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Total questions: 8

Worksheet time: 6mins

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1.

La nave espacial que mayor distancia ha viajado está en algún punto de la constelación de Ofiuco. Se trata de la Voyager 1, una vetusta sonda que fue lanzada el 5 de septiembre de 1977 y que aún sigue funcionando, según dijeron algunos de sus creadores, gracias a que no tiene ordenadores a bordo. Está tan lejos, que la luz del Sol tarda en llegar hasta ella 20 horas, cuatro minutos y 35 segundos, cuando la luz de nuestra estrella solo tarda ocho minutos y 20 segundos en llegar a la Tierra.

Puede parecer que la Voyager 1 ha llegado muy lejos, pero solo si no recordamos que los límites teóricos del Sistema Solar están a una distancia de un año luz. O si no tenemos en cuenta que la estrella más cercana, Próxima Centauri, está a alrededor de 4,24 años luz. La Voyager 1 necesitaría 90.000 años para llegar hasta ella a su velocidad actual. Es cierto que esta no es una nave especialmente veloz, pero los vehículos más rápidos de todos los tiempos necesitarían milenios para llegar hasta nuestra vecina galáctica.

La necesidad de viajar a las estrellasEl divulgador y físico Michio Kaku se plantea si alguna vez estas distancias podrían acortarse, y si el hombre podría llegar a pisar planetas en torno a estrellas distintas al Sol. En «El futuro de la humanidad» (Debate) dibuja un futuro en el que la humanidad probablemente tenga que dejar atrás la Tierra no por curiosidad y afán de conocimiento, sino por simple supervivencia.

La historia del planeta muestra que cada cierto tiempo ocurren erupciones volcánicas, asteroides y extinciones masivas. ¿Qué haremos cuando ocurra? ¿No deberíamos tratar de colonizar otros mundos? Por ello, describe varias tecnologías futuristas pero factibles que podrían usarse para colonizar Marte, prolongar la longevidad y construir robots autorreplicantes.

Michio Kaku destina uno de los capítulos a las naves y a los propulsores interestelares. Ninguno de ellos ha despegado del papel, pero todos son, hoy por hoy, los ingenios más factibles para la difícil empresa de superar la barrera marcada por la inmensidad del Universo y la finitud de nuestras vidas.

De entrada, este divulgador deja claro que la solución más sencilla, que sería construir un cohetes gigantesco, sería imposible. «Necesitaría una cantidad de combustible directamente exponencial a su velocidad, y un cohete químico no puede cargar suficiente combustible para un viaje de esa distancia», escribe Kaku.

ÍNDICE TOP1. Lo más realista, el disparo interestelar 2. Izad las velas... solares 3. Motores iónicos 4. Cohetes de fusión 5. Astronaves de antimateria 6. Estatorreactores de fusión 7. Motores de curvatura 8. El impulso de Alcubierre

1. Lo más realista, el disparo interestelar

Concepto de vela láser para enviar «nanovaes» a Alfa Centauri - Breaktrough Starshot

Entonces, ¿cómo llegaremos tan lejos? ¿El cine nos esta dando pistas? Casi cualquier película de ciencia ficción muestra relucientes y hermosas naves espaciales, con amplios habitáculos y todo tipo de lujos y comodidades (incluyendo fuentes propias de gravedad, duchas o piscinas). Las cintas más oscuras y terroríficas apuestan por buques más grasientos y repletos de tuberías, pero igualmente grandes y profundos, semejantes a enormes petroleros. Pero lo cierto es que tanto unas como otras poco tienen que ver con las claustrofóbicas cápsulas espaciales de las Soyuz, o con el humilde interior de la Estación Espacial Internacional, tan pequeño, diáfano, incómodo y (aparentemente) ingrávido.

Así que, ¿qué debemos esperar? ¿Cómo serán las primeras naves capaces de llevarnos a otras estrellas? Según escribe Michio Kaku en «El futuro de la humanidad», «en términos realistas, nuestras primeras naves interestelares no estarán tripuladas y no se parecerán en nada a los grandes y resplandecientes vehículos que aparecen en las películas. De hecho, puede que no sean mayores que un sello de correos».

Kaku se refiere al proyecto Breaktrough Starshot, respaldado por Stephen Hawking, Yuri Milner o Mark Zuckerberg, y que, desde 2016, propone desarrollar «nanonaves». Estas estarían compuestas por sofisticadísimos chips instalados en velas estelares y que se moverían gracias al empuje generado por una potente fuente de rayos láser situada en la Tierra.

100 gigavatios y una vela láserCada uno de estos chips tendría el tamaño de un pulgar, pesaría unos 25 gramos y contendría miles de millones de transistores. Según dijo Hawking, una inversión de 10.000 millones de dólares bastaría para que, en solo una generación, se pudiesen enviar estas pequeñas sondas hasta Alfa Centauri. Según sus cálculos, una potencia de 100.000 millones de vatios bastaría para acelerar una de estas velas a un quinto de la velocidad de la luz, y cubrir esta distancia en 20 años.


La gran ventaja de este proyecto es que su precio no es desorbitado (sobre todo si recordamos que cada vuelo de las lanzaderas espaciales costaba casi mil millones de dólares) y que se basa en una tecnología relativamente actual. La técnica ya permite empaquetar los chips de forma espectacular y a bajo coste.

Un problema aparte es construir la batería de los láseres y satisfacer sus demandas energéticas. Si una planta nuclear genera un millón de vatios de potencia, haría falta una potencia 100.000 veces mayor para impulsar la vela hasta Alfa Centauri.

Según explica Michio Kaku, una solución para este cuello de botella sería desarrollar nuevas fuentes de energía o construir la batería de láseres en la luna, a salvo del efecto amortiguador de la atmósfera terrestre. Otra dificultad sería conseguir la precisión suficiente como para apuntar a las velas y bombardealas durante al menos 2 minutos, tal como se requiere. El más mínimo desvío de la vela haría que la misión fracasase.

2. Izad las velas... solares

Esquema de la sonda IKAROS, que en 2010 viajó hasta Venus impulsada por una vela solar - Andrzej Mirecki

En realidad, las velas láser son solo una variante de las velas solares, unos dispositivos que aprovechan el diminuto empuje del viento solar, compuesto por fotones y otras partículas de alta energía, como si se tratase de una brisa marinera. «De hecho –escribe Michio Kaku– muchas de las ecuaciones que se emplean para guiar barcos de vela se pueden aplicar también a las velas solares en el espacio exterior».

Pero un momento, ¿la luz empuja? Johannes Kepler observó este efecto cuando comprobó que las colas de los cometas siempre apuntan en dirección contraria al Sol. Julio Verne imaginó un futuro en que «tendremos velocidades mucho mayores, cuyo agente mecánico será probablemente la luz o la electricidad».

