias. Suelen dormir en hamacas colgadas del techo y cocinan en hogueras que hacen al aire libre.
Los zo'és cuidan mucho su aspecto. Desde que son jóvenes, muchos llevan un largo palo de madera insertado en el labio inferior. Las mujeres adornan sus cabezas con una especie de gorros hechos con plumas blancas y pintan su cuerpo con unos polvos rojos que extraen de unas semillas.
Su principal actividad es el cultivo de huertos. De ellos obtienen bananas, mandioca, pimientos… Además cultivan el algodón que necesitan para tejer. Los zo'és también se dedican a la caza, a veces de forma individual y a veces en grandes grupos, y a la pesca.
Todos los miembros de esta tribu son iguales y tienen los mismos derechos. No hay jefes ni líderes, aunque se suele tener muy en cuenta en los asuntos importantes a las personas que mejor hablan. Todos escuchan con atención sus opiniones y argumentos. Y los niños son responsabilidad de todos, no solo de sus padres: toda la tribu los educa y los cuida.
a)
El quinto párrafo explica cómo es su organización social.
b)
El cuarto párrafo explica cómo es su organización social.
c)
El tercer párrafo explica cómo es su organización social.
d)
El segundo párrafo explica cómo es su organización social.
100 %
