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WorksheetsLC 6º PR UD 6
Total questions: 46
Worksheet time: 23mins
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1.
Marca la opción correcta.
a)
Los peligros del bricolaje
Manuel quería que su familia se sintiera orgullosa de él y decidió arreglar la valla que su abuelo construyó hace tiempo en el gallinero. Nada más abrir la caja de las herramientas, se le cayeron todas al suelo y el martillo le golpeó el pie. Gritó tan fuerte que las gallinas huyeron despavoridas. «Necesito ayuda», pensó.
Manuel quería que su familia se sintiera orgullosa de él y decidió arreglar la valla que su abuelo construyó hace tiempo en el gallinero. Nada más abrir la caja de las herramientas, se le cayeron todas al suelo y el martillo le golpeó el pie. Gritó tan fuerte que las gallinas huyeron despavoridas. «Necesito ayuda», pensó.
b)
Los peligros del bricolaje
Manuel quería que su familia se sintiera orgullosa de él y decidió arreglar la valla que su abuelo construlló hace tiempo en el gallinero. Nada más abrir la caja de las herramientas, se le cayeron todas al suelo y el martillo le golpeó el pie. Gritó tan fuerte que las gallinas huyeron despavoridas. «Necesito ayuda», pensó.
Manuel quería que su familia se sintiera orgullosa de él y decidió arreglar la valla que su abuelo construlló hace tiempo en el gallinero. Nada más abrir la caja de las herramientas, se le cayeron todas al suelo y el martillo le golpeó el pie. Gritó tan fuerte que las gallinas huyeron despavoridas. «Necesito ayuda», pensó.
c)
Los peligros del bricolaje
Manuel quería que su familia se sintiera orgullosa de él y decidió arreglar la valla que su abuelo construyó hace tiempo en el gallinero. Nada mas abrir la caja de las herramientas, se le cayeron todas al suelo y el martillo le golpeó el pie. Gritó tan fuerte que las gallinas huyeron despavoridas. «Necesito ayuda», pensó.
Manuel quería que su familia se sintiera orgullosa de él y decidió arreglar la valla que su abuelo construyó hace tiempo en el gallinero. Nada mas abrir la caja de las herramientas, se le cayeron todas al suelo y el martillo le golpeó el pie. Gritó tan fuerte que las gallinas huyeron despavoridas. «Necesito ayuda», pensó.
d)
Los peligros del bricolaje
Manuel quería que su familia se sintiera orgullosa de él y decidió arreglar la valla que su abuelo construyó hace tiempo en el gallinero. Nada más abrir la caja de las herramientas, se le cayeron todas al suelo y el martillo le golpeó el pie. Gritó tan fuerte que las gallinas uyeron despavoridas. «Necesito ayuda», pensó.
Manuel quería que su familia se sintiera orgullosa de él y decidió arreglar la valla que su abuelo construyó hace tiempo en el gallinero. Nada más abrir la caja de las herramientas, se le cayeron todas al suelo y el martillo le golpeó el pie. Gritó tan fuerte que las gallinas uyeron despavoridas. «Necesito ayuda», pensó.
2.
Marca la opción correcta.
a)
Un gran invento
Yago y Estrella han fabricado un robot para la clase de Ciencias. Al principio, algunos creyeron que era una idea descabellada, pero ellos no se desanimaron. Pensaron en todos los detalles. Incluso insertaron un muelle para que el cuello del robot se moviera. El día de la exhibición estaban un poco aturullados, pero muy orgullosos de su invento. Al ponerlo en marcha, todos se quedaron apabullados. Pero, de pronto, el robot se estrelló contra una pared y se le cayó la cabeza. Se armó un gran barullo y solo se oían murmullos por toda la sala. ¡Qué guirigay! Al final Yago y Estrella consiguieron sujetar el cuello con una anilla y se llevaron el primer premio.
Yago y Estrella han fabricado un robot para la clase de Ciencias. Al principio, algunos creyeron que era una idea descabellada, pero ellos no se desanimaron. Pensaron en todos los detalles. Incluso insertaron un muelle para que el cuello del robot se moviera. El día de la exhibición estaban un poco aturullados, pero muy orgullosos de su invento. Al ponerlo en marcha, todos se quedaron apabullados. Pero, de pronto, el robot se estrelló contra una pared y se le cayó la cabeza. Se armó un gran barullo y solo se oían murmullos por toda la sala. ¡Qué guirigay! Al final Yago y Estrella consiguieron sujetar el cuello con una anilla y se llevaron el primer premio.
b)
Un gran invento
Yago y Estrella han favricado un robot para la clase de Ciencias. Al principio, algunos creyeron que era una idea descabellada, pero ellos no se desanimaron. Pensaron en todos los detalles. Incluso insertaron un muelle para que el cuello del robot se moviera. El día de la exhibición estaban un poco aturullados, pero muy orgullosos de su invento. Al ponerlo en marcha, todos se quedaron apabullados. Pero, de pronto, el robot se estrelló contra una pared y se le cayó la cabeza. Se armó un gran barullo y solo se oían murmullos por toda la sala. ¡Qué guirigay! Al final Yago y Estrella consiguieron sujetar el cuello con una anilla y se llevaron el primer premio.
Yago y Estrella han favricado un robot para la clase de Ciencias. Al principio, algunos creyeron que era una idea descabellada, pero ellos no se desanimaron. Pensaron en todos los detalles. Incluso insertaron un muelle para que el cuello del robot se moviera. El día de la exhibición estaban un poco aturullados, pero muy orgullosos de su invento. Al ponerlo en marcha, todos se quedaron apabullados. Pero, de pronto, el robot se estrelló contra una pared y se le cayó la cabeza. Se armó un gran barullo y solo se oían murmullos por toda la sala. ¡Qué guirigay! Al final Yago y Estrella consiguieron sujetar el cuello con una anilla y se llevaron el primer premio.
c)
Un gran invento
Yago y Estrella han fabricado un robot para la clase de Ciencias. Al principio, algunos creyeron que era una idea descabellada, pero ellos no se desanimaron. Pensaron en todos los detalles. Incluso insertaron un muelle para que el cuello del robot se moviera. El día de la exhibición estaban un poco aturullados, pero muy orgullosos de su invento. Al ponerlo en marcha, todos se quedaron apabullados. Pero, de pronto, el robot se estrelló contra una pared y se le calló la cabeza. Se armó un gran barullo y solo se oían murmullos por toda la sala. ¡Qué guirigay! Al final Yago y Estrella consiguieron sujetar el cuello con una anilla y se llevaron el primer premio.
Yago y Estrella han fabricado un robot para la clase de Ciencias. Al principio, algunos creyeron que era una idea descabellada, pero ellos no se desanimaron. Pensaron en todos los detalles. Incluso insertaron un muelle para que el cuello del robot se moviera. El día de la exhibición estaban un poco aturullados, pero muy orgullosos de su invento. Al ponerlo en marcha, todos se quedaron apabullados. Pero, de pronto, el robot se estrelló contra una pared y se le calló la cabeza. Se armó un gran barullo y solo se oían murmullos por toda la sala. ¡Qué guirigay! Al final Yago y Estrella consiguieron sujetar el cuello con una anilla y se llevaron el primer premio.
d)
Un gran invento
Yago y Estrella han fabricado un robot para la clase de Ciencias. Al principio, algunos creyeron que era una idea descabellada, pero ellos no se desanimaron. Pensaron en todos los detalles. Incluso insertaron un muelle para que el cuello del robot se moviera. El día de la exhibición estaban un poco aturullados, pero muy orgullosos de su invento. Al ponerlo en marcha, todos se quedaron apabullados. Pero, de pronto, el robot se estrelló contra una pared y se le cayó la cabeza. Se armó un gran barullo y solo se oian murmullos por toda la sala. ¡Qué guirigay! Al final Yago y Estrella consiguieron sujetar el cuello con una anilla y se llevaron el primer premio.
Yago y Estrella han fabricado un robot para la clase de Ciencias. Al principio, algunos creyeron que era una idea descabellada, pero ellos no se desanimaron. Pensaron en todos los detalles. Incluso insertaron un muelle para que el cuello del robot se moviera. El día de la exhibición estaban un poco aturullados, pero muy orgullosos de su invento. Al ponerlo en marcha, todos se quedaron apabullados. Pero, de pronto, el robot se estrelló contra una pared y se le cayó la cabeza. Se armó un gran barullo y solo se oian murmullos por toda la sala. ¡Qué guirigay! Al final Yago y Estrella consiguieron sujetar el cuello con una anilla y se llevaron el primer premio.
3.
Marca la opción correcta.
a)
Un desafío real
La reina y el rey propusieron un reto a sus vasallos: aquel que instruyera al príncipe en el manejo de la ballesta sería recompensado. Pero nadie acudía porque el príncipe tenía fama de ser muy torpe. Entonces los reyes mandaron a buscar a los hombres más fuertes para que se presentaran ante ellos. Uno huyó, otro fingió un desmayo, otro cayó de rodillas suplicando… El rey decidió guardar la ballesta del príncipe. Se daba por vencido.