Parece que las predicciones de Verne están en camino de cumplirse. La NASA ya ha hecho algunos intentos para usar velas solares (aunque ha perdido el interés por ellas) y, en 2010, la agencia espacial japonesa (JAXA) desplegó un satélite, llamado IKAROS, equipado con una vela de 14x14 metros y que fue capaz de llegar a Venus en tan solo seis meses gracias al empuje del Sol.

Según los cálculos del físico Geoffrey Landis, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), una vela capaz de llegar a Alfa Centauri tendría que estar compuesto por una capa ultrafina de un material similar al diamante con cientos de kilómetros de longitud. Formaría parte de una nave gigantesca, de un millón de toneladas, y necesitaría cantidades de recursos totalmente ingentes. A bordo, viajarían varias generaciones de tripulantes dispuestos a emprender un viaje de dos siglos. Por si acaso esto queda muy lejos, Landis está trabajando en la vela del proyecto Breaktrhough Starshot. Quedémonos en los chips, por el momento.

3. Motores iónicos

Sonda BepiColombo. Actualmente, viaja a Mercurio impulsada por sofisticados motores iónicos - ESA/JAXA

Si encendiéramos un cohete espacial dentro de un laboratorio, en cuestión de una fracción de segundo de nosotros solo quedaría el recuerdo. Estos propulsores, que pueden ser de combustible líquido o sólido, se caracterizan por generar mucho empuje durante un tiempo muy corto. Pero hay otros conceptos, como el motor iónico, que generan un empuje escaso pero durante un tiempo muy largo.

¿Qué pasaría si encendiéramos un motor iónico, como el usado en la misión BepiColombo, en un laboratorio? «El empuje de los motores iónicos es tan desesperadamente pequeño que, cuando se enciende, parece que no ocurre nada», escribe Michio Kaku en «El futuro de la humanidad».

Estos motores funcionan arrancándole los electrones a un gas, como el xenón, para generar iones. Después, su fucionamiento consiste en acelerar estos iones para expulsarlos al exterior, por medio de un campo eléctrico. El resultado es que obtenemos un vehículo con muy poca aceleración pero capaz de recorrer enormes distancias.

Tal como recuerda Michio Kaku, otra opción es ionizar el gas por medio de microondas u ondas de radio y acelerar sus iones después. Esto se llama motor de plasma y, en teoría, «podría reducir la duración del viaje a Marte de nueve meses a menos de 40 días». El inconveniente de este concepto es que, para un viaje interplanetario, requiere tanta electricidad como la generada por una planta nuclear.

Con todo, y teniendo en cuenta el trabajo de desarrollo que ya se ha hecho, según Kaku «lo más probable es que, a finales de este siglo, los motores iónicos sean la columna vertebral de las expediciones interplanetarias».

4. Cohetes de fusión

La fusión nuclear se podría usar en el futuro para impulsar naves espaciales - ABC

Las velas solares y los motores iónicos son sólidos y fiables. Pero, en un futuro, es posible que se aprovechen diseños que hoy son extremadamente caros pero que tienen una base física sólida y factible. Al menos en teoría.

Uno de estos diseños es el de los cohetes de fusión. Consisten en liberar el poder de la fusión para, por ejemplo, calentar un líquido que después se deja salir por un tubo. El principal problema es que requieren poder confinar el combustible en un campo magnético, porque este se calienta tanto que destruiría cualquier material.

En la actualidad, el primer reactor experimental de fusión (ITER, siglas en inglés de Reactor Termonuclear Experimental Internacional) no empezará a funcionar hasta 2035, por lo menos, y tras una inversión de 12.000 millones de euros. En teoría, porque todavía no se ha resuelto el problema de cómo confinar el poder de la fusión. «Afirmamos que introduciremos el Sol en una caja –en su corazón se producen las reacciones de fusión nuclear con las que se alimenta y nos ilumina–. La idea es bonita. El problema es que no sabemos cómo hacer la caja», dijo el Nobel Pierre-Gilles de Genes.

Fusión láserOtra opción es el confinamiento inercial. Esta idea se basa en la fusión láser, en la que una serie de gigantescos rayos comprimirían una pequeña bola de material rico en hidrógeno con el que arrancar la fusión.

«Como idea, el cohete de fusión nuclear es un concepto sólido, pero la energía producida por la fusión no está demostrada», escribe Michio Kaku. «Además, el tamaño y la complejidad de estos hipotéticos cohetes arroja dudas sobre su viabilidad, al menos en este siglo. Aun así, junto con las velas solares, el cohete de fusión parece lo más prometedor», concluye el divulgador.

5. Astronaves de antimateria

«USS Enterprise», una nave impulsada por la antimateria - ABC

¿Por qué no pensar a lo grande? ¿Por qué no hacer realidad los motores de antimateria de Star Trek? A fin de cuentas, estos utilizarían la mayor fuente de energía del Universo: la transformación directa de materia en energía por medio de colisiones entre materia y antimateria.

Tal como recuerda Michio Kaku, la antimateria tiene la carga contraria de la materia. Cuando ambas chocan, quedan aniquiladas y se transforman en energía pura, con un 100 por cien de eficiencia.

Pero, ¿cómo impulsarían una nave? «(La antimateria) se almacenaría en recipientes de seguridad y se introduciría en una cámara en corrientes uniformes. Allí, se combinaría con materia normal y el resultado sería un estallido de rayos gamma y X. A continuación, la energía se haría salir por una abertura para generar impulso».

En busca de la antimateriaEste concepto es fabuloso, pero el principal problema es que la antimateria solo se puede generar en cantidades muy pequeñas. Según dijeron los científicos del CERN, si juntasen toda la antimateria generada hasta ahora con sus colisiones, solo tendrían energía suficiente como para encender una bombilla eléctrica durante unos minutos. No parece muy impresionante.

«La antimateria es el material más caro del Universo. A los precios actuales, un gramo costaría unos sesenta billones de euros», escribe Michio Kaku.

Además, confinar la antimateria, y evitar que choque con la materia del recipiente, requiere usar complejas trampas iónicas. Uno de los últimos «detalles» que dificultan todavía más los motores de antimateria es que las propiedades de esta forma de materia están casi inexploradas.

«No se sabe, por ejemplo, si cae hacia arriba o hacia abajo. La física moderna predice que lo hará hacia abajo, como la materia normal. De ser así, la antigravedad no sería posible», según el autor de «El futuro de la humanidad». Sea como sea, según el autor estos propulsores serán un sueño durante el próximo siglo.

