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Lengua castellana. 1º Pr. UNIDAD 10. Colegio Peñafort

Total questions: 57

Worksheet time: 29mins

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1.

La planta más hermosa

Hace mucho tiempo, en un lejano país, vivía un rey que se había cansado de estar rodeado de viejos ministros y consejeros.

–¡De nada me sirven sus opiniones! Necesito nuevas ideas. Personas jóvenes e inteligentes que me ayuden a gobernar –se decía a menudo el monarca.

Así que, un día, ordenó a sus mensajeros:

–Anunciad por todo el reino que busco jóvenes para que me aconsejen y trabajen conmigo. Los aspirantes tendrán que presentarse en palacio en el plazo de una semana y superar dos pruebas. Debe quedar claro que no podrán participar personas mayores.

El día señalado, cientos de jóvenes acudieron a la cita en los jardines del palacio. Entre ellos se encontraba una muchacha llamada Carolina.

Tras unos minutos de espera, el rey en persona salió al balcón y les dijo:

–Mañana os espero aquí a esta misma hora. Debéis venir descalzos, pero calzados.

Y sin más explicaciones, el monarca se despidió y volvió a sus aposentos. Los jóvenes, cabizbajos, se dispersaron.

Cuando Carolina llegó a casa, le contó a su abuela la complicada prueba propuesta por el rey y, en tono desesperado, exclamó:

–¡Es imposible estar calzado y descalzo a la vez, abuela!

La anciana se echó a reír e intentó tranquilizar a su nieta:

–¡Es muy fácil, hija! Ya verás...

La mujer cogió unos zapatos de Carolina, les descosió las suelas y se los dio. Cuando la joven se los puso, cumplían a la perfección las dos condiciones: por la parte superior parecían unos zapatos normales, por lo que la muchacha llevaba calzado; en cambio, las plantas de los pies iban en contacto con el suelo, como cuando se anda descalzo.

–Abuela, ¡qué ingeniosa eres! Deberías presentarte tú a la prueba...

–No. No puede ser. Ya sabes que el rey no quiere ancianos a su lado.

Al día siguiente, la muchacha acudió de nuevo a los jardines del palacio.

El monarca pasó revista a todos los candidatos: algunos iban con un solo zapato, otros con calcetines... Pero únicamente la solución de Carolina le pareció original y acertada.

El rey, después de felicitar a la joven, propuso la segunda y última prueba:

–Debéis traerme la planta que consideréis más hermosa y perfecta de la naturaleza, y tendréis que explicarme por qué la habéis elegido.

Carolina volvió a casa preocupada y le dijo a su abuela:

–Seguro que no podré superar esta prueba. Muchos de los candidatos vienen de lugares lejanos y traerán todo tipo de plantas exóticas... ¿Qué puedo llevar yo?

La abuela salió de la casa y minutos después volvió con una espiga de trigo.

–Le llevarás al rey esta espiga.

La joven la miró con extrañeza. No sabía qué tenía de especial aquella planta común e insignificante. Pero la abuela le explicó a su nieta lo que tenía que decirle al monarca.

A la mañana siguiente, tras varias horas de espera, le tocó a Carolina presentar su planta. El rey la observó desconcertado.

–¿Una espiga? ¿Esto es lo mejor que has encontrado?

La joven tomó la palabra y, muy segura, habló así:

–Majestad, para mí no hay nada más hermoso que un campo de trigo mecido por el viento. Ni nada más delicioso que el olor del pan recién hecho.

–Tienes toda la razón, muchacha. Estoy completamente de acuerdo contigo.

El monarca, con una gran sonrisa en el rostro, declaró ganadora a la joven. Luego, se dirigió a ella y le preguntó:

–Y tú, ¿cómo has llegado a ser tan sabia?

Carolina sabía que el mérito no había sido de ella, sino de su abuela, y no dudó ni un instante en contarle la verdad al rey:

–Majestad, en las dos ocasiones ha sido mi abuela la que me ha aconsejado.

