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WorksheetsEVALUACION FINAL CIENCIAS SOCIALES TERCER PERIODO 10°
Total questions: 10
Worksheet time: 3hrs 30mins
Una verdadera revolución concebida para derrocar al gobierno y entronizar las fuerzas de izquierda y, de paso, hacer fracasar la Conferencia Panamericana, estalló el 9 de abril de 1948 con el asesinato del líder Jorge Eliécer Gaitán en una calle de Bogotá. La ciudad se convirtió en llamas; los saqueos, así como la destrucción de edificios públicos y escenas de terror se extendieron a todo el país.
El hecho del que habla el párrafo anterior se conoce con el nombre de:
Régimen del terror.
El bogotazo
Violencia bipartidista.
A y b son ciertas.
Una de las motivaciones de la muerte del Líder político Jorge Eliécer Gaitán pudo ser:
El desorden de los partidos políticos de la época.
La ineficacia de la participación política.
Las ideas que presentó en su programa de gobierno que no convenía a los dirigentes políticos tradicionales.
Todas las anteriores.
Una de las ideas de Jorge Eliécer Gaitán era la función social del Estado. Esta idea no era compartida por los liberales porque:
Afectaba las finanzas de quienes tenían los medios de producción.
El primero que debía tener libertad debía ser el estado.
En la época la libertad de los ciudadanos era limitada.
Los liberales se consideraban así mismos los luchadores de la libertad de expresión.
Después de los sucesos del 9 de abril el país no lograba la paz, incluso se debieron tomar medidas extremas como:
Decomiso de cédulas.
Fusilamientos selectivos.
Dictadura militar.
Frente nacional.
Una de las soluciones que surgieron para hacer frente a la violencia en Colombia se denominó Frente Nacional. Esta solución no consiguió su objetivo debido a:
Sólo soluciono el problema en un solo frente (El Norte).
Fue una salida que aunque contó con el pueblo, fue una iniciativa de los dirigentes políticos.
La iniciativa generó exclusión.
B y c son ciertas
Se puede decir que la exclusión política agudizó la situación de violencia. Los campesinos comenzaron a formar grupos para reclamar los derechos de las mayorías excluidas. A estos grupos se les llamó:
Revolucionarios.
Campesinistas.
Guerrillas.
Bipartidistas.
Una de las salidas a la violencia se presentó en forma de organizaciones reconocidas políticamente y que lucharon sin necesidad de las armas por los derechos de los más desprotegidos. Esas formas de organización se denominaron:
Movimientos Obreros.
Frente Nacional.
Grupos de Derechos Humanos.
Grupos de trabajo.
La guerra y sus memorias
Colombia apenas comienza a esclarecer las dimensiones de su propia tragedia. Aunque sin duda la mayoría de nuestros compatriotas se sienten habitualmente interpelados por diferentes manifestaciones del conflicto armado, pocos tienen una conciencia clara de sus alcances, de sus impactos y de sus mecanismos de reproducción. Muchos quieren seguir viendo en la violencia actual una simple expresión delincuencial o de bandolerismo, y no una manifestación de problemas de fondo en la configuración de nuestro orden político y social.
El carácter invasivo de la violencia y su larga duración han actuado paradójicamente en detrimento del reconocimiento de las particularidades de sus actores y sus lógicas específicas, así como de sus víctimas. Su apremiante presencia ha llevado incluso a subestimar los problemas políticos y sociales que subyacen a su origen. Por eso a menudo la solución se piensa en términos simplistas del todo o nada, que se traducen o bien en la pretensión totalitaria de exterminar al adversario, o bien en la ilusión de acabar con la violencia sin cambiar nada en la sociedad. Una lectura del conflicto en clave política mantiene las puertas abiertas para su transformación y eventual superación, lo mismo que para reconocer, reparar y dignificar a las víctimas resultantes de la confrontación armada. En este contexto, es un acontecimiento reciente la emergencia de las víctimas en la escena social y en los ámbitos institucionales y normativos. Tierra, verdad y reparación constituyen, en efecto, la trilogía básica de la Ley de Víctimas que inauguró un nuevo modo de abordar el conflicto en el Estado colombiano. Durante décadas, las víctimas fueron ignoradas tras los discursos legitimadores de la guerra, fueron vagamente conocidas bajo el rótulo genérico de la población civil o, peor aún, bajo el descriptor peyorativo de “daños colaterales”. Desde esta perspectiva, fueron consideradas como un efecto residual de la guerra y no como el núcleo de las regulaciones de esta. La polarización minó el campo de la solidaridad con las víctimas, incluso las movilizaciones ciudadanas contra modalidades de alto impacto, como el secuestro y la desaparición forzada, se inscribieron en esta lógica dominante en
el campo político. Las víctimas particularmente del paramilitarismo fueron puestas muchas veces bajo el lente de la sospecha, se establecieron en general jerarquías oprobiosas según el victimario, que tuvieron como correlato la eficacia o la desidia institucional, la movilización o la pasividad social.
Frente a la concepción que entiende la violencia como un fenómeno delincuencial o de bandolerismo, se reconoció la situación de violencia como un conflicto armado al principio del gobierno de Juan Manuel Santos. Entre otros aspectos, este reconocimiento tiene implicaciones para el ejército, porque:
Justifica legalmente sus acciones en el marco de un conflicto de carácter interno.
Se articula con los requisitos del Derecho penal internacional.
Le da la facultad de intervenir a través de jurisdicciones de tipo departamental.
Elimina barreras legales para hacer detenciones a sospechosos.
Para no re victimizar a las personas que han sufrido graves consecuencias por el conflicto armado que vive el país, el gobierno debería:
Brindar nuevas oportunidades de crecimiento económico, con programas de asistencia y capacitación.
Reconocer su condición a través de la búsqueda de la verdad y de medidas restaurativas.
Otorgar penas bajas a los victimarios para reinsertarlos en la sociedad con el compromiso de no repetición.
Desarticular los grupos armados a través de la combinación de acciones militares y la búsqueda de la paz.
La visión guerrerista que encasilla a las víctimas bajo el rótulo de “daño colateral”, afecta el análisis de las graves violaciones a los Derechos Humanos que cometió el paramilitarismo porque:
Prioriza la fórmula de las comunidades que tienen derechos en el contexto del Estado social.
Convierte a la población en sujeto jurídico colectivo, sin establecer distinciones entre las víctimas.
Promueve la perspectiva de la población civil que se encuentra bajo amenaza grave contra la vida.
Inserta a las víctimas en el ámbito de “bajas” en el contexto de los enfrentamientos e incursiones.