6. Estatorreactores de fusión

Paisaje de fantasía, con dos grandes naves espaciales en el cielo - ABC

Otra opción es recurrir al poder de la fusión nuclear pero usando como «combustible» el hidrógeno que se encuentra por el espacio. El resultado es el estatorreactor de fusión, una especie de embudo que captura este elemento y lo aprovecha para quemarlo por medio de la fusión.

Por desgracia, para que esto fuera realidad, sería necesario construir un embudo de cientos de kilómetro de diámetro y dominar, por fin, el poder de la fusión. Aparte, nuestro vecindario tiene tan poco hidrógeno que no se podría generar el impulso suficiente para mover una nave.

Además, Michio Kaku reflexiona sobre un fenómeno, reflejado en la novela «Tau Cero», de Poul Anderson, en el que uno de estos artefactos sufre una avería y no puede apagarse.

Una de las primeras e hipotéticas consecuencias sería que aceleraría más y más, fuera de control, hasta llegar a velocidades relativistas, próximas a las de la velocidad de la luz. El tiempo de la nave se ralentizaría. Dentro todo transcurriría con normalidad, pero en relación con este sistema el envejecimiento del resto del Universo se aceleraría. Quienes viajaran a bordo verían el paso de millones de años a través de la ventanilla.

Colisiones a la velocidad de la luzOtra consecuencia más verosímil de viajar a velocidades relativistas es que cualquier colisión con cualquier partícula puede poner fin a la existencia de dicha nave. Los campos de fuerza, totalmente ficticios, no podrían frenar a partículas no cargadas (como motas de polvo o trozos de plástico). Además, frenar un ingenio así sería todo un quebradero de cabeza.

7. Motores de curvatura

Concepto de nave diseñada para viajar a través de puentes Einstein-Rosen - NASA

Allá donde la antimateria o la fusión no llegan, puede entrar en juego la curvatura. Albert Einstein postuló en 1915 que el espacio y el tiempo, que antes se pensaba que eran inertes y estáticos, en realidad son dinámicos, como sábanas lisas que se pueden doblar, estirar y curvar, a demanda de la masa.

Según esta hipótesis, la Tierra no gira alrededor del Sol debido al tirón gravitatorio de este, sino porque el Sol deforma el espacio a su alrededor. Es decir, el tejido del espacio-tiempo empuja a la Tierra y hace que se mueva en una trayectoria curva alrededor del Sol. La gravedad no tira, es el espacio tiempo quien empuja. Newton tendría pesadillas.

Esto lleva a que, a partir de una cierta masa, la curvatura del espacio-tiempo sea tal que la trama se desgarre y aparezca un agujero negro, y, quizás, un portal a través del espacio-tiempo, el llamado puente de Einstein-Rosen o agujero de gusano.

Todos hemos visto uno... en las películas. Se supone que cada vez que atravesáramos uno saldríamos a un Universo diferente. Para ello haría falta que el agujero estuviera girando de forma que sus paredes no colapsaran. De lo contrario, la gravedad nos convertiría en papilla espacial.

Un truco para evitar este cruel destino es estabilizar artificialmente uno de estos anillos añadiendo algo llamado «materia negativa» o «energía negativa». Esta materia nunca se ha detectado (no hay que confundirla con la antimateria, que se genera en aceleradores de partículas) y en teoría podría poseer extrañas propiedades antigravitatorias.

El fantasmal efecto CasimirLa teoría cuántica contempla la existencia de energía negativa a través del efecto Casimir. Ocurre porque en el vacío existen partículas de materia y antimateria que se materializan brevemente y que después se destruyen, tan rápidamente que no violan el principio de que la cantidad total de materia y de energía en el Universo es siempre la misma.

Esta constante agitación genera una «presión», capaz de crear un empuje que parece venir de ninguna parte. Para un constructor de naves la magnitud de este efecto puede resultar despreciable, pero para un físico que manipula átomos puede llegar a ser un incordio. Pero, ¿qué pasaría si se pudiera acumular energía negativa en altas cantidades?

Crear una suficiente cantidad de esta exótica forma de energía está más allá de nuestro alcance, pero en teoría existen otras formas de deformar el espacio-tiempo. Así se podría hacer realidad la hiperpropulsión de la que tanto se beneficia el Halcón Milenario.

8. El impulso de Alcubierre

ABC

El físico Miguel Alcubierre tuvo una genial idea. ¿Y si es la propia nave la que dobla el espacio-tiempo? ¿Y si lo comprime tanto que sean las propias estrellas las que se acerquen?

Tal como escribe Michio Kaku, «una astronave equipada con el impulso de Alcubierre tendría que estar rodeada por una burbuja de distorsión, una burbuja hueca de materia y energía. El espacio-tiempo dentro y fuera de la burbuja estarían desconectados. Cuando la astronave acelera, la gente en su interior no sentiría nada; tal vez ni se dieran cuenta de ello, a pesar de que estarían viajando más deprisa que la luz».

El problema es que esta burbuja hueca requeriría usar materia o energía negativas. Tampoco parece muy verosímil que piloto alguno pudiera controlar esta burbuja y, por tanto, establecer un rumbo. Los últimos cálculos indican que harían falta tanta materia o energía negativas para generar esta burbuja como la masa del planeta Júpiter. No parece algo que se vaya a conseguir pasado mañana.

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2.

Ocho naves espaciales con las que podremos abandonar el Sistema Solar

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3.

Tres formas de viajar (casi) a la velocidad de la luzLos científicos estudian el modo en que las partículas se aceleran con el objetivo, entre otras cosas, de mantener seguras las misiones espaciales

ABC CienciaMADRID Actualizado:03/06/2019 16:13h

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Hace unos días se conmemoraba el centenario de la verificación de la teoría de la relatividad general de Albert Einstein, las ideas que son la base de cómo entendemos el mundo a día de hoy. Un eclipse probaba cómo la luz se curva por acción de la gravedad, dando la razón al genial físico y quitándosela al mismísimo Isaac Newton. Pero los postulados de Einstein iban más allá: ya en su teoría de la relatividad especial -a la que nadie hizo demasiado caso- afirmaba que la luz era mucho más y que sus partículas viajaban a través de un vacío a un ritmo constante de 299.792.458 metros por segundo (1.080.000.000 kilómetros por hora), una velocidad que es inmensamente difícil de alcanzar e imposible de superar en ese entorno. Una idea revolucionaria que aún hoy brinda orientación para que comprendamos, entre otras cosas, la mecánica del espacio, y mantener a las naves espaciales y los astronautas a salvo de la radiación.