La reina y el rey propusieron un reto a sus vasallos: aquel que instruyera al príncipe en el manejo de la ballesta sería recompensado. Pero nadie acudía porque el príncipe tenía fama de ser muy torpe. Entonces los reyes mandaron a buscar a los hombres más fuertes para que se presentaran ante ellos. Uno huyó, otro fingió un desmayo, otro cayó de rodillas suplicando… El rey decidió guardar la ballesta del príncipe. Se daba por vencido.
b)
Un desafío real
La reina y el rey propusieron un reto a sus vasallos: aquel que instruyera al príncipe en el manejo de la ballesta sería recompensado. Pero nadie acudía porque el príncipe tenia fama de ser muy torpe. Entonces los reyes mandaron a buscar a los hombres más fuertes para que se presentaran ante ellos. Uno huyó, otro fingió un desmayo, otro cayó de rodillas suplicando… El rey decidió guardar la ballesta del príncipe. Se daba por vencido.
La reina y el rey propusieron un reto a sus vasallos: aquel que instruyera al príncipe en el manejo de la ballesta sería recompensado. Pero nadie acudía porque el príncipe tenia fama de ser muy torpe. Entonces los reyes mandaron a buscar a los hombres más fuertes para que se presentaran ante ellos. Uno huyó, otro fingió un desmayo, otro cayó de rodillas suplicando… El rey decidió guardar la ballesta del príncipe. Se daba por vencido.
c)
Un desafío real
La reina y el rey propusieron un reto a sus vasallos: aquel que instruyera al príncipe en el manejo de la ballesta sería recompensado. Pero nadie acudía porque el príncipe tenía fama de ser muy torpe. Entonces los reyes mandaron a buscar a los hombres más fuertes para que se presentaran ante ellos. Uno huyó, otro fingió un desmayo, otro cayó de rodillas suplicando… El rey decidió guardar la ballesta del principe. Se daba por vencido.
La reina y el rey propusieron un reto a sus vasallos: aquel que instruyera al príncipe en el manejo de la ballesta sería recompensado. Pero nadie acudía porque el príncipe tenía fama de ser muy torpe. Entonces los reyes mandaron a buscar a los hombres más fuertes para que se presentaran ante ellos. Uno huyó, otro fingió un desmayo, otro cayó de rodillas suplicando… El rey decidió guardar la ballesta del principe. Se daba por vencido.
d)
Un desafío real
La reina y el rey propusieron un reto a sus vasallos: aquel que instruyera al príncipe en el manejo de la ballesta sería recompensado. Pero nadie acudía porque el príncipe tenía fama de ser muy torpe. Entonces los reyes mandaron a buscar a los hombres más fuertes para que se presentaran ante ellos. Uno huyó, otro fingió un desmayo, otro cayó de rodillas suplicando… El rey decidió guardar la ballesta del príncipe. Se dava por vencido.
La reina y el rey propusieron un reto a sus vasallos: aquel que instruyera al príncipe en el manejo de la ballesta sería recompensado. Pero nadie acudía porque el príncipe tenía fama de ser muy torpe. Entonces los reyes mandaron a buscar a los hombres más fuertes para que se presentaran ante ellos. Uno huyó, otro fingió un desmayo, otro cayó de rodillas suplicando… El rey decidió guardar la ballesta del príncipe. Se dava por vencido.
4.
Marca la opción correcta.
a)
A oscuras
En el salón de casa no se oía ni un solo murmullo. La película estaba en la parte más emocionante. De repente, la bombilla de la lámpara parpadeó. Al tercer destello se fue la luz. Todos nos cogimos de las manos y chillamos al unísono. Entonces Marta, ajena al guirigay que había en el salón, buscó a tientas la lámpara, colocó bien la bombilla y la volvió a encender. Dijo que esa lámpara estaba ya muy vieja. Nos reímos un poco y volvimos a poner la película.
En el salón de casa no se oía ni un solo murmullo. La película estaba en la parte más emocionante. De repente, la bombilla de la lámpara parpadeó. Al tercer destello se fue la luz. Todos nos cogimos de las manos y chillamos al unísono. Entonces Marta, ajena al guirigay que había en el salón, buscó a tientas la lámpara, colocó bien la bombilla y la volvió a encender. Dijo que esa lámpara estaba ya muy vieja. Nos reímos un poco y volvimos a poner la película.
b)
A oscuras
En el salón de casa no se oía ni un solo murmullo. La película estaba en la parte más emocionante. De repente, la bombilla de la lámpara parpadeó. Al tercer destello se fue la luz. Todos nos cojimos de las manos y chillamos al unísono. Entonces Marta, ajena al guirigay que había en el salón, buscó a tientas la lámpara, colocó bien la bombilla y la volvió a encender. Dijo que esa lámpara estaba ya muy vieja. Nos reímos un poco y volvimos a poner la película.
En el salón de casa no se oía ni un solo murmullo. La película estaba en la parte más emocionante. De repente, la bombilla de la lámpara parpadeó. Al tercer destello se fue la luz. Todos nos cojimos de las manos y chillamos al unísono. Entonces Marta, ajena al guirigay que había en el salón, buscó a tientas la lámpara, colocó bien la bombilla y la volvió a encender. Dijo que esa lámpara estaba ya muy vieja. Nos reímos un poco y volvimos a poner la película.
c)
A oscuras
En el salón de casa no se oía ni un solo murmullo. La película estaba en la parte más emocionante. De repente, la bombilla de la lámpara parpadeó. Al tercer destello se fue la luz. Todos nos cogimos de las manos y chillamos al unísono. Entonces Marta, ajena al guirigay que había en el salón, buscó a tientas la lámpara, colocó bien la bombilla y la volvió a encender. Dijo que esa lámpara estaba ya muy vieja. Nos reimos un poco y volvimos a poner la película.
En el salón de casa no se oía ni un solo murmullo. La película estaba en la parte más emocionante. De repente, la bombilla de la lámpara parpadeó. Al tercer destello se fue la luz. Todos nos cogimos de las manos y chillamos al unísono. Entonces Marta, ajena al guirigay que había en el salón, buscó a tientas la lámpara, colocó bien la bombilla y la volvió a encender. Dijo que esa lámpara estaba ya muy vieja. Nos reimos un poco y volvimos a poner la película.
d)
A oscuras
En el salón de casa no se oía ni un solo murmullo. La película estaba en la parte más emocionante. De repente, la bombilla de la lámpara parpadeó. Al tercer destello se fue la luz. Todos nos cogimos de las manos y chillamos al unísono. Entonces Marta, agena al guirigay que había en el salón, buscó a tientas la lámpara, colocó bien la bombilla y la volvió a encender. Dijo que esa lámpara estaba ya muy vieja. Nos reímos un poco y volvimos a poner la película.
En el salón de casa no se oía ni un solo murmullo. La película estaba en la parte más emocionante. De repente, la bombilla de la lámpara parpadeó. Al tercer destello se fue la luz. Todos nos cogimos de las manos y chillamos al unísono. Entonces Marta, agena al guirigay que había en el salón, buscó a tientas la lámpara, colocó bien la bombilla y la volvió a encender. Dijo que esa lámpara estaba ya muy vieja. Nos reímos un poco y volvimos a poner la película.
5.
Marca la opción correcta.
a)
Una biografía es el relato de la vida de una persona. En este tipo de relatos los hechos se suelen ordenar de forma cronológica, empezando por el nacimiento. Pero en general una biografía no cuenta toda la vida de la persona, sino solo aquello que puede ser más interesante para el lector. Normalmente las biografías son de personalidades destacadas del mundo de la ciencia, las artes, la política…
b)
Una biografía es el relato de la vida de una persona. En este tipo de relatos los hechos se suelen desordenar. Pero en general una biografía no cuenta toda la vida de la persona, sino solo aquello que puede ser más interesante para el lector. Normalmente las biografías son de personalidades destacadas del mundo de la ciencia, las artes, la política…
c)
Una biografía es el relato de la vida de una persona. En este tipo de relatos los hechos se suelen ordenar de forma cronológica, empezando por la muerte. Pero en general una biografía no cuenta toda la vida de la persona, sino solo aquello que puede ser más interesante para el lector. Normalmente las biografías son de personalidades destacadas del mundo de la ciencia, las artes, la política…
d)
Una biografía es el relato de la vida de una persona. En este tipo de relatos los hechos se suelen ordenar de forma cronológica, empezando por el momento en el que comenzaron su primer trabajo. Pero en general una biografía no cuenta toda la vida de la persona, sino solo aquello que puede ser más interesante para el lector. Normalmente las biografías son de personalidades destacadas del mundo de la ciencia, las artes, la política…
6.
Marca la opción correcta.
a)
Amasijo: mezcla
desordenada de cosas.
Trasatlántico: que cruza el Atlántico.