El soberano se llevó una gran sorpresa, tanto por la sinceridad de la joven como por la admiración que demostraba hacia la anciana. Además, se dio cuenta de que él no había sabido valorar a las personas mayores como debía.

–Carolina, a partir de ahora trabajarás conmigo y con mis antiguos consejeros y, por favor, preséntame a tu abuela. A ella la nombraré ministra.

¿Qué quería el rey? Marca

a)

Rodearse de jóvenes inteligentes.

b)

Rodearse de ancianos inteligentes.

2.

La planta más hermosa

Hace mucho tiempo, en un lejano país, vivía un rey que se había cansado de estar rodeado de viejos ministros y consejeros.

–¡De nada me sirven sus opiniones! Necesito nuevas ideas. Personas jóvenes e inteligentes que me ayuden a gobernar –se decía a menudo el monarca.

Así que, un día, ordenó a sus mensajeros:

–Anunciad por todo el reino que busco jóvenes para que me aconsejen y trabajen conmigo. Los aspirantes tendrán que presentarse en palacio en el plazo de una semana y superar dos pruebas. Debe quedar claro que no podrán participar personas mayores.

El día señalado, cientos de jóvenes acudieron a la cita en los jardines del palacio. Entre ellos se encontraba una muchacha llamada Carolina.

Tras unos minutos de espera, el rey en persona salió al balcón y les dijo:

–Mañana os espero aquí a esta misma hora. Debéis venir descalzos, pero calzados.

Y sin más explicaciones, el monarca se despidió y volvió a sus aposentos. Los jóvenes, cabizbajos, se dispersaron.

Cuando Carolina llegó a casa, le contó a su abuela la complicada prueba propuesta por el rey y, en tono desesperado, exclamó:

–¡Es imposible estar calzado y descalzo a la vez, abuela!

La anciana se echó a reír e intentó tranquilizar a su nieta:

–¡Es muy fácil, hija! Ya verás...

La mujer cogió unos zapatos de Carolina, les descosió las suelas y se los dio. Cuando la joven se los puso, cumplían a la perfección las dos condiciones: por la parte superior parecían unos zapatos normales, por lo que la muchacha llevaba calzado; en cambio, las plantas de los pies iban en contacto con el suelo, como cuando se anda descalzo.

–Abuela, ¡qué ingeniosa eres! Deberías presentarte tú a la prueba...

–No. No puede ser. Ya sabes que el rey no quiere ancianos a su lado.

Al día siguiente, la muchacha acudió de nuevo a los jardines del palacio.

El monarca pasó revista a todos los candidatos: algunos iban con un solo zapato, otros con calcetines... Pero únicamente la solución de Carolina le pareció original y acertada.

El rey, después de felicitar a la joven, propuso la segunda y última prueba:

–Debéis traerme la planta que consideréis más hermosa y perfecta de la naturaleza, y tendréis que explicarme por qué la habéis elegido.

Carolina volvió a casa preocupada y le dijo a su abuela:

–Seguro que no podré superar esta prueba. Muchos de los candidatos vienen de lugares lejanos y traerán todo tipo de plantas exóticas... ¿Qué puedo llevar yo?

La abuela salió de la casa y minutos después volvió con una espiga de trigo.

–Le llevarás al rey esta espiga.

La joven la miró con extrañeza. No sabía qué tenía de especial aquella planta común e insignificante. Pero la abuela le explicó a su nieta lo que tenía que decirle al monarca.

A la mañana siguiente, tras varias horas de espera, le tocó a Carolina presentar su planta. El rey la observó desconcertado.

–¿Una espiga? ¿Esto es lo mejor que has encontrado?

La joven tomó la palabra y, muy segura, habló así:

–Majestad, para mí no hay nada más hermoso que un campo de trigo mecido por el viento. Ni nada más delicioso que el olor del pan recién hecho.