En todo el universo, desde los agujeros negros a nuestro entorno cercano a la Tierra, las partículas, de hecho, se aceleran a velocidades increíbles, incluso alcanzando el 99,9% de la velocidad de la luz. Uno de los trabajos de las agencias espaciales es comprender mejor cómo se aceleran estas partículas. El estudio de estas partículas súper rápidas, llamadas también relativistas, puede ayudar a proteger futuras misiones a la Luna, a Marte, para conocer más en profundidad nuestro vecindario cósmico o, quien sabe si, como algunos apuntan, crear nuevos sistemas de propulsión de nuestras naves. Pero, ¿cómo se consiguen estas aceleraciones casi de ciencia ficción? Los científicos apuntan hacia tres formas concretas, tal y como recoge el portal especializado Phys.org.

Campos electromagnéticosLa mayoría de los procesos que aceleran las partículas a velocidades relativistas funcionan con campos electromagnéticos, la misma fuerza que mantiene los imanes pegados a tu nevera. Los dos componentes, el campo eléctrico y el magnético, como dos caras de la misma moneda, trabajan juntos para mover partículas a velocidades relativistas en todo el universo.

En esencia, los campos electromagnéticos aceleran las partículas cargadas porque éste las empuja, de manera similar a como la gravedad atrae a los objetos con masa. En las condiciones adecuadas, los campos electromagnéticos pueden acelerar las partículas a una velocidad cercana a la de la luz.

En la Tierra, los campos eléctricos a menudo se aprovechan los laboratorios -aunque a menor escala- para realizar experimentos en los laboratorios. Pero no son tan pequeños como pueda parecer: los aceleradores de partículas, como el Gran Colisionador de Hadrones y el Fermilab -que ocupan decenas de kilómetros-, usan campos electromagnéticos pulsados para acelerar las partículas cargadas hasta un 99.99999896% de la velocidad de la luz. A estas velocidades, las partículas pueden romperse para producir colisiones con inmensas cantidades de energía. Esto permite a los científicos buscar partículas elementales y comprender cómo era el universo en las primeras fracciones de segundo después del Big Bang.

Explosiones magnéticasLos campos magnéticos están en todas partes en el espacio: rodeando la Tierra y abarcando el Sistema Solar. Son responsables de guiar a las partículas cargadas que se mueven a través del espacio, las cuales giran a su alrededor.

Cuando estos campos magnéticos chocan entre sí, pueden enredarse. Y en el momento en que la tensión entre las líneas cruzadas se vuelve demasiado grande, las líneas se rompen y se vuelven a alinear de manera explosiva. Se trata de un proceso conocido como reconexión magnética: el veloz cambio en el campo magnético de una región crea campos eléctricos, lo que hace que todas las partículas cargadas se desplacen a altas velocidades. Los científicos sospechan que la reconexión magnética es una forma en que las partículas, por ejemplo, el viento solar -que es el flujo constante de partículas cargadas del sol-, se aceleran a velocidades relativistas.

Pero esas partículas rápidas también crean variedad de efectos secundarios cerca de los planetas. Así, en nuestro planeta podemos observarlos en forma de auroras boreales: cuando se produce una reconexión magnética en el lado de la Tierra que está alejado del Sol, las partículas pueden lanzarse a la atmósfera superior denuestro planeta, donde producen las auroras. También se piensa que la reconexión magnética es responsable de otros efectos alrededor de otros planetas como Júpiter y Saturno, aunque de formas ligeramente diferentes.

Los resultados de los datos analizados pueden ayudar a los científicos a comprender la aceleración de partículas a velocidades relativistas alrededor de la Tierra y en todo el universo.

Interacciones onda-partículaAparte de los dos métodos ya citados, las partículas pueden acelerarse por interacciones con ondas electromagnéticas, llamadas interacciones onda-partícula. Cuando las ondas electromagnéticas chocan, sus campos pueden comprimirse. Las partículas cargadas que rebotan entre las ondas ganan energía, como una bola entre dos superficies que se acercan.

Estos tipos de interacciones ocurren constantemente en el espacio cercano a la Tierra y son responsables de acelerar las partículas a velocidades que pueden dañar la los componentes electrónicos de las naves espaciales y los satélites en el espacio.

También se piensa que las interacciones onda-partícula son responsables de acelerar algunos rayos cósmicos que se originan fuera de nuestro Sistema Solar. Después de una explosión de una supernova, una capa densa y caliente de gas comprimido -llamada onda expansiva- se expulsa del núcleo estelar. Llenas de campos magnéticos y partículas cargadas, las interacciones onda-partícula de estas burbujas pueden lanzar rayos cósmicos de alta energía al 99.6% de la velocidad de la luz. Además, se cree que las interacciones onda-partícula también pueden ser parcialmente responsables de acelerar el viento solar y los rayos cósmicos del Sol.

COMENTAR LA NOTICIATEMASAlbert Einstein Astrofísica Física cuántica Sistema solar LHC (Gran colisionador de hadrones) Energía solar Marte Ciencia Tormenta solar Observatorios astronómicos Aceleradores de partículas Planetas Científicos

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Cohetes nucleares: a la conquista del Sistema SolarPor Daniel Marín, el 23 noviembre, 2010. Categoría(s): Astronáutica • Cohetes • Historias de la Cosmonáutica • NASA • Rusia • sondasesp ✎ 68

El 1 de septiembre de 1962 resultó ser un día clave para la historia de la exploración espacial. En un remoto lugar del desierto de Nevada se iba a efectuar una prueba con un reactor nuclear de fisión. Aparentemente se trataba de un ensayo rutinario, pero éste no era un reactor convencional. El dispositivo, denominado Kiwi B1B, era un prototipo de motor nuclear. Había sido diseñado con el fin de probar las tecnologías necesarias para construir naves espaciales capaces de llevar seres humanos hasta la Luna o Marte.

La prueba comenzó como estaba previsto. El reactor fue activado y el hidrógeno líquido -que hacía las funciones de propelente y refrigerante al mismo tiempo- comenzó a fluir a través del núcleo. Al entrar en contacto con las barras de combustible a 2000º C, el hidrógeno se calentó súbitamente. El gas resultante sería expulsado por una tobera situada en la parte superior del dispositivo.


Reactor Kiwi (Kiwi A’) (NASA).


Prueba de un motor nuclear térmico durante el programa NERVA (NASA).

Sin embargo, apenas un minuto después de alcanzar su potencia máxima, las barras de combustible del reactor empezaron a fracturarse. Pedazos de material fisible -dióxido de uranio- e isótopos radiactivos generados durante la fisión fueron expulsados a la atmósfera a través de la tobera. La prueba se canceló inmediatamente.