Empresa: acción o trabajo difícil.
Encumbraron: engrandecieron, ensalzaron.
Trasatlántico: que cruza el Atlántico.
Empresa: acción o trabajo difícil.
Encumbraron: engrandecieron, ensalzaron.
b)
Amasijo: mezcla desordenada de cosas.
Trasatlántico: que cruza el Atlántico.
Empresa: acción o trabajo difícil.
Encumbraron: cubrieron.
Trasatlántico: que cruza el Atlántico.
Empresa: acción o trabajo difícil.
Encumbraron: cubrieron.
7.
Marca la opción correcta.
a)
Muchos sufijos se añaden a otras palabras para formar adjetivos. Por
ejemplo, a la palabra industria se le añade el sufijo -al para formar el adjetivo
industrial. Otros sufijos que sirven para formar adjetivos son -ble y -oso:
plegable plegar 1 -ble
ruidoso ruido 1 -oso
Algunos sufijos sirven para formar gentilicios, es decir, adjetivos que indican
procedencia. Por ejemplo, alicantino, asturiano, albaceteño, leonés o ceutí.
b)
Muchos sufijos se añaden a otras palabras para formar sustantivos. Por
ejemplo, a la palabra industria se le añade el sufijo -al para formar el adjetivo
industrial. Otros sufijos que sirven para formar adjetivos son -ble y -oso:
plegable plegar 1 -ble
ruidoso ruido 1 -oso
Algunos sufijos sirven para formar gentilicios, es decir, adjetivos que indican
procedencia. Por ejemplo, alicantino, asturiano, albaceteño, leonés o ceutí.
8.
Marca la opción correcta.
a)
Los adverbios son palabras que expresan circunstancias de lugar, de tiempo, de modo, de cantidad… Por ejemplo, en la oración Llegará pronto, pronto es un adverbio de tiempo. También son adverbios las palabras que expresan afirmación, negación o duda. Por ejemplo: sí, no, quizás… Los adverbios son palabras invariables, es decir, no tienen variación de gé- nero, número, persona… Sí admiten, sin embargo, algunos sufijos intensivos (rapidísimo) o diminutivos (despacito).
b)
Los adverbios son palabras que expresan circunstancias de lugar, de tiempo,
de modo, de cantidad… Por ejemplo, en la oración Llegará pronto,
pronto es un adverbio de tiempo.
También son adverbios las palabras que expresan afirmación, negación o
duda. Por ejemplo: sí, no, quizás…
Los adverbios son palabras variables, es decir, tienen variación de gé-
nero, número, persona… Sí admiten, sin embargo, algunos sufijos intensivos
(rapidísimo) o diminutivos (despacito).
c)
Los adverbios son palabras que expresan circunstancias de lugar, de tiempo, de modo, de cantidad… Por ejemplo, en la oración Llegará pronto, pronto es un adverbio de tiempo. También son adverbios las palabras que expresan afirmación, negación o duda. Por ejemplo: sí, no, quizás… Los adverbios son palabras invariables, es decir, no tienen variación de gé- nero, número, persona… No admiten algunos sufijos intensivos (rapidísimo) o diminutivos (despacito).
9.
Marca la opción correcta.
a)
Los adverbios son expresiones fijas formadas por varias palabras que equivalen a adverbios. Por ejemplo: en secreto, de día, a la fuerza, a grito pelado, a diario, de vez en cuando, a escondidas…
b)
Las locuciones adverbiales son expresiones fijas formadas por varias palabras que equivalen a adverbios. Por ejemplo: en secreto, de día, a la fuerza, a grito pelado, a diario, de vez en cuando, a escondidas…
10.
Marca la opción correcta.
a)
Los adverbios son expresiones fijas formadas por varias palabras que equivalen a adverbios. Por ejemplo: en secreto, de día, a la fuerza, a grito pelado, a diario, de vez en cuando, a escondidas…
b)
Las locuciones adverbiales son expresiones fijas formadas por varias palabras que equivalen a adverbios. Por ejemplo: en secreto, de día, a la fuerza, a grito pelado, a diario, de vez en cuando, a escondidas…
11.
Marca la opción correcta.
a)
Clases de adverbios
Podemos distinguir varias clases de adverbios atendiendo a la circunstancia
que expresan:
De lugar: aquí, ahí, allí, cerca, lejos, dentro, fuera, arriba, delante…
De tiempo: hoy, mañana, ayer, temprano, tarde, luego, ahora, nunca,
siempre, mientras…
De modo: bien, mal, regular, así, despacio, mejor…
La mayoría de los adverbios acabados en -mente son adverbios de modo:
suavemente, rápidamente, cómodamente…
De cantidad: poco, mucho, todo, más, menos…
De afirmación: sí, también.
De negación: no, tampoco.
De duda: quizás, acaso.
b)
Clases de adverbios
Podemos distinguir varias clases de adverbios atendiendo a la circunstancia
que expresan:
De lugar: hoy, ahí, allí, cerca, lejos, dentro, fuera, arriba, delante…
De tiempo: hoy, mañana, ayer, temprano, tarde, luego, ahora, nunca,
siempre, mientras…
De modo: bien, mal, regular, así, despacio, mejor…
La mayoría de los adverbios acabados en -mente son adverbios de modo:
suavemente, rápidamente, cómodamente…
De cantidad: poco, mucho, todo, más, menos…
De afirmación: sí, también.
De negación: no, tampoco.
De duda: quizás, acaso.
12.
Marca la opción correcta.
a)
Funciones de los adverbios
Los adverbios pueden desempeñar diferentes funciones:
Muchas veces funcionan como complementos de un verbo. Por ejemplo:
Amelia está aquí. Ella duerme poco.
También pueden ser modificadores de un adjetivo. Por ejemplo:
María es muy lista. Tu hermano es más moreno.
A veces, desempeñan la función de modificadores de otro adverbio.
Por ejemplo:
Él vive bastante lejos. El viaje ha ido muy bien.
b)
Funciones de los adverbios
Los adverbios pueden desempeñar diferentes funciones:
Muchas veces funcionan como complementos de un sustantivo. Por ejemplo:
Amelia está aquí. Ella duerme poco.
También pueden ser modificadores de un adjetivo. Por ejemplo:
María es muy lista. Tu hermano es más moreno.
A veces, desempeñan la función de modificadores de otro adverbio.
Por ejemplo:
Él vive bastante lejos. El viaje ha ido muy bien.
13.
Marca la opción correcta.
a)
Se escriben con ll: Las palabras que terminan en -illo e -illa. Por ejemplo: semilla. Los sustantivos que terminan en -alle, -elle, -ello, -ella y -ullo. Por ejemplo: calle. Las palabras que derivan de otras que se escriben con ll. Por ejemplo: lluvioso (de lluvia). Los verbos terminados en -ellar, -illar, -ullar y -ullir. Por ejemplo: maullar.
Se escriben con y: Las palabras que terminan en los diptongos -ay, -ey, -oy, -uy, salvo algunas excepciones, como fui. Por ejemplo: estoy, muy. Las formas de los verbos que llevan el sonido consonántico Y (ye) y no tienen ni y ni ll en su infinitivo. Por ejemplo: vaya (del verbo ir).
Se escriben con y: Las palabras que terminan en los diptongos -ay, -ey, -oy, -uy, salvo algunas excepciones, como fui. Por ejemplo: estoy, muy. Las formas de los verbos que llevan el sonido consonántico Y (ye) y no tienen ni y ni ll en su infinitivo. Por ejemplo: vaya (del verbo ir).
b)
Se escriben con y: Las palabras que terminan en -iyo e -iya. Por ejemplo: semiya. Los sustantivos que terminan en -aye, -eye, -eyo, -eya y -uyo. Por ejemplo: caye. Las palabras que derivan de otras que se escriben con y. Por ejemplo: yuvioso (de yuvia). Los verbos terminados en -eyar, -iyar, -uyar y -uyir. Por ejemplo: maullar.
Se escriben con y: Las palabras que terminan en los diptongos -ay, -ey, -oy, -uy, salvo algunas excepciones, como fui. Por ejemplo: estoy, muy. Las formas de los verbos que llevan el sonido consonántico Y (ye) y no tienen ni y ni ll en su infinitivo. Por ejemplo: vaya (del verbo ir).
Se escriben con y: Las palabras que terminan en los diptongos -ay, -ey, -oy, -uy, salvo algunas excepciones, como fui. Por ejemplo: estoy, muy. Las formas de los verbos que llevan el sonido consonántico Y (ye) y no tienen ni y ni ll en su infinitivo. Por ejemplo: vaya (del verbo ir).
14.
Estrofa de dos versos que riman entre sí.
Cada hoja de cada árbol canta un propio cantar
y hay un alma en cada una de las gotas del mar.
Cada hoja de cada árbol canta un propio cantar
y hay un alma en cada una de las gotas del mar.
a)
Pareado
b)
Cuarteto
c)
Terceto
d)
Serventesio
15.