–Tienes toda la razón, muchacha. Estoy completamente de acuerdo contigo.

El monarca, con una gran sonrisa en el rostro, declaró ganadora a la joven. Luego, se dirigió a ella y le preguntó:

–Y tú, ¿cómo has llegado a ser tan sabia?

Carolina sabía que el mérito no había sido de ella, sino de su abuela, y no dudó ni un instante en contarle la verdad al rey:

–Majestad, en las dos ocasiones ha sido mi abuela la que me ha aconsejado.

El soberano se llevó una gran sorpresa, tanto por la sinceridad de la joven como por la admiración que demostraba hacia la anciana. Además, se dio cuenta de que él no había sabido valorar a las personas mayores como debía.

–Carolina, a partir de ahora trabajarás conmigo y con mis antiguos consejeros y, por favor, preséntame a tu abuela. A ella la nombraré ministra.

Recuerda las pruebas que ideó el rey y contesta.

¿En qué consistía la primera prueba?

a)

En ir descalzos y calzados a la vez.

b)

Había que llevar la planta más hermosa de la naturaleza.

3.

La planta más hermosa

Hace mucho tiempo, en un lejano país, vivía un rey que se había cansado de estar rodeado de viejos ministros y consejeros.

–¡De nada me sirven sus opiniones! Necesito nuevas ideas. Personas jóvenes e inteligentes que me ayuden a gobernar –se decía a menudo el monarca.

Así que, un día, ordenó a sus mensajeros:

–Anunciad por todo el reino que busco jóvenes para que me aconsejen y trabajen conmigo. Los aspirantes tendrán que presentarse en palacio en el plazo de una semana y superar dos pruebas. Debe quedar claro que no podrán participar personas mayores.

El día señalado, cientos de jóvenes acudieron a la cita en los jardines del palacio. Entre ellos se encontraba una muchacha llamada Carolina.

Tras unos minutos de espera, el rey en persona salió al balcón y les dijo:

–Mañana os espero aquí a esta misma hora. Debéis venir descalzos, pero calzados.

Y sin más explicaciones, el monarca se despidió y volvió a sus aposentos. Los jóvenes, cabizbajos, se dispersaron.

Cuando Carolina llegó a casa, le contó a su abuela la complicada prueba propuesta por el rey y, en tono desesperado, exclamó:

–¡Es imposible estar calzado y descalzo a la vez, abuela!

La anciana se echó a reír e intentó tranquilizar a su nieta:

–¡Es muy fácil, hija! Ya verás...

La mujer cogió unos zapatos de Carolina, les descosió las suelas y se los dio. Cuando la joven se los puso, cumplían a la perfección las dos condiciones: por la parte superior parecían unos zapatos normales, por lo que la muchacha llevaba calzado; en cambio, las plantas de los pies iban en contacto con el suelo, como cuando se anda descalzo.

–Abuela, ¡qué ingeniosa eres! Deberías presentarte tú a la prueba...

–No. No puede ser. Ya sabes que el rey no quiere ancianos a su lado.

Al día siguiente, la muchacha acudió de nuevo a los jardines del palacio.

El monarca pasó revista a todos los candidatos: algunos iban con un solo zapato, otros con calcetines... Pero únicamente la solución de Carolina le pareció original y acertada.

El rey, después de felicitar a la joven, propuso la segunda y última prueba:

–Debéis traerme la planta que consideréis más hermosa y perfecta de la naturaleza, y tendréis que explicarme por qué la habéis elegido.

Carolina volvió a casa preocupada y le dijo a su abuela:

–Seguro que no podré superar esta prueba. Muchos de los candidatos vienen de lugares lejanos y traerán todo tipo de plantas exóticas... ¿Qué puedo llevar yo?

La abuela salió de la casa y minutos después volvió con una espiga de trigo.