Ninguno de los allí presentes podía sospechar entonces que el incidente del reactor Kiwi B1B terminaría por marcar un punto de inflexión en la popularidad de este sistema de propulsión. Por aquella época, los motores nucleares térmicos prometían hacer realidad un viaje tripulado a Marte a principios de los años 80. Medio siglo después, seguimos atrapados en la órbita baja. La historia del motor nuclear es la historia de los sueños frustrados de la exploración espacial.


Diseño de nave soviética con propulsión nuclear para un viaje a Marte (RKK Energía).

Propulsión nuclear en el espacio

Poner un objeto en órbita requiere mucha energía. El pozo gravitatorio de nuestro planeta es muy profundo y resulta complicado alcanzar la velocidad orbital de 8 km/s. Desde el inicio de la era espacial, la propulsión química ha sido usada en todos los lanzadores y en la inmensa mayoría de naves espaciales fabricadas por el ser humano. No es una mala opción para alcanzar la órbita terrestre, pero si queremos viajar más allá de la Luna está claro que necesitamos algo mejor. Junto a otras alternativas, la propulsión nuclear es una de las grandes esperanzas de la exploración tripulada del Sistema Solar. Frente a las limitaciones de los motores químicos tradicionales, la energía nuclear promete alcanzar elevados empujes e impulsos específicos, necesarios para poder hacer realidad un viaje a Marte.

Hay dos formas principales para aprovechar la energía nuclear en misiones espaciales. La primera, más simple como concepto, es la propulsión nuclear térmica. Según este sistema, el calor generado por un reactor de fisión se utiliza para calentar un propelente que actúa como fluido de reacción. La otra es la propulsión nuclear eléctrica, consistente en usar un reactor nuclear para alimentar una serie de motores eléctricos (iónicos o de plasma). En esta entrada estudiaremos la propulsión nuclear térmica.


Versión de nave tripulada marciana con propulsión nuclear eléctrica de RKK Energía. También se puede ver el escudo térmico del aparato de descenso marciano y una nave Klíper para el regreso a la Tierra (RKK Energía).

Motores nucleares térmicos

Todo el mundo sabe que la fisión nuclear permite generar enormes cantidades de energía, así que resulta natural pensar que podemos usarla de algún modo para propulsar un vehículo por el espacio. Pero, aunque intuitivamente estemos seguros de las bondades energéticas de la fisión, debemos demostrar primero que, efectivamente, un motor nuclear puede ser superior a uno químico. Para ello tenemos que entender básicamente el funcionamiento de un motor convencional.

La eficiencia de un motor cohete se mide por el impulso específico (Isp), que es proporcional a la velocidad de escape de las partículas que salen por la tobera. Esta velocidad depende a su vez de la temperatura y la masa molecular de las partículas. Lo primero es fácil de entender: al aumentar la temperatura, las moléculas se mueven más rápidamente. Al fin y al cabo, no olvidemos que la temperatura es en realidad una medida de la energía cinética de un sistema de partículas. Pero aquí nos encontramos con la primera gran limitación del motor cohete químico, ya que la temperatura de la cámara de combustión viene determinada por la reacción química que tiene lugar en ella. No podemos aumentar la temperatura sin cambiar de propergoles. De todas formas, no estamos hablando de temperaturas especialmente bajas. Por poner un ejemplo, un motor criogénico que quema hidrógeno y oxígeno líquidos puede alcanzar fácilmente 3000º C dentro de la cámara.


Prueba de un motor principal del transbordador espacial (SSME), un motor químico criogénico (NASA).

El segundo parámetro que influye en el Isp es también sencillo de asimilar. Cuanto menor sea la masa de las moléculas que escapan por la tobera, mayor será su velocidad, ya que si tenemos dos objetos de distinta masa con la misma energía cinética, el más ligero tendrá una velocidad mayor. En los motores químicos, esta masa viene dictada por el tipo de reacción que hayamos elegido. Por ejemplo, en un motor criogénico el escape está formado por moléculas de agua (con una masa de 18 uma cada una). Es por esto que en este tipo de motor podemos obtener un mayor Isp si introducimos en la cámara de combustión más hidrógeno del necesario. Aunque la temperatura de la cámara desciende, esto se compensa por la mayor velocidad que adquieren las moléculas de hidrógeno (con una masa molecular de sólo 2 uma).

Bien, entonces, ¿qué pasa con un motor nuclear térmico? En este caso, no estamos limitados por la temperatura, ya que teóricamente podemos alcanzar millones de grados celsius dentro de un reactor de fisión. En realidad, el problema es más bien el contrario: debemos aprender a controlar estas temperaturas tan elevadas sin que los materiales que forman la estructura del motor se fundan.

En cuanto a la masa molecular del escape, podemos usar casi cualquier sustancia como propelente. Simplemente necesitamos que entre en contacto directo con el reactor para que se caliente y salga despedida por la tobera. En teoría podríamos usar agua, amoniaco, lejía o, incluso, un refresco gaseoso del supermercado, da lo mismo. Pero, como hemos visto, lo ideal es emplear una sustancia con la menor masa molecular posible, así que el hidrógeno es a veces el mejor candidato para servir como propelente en un motor nuclear. Y decimos a veces porque, a la hora de la verdad, esto no es tan simple. Para mantener el hidrógeno en estado líquido se necesita refrigerarlo hasta los -250º C, lo cual resulta complicado, especialmente si queremos usarlo en el espacio profundo. Además, a partir de los 2500 K, el hidrógeno molecular empieza a disociarse en hidrógeno atómico dentro de la cámara, disminuyendo el Isp final. Por estos motivos, hay diseños que emplean otras sustancias como metano o amoniaco.

En cualquier caso, es indiferente si usamos hidrógeno, metano, agua o amoniaco. Al hacer números tenemos que un motor térmico nuclear puede alcanzar sobre el papel un Isp de hasta 10000 segundos, mientras que el de un motor químico criogénico es de unos 450 segundos. Queda demostrado por tanto que, teóricamente, la propulsión térmica nuclear es mejor que la química. El siguiente paso es saber si es posible construir un motor de este tipo con la tecnología existente.

Construyendo un motor nuclear térmico

Según lo que hemos visto hasta ahora, un motor nuclear térmico seguiría el siguiente diseño:


Motor nuclear térmico NERVA (NASA).