Es una estrofa de tres versos de arte mayor que riman en consonante el primero con el tercero.
a)
Pareado
b)
Cuarteto
c)
Terceto
d)
Serventesio
16.
Es una estrofa de cuatro versos de arte mayor y rima consonante con el esquema ABBA.
a)
Cuarteto
b)
Pareado
c)
Terceto
d)
Serventesio
17.
Es una estrofa de cuatro versos de arte mayor y rima consonante con el esquema ABAB.
a)
Serventesio
b)
Pareado
c)
Terceto
d)
Cuarteto
18.
Cada hoja de cada árbol canta un propio cantar
y hay un alma en cada una de las gotas del mar.
y hay un alma en cada una de las gotas del mar.
a)
Pareado
b)
Cuarteto
c)
Terceto
d)
Serventesio
19.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
a)
Terceto
b)
Pareado
c)
Cuarteto
d)
Serventesio
20.
Como hoy empieza abril y nada esperas
de una amistad que hacia el desdén deslizas,
quiero enviarte estas flores primerizas.
Cuídalas bien, mujer. Si tú supieras… Gerardo Diego
de una amistad que hacia el desdén deslizas,
quiero enviarte estas flores primerizas.
Cuídalas bien, mujer. Si tú supieras… Gerardo Diego
a)
Cuarteto
b)
Pareado
c)
Terceto
d)
Serventesio
21.
Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
a)
Serventesio
b)
Terceto
c)
Pareado
d)
Cuarteto
22.
Solo sé andar muy despacio,
a pie o en bicicleta. ¡Quisiera ser un atleta!
Ave humana del espacio. María Elvira Lacaci
a pie o en bicicleta. ¡Quisiera ser un atleta!
Ave humana del espacio. María Elvira Lacaci
a)
Redondilla
b)
Cuarteta
23.
Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...
Antonio Machado
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...
Antonio Machado
a)
Cuarteta
b)
Redondilla
24.
Marca la opción correcta.
a)
Los poemas estróficos son los que tienen los versos agrupados en estrofas. Por ejemplo, el soneto. Un soneto tiene catorce versos de once sílabas agrupados en dos cuartetos y dos tercetos.
Los poemas no estróficos son los que no tienen sus versos agrupados en estrofas. Por ejemplo, el romance es un poema no estrófico. Un romance está formado por versos de ocho sílabas de los que solo riman los pares en asonante.
–¡Abenámar, Abenámar, —
moro de la morería, a
el día que tú naciste —
grandes señales había! a
Los poemas no estróficos son los que no tienen sus versos agrupados en estrofas. Por ejemplo, el romance es un poema no estrófico. Un romance está formado por versos de ocho sílabas de los que solo riman los pares en asonante.
–¡Abenámar, Abenámar, —
moro de la morería, a
el día que tú naciste —
grandes señales había! a
b)
Los poemas no estróficos son los que tienen los versos agrupados en estrofas. Por ejemplo, el soneto. Un soneto tiene catorce versos de once sílabas agrupados en dos cuartetos y dos tercetos.
Los poemas estróficos son los que no tienen sus versos agrupados en estrofas. Por ejemplo, el romance es un poema no estrófico. Un romance está formado por versos de ocho sílabas de los que solo riman los pares en asonante.
–¡Abenámar, Abenámar, —
moro de la morería, a
el día que tú naciste —
grandes señales había! a
Los poemas estróficos son los que no tienen sus versos agrupados en estrofas. Por ejemplo, el romance es un poema no estrófico. Un romance está formado por versos de ocho sílabas de los que solo riman los pares en asonante.
–¡Abenámar, Abenámar, —
moro de la morería, a
el día que tú naciste —
grandes señales había! a
25.
Marca la opción correcta.
a)
Los poemas pueden ser estróficos, como el soneto, o no estróficos, como el romance.
b)
Los poemas pueden ser no estróficos, como el soneto, o estróficos, como el romance.
26.
Marca la opción correcta.
a)
Las estrofas son agrupaciones de versos que siguen un esquema fijo. Las más frecuentes son el pareado, el terceto, el cuarteto y el serventesio.
b)
Las estrofas son agrupaciones de versos que no siguen un esquema fijo. Las más frecuentes son el pareado, el terceto, el cuarteto y el serventesio.
27.
Marca la afirmación verdadera.
a)
Un soneto tiene catorce versos.
b)
Un soneto tiene rima asonante
c)
Un soneto puede ser de arte mayor o menor.
28.
Marca la opción correcta.
a)
La rima asonante se produce cuando dos palabras tienen las mismas vocales y distintas consonantes a partir de la sílaba tónica.
b)
La rima consonante se produce cuando dos palabras tienen las mismas vocales y distintas consonantes a partir de la sílaba tónica.
29.
Marca la opción correcta
a)
El soneto tiene catorce versos. Son versos de arte mayor.
b)
El soneto tiene catorce versos. Son versos de arte menor.
30.
Escribe a qué tipo de estrofa corresponde cada esquema.
ABBA
ABBA
a)
Cuarteto
b)
Redondilla
31.
Escribe a qué tipo de estrofa corresponde cada esquema.
ABAB
ABAB
a)
Serventesio
b)
Terceto
32.
Escribe a qué tipo de estrofa corresponde cada esquema.
abba
abba
a)
Redondilla
b)
Cuarteto
33.
Escribe a qué tipo de estrofa corresponde cada esquema.
abab
abab
a)
Cuarteta
b)
Serventesio
34.
Exprimidor Orangix 32
Gracias por elegir el exprimidor Orangix 32. Tiene en sus manos un pequeño electrodoméstico seguro y fácil de usar al que podrá sacar un gran partido. Lea atentamente estas instrucciones y consérvelas para posteriores consultas. antes de usar orangix 32 • Lave las piezas con agua templada y jabón. Aclare y seque. • No sumerja en agua ni en ningún otro líquido la cubierta del motor y el cable. montaje 1. Coloque la jarra sobre la base del exprimidor. 2. Ponga el colador sobre la jarra. 3. Inserte la pieza exprimidora en el colador. 4. Conecte el cable a la red eléctrica. funcionamiento 1. Parta el limón o la naranja en dos mitades. 2. Presione suavemente la fruta sobre el exprimidor para poner en marcha el aparato. Orangix 32 cambiará la dirección del movimiento cada vez que se interrumpa la fuerza y vuelva a iniciarse. 3. Desconecte el cable. 4. Retire los restos de fruta del exprimidor.
¿De qué trata el texto? Marca
Gracias por elegir el exprimidor Orangix 32. Tiene en sus manos un pequeño electrodoméstico seguro y fácil de usar al que podrá sacar un gran partido. Lea atentamente estas instrucciones y consérvelas para posteriores consultas. antes de usar orangix 32 • Lave las piezas con agua templada y jabón. Aclare y seque. • No sumerja en agua ni en ningún otro líquido la cubierta del motor y el cable. montaje 1. Coloque la jarra sobre la base del exprimidor. 2. Ponga el colador sobre la jarra. 3. Inserte la pieza exprimidora en el colador. 4. Conecte el cable a la red eléctrica. funcionamiento 1. Parta el limón o la naranja en dos mitades. 2. Presione suavemente la fruta sobre el exprimidor para poner en marcha el aparato. Orangix 32 cambiará la dirección del movimiento cada vez que se interrumpa la fuerza y vuelva a iniciarse. 3. Desconecte el cable. 4. Retire los restos de fruta del exprimidor.
¿De qué trata el texto? Marca
a)
De cómo usar un modelo de exprimidor.
b)
De cómo exprimir una naranja.
c)
De los modelos de exprimidores.
35.
Marca la oración que contiene un adverbio.
a)
Ha llovido poco.
b)
Hay pocas monedas.
36.
¿Cómo están redactadas las instrucciones del texto?
Cómo poner la lavadora
1. Clasificar la ropa según su color. Es importante no mezclar las prendas blancas con las de colores oscuros.
2. Introducir la ropa en el tambor de la lavadora.
3. Añadir el detergente y el suavizante en las cubetas correspondientes del cajetín.
4. Seleccionar un programa de lavado con la temperatura adecuada a las prendas.
5. Cerrar la puerta de carga de la lavadora.
6. Pulsar el botón de inicio para poner en marcha el aparato.
Cómo poner la lavadora
1. Clasificar la ropa según su color. Es importante no mezclar las prendas blancas con las de colores oscuros.
2. Introducir la ropa en el tambor de la lavadora.
3. Añadir el detergente y el suavizante en las cubetas correspondientes del cajetín.
4. Seleccionar un programa de lavado con la temperatura adecuada a las prendas.
5. Cerrar la puerta de carga de la lavadora.
6. Pulsar el botón de inicio para poner en marcha el aparato.
a)
Con oraciones que comienzan
por un infinitivo.
b)
Con oraciones que empiezan
por un imperativo.
c)
Con oraciones encabezadas por se
37.