–Le llevarás al rey esta espiga.

La joven la miró con extrañeza. No sabía qué tenía de especial aquella planta común e insignificante. Pero la abuela le explicó a su nieta lo que tenía que decirle al monarca.

A la mañana siguiente, tras varias horas de espera, le tocó a Carolina presentar su planta. El rey la observó desconcertado.

–¿Una espiga? ¿Esto es lo mejor que has encontrado?

La joven tomó la palabra y, muy segura, habló así:

–Majestad, para mí no hay nada más hermoso que un campo de trigo mecido por el viento. Ni nada más delicioso que el olor del pan recién hecho.

–Tienes toda la razón, muchacha. Estoy completamente de acuerdo contigo.

El monarca, con una gran sonrisa en el rostro, declaró ganadora a la joven. Luego, se dirigió a ella y le preguntó:

–Y tú, ¿cómo has llegado a ser tan sabia?

Carolina sabía que el mérito no había sido de ella, sino de su abuela, y no dudó ni un instante en contarle la verdad al rey:

–Majestad, en las dos ocasiones ha sido mi abuela la que me ha aconsejado.

El soberano se llevó una gran sorpresa, tanto por la sinceridad de la joven como por la admiración que demostraba hacia la anciana. Además, se dio cuenta de que él no había sabido valorar a las personas mayores como debía.

–Carolina, a partir de ahora trabajarás conmigo y con mis antiguos consejeros y, por favor, preséntame a tu abuela. A ella la nombraré ministra.

Recuerda las pruebas que ideó el rey y contesta.

¿En qué consistía la segunda prueba?

a)

En ir descalzos y calzados a la vez.

b)

Había que llevar la planta más hermosa de la naturaleza.

4.

La planta más hermosa

Hace mucho tiempo, en un lejano país, vivía un rey que se había cansado de estar rodeado de viejos ministros y consejeros.

–¡De nada me sirven sus opiniones! Necesito nuevas ideas. Personas jóvenes e inteligentes que me ayuden a gobernar –se decía a menudo el monarca.

Así que, un día, ordenó a sus mensajeros:

–Anunciad por todo el reino que busco jóvenes para que me aconsejen y trabajen conmigo. Los aspirantes tendrán que presentarse en palacio en el plazo de una semana y superar dos pruebas. Debe quedar claro que no podrán participar personas mayores.

El día señalado, cientos de jóvenes acudieron a la cita en los jardines del palacio. Entre ellos se encontraba una muchacha llamada Carolina.

Tras unos minutos de espera, el rey en persona salió al balcón y les dijo:

–Mañana os espero aquí a esta misma hora. Debéis venir descalzos, pero calzados.

Y sin más explicaciones, el monarca se despidió y volvió a sus aposentos. Los jóvenes, cabizbajos, se dispersaron.

Cuando Carolina llegó a casa, le contó a su abuela la complicada prueba propuesta por el rey y, en tono desesperado, exclamó:

–¡Es imposible estar calzado y descalzo a la vez, abuela!

La anciana se echó a reír e intentó tranquilizar a su nieta:

–¡Es muy fácil, hija! Ya verás...

La mujer cogió unos zapatos de Carolina, les descosió las suelas y se los dio. Cuando la joven se los puso, cumplían a la perfección las dos condiciones: por la parte superior parecían unos zapatos normales, por lo que la muchacha llevaba calzado; en cambio, las plantas de los pies iban en contacto con el suelo, como cuando se anda descalzo.

–Abuela, ¡qué ingeniosa eres! Deberías presentarte tú a la prueba...

–No. No puede ser. Ya sabes que el rey no quiere ancianos a su lado.

Al día siguiente, la muchacha acudió de nuevo a los jardines del palacio.

El monarca pasó revista a todos los candidatos: algunos iban con un solo zapato, otros con calcetines... Pero únicamente la solución de Carolina le pareció original y acertada.