El hidrógeno líquido (o, recuerda, cualquier otro fluido adecuado) pasa por el reactor, se calienta hasta alcanzar altísimas temperaturas y sale expulsado a gran velocidad por la tobera. La opción más simple es hacer que el propelente se limite a rodear el núcleo del reactor, ya que de este modo podríamos usar varios diseños de reactores comerciales. El problema es que la temperatura alcanzada por este sistema sería muy baja y el Isp no superaría los 500 segundos. Aunque nos pueda parecer extraño, en la Unión Soviética se estudiaron seriamente estos diseños a finales de los años 50. Paradójicamente, por entonces se pensaba que era más fácil construir un motor nuclear de este tipo que desarrollar la tecnología criogénica. Está claro que si realmente queremos aprovechar al máximo las capacidades de este sistema de propulsión, hay que hacer que el propelente atraviese el núcleo del reactor.

El reactor tendría por tanto forma cilíndrica y estaría formado por barras con el material fisible más el moderador, todo ello con huecos por donde fluiría el hidrógeno, que actuaría al mismo tiempo como propelente y refrigerante. La estructura estaría rodeada de un material capaz de reflejar los neutrones de la fisión, para disminuir así el tamaño del reactor y poder controlar la criticidad del mismo.

Fácil, ¿no? Lamentablemente, esta aparente sencillez es engañosa. Existen varios factores que condicionan el diseño del reactor de un motor nuclear. El primero, obviamente, es el tamaño. Está claro que no sería muy práctico utilizar un reactor que pese miles de toneladas en una nave espacial, ya que perderíamos cualquier ventaja en el Isp que nos pudiera ofrecer la propulsión nuclear. El tamaño de un reactor depende de varios factores, pero -simplificando mucho- podemos decir que es proporcional a la cantidad de uranio-235 que existe en el combustible. Un reactor que use uranio enriquecido al 90% (es decir, 90% de uranio-235 y 10% de uranio-238) podría ser muy pequeño y disfrutaría de una estupenda relación peso-empuje. Tendríamos entonces una fisión rápida gracias a los neutrones epitérmicos y prácticamente no necesitaríamos moderador. El combustible podría ser una mezcla de dióxido de uranio con cerámica y material refractario (tungsteno, por ejemplo).

El problema es que el uranio enriquecido al 90% no es algo que uno pueda comprar en la farmacia de la esquina, precisamente. Además de su altísimo coste, existen serias restricciones al uso de este material para evitar la proliferación de armas nucleares. Un reactor de plutonio presentaría problemas económicos y de seguridad aún mayores, por lo que queda fuera de la discusión. Hay que llegar por tanto a un compromiso entre el grado de enriquecimiento del uranio usado como combustible y la cantidad de moderador (normalmente grafito o hidruro de zirconio). Por lo general, cuanto más moderador tengamos, más grande y pesado será el reactor.

La segunda limitación es la temperatura. Sí, hemos dicho que la temperatura no es un factor límite en un motor nuclear, pero esto es sólo en teoría. A la hora de construirlo debemos elegir los materiales adecuados que puedan aguantar la temperatura de un reactor si queremos que éste permanezca en estado sólido. ¿Qué materiales podemos usar? Veamos la siguiente tabla:


Observando los datos, está claro que un reactor no puede estar compuesto de uranio puro, ya que su temperatura de fusión es de 1400 K, muy por debajo de los 3200 K que se alcanzan con un motor criogénico. Si queremos adelantar a la propulsión química, necesitamos mayores temperaturas para superar su rendimiento. Además, un reactor de uranio puro es sumamente peligroso, ya que corremos el riesgo de que el núcleo se derrita y se acumule en el fondo del mismo sin moderador, pudiendo alcanzar la criticidad fácilmente. El combustible habitual para nuestro objetivo es dióxido de uranio, que aguanta en estado sólido hasta los 3075 K y además no reacciona químicamente con el hidrógeno. También es posible usar nitruro de uranio, carburo de uranio o una mezcla de uranio con hidruro de zirconio, entre otras variantes.

Bien, ya casi tenemos el motor listo, pero nos falta elegir el moderador adecuado. En este punto tenemos dos opciones: decantarnos por un reactor de tipo homogéneo, donde el material fisible se halla mezclado con el moderador, o bien uno heterogéneo, en el que las barras de combustible y moderador están separadas. Hasta la fecha, sólo dos naciones han construido prototipos de motores nucleares operativos: los Estados Unidos y la Unión Soviética. Sin embargo, cada superpotencia eligió un diseño distinto para los reactores usados en motores cohete. Veamos cuáles eran sus características.

Diseño estadounidense (Kiwi B / NERVA)

En los EEUU se decidió emplear reactores homogéneos, formados por barras hexagonales de grafito en cuyo interior se encontraba «incrustado» el combustible nuclear (dióxido de uranio). El grafito es el moderador por excelencia en la mayoría de reactores nucleares. Tiene además la ventaja de aguantar muy bien las altas temperaturas, pudiendo soportar hasta 3990 K sin problemas. La pega es que este material -que no es más que una de las formas del carbono- reacciona fuertemente con el hidrógeno para formar hidrocarburos, lo que provoca el desgaste de los elementos del reactor y la consiguiente fragmentación de los mismos. Como resultado de este desgaste, el material fisible y los isótopos radiactivos resultantes de la fisión pueden ser expulsados al exterior, con el riesgo consiguiente. Precisamente, este fenómeno sería lo que contemplaron horrorizados los técnicos de las pruebas Kiwi B1B y Kiwi B4A a principios de los años 60.


Diseño de los elementos de un reactor homogéneo Kiwi B/NERVA. Se aprecian los orificios para el flujo de hidrógeno (NASA).


Sección de un reactor Kiwi B / NERVA.

Elementos en el reactor Kiwi A’, con un diseño más antiguo (NASA).


El núcleo del reactor «Nuclear Furnace» (NASA).


Un motor Kiwi con los elementos del núcleo (NASA).


Distintos ciclos de hidrógeno para un motor nuclear (NASA).

Evidentemente, la desintegración del núcleo del reactor es un fallo crítico. La solución consiste en recubrir el grafito con un material inerte ante el hidrógeno y que no altere significativamente las características de la fisión. Los compuestos elegidos para esta tarea suelen ser carburo de niobio o carburo de zirconio. No obstante, se trata de un concepto que resulta muy difícil de llevar a la práctica y, de hecho, fue uno de los mayores problemas a los que se enfrentaron los ingenieros estadounidenses de los programas Rover y NERVA, ya que las cubiertas de niobio y zirconio de los elementos del reactor presentaban una desagradable tendencia a fragmentarse, dejando expuesta la matriz de grafito con el combustible en su interior.

Para dejar pasar el hidrógeno, las barras debían contener varios orificios. Elegir la forma y tamaño de los conductos para el hidrógeno resultó ser una tarea tremendamente compleja (la dinámica de fluidos no es sencilla), pero basta decir que desde el punto de vista de la eficiencia del motor es preferible contar con muchos orificios estrechos que tener unos pocos de gran diámetro.