¿Cuáles de estas ideas valdrían para escribir un texto de instrucciones? Marca.
a)
Explicar cómo se suben unas escaleras.
b)
Explicar cuántas clases
de mamíferos hay
c)
Explicar qué has hecho
el fin de semana.
d)
Explicar qué
son los recursos
literarios.
38.
Marca la opción correcta.
a)
Los adverbios son palabras invariables que expresan circunstancias de lugar, tiempo, modo,
cantidad, afirmación, negación y duda. Los adverbios pueden ser complementos de un verbo
o modificadores de un adjetivo o de otro adverbio.
b)
Los sustantivos son palabras invariables que expresan circunstancias de lugar, tiempo, modo,
cantidad, afirmación, negación y duda. Los adverbios pueden ser complementos de un verbo
o modificadores de un adjetivo o de otro adverbio.
c)
Los adverbios son palabras invariables que expresan circunstancias de lugar, tiempo, modo,
cantidad, afirmación, negación y duda. Los adverbios pueden ser complementos de un verbo
o modificadores de un determinante o de otro adverbio.
39.
Amelia Earhart El nombre de la estadounidense Amelia Earhart ocupa un lugar destacado en la historia de la aviación. Y es que ella fue la primera mujer que cruzó el Atlántico volando en solitario. Su hazaña tuvo lugar en 1932, cuando los aparatos aéreos tenían todo tipo de limitaciones técnicas y en un momento en el que el mundo de los aviones era un coto casi exclusivamente masculino. Desde niña, Amelia dio muestras de su espíritu intrépido. Durante el invierno se divertía deslizándose en trineo a gran velocidad por las pendientes nevadas del estado de Kansas, donde vivía. En verano, una de sus aficiones favoritas era subir a las ramas de los árboles y contemplar el mundo desde lo alto. La primera vez que Amelia vio un avión tenía diez años. Fue en una feria del estado de Iowa, adonde se había mudado con sus padres. En aquel momento, la niña no mostró interés alguno por aquel «amasijo de cables oxidados y madera». Tendría que pasar aún cierto tiempo hasta que montara en un avión y descubriera el placer de elevarse sobre el suelo. Luego vinieron las clases de vuelo, la obtención de la licencia de piloto, los reconocimientos públicos… En junio de 1928 la joven aviadora subió a bordo del Friendship y realizó un vuelo trasatlántico desde la costa este de Estados Unidos hasta Gales, en Europa. Así se convirtió en la primera mujer que cruzaba el océano en un avión, aunque todavía en calidad de pasajera. Ni ella ni ninguna mujer de la época estaban preparadas para pilotar un avión como el que requería semejante empresa. Así que dos hombres dirigieron el aparato y Amelia se limitó a realizar tareas secundarias. A pesar de todo, aquel vuelo la catapultó a la fama y la muchacha se convirtió en una celebridad. Los periodistas y el público encumbraron su hazaña y el propio presidente de los Estados Unidos, Calvin Coolidge, le envió un telegrama felicitándola. La sagaz Amelia advirtió que las razones de su repentino renombre estribaban en su condición de mujer y no en sus cualidades como aviadora. Así que se puso manos a la obra para merecer aquella fama que, en su opinión, le habían regalado injustamente. Ese designio comenzó a cumplirse el 20 de mayo de 1932, cuando partió de Estados Unidos con intención de cruzar de nuevo el Atlántico volando, esta vez completamente sola. Desde que lo lograra Charles Lindbergh cinco años atrás, nadie había conseguido repetir la gesta. Amelia se disponía a intentarlo. Como equipaje llevaba algo de sopa y una lata de zumo de tomate. La travesía no resultó fácil: soplaron fuertes vientos y surgieron algunos problemas técnicos. Por fin, trece horas y media después de despegar, el avión aterrizaba en un campo, en Irlanda del Norte. La joven bajó del avión, algo aturdida, y vio a un hombre que se acercaba. –¿Dónde estoy? –le preguntó. –En los pastos de Gallegher –respondió él, que había contemplado el aterrizaje y estaba atónito–. ¿Viene usted de muy lejos? –Podríamos decir que sí: de los Estados Unidos de América. Amelia había culminado su hazaña: era la primera mujer que sobrevolaba el Atlántico en solitario y lo había hecho en menos tiempo que Lindbergh. Tras esta proeza, la aviadora se propuso aún otros retos. Algunos cumplidos, como el proyecto de cruzar el Pacífico; otros, frustrados, como su sueño de dar la vuelta al mundo pilotando un avión. El 2 de julio de 1937, cuando llevaba casi un mes de vuelo y había recorrido miles de kilómetros en compañía de su copiloto, Frederick Noonan, se perdió todo contacto con el aparato. Nunca más se supo de ellos y, tras una intensa búsqueda, se dieron oficialmente por desaparecidos. Amelia Earhart se había desvanecido en el curso de uno de los muchos sueños que tejieron su vida. Una vida guiada por la convicción de que cualquier aventura es posible si tenemos el valor de emprenderla. Así lo había manifestado ella misma en cierta ocasión: El deseo de sobrevolar el Atlántico sola no era algo nuevo para mí. Antes ya había afrontado otros atlánticos. Todo el mundo tiene su propio atlántico que conquistar. Cualquier cosa que queramos hacer de verdad, contra la opinión de los vecinos y el llamado «sentido común», es un atlántico… Sobrevolé el Atlántico porque deseaba hacer algo y disfrutar haciéndolo, concentrar en ello todas mis energías; eso no es solo la mejor garantía de éxito, sino también ser fiel a uno mismo.
Amelia Earhart fue la primera mujer que cruzó el océano Atlántico en avión
Amelia Earhart fue la primera mujer que cruzó el océano Atlántico en avión
a)
Verdadero
b)
Falso.
40.
Amelia Earhart El nombre de la estadounidense Amelia Earhart ocupa un lugar destacado en la historia de la aviación. Y es que ella fue la primera mujer que cruzó el Atlántico volando en solitario. Su hazaña tuvo lugar en 1932, cuando los aparatos aéreos tenían todo tipo de limitaciones técnicas y en un momento en el que el mundo de los aviones era un coto casi exclusivamente masculino. Desde niña, Amelia dio muestras de su espíritu intrépido. Durante el invierno se divertía deslizándose en trineo a gran velocidad por las pendientes nevadas del estado de Kansas, donde vivía. En verano, una de sus aficiones favoritas era subir a las ramas de los árboles y contemplar el mundo desde lo alto. La primera vez que Amelia vio un avión tenía diez años. Fue en una feria del estado de Iowa, adonde se había mudado con sus padres. En aquel momento, la niña no mostró interés alguno por aquel «amasijo de cables oxidados y madera». Tendría que pasar aún cierto tiempo hasta que montara en un avión y descubriera el placer de elevarse sobre el suelo. Luego vinieron las clases de vuelo, la obtención de la licencia de piloto, los reconocimientos públicos… En junio de 1928 la joven aviadora subió a bordo del Friendship y realizó un vuelo trasatlántico desde la costa este de Estados Unidos hasta Gales, en Europa. Así se convirtió en la primera mujer que cruzaba el océano en un avión, aunque todavía en calidad de pasajera. Ni ella ni ninguna mujer de la época estaban preparadas para pilotar un avión como el que requería semejante empresa. Así que dos hombres dirigieron el aparato y Amelia se limitó a realizar tareas secundarias. A pesar de todo, aquel vuelo la catapultó a la fama y la muchacha se convirtió en una celebridad. Los periodistas y el público encumbraron su hazaña y el propio presidente de los Estados Unidos, Calvin Coolidge, le envió un telegrama felicitándola. La sagaz Amelia advirtió que las razones de su repentino renombre estribaban en su condición de mujer y no en sus cualidades como aviadora. Así que se puso manos a la obra para merecer aquella fama que, en su opinión, le habían regalado injustamente. Ese designio comenzó a cumplirse el 20 de mayo de 1932, cuando partió de Estados Unidos con intención de cruzar de nuevo el Atlántico volando, esta vez completamente sola. Desde que lo lograra Charles Lindbergh cinco años atrás, nadie había conseguido repetir la gesta. Amelia se disponía a intentarlo. Como equipaje llevaba algo de sopa y una lata de zumo de tomate. La travesía no resultó fácil: soplaron fuertes vientos y surgieron algunos problemas técnicos. Por fin, trece horas y media después de despegar, el avión aterrizaba en un campo, en Irlanda del Norte. La joven bajó del avión, algo aturdida, y vio a un hombre que se acercaba. –¿Dónde estoy? –le preguntó. –En los pastos de Gallegher –respondió él, que había contemplado el aterrizaje y estaba atónito–. ¿Viene usted de muy lejos? –Podríamos decir que sí: de los Estados Unidos de América. Amelia había culminado su hazaña: era la primera mujer que sobrevolaba el Atlántico en solitario y lo había hecho en menos tiempo que Lindbergh. Tras esta proeza, la aviadora se propuso aún otros retos. Algunos cumplidos, como el proyecto de cruzar el Pacífico; otros, frustrados, como su sueño de dar la vuelta al mundo pilotando un avión. El 2 de julio de 1937, cuando llevaba casi un mes de vuelo y había recorrido miles de kilómetros en compañía de su copiloto, Frederick Noonan, se perdió todo contacto con el aparato. Nunca más se supo de ellos y, tras una intensa búsqueda, se dieron oficialmente por desaparecidos. Amelia Earhart se había desvanecido en el curso de uno de los muchos sueños que tejieron su vida. Una vida guiada por la convicción de que cualquier aventura es posible si tenemos el valor de emprenderla. Así lo había manifestado ella misma en cierta ocasión: El deseo de sobrevolar el Atlántico sola no era algo nuevo para mí. Antes ya había afrontado otros atlánticos. Todo el mundo tiene su propio atlántico que conquistar. Cualquier cosa que queramos hacer de verdad, contra la opinión de los vecinos y el llamado «sentido común», es un atlántico… Sobrevolé el Atlántico porque deseaba hacer algo y disfrutar haciéndolo, concentrar en ello todas mis energías; eso no es solo la mejor garantía de éxito, sino también ser fiel a uno mismo.