El rey, después de felicitar a la joven, propuso la segunda y última prueba:

–Debéis traerme la planta que consideréis más hermosa y perfecta de la naturaleza, y tendréis que explicarme por qué la habéis elegido.

Carolina volvió a casa preocupada y le dijo a su abuela:

–Seguro que no podré superar esta prueba. Muchos de los candidatos vienen de lugares lejanos y traerán todo tipo de plantas exóticas... ¿Qué puedo llevar yo?

La abuela salió de la casa y minutos después volvió con una espiga de trigo.

–Le llevarás al rey esta espiga.

La joven la miró con extrañeza. No sabía qué tenía de especial aquella planta común e insignificante. Pero la abuela le explicó a su nieta lo que tenía que decirle al monarca.

A la mañana siguiente, tras varias horas de espera, le tocó a Carolina presentar su planta. El rey la observó desconcertado.

–¿Una espiga? ¿Esto es lo mejor que has encontrado?

La joven tomó la palabra y, muy segura, habló así:

–Majestad, para mí no hay nada más hermoso que un campo de trigo mecido por el viento. Ni nada más delicioso que el olor del pan recién hecho.

–Tienes toda la razón, muchacha. Estoy completamente de acuerdo contigo.

El monarca, con una gran sonrisa en el rostro, declaró ganadora a la joven. Luego, se dirigió a ella y le preguntó:

–Y tú, ¿cómo has llegado a ser tan sabia?

Carolina sabía que el mérito no había sido de ella, sino de su abuela, y no dudó ni un instante en contarle la verdad al rey:

–Majestad, en las dos ocasiones ha sido mi abuela la que me ha aconsejado.

El soberano se llevó una gran sorpresa, tanto por la sinceridad de la joven como por la admiración que demostraba hacia la anciana. Además, se dio cuenta de que él no había sabido valorar a las personas mayores como debía.

–Carolina, a partir de ahora trabajarás conmigo y con mis antiguos consejeros y, por favor, preséntame a tu abuela. A ella la nombraré ministra.

¿Qué planta llevó Carolina al rey?

a)

Una espiga de trigo.

b)

Un rosal.

5.

La planta más hermosa

Hace mucho tiempo, en un lejano país, vivía un rey que se había cansado de estar rodeado de viejos ministros y consejeros.

–¡De nada me sirven sus opiniones! Necesito nuevas ideas. Personas jóvenes e inteligentes que me ayuden a gobernar –se decía a menudo el monarca.

Así que, un día, ordenó a sus mensajeros:

–Anunciad por todo el reino que busco jóvenes para que me aconsejen y trabajen conmigo. Los aspirantes tendrán que presentarse en palacio en el plazo de una semana y superar dos pruebas. Debe quedar claro que no podrán participar personas mayores.

El día señalado, cientos de jóvenes acudieron a la cita en los jardines del palacio. Entre ellos se encontraba una muchacha llamada Carolina.

Tras unos minutos de espera, el rey en persona salió al balcón y les dijo:

–Mañana os espero aquí a esta misma hora. Debéis venir descalzos, pero calzados.

Y sin más explicaciones, el monarca se despidió y volvió a sus aposentos. Los jóvenes, cabizbajos, se dispersaron.

Cuando Carolina llegó a casa, le contó a su abuela la complicada prueba propuesta por el rey y, en tono desesperado, exclamó:

–¡Es imposible estar calzado y descalzo a la vez, abuela!

La anciana se echó a reír e intentó tranquilizar a su nieta:

–¡Es muy fácil, hija! Ya verás...

La mujer cogió unos zapatos de Carolina, les descosió las suelas y se los dio. Cuando la joven se los puso, cumplían a la perfección las dos condiciones: por la parte superior parecían unos zapatos normales, por lo que la muchacha llevaba calzado; en cambio, las plantas de los pies iban en contacto con el suelo, como cuando se anda descalzo.