Diseño soviético (RD-0410)

En la URSS, los ingenieros decidieron que un reactor heterogéneo -de menor potencia, eso sí- era la mejor opción. Las barras de combustible estaban formadas por uranio integrado en una matriz de carburos de zirconio, mientras que el moderador elegido, en forma de estructuras separadas, sería hidruro de zirconio (ZrH). Aunque el diseño soviético pueda parecer simple, lo cierto es que incluía soluciones increíblemente ingeniosas. Por ejemplo, las barras de combustible tenían forma de tirabuzón, como la broca de un taladro. De esta forma, las barras agrupadas en conjuntos de siete o nueve unidades formaban canales para el hidrógeno líquido de forma natural. Dichos canales podían gestionar el mismo flujo de hidrógeno aunque las barras se fracturasen durante la operación del motor, lo que aumentaba la seguridad del mismo. Y lo cierto es que funcionó, ya que no se produjeron expulsiones significativas de material fisible a la atmósfera en ninguna de las pruebas de los reactores soviéticos.


Curioso diseño de las barras de combustible de un motor nuclear térmico soviético. Destaca el diseño en tirabuzón (NASA).


Sección horizontal de la disposición de las barras del reactor en uno de los elementos con combustible.

Este diseño permitía además construir reactores mucho más compactos y sencillos de modelar mediante los cálculos hidrodinámicos (recordemos que por aquella época no existían superordenadores). Por si esto fuera poco, el reactor soviético incorporaba una menor cantidad de material fisible para conseguir el mismo Isp. Esto se conseguía modificando la concentración longitudinal de uranio en las barras de combustible. Cada barra en tirabuzón contenía una mayor proporción de uranio en la parte superior -donde el hidrógeno entraba en contacto con el reactor- que en la inferior. Al estar muy caliente el hidrógeno de la parte inferior, la tasa de transferencia de calor no hacía necesaria una concentración tan alta en esta zona. El resultado era un reactor más compacto, seguro y barato que el diseño homogéneo estadounidense.

Tanto si optamos por el diseño norteamericano como si preferimos el soviético, toca responder a la pregunta inicial: ¿es más eficiente un motor nuclear que uno químico? La respuesta es rotundamente afirmativa. Utilizando cualquiera de los dos diseños anteriormente expuestos podemos alcanzar un Isp de 900-1000 segundos, el doble que un motor criogénico.


Diseño general de un motor nuclear térmico (NASA).

Rompiendo la barrera

Muchos pensarán que un Isp de 1000 segundos no es algo espectacular después de todas las molestias que nos hemos tomado. Ciertamente queda muy por debajo de los impulsos específicos alcanzados por los motores eléctricos, capaces de superar los 10000 segundos. Pero no debemos olvidar que los motores nucleares permiten obtener un alto Isp y un elevado empuje al mismo tiempo, mientras que la fuerza proporcionada por los motores iónicos es casi despreciable.

Sin embargo, existen varias alternativas para mejorar la eficiencia de los motores nucleares. Como hemos visto, la principal limitación de un motor nuclear térmico es la temperatura, ya que no debe ser excesivamente alta o de lo contrario el reactor se fundiría. La solución a este dilema es obvia: ¡dejemos que el reactor se derrita! Un motor basado en un núcleo fundido podría alcanzar un Isp de 1300-1600 s. Claro que entonces surge el problema de cómo mantener el material fisible dentro del motor. Una opción es hacer girar el núcleo, manteniendo el uranio derretido en las paredes del reactor mediante la fuerza centrífuga.


Motor nuclear de núcleo líquido (NASA).

Mejor aún es usar un reactor con un núcleo gaseoso. Si inyectamos el uranio-235 junto con el hidrógeno, tendríamos un reactor capaz de alcanzar temperaturas de 55000 K e impulsos específicos del orden de 3000-7000 K, lo que nos acercaría al Isp de la propulsión eléctrica. Por supuesto, mantener el uranio dentro del núcleo se vuelve entonces imposible. Aunque se han realizado numerosas pruebas, los diseños de núcleo líquido y gaseoso nunca se han llevado a la práctica. No obstante, no existe ninguna barrera tecnológica que impida su construcción si así lo quisiéramos.


Esquema de un motor nuclear térmico con núcleo gaseoso (NASA).

Otra opción es usar núcleos sólidos, pero con uranio enriquecido. Como vimos más arriba, esto permitiría reducir drásticamente la masa del reactor, aunque el Isp sería similar a los diseños tradicionales.


Comparativa entre la aceleración y el impulso específico (Isp) de varios sistemas de propulsión (NASA).

La radiación

Siempre que se habla de motores nucleares, la palabra “radiación” es la primera que se nos viene a la cabeza. Empecemos por dejar las cosas claras: un reactor que no se haya encendido no presenta ningún peligro de contaminación radiactiva, ya que la vida media de los dos isótopos del uranio es del orden de 100 millones de años. De hecho, resulta más seguro lanzar un reactor inerte al espacio que un generador de radioisótopos (RTG), en cuyo interior podemos encontrar plutonio radiactivo. Los inconvenientes surgen cuando se inician las reacciones de fisión, momento a partir del cual se crean numerosos isótopos altamente radiactivos. Además de estos elementos, un reactor en funcionamiento es una fuente de importantes dosis de neutrones -sin ellos no habrá fisión nuclear- y rayos gamma.

Por lo tanto, resulta ciertamente desaconsejable emplear motores nucleares en la atmósfera terrestre, pero nada impide su uso en el espacio. Por supuesto, en este caso se mantiene el riesgo de irradiación para la tripulación, por lo que debemos construir escudos que garanticen dosis no dañinas. Los rayos gamma se pueden frenar usando escudos lo suficientemente gruesos a partir de materiales con un alto número atómico (como el plomo). Desgraciadamente, este requisito entra en conflicto con las limitaciones de masa en una nave espacial. Por su parte, los neutrones son más difíciles de parar, aunque se pueden usar elementos como boro o hafnio. Por suerte, el hidrógeno absorbe bien estas partículas, por lo que los tanques de hidrógeno serían un escudo ideal para la tripulación. Las pruebas efectuadas durante los proyectos Rover y NERVA demostraron que las dosis de radiación provenientes del reactor en un viaje a Marte estarían dentro de lo tolerable, principalmente debido a que el reactor permanecería apagado durante la práctica totalidad de la misión. En realidad, la tripulación de una misión con propulsión nuclear térmica recibiría una dosis menor que otra con propulsión nuclear eléctrica, la cual necesita que el reactor esté funcionando continuamente. Por lo tanto, no, la radiación no es una excusa para no emplear motores térmicos nucleares.