La primera vez que Amelia Earhart atravesó el Atlántico lo hizo en solitario.
La primera vez que Amelia Earhart atravesó el Atlántico lo hizo en solitario.
a)
Falso
b)
Verdadero
41.
Amelia Earhart El nombre de la estadounidense Amelia Earhart ocupa un lugar destacado en la historia de la aviación. Y es que ella fue la primera mujer que cruzó el Atlántico volando en solitario. Su hazaña tuvo lugar en 1932, cuando los aparatos aéreos tenían todo tipo de limitaciones técnicas y en un momento en el que el mundo de los aviones era un coto casi exclusivamente masculino. Desde niña, Amelia dio muestras de su espíritu intrépido. Durante el invierno se divertía deslizándose en trineo a gran velocidad por las pendientes nevadas del estado de Kansas, donde vivía. En verano, una de sus aficiones favoritas era subir a las ramas de los árboles y contemplar el mundo desde lo alto. La primera vez que Amelia vio un avión tenía diez años. Fue en una feria del estado de Iowa, adonde se había mudado con sus padres. En aquel momento, la niña no mostró interés alguno por aquel «amasijo de cables oxidados y madera». Tendría que pasar aún cierto tiempo hasta que montara en un avión y descubriera el placer de elevarse sobre el suelo. Luego vinieron las clases de vuelo, la obtención de la licencia de piloto, los reconocimientos públicos… En junio de 1928 la joven aviadora subió a bordo del Friendship y realizó un vuelo trasatlántico desde la costa este de Estados Unidos hasta Gales, en Europa. Así se convirtió en la primera mujer que cruzaba el océano en un avión, aunque todavía en calidad de pasajera. Ni ella ni ninguna mujer de la época estaban preparadas para pilotar un avión como el que requería semejante empresa. Así que dos hombres dirigieron el aparato y Amelia se limitó a realizar tareas secundarias. A pesar de todo, aquel vuelo la catapultó a la fama y la muchacha se convirtió en una celebridad. Los periodistas y el público encumbraron su hazaña y el propio presidente de los Estados Unidos, Calvin Coolidge, le envió un telegrama felicitándola. La sagaz Amelia advirtió que las razones de su repentino renombre estribaban en su condición de mujer y no en sus cualidades como aviadora. Así que se puso manos a la obra para merecer aquella fama que, en su opinión, le habían regalado injustamente. Ese designio comenzó a cumplirse el 20 de mayo de 1932, cuando partió de Estados Unidos con intención de cruzar de nuevo el Atlántico volando, esta vez completamente sola. Desde que lo lograra Charles Lindbergh cinco años atrás, nadie había conseguido repetir la gesta. Amelia se disponía a intentarlo. Como equipaje llevaba algo de sopa y una lata de zumo de tomate. La travesía no resultó fácil: soplaron fuertes vientos y surgieron algunos problemas técnicos. Por fin, trece horas y media después de despegar, el avión aterrizaba en un campo, en Irlanda del Norte. La joven bajó del avión, algo aturdida, y vio a un hombre que se acercaba. –¿Dónde estoy? –le preguntó. –En los pastos de Gallegher –respondió él, que había contemplado el aterrizaje y estaba atónito–. ¿Viene usted de muy lejos? –Podríamos decir que sí: de los Estados Unidos de América. Amelia había culminado su hazaña: era la primera mujer que sobrevolaba el Atlántico en solitario y lo había hecho en menos tiempo que Lindbergh. Tras esta proeza, la aviadora se propuso aún otros retos. Algunos cumplidos, como el proyecto de cruzar el Pacífico; otros, frustrados, como su sueño de dar la vuelta al mundo pilotando un avión. El 2 de julio de 1937, cuando llevaba casi un mes de vuelo y había recorrido miles de kilómetros en compañía de su copiloto, Frederick Noonan, se perdió todo contacto con el aparato. Nunca más se supo de ellos y, tras una intensa búsqueda, se dieron oficialmente por desaparecidos. Amelia Earhart se había desvanecido en el curso de uno de los muchos sueños que tejieron su vida. Una vida guiada por la convicción de que cualquier aventura es posible si tenemos el valor de emprenderla. Así lo había manifestado ella misma en cierta ocasión: El deseo de sobrevolar el Atlántico sola no era algo nuevo para mí. Antes ya había afrontado otros atlánticos. Todo el mundo tiene su propio atlántico que conquistar. Cualquier cosa que queramos hacer de verdad, contra la opinión de los vecinos y el llamado «sentido común», es un atlántico… Sobrevolé el Atlántico porque deseaba hacer algo y disfrutar haciéndolo, concentrar en ello todas mis energías; eso no es solo la mejor garantía de éxito, sino también ser fiel a uno mismo.
La primera vez que Amelia atravesó el Atlántico aterrizó en Irlanda del Norte.
La primera vez que Amelia atravesó el Atlántico aterrizó en Irlanda del Norte.
a)
Falso
b)
Verdadero
42.
Amelia Earhart El nombre de la estadounidense Amelia Earhart ocupa un lugar destacado en la historia de la aviación. Y es que ella fue la primera mujer que cruzó el Atlántico volando en solitario. Su hazaña tuvo lugar en 1932, cuando los aparatos aéreos tenían todo tipo de limitaciones técnicas y en un momento en el que el mundo de los aviones era un coto casi exclusivamente masculino. Desde niña, Amelia dio muestras de su espíritu intrépido. Durante el invierno se divertía deslizándose en trineo a gran velocidad por las pendientes nevadas del estado de Kansas, donde vivía. En verano, una de sus aficiones favoritas era subir a las ramas de los árboles y contemplar el mundo desde lo alto. La primera vez que Amelia vio un avión tenía diez años. Fue en una feria del estado de Iowa, adonde se había mudado con sus padres. En aquel momento, la niña no mostró interés alguno por aquel «amasijo de cables oxidados y madera». Tendría que pasar aún cierto tiempo hasta que montara en un avión y descubriera el placer de elevarse sobre el suelo. Luego vinieron las clases de vuelo, la obtención de la licencia de piloto, los reconocimientos públicos… En junio de 1928 la joven aviadora subió a bordo del Friendship y realizó un vuelo trasatlántico desde la costa este de Estados Unidos hasta Gales, en Europa. Así se convirtió en la primera mujer que cruzaba el océano en un avión, aunque todavía en calidad de pasajera. Ni ella ni ninguna mujer de la época estaban preparadas para pilotar un avión como el que requería semejante empresa. Así que dos hombres dirigieron el aparato y Amelia se limitó a realizar tareas secundarias. A pesar de todo, aquel vuelo la catapultó a la fama y la muchacha se convirtió en una celebridad. Los periodistas y el público encumbraron su hazaña y el propio presidente de los Estados Unidos, Calvin Coolidge, le envió un telegrama felicitándola. La sagaz Amelia advirtió que las razones de su repentino renombre estribaban en su condición de mujer y no en sus cualidades como aviadora. Así que se puso manos a la obra para merecer aquella fama que, en su opinión, le habían regalado injustamente. Ese designio comenzó a cumplirse el 20 de mayo de 1932, cuando partió de Estados Unidos con intención de cruzar de nuevo el Atlántico volando, esta vez completamente sola. Desde que lo lograra Charles Lindbergh cinco años atrás, nadie había conseguido repetir la gesta. Amelia se disponía a intentarlo. Como equipaje llevaba algo de sopa y una lata de zumo de tomate. La travesía no resultó fácil: soplaron fuertes vientos y surgieron algunos problemas técnicos. Por fin, trece horas y media después de despegar, el avión aterrizaba en un campo, en Irlanda del Norte. La joven bajó del avión, algo aturdida, y vio a un hombre que se acercaba. –¿Dónde estoy? –le preguntó. –En los pastos de Gallegher –respondió él, que había contemplado el aterrizaje y estaba atónito–. ¿Viene usted de muy lejos? –Podríamos decir que sí: de los Estados Unidos de América. Amelia había culminado su hazaña: era la primera mujer que sobrevolaba el Atlántico en solitario y lo había hecho en menos tiempo que Lindbergh. Tras esta proeza, la aviadora se propuso aún otros retos. Algunos cumplidos, como el proyecto de cruzar el Pacífico; otros, frustrados, como su sueño de dar la vuelta al mundo pilotando un avión. El 2 de julio de 1937, cuando llevaba casi un mes de vuelo y había recorrido miles de kilómetros en compañía de su copiloto, Frederick Noonan, se perdió todo contacto con el aparato. Nunca más se supo de ellos y, tras una intensa búsqueda, se dieron oficialmente por desaparecidos. Amelia Earhart se había desvanecido en el curso de uno de los muchos sueños que tejieron su vida. Una vida guiada por la convicción de que cualquier aventura es posible si tenemos el valor de emprenderla. Así lo había manifestado ella misma en cierta ocasión: El deseo de sobrevolar el Atlántico sola no era algo nuevo para mí. Antes ya había afrontado otros atlánticos. Todo el mundo tiene su propio atlántico que conquistar. Cualquier cosa que queramos hacer de verdad, contra la opinión de los vecinos y el llamado «sentido común», es un atlántico… Sobrevolé el Atlántico porque deseaba hacer algo y disfrutar haciéndolo, concentrar en ello todas mis energías; eso no es solo la mejor garantía de éxito, sino también ser fiel a uno mismo.