–Abuela, ¡qué ingeniosa eres! Deberías presentarte tú a la prueba...

–No. No puede ser. Ya sabes que el rey no quiere ancianos a su lado.

Al día siguiente, la muchacha acudió de nuevo a los jardines del palacio.

El monarca pasó revista a todos los candidatos: algunos iban con un solo zapato, otros con calcetines... Pero únicamente la solución de Carolina le pareció original y acertada.

El rey, después de felicitar a la joven, propuso la segunda y última prueba:

–Debéis traerme la planta que consideréis más hermosa y perfecta de la naturaleza, y tendréis que explicarme por qué la habéis elegido.

Carolina volvió a casa preocupada y le dijo a su abuela:

–Seguro que no podré superar esta prueba. Muchos de los candidatos vienen de lugares lejanos y traerán todo tipo de plantas exóticas... ¿Qué puedo llevar yo?

La abuela salió de la casa y minutos después volvió con una espiga de trigo.

–Le llevarás al rey esta espiga.

La joven la miró con extrañeza. No sabía qué tenía de especial aquella planta común e insignificante. Pero la abuela le explicó a su nieta lo que tenía que decirle al monarca.

A la mañana siguiente, tras varias horas de espera, le tocó a Carolina presentar su planta. El rey la observó desconcertado.

–¿Una espiga? ¿Esto es lo mejor que has encontrado?

La joven tomó la palabra y, muy segura, habló así:

–Majestad, para mí no hay nada más hermoso que un campo de trigo mecido por el viento. Ni nada más delicioso que el olor del pan recién hecho.

–Tienes toda la razón, muchacha. Estoy completamente de acuerdo contigo.

El monarca, con una gran sonrisa en el rostro, declaró ganadora a la joven. Luego, se dirigió a ella y le preguntó:

–Y tú, ¿cómo has llegado a ser tan sabia?

Carolina sabía que el mérito no había sido de ella, sino de su abuela, y no dudó ni un instante en contarle la verdad al rey:

–Majestad, en las dos ocasiones ha sido mi abuela la que me ha aconsejado.

El soberano se llevó una gran sorpresa, tanto por la sinceridad de la joven como por la admiración que demostraba hacia la anciana. Además, se dio cuenta de que él no había sabido valorar a las personas mayores como debía.

–Carolina, a partir de ahora trabajarás conmigo y con mis antiguos consejeros y, por favor, preséntame a tu abuela. A ella la nombraré ministra.

Explica qué pasó al final del cuento.

a)

El rey nombró consejera a Carolina y ministra a su abuela.

b)

El rey nombró consejera a la abuela y ministra a Carolina.

6.

Un campo de trigo es un

a)

Trigal

b)

Maizal

c)

Fresal

d)

Arrozal

7.

Un campo de maiz es un

a)

Trigal

b)

Maizal

c)

Fresal

d)

Arrozal

8.

Un campo de fresas es un

a)

Trigal

b)

Maizal

c)

Fresal

d)

Arrozal

9.

Un campo de arroz es un

a)

Trigal

b)

Maizal

c)

Fresal

d)

Arrozal

10.

Los nombres de persona y de lugar se escriben con

a)

Letra inicial mayúscula.

b)

Letra inicial minúscula.

11.

Un nuevo parque

Ayer, la alcaldesa Blanca Vázquez inauguró

el nuevo parque del pueblo de Alamillos. Del cuidado de las plantas se ocupará Ana Belén, una vecina de la localidad de Olmedo.

Nombres de persona

a)

Blanca, Ana Belén.

b)

Alamillos, Olmedo.

12.

Un nuevo parque

Ayer, la alcaldesa Blanca Vázquez inauguró

el nuevo parque del pueblo de Alamillos. Del cuidado de las plantas se ocupará Ana Belén, una vecina de la localidad de Olmedo.

Nombres de lugar

a)

Blanca, Ana Belén.

b)

Alamillos, Olmedo.

13.

Una preciosa ciudad

Mis primos Arturo, Leonor y María del Mar se han ido a vivir a Barcelona.

a)

Texto correcto.

b)

Texto incorrecto.

14.

Una preciosa ciudad

Mis primos Arturo, Leonor y María del Mar se han ido a vivir a barcelona.

a)

Texto correcto.

b)

Texto incorrecto.

15.

Una preciosa ciudad

Mis primos arturo, Leonor y María del Mar se han ido a vivir a Barcelona.

a)

Texto correcto.

b)

Texto incorrecto.

16.

¿Qué ingredientes utilizarías para hacer una ensalada?

a)

Aceite y sal, rodajas de tomate, taquitos de queso y lechuga.

b)

Galletas, coco rallado, leche, mermelada de fresa y azúcar.

17.

¿Qué ingredientes utilizarías para hacer una tarta?

a)

Aceite y sal, rodajas de tomate, taquitos de queso y lechuga.

b)

Galletas, coco rallado, leche, mermelada de fresa y azúcar.

18.

Muy difícil

Patricia iba por la calle con su padre. De pronto, se fijó en un cartel.

–¿Of-tal-mó-lo-ga? –leyó con dificultad.

–Sí. Los oftalmólogos son los médicos que se ocupan de los problemas y enfermedades de los ojos. Es lo mismo que oculista.

–¡Ah, vale! ¡Qué palabra tan difícil!

–Un poco. Pero si quieres aprender una palabra dificilísima, esa es otorrinolaringólogo. Es el médico que cura los oídos, la nariz y la garganta.

–¡Uf, papá! Esa palabra la pronunciaré otro día.

a)

El oftalmólogo se ocupa de los problemas y enfermedades de los ojos.

b)

El oftalmólogo cura los oídos, la nariz y la garganta.

19.

Muy difícil

Patricia iba por la calle con su padre. De pronto, se fijó en un cartel.

–¿Of-tal-mó-lo-ga? –leyó con dificultad.

–Sí. Los oftalmólogos son los médicos que se ocupan de los problemas y enfermedades de los ojos. Es lo mismo que oculista.

–¡Ah, vale! ¡Qué palabra tan difícil!

–Un poco. Pero si quieres aprender una palabra dificilísima, esa es otorrinolaringólogo. Es el médico que cura los oídos, la nariz y la garganta.

–¡Uf, papá! Esa palabra la pronunciaré otro día.

a)

El otorrinolaringólogo se ocupa de los problemas y enfermedades de los ojos.

b)

El otorrinolaringólogo cura los oídos, la nariz y la garganta.

20.

La gallina

a)

Cacarea

b)

Aúlla

c)

Maúlla

d)

Rebuzna

21.

El lobo

a)

Cacarea

b)

Aúlla

c)

Maúlla

d)

Rebuzna

22.

El gato

a)

Cacarea

b)

Aúlla

c)

Maúlla

d)

Rebuzna

23.

El burro

a)

Cacarea

b)

Aúlla

c)

Maúlla

d)

Rebuzna

24.

Hace mucho tiempo, en un lejano país, vivía un rey que se había cansado de estar rodeado de viejos ministros y consejeros.

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

25.

–¡De nada me sirven sus opiniones! Necesito nuebas ideas. Personas jóvenes e inteligentes que me ayuden a gobernar –se decía a menudo el monarca.

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

26.

Así que, un día, ordenó a sus mensajeros:

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

27.

–Anunciar por todo el reino que busco jóvenes para que me aconsejen y trabajen conmigo. Los aspirantes tendrán que presentarse en palacio en el plazo de una semana y superar dos pruebas. Debe quedar claro que no podrán participar personas mayores.

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

28.

El día señalado, cientos de jóvenes acudieron a la cita en los jardines del palacio. Entre ellos se encontraba una muchacha llamada Carolina.