La aviadora nunca cumplió su sueño de cruzar el Pacífico.
La aviadora nunca cumplió su sueño de cruzar el Pacífico.
a)
Falso
b)
Verdadero
43.
Amelia Earhart El nombre de la estadounidense Amelia Earhart ocupa un lugar destacado en la historia de la aviación. Y es que ella fue la primera mujer que cruzó el Atlántico volando en solitario. Su hazaña tuvo lugar en 1932, cuando los aparatos aéreos tenían todo tipo de limitaciones técnicas y en un momento en el que el mundo de los aviones era un coto casi exclusivamente masculino. Desde niña, Amelia dio muestras de su espíritu intrépido. Durante el invierno se divertía deslizándose en trineo a gran velocidad por las pendientes nevadas del estado de Kansas, donde vivía. En verano, una de sus aficiones favoritas era subir a las ramas de los árboles y contemplar el mundo desde lo alto. La primera vez que Amelia vio un avión tenía diez años. Fue en una feria del estado de Iowa, adonde se había mudado con sus padres. En aquel momento, la niña no mostró interés alguno por aquel «amasijo de cables oxidados y madera». Tendría que pasar aún cierto tiempo hasta que montara en un avión y descubriera el placer de elevarse sobre el suelo. Luego vinieron las clases de vuelo, la obtención de la licencia de piloto, los reconocimientos públicos… En junio de 1928 la joven aviadora subió a bordo del Friendship y realizó un vuelo trasatlántico desde la costa este de Estados Unidos hasta Gales, en Europa. Así se convirtió en la primera mujer que cruzaba el océano en un avión, aunque todavía en calidad de pasajera. Ni ella ni ninguna mujer de la época estaban preparadas para pilotar un avión como el que requería semejante empresa. Así que dos hombres dirigieron el aparato y Amelia se limitó a realizar tareas secundarias. A pesar de todo, aquel vuelo la catapultó a la fama y la muchacha se convirtió en una celebridad. Los periodistas y el público encumbraron su hazaña y el propio presidente de los Estados Unidos, Calvin Coolidge, le envió un telegrama felicitándola. La sagaz Amelia advirtió que las razones de su repentino renombre estribaban en su condición de mujer y no en sus cualidades como aviadora. Así que se puso manos a la obra para merecer aquella fama que, en su opinión, le habían regalado injustamente. Ese designio comenzó a cumplirse el 20 de mayo de 1932, cuando partió de Estados Unidos con intención de cruzar de nuevo el Atlántico volando, esta vez completamente sola. Desde que lo lograra Charles Lindbergh cinco años atrás, nadie había conseguido repetir la gesta. Amelia se disponía a intentarlo. Como equipaje llevaba algo de sopa y una lata de zumo de tomate. La travesía no resultó fácil: soplaron fuertes vientos y surgieron algunos problemas técnicos. Por fin, trece horas y media después de despegar, el avión aterrizaba en un campo, en Irlanda del Norte. La joven bajó del avión, algo aturdida, y vio a un hombre que se acercaba. –¿Dónde estoy? –le preguntó. –En los pastos de Gallegher –respondió él, que había contemplado el aterrizaje y estaba atónito–. ¿Viene usted de muy lejos? –Podríamos decir que sí: de los Estados Unidos de América. Amelia había culminado su hazaña: era la primera mujer que sobrevolaba el Atlántico en solitario y lo había hecho en menos tiempo que Lindbergh. Tras esta proeza, la aviadora se propuso aún otros retos. Algunos cumplidos, como el proyecto de cruzar el Pacífico; otros, frustrados, como su sueño de dar la vuelta al mundo pilotando un avión. El 2 de julio de 1937, cuando llevaba casi un mes de vuelo y había recorrido miles de kilómetros en compañía de su copiloto, Frederick Noonan, se perdió todo contacto con el aparato. Nunca más se supo de ellos y, tras una intensa búsqueda, se dieron oficialmente por desaparecidos. Amelia Earhart se había desvanecido en el curso de uno de los muchos sueños que tejieron su vida. Una vida guiada por la convicción de que cualquier aventura es posible si tenemos el valor de emprenderla. Así lo había manifestado ella misma en cierta ocasión: El deseo de sobrevolar el Atlántico sola no era algo nuevo para mí. Antes ya había afrontado otros atlánticos. Todo el mundo tiene su propio atlántico que conquistar. Cualquier cosa que queramos hacer de verdad, contra la opinión de los vecinos y el llamado «sentido común», es un atlántico… Sobrevolé el Atlántico porque deseaba hacer algo y disfrutar haciéndolo, concentrar en ello todas mis energías; eso no es solo la mejor garantía de éxito, sino también ser fiel a uno mismo.
Amelia Earhart dio la vuelta al mundo pilotando un avión.
Amelia Earhart dio la vuelta al mundo pilotando un avión.
a)
Falso
b)
Verdadero
44.
Amelia Earhart El nombre de la estadounidense Amelia Earhart ocupa un lugar destacado en la historia de la aviación. Y es que ella fue la primera mujer que cruzó el Atlántico volando en solitario. Su hazaña tuvo lugar en 1932, cuando los aparatos aéreos tenían todo tipo de limitaciones técnicas y en un momento en el que el mundo de los aviones era un coto casi exclusivamente masculino. Desde niña, Amelia dio muestras de su espíritu intrépido. Durante el invierno se divertía deslizándose en trineo a gran velocidad por las pendientes nevadas del estado de Kansas, donde vivía. En verano, una de sus aficiones favoritas era subir a las ramas de los árboles y contemplar el mundo desde lo alto. La primera vez que Amelia vio un avión tenía diez años. Fue en una feria del estado de Iowa, adonde se había mudado con sus padres. En aquel momento, la niña no mostró interés alguno por aquel «amasijo de cables oxidados y madera». Tendría que pasar aún cierto tiempo hasta que montara en un avión y descubriera el placer de elevarse sobre el suelo. Luego vinieron las clases de vuelo, la obtención de la licencia de piloto, los reconocimientos públicos… En junio de 1928 la joven aviadora subió a bordo del Friendship y realizó un vuelo trasatlántico desde la costa este de Estados Unidos hasta Gales, en Europa. Así se convirtió en la primera mujer que cruzaba el océano en un avión, aunque todavía en calidad de pasajera. Ni ella ni ninguna mujer de la época estaban preparadas para pilotar un avión como el que requería semejante empresa. Así que dos hombres dirigieron el aparato y Amelia se limitó a realizar tareas secundarias. A pesar de todo, aquel vuelo la catapultó a la fama y la muchacha se convirtió en una celebridad. Los periodistas y el público encumbraron su hazaña y el propio presidente de los Estados Unidos, Calvin Coolidge, le envió un telegrama felicitándola. La sagaz Amelia advirtió que las razones de su repentino renombre estribaban en su condición de mujer y no en sus cualidades como aviadora. Así que se puso manos a la obra para merecer aquella fama que, en su opinión, le habían regalado injustamente. Ese designio comenzó a cumplirse el 20 de mayo de 1932, cuando partió de Estados Unidos con intención de cruzar de nuevo el Atlántico volando, esta vez completamente sola. Desde que lo lograra Charles Lindbergh cinco años atrás, nadie había conseguido repetir la gesta. Amelia se disponía a intentarlo. Como equipaje llevaba algo de sopa y una lata de zumo de tomate. La travesía no resultó fácil: soplaron fuertes vientos y surgieron algunos problemas técnicos. Por fin, trece horas y media después de despegar, el avión aterrizaba en un campo, en Irlanda del Norte. La joven bajó del avión, algo aturdida, y vio a un hombre que se acercaba. –¿Dónde estoy? –le preguntó. –En los pastos de Gallegher –respondió él, que había contemplado el aterrizaje y estaba atónito–. ¿Viene usted de muy lejos? –Podríamos decir que sí: de los Estados Unidos de América. Amelia había culminado su hazaña: era la primera mujer que sobrevolaba el Atlántico en solitario y lo había hecho en menos tiempo que Lindbergh. Tras esta proeza, la aviadora se propuso aún otros retos. Algunos cumplidos, como el proyecto de cruzar el Pacífico; otros, frustrados, como su sueño de dar la vuelta al mundo pilotando un avión. El 2 de julio de 1937, cuando llevaba casi un mes de vuelo y había recorrido miles de kilómetros en compañía de su copiloto, Frederick Noonan, se perdió todo contacto con el aparato. Nunca más se supo de ellos y, tras una intensa búsqueda, se dieron oficialmente por desaparecidos. Amelia Earhart se había desvanecido en el curso de uno de los muchos sueños que tejieron su vida. Una vida guiada por la convicción de que cualquier aventura es posible si tenemos el valor de emprenderla. Así lo había manifestado ella misma en cierta ocasión: El deseo de sobrevolar el Atlántico sola no era algo nuevo para mí. Antes ya había afrontado otros atlánticos. Todo el mundo tiene su propio atlántico que conquistar. Cualquier cosa que queramos hacer de verdad, contra la opinión de los vecinos y el llamado «sentido común», es un atlántico… Sobrevolé el Atlántico porque deseaba hacer algo y disfrutar haciéndolo, concentrar en ello todas mis energías; eso no es solo la mejor garantía de éxito, sino también ser fiel a uno mismo.