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

29.

Tras unos minutos de espera, el rei en persona salió al balcón y les dijo:

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

30.

–Mañana os espero aquí a esta misma hora. Debéis venir descalzos, pero calzados.

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

31.

Y sin mas explicaciones, el monarca se despidió y volvió a sus aposentos. Los jóvenes, cabizbajos, se dispersaron.

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

32.

Cuando Carolina llegó a casa, le contó a su abuela la complicada prueba propuesta por el rey y, en tono desesperado, exclamó:

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

33.

–¡Es inposible estar calzado y descalzo a la vez, abuela!

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

34.

La anciana se echó a reír e intentó tranquilizar a su nieta:

–¡Es muy fácil, hija! Ya verás...

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

35.

La muger cogió unos zapatos de Carolina, les descosió las suelas y se los dio. Cuando la joven se los puso, cumplían a la perfección las dos condiciones: por la parte superior parecían unos zapatos normales, por lo que la muchacha llevaba calzado; en cambio, las plantas de los pies iban en contacto con el suelo, como cuando se anda descalzo.

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

36.

–Abuela, ¡qué ingeniosa eres! Deberías presentarte tú a la prueba...

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

37.

–No. No puede ser. Ya saves que el rey no quiere ancianos a su lado.

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

38.

Al día siguiente, la muchacha acudió de nuevo a los jardines del palacio.

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

39.

El monarca paso revista a todos los candidatos: algunos iban con un solo zapato, otros con calcetines... Pero únicamente la solución de Carolina le pareció original y acertada.

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

40.

El rey, después de felicitar a la joven, propuso la segunda y última prueba:

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

41.

–Debeis traerme la planta que consideréis más hermosa y perfecta de la naturaleza, y tendréis que explicarme por qué la habéis elegido.

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

42.

Carolina volvió a casa preocupada y le dijo a su abuela:

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

43.

–Seguro que no podré superar esta prueba. Muchos de los candidatos bienen de lugares lejanos y traerán todo tipo de plantas exóticas... ¿Qué puedo llevar yo?

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

44.

La abuela salió de la casa y minutos después volvió con una espiga de trigo.

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

45.

–Le llevaras al rey esta espiga.

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

46.

La joven la miró con extrañeza. No sabía qué tenía de especial aquella planta común e insignificante. Pero la abuela le explicó a su nieta lo que tenía que decirle al monarca.

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

47.

A la mañana siguiente, tras varias horas de espera, le toco a Carolina presentar su planta. El rey la observó desconcertado.

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

48.

–¿Una espiga? ¿Esto es lo mejor que has encontrado?

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

49.

La joven tomo la palabra y, muy segura, habló así:

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

50.

–Majestad, para mí no hay nada más hermoso que un campo de trigo mecido por el viento. Ni nada más delicioso que el olor del pan recién hecho.

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

51.

–Tienes toda la razon, muchacha. Estoy completamente de acuerdo contigo.

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

52.

El monarca, con una gran sonrisa en el rostro, declaró ganadora a la joven. Luego, se dirigió a ella y le preguntó:

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

53.

–Y tu, ¿cómo has llegado a ser tan sabia?

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

54.

Carolina sabía que el mérito no había sido de ella, sino de su abuela, y no dudó ni un instante en contarle la verdad al rey:

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

55.

–Majestad, en las dos ocasiones ha sido mi avuela la que me ha aconsejado.

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

56.

El soberano se llevó una gran sorpresa, tanto por la sinceridad de la joven como por la admiración que demostraba hacia la anciana. Además, se dio cuenta de que él no había sabido valorar a las personas mayores como debía.

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto

57.

–Carolina, a partir de aora trabajarás conmigo y con mis antiguos consejeros y, por favor, preséntame a tu abuela. A ella la nombraré ministra.

a)

Texto correcto

b)

Texto incorrecto