Amelia Earhart desapareció durante uno de sus vuelos.
Amelia Earhart desapareció durante uno de sus vuelos.
a)
Verdadero
b)
Falso.
45.
Marca la opción correcta.
a)
Los peligros del bricolaje
Manuel quería que su familia se sintiera orgullosa de él y decidió arreglar la valla que su abuelo construyó hace tiempo en el gallinero.
Nada más abrir la caja de las herramientas, se le cayeron todas al suelo y el martillo le golpeó el pie. Gritó tan fuerte que las gallinas huyeron despavoridas. "Necesito ayuda", pensó.
Manuel quería que su familia se sintiera orgullosa de él y decidió arreglar la valla que su abuelo construyó hace tiempo en el gallinero.
Nada más abrir la caja de las herramientas, se le cayeron todas al suelo y el martillo le golpeó el pie. Gritó tan fuerte que las gallinas huyeron despavoridas. "Necesito ayuda", pensó.
b)
Los peligros del bricolaje
Manuel quería que su familia se sintiera orgullosa de él y decidió arreglar la valla que su abuelo construyó hace tiempo en el gallinero.
Nada más abrir la caja de las herramientas, se le cayeron todas al suelo y el martillo le golpeó el pie. Gritó tan fuerte que las gallinas huyeron despavoridas. "Necesito alluda", pensó.
Manuel quería que su familia se sintiera orgullosa de él y decidió arreglar la valla que su abuelo construyó hace tiempo en el gallinero.
Nada más abrir la caja de las herramientas, se le cayeron todas al suelo y el martillo le golpeó el pie. Gritó tan fuerte que las gallinas huyeron despavoridas. "Necesito alluda", pensó.
c)
Los peligros del bricolaje
Manuel quería que su familia se sintiera orgullosa de él y decidió arreglar la valla que su abuelo construyó hace tiempo en el gallinero.
Nada mas abrir la caja de las herramientas, se le cayeron todas al suelo y el martillo le golpeó el pie. Gritó tan fuerte que las gallinas huyeron despavoridas. "Necesito ayuda", pensó.
Manuel quería que su familia se sintiera orgullosa de él y decidió arreglar la valla que su abuelo construyó hace tiempo en el gallinero.
Nada mas abrir la caja de las herramientas, se le cayeron todas al suelo y el martillo le golpeó el pie. Gritó tan fuerte que las gallinas huyeron despavoridas. "Necesito ayuda", pensó.
d)
Los peligros del bricolaje
Manuel quería que su familia se sintiera orguyosa de él y decidió arreglar la valla que su abuelo construyó hace tiempo en el gallinero.
Nada más abrir la caja de las herramientas, se le cayeron todas al suelo y el martillo le golpeó el pie. Gritó tan fuerte que las gallinas huyeron despavoridas. "Necesito ayuda", pensó.
Manuel quería que su familia se sintiera orguyosa de él y decidió arreglar la valla que su abuelo construyó hace tiempo en el gallinero.
Nada más abrir la caja de las herramientas, se le cayeron todas al suelo y el martillo le golpeó el pie. Gritó tan fuerte que las gallinas huyeron despavoridas. "Necesito ayuda", pensó.
46.
Marca la opción correcta.
a)
Un desafío real
La reina y el rey propusieron un reto a sus vasallos: aquel que instruyera al prínxipe en el manejo de la ballesta sería recompensado. Pero nadie acudía porque el príncipe tenía fama de ser muy torpe. Entonces, los reyes mandaron a buscar a los hombres más fuertes para que se presentaran ante ellos. Uno huyó, otro fingió un desmayo, otro cayó de rodillas suplicando... El rey decidió guardar la ballesta del príncipe. Se daba por vencido.
La reina y el rey propusieron un reto a sus vasallos: aquel que instruyera al prínxipe en el manejo de la ballesta sería recompensado. Pero nadie acudía porque el príncipe tenía fama de ser muy torpe. Entonces, los reyes mandaron a buscar a los hombres más fuertes para que se presentaran ante ellos. Uno huyó, otro fingió un desmayo, otro cayó de rodillas suplicando... El rey decidió guardar la ballesta del príncipe. Se daba por vencido.
b)
Un desafío real
La reina y el rey propusieron un reto a sus vasallos: aquel que instruyera al prínxipe en el manejo de la ballesta sería recompensado. Pero nadie acudía porque el príncipe tenía fama de ser muy torpe. Entonces, los reyes mandaron a buscar a los hombres más fuertes para que se presentaran ante ellos. Uno huyó, otro fingió un desmayo, otro cayó de rodillas suplicando... El rey decidió guardar la ballesta del principe. Se daba por vencido.
La reina y el rey propusieron un reto a sus vasallos: aquel que instruyera al prínxipe en el manejo de la ballesta sería recompensado. Pero nadie acudía porque el príncipe tenía fama de ser muy torpe. Entonces, los reyes mandaron a buscar a los hombres más fuertes para que se presentaran ante ellos. Uno huyó, otro fingió un desmayo, otro cayó de rodillas suplicando... El rey decidió guardar la ballesta del principe. Se daba por vencido.
c)
Un desafío real
La reina y el rey propusieron un reto a sus vasallos: aquel que instruyera al prínxipe en el manejo de la ballesta sería recompensado. Pero nadie acudía porque el príncipe tenía fama de ser muy torpe. Entonces, los reyes mandaron a buscar a los hombres más fuertes para que se presentaran ante ellos. Uno huyó, otro fingió un desmayo, otro cayó de rodillas suplicando... El rey decidió guardar la bayesta del príncipe. Se daba por vencido.
La reina y el rey propusieron un reto a sus vasallos: aquel que instruyera al prínxipe en el manejo de la ballesta sería recompensado. Pero nadie acudía porque el príncipe tenía fama de ser muy torpe. Entonces, los reyes mandaron a buscar a los hombres más fuertes para que se presentaran ante ellos. Uno huyó, otro fingió un desmayo, otro cayó de rodillas suplicando... El rey decidió guardar la bayesta del príncipe. Se daba por vencido.
d)
Un desafío real
La reina y el rey propusieron un reto a sus vasallos: aquel que instruyera al prínxipe en el manejo de la ballesta sería recompensado. Pero nadie acudía porque el príncipe tenía fama de ser muy torpe. Entonces, los reyes mandaron a buscar a los hombres más fuertes para que se presentaran ante ellos. Uno huyó, otro fingió un desmayo, otro cayó de rodillas suplicando... El rey decidió guardar la ballesta del príncipe. Se dava por vencido.
La reina y el rey propusieron un reto a sus vasallos: aquel que instruyera al prínxipe en el manejo de la ballesta sería recompensado. Pero nadie acudía porque el príncipe tenía fama de ser muy torpe. Entonces, los reyes mandaron a buscar a los hombres más fuertes para que se presentaran ante ellos. Uno huyó, otro fingió un desmayo, otro cayó de rodillas suplicando... El rey decidió guardar la ballesta del príncipe. Se dava por vencido.
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