LOS MOTORES NUCLEARES EN LA REALIDAD

Proyectos Rover y NERVA

Entre 1955 y 1973, los Estados Unidos desplegaron ingentes recursos materiales y económicos con el fin de desarrollar un motor térmico nuclear de núcleo sólido. Desenmarañar la compleja estructura asociada a los distintos programas involucrados en este esfuerzo resulta un tanto difícil, ya que la gestión y control cambió varias veces de manos. Por eso suele haber cierta confusión entre los proyectos Rover, NERVA, Kiwi o RIFT.

El origen de lo que sería el programa de motores nucleares estadounidense lo podemos encontrar en otoño de 1954, cuando la Fuerza Aérea (USAF) y la NACA estudian por primera vez la posibilidad de usar este tipo de propulsión para lanzar misiles balísticos intercontinentales (ICBM). Por entonces no estaba claro que los motores químicos fuesen capaces de levantar del suelo estos gigantescos cohetes. Como resultado, la USAF encarga a la Comisión de Energía Atómica (AEC, Atomic Energy Comission) que estudie la viabilidad de este tipo de propulsión. La investigación correría a cargo de los laboratorios nucleares de Los Álamos (LANL, Los Alamos National Laboratory) y Lawrence Livermore (Lawrence Livermore National Laboratory). Ambos laboratorios finalizan sus estudios en marzo de 1955 y el 15 de abril de ese mismo año se crearían las primeras divisiones de cohetes nucleares en Los Álamos y Livermore. Alentada por los resultados, la USAF considera en octubre que los cohetes nucleares deben ser una prioridad nacional, por lo que el ministerio de defensa (DoD) empieza a destinar importantes sumas de dinero al proyecto.

El 2 de noviembre de 1955 nace el proyecto Rover para coordinar el desarrollo del motor nuclear térmico, aunque poco después el laboratorio Livermore abandonaría el programa para dedicarse al Proyecto Pluto, cuyo objetivo era la construcción de un motor nuclear atmosférico. Para 1958 ya era obvio que los motores químicos convencionales podían lanzar un ICBM sin complicaciones y los militares empezaron a perder el interés en Rover. La USAF cede entonces a la recién creada NASA su parte en la gestión del proyecto y es cuando se empieza a hablar de los motores nucleares térmicos como una opción seria para los viajes espaciales.

Los ensayos del Proyecto Rover tuvieron lugar entre 1959 y 1973 con varios reactores de prueba para estudiar las tecnologías asociadas a un motor nuclear. El objetivo del Proyecto Rover no era diseñar motores operativos, sino estudiar las viabilidad de las tecnologías asociadas. En total se construyeron y probaron 14 reactores nucleares en distintas series: Kiwi, Phoebus, PEWEE y Nuclear Furnace. Los reactores se construían en el área técnica TA-18 (Pajarito Site) del laboratorio de Los Álamos, para después ser enviados a la zona de pruebas en Jackass Flats en el Nevada Test Site (NTS). Por otra parte, las barras con el combustible nuclear se fabricaban en las instalaciones de Rocky Flats.

La serie Kiwi («un pájaro sin alas») fue la pionera, debutando el 1 de julio de 1959 con el reactor Kiwi A, que empleaba placas de dióxido de uranio como combustible sin recubrimiento e hidrógeno gaseoso como propelente y refrigerante. Un año después se introdujo el reactor Kiwi A’ (Kiwi A Prime), que presentaba por vez primera barras de combustible formadas por una matriz de grafito con esferas de dióxido de uranio. En septiembre de 1962 tuvo lugar la fatídica prueba del Kiwi B1B, durante la cual las barras de combustible resultaron dañadas y se expulsó material fisible a la atmósfera. Esta también fue la primera vez que se usaba hidrógeno líquido como propelente. El siguiente ensayo, Kiwi B4A, sirvió para probar el sistema de conducciones de hidrógeno entre las barras del reactor, pero, una vez, más, la erosión de las barras provocó la expulsión de material radiactivo al exterior.


Partes del reactor Kiwi A Prime (NASA).


Kiwi B4D (NASA).


Sistema de transporte por ferrocarril para las pruebas Rover/NERVA (NASA).


Modos de funcionamiento de un reactor Kiwi (NASA).

Pero la prueba más espectacular de la serie tuvo lugar el 12 de enero de 1965. Con el expresivo nombre de Kiwi TNT, se decidió forzar al máximo un reactor hasta causar su explosión con el fin de comprender mejor los límites estructurales del sistema. Pese a lo aparatoso del incidente, no se trató de una explosión nuclear, sino mecánica. Los reactores Kiwi B servirían para asentar las bases del diseño de un reactor homogéneo a base grafito y dióxido de uranio que vimos anteriormente y que sería el elegido para los programas NERVA y RIFT.


Prueba Kiwi TNT. Mejor no acercarse mucho (NASA).

La serie Phoebus fue introducida en 1965 con el objetivo de verificar el funcionamiento de reactores de gran potencia. El Phoebus 2A sigue siendo en la actualidad el reactor con más potencia construido para un programa de propulsión nuclear, con 4400 MW (aunque teóricamente podía alcanzar los 5 GW).


Phoebus 1B (NASA).


Phoebus 2A: el reactor más potente jamás construido en un programa de motores nucleares (NASA).

Las últimas pruebas del Proyecto Rover serían PEWEE-1 en 1968 y Nuclear Furnace en 1972. Ambos eran reactores pequeños (514 y 44 MW, respectivamente), ideados para ser usados en el espacio (por entonces ya era evidente que los motores nucleares no se podrían emplear en la atmósfera). PEWEE-1 sería además el único prototipo de motor nuclear estadounidense que emplearía hidruro de uranio-zirconio como combustible.

En 1960 se creó la Oficina de Propulsión Nuclear Espacial (SNPO, Space Nuclear Propulsion Office), gestionada por la Comisión de Energía Atómica (AEC, Atomic Energy Comission) y la Fuerza Aérea (USAF) para fomentar las aplicaciones del Proyecto Rover. Un año después nace el famoso Proyecto NERVA (Nuclear Engine for Rocket Vehicle Application), gestionado por la NASA y la AEC. Además de el Laboratorio de Los Álamos, en el desarrollo del proyecto participarán las empresas Westinghouse Astronuclear Laboratory y Aerojet Nuclear Systems.

Estrictamente hablando, NERVA era un programa independiente del Proyecto Rover, pero puesto que las tecnologías e instituciones participantes eran básicamente las mismas, se considera en ocasiones una extensión del este último. A diferencia de Rover, NERVA iba un paso más allá y tenía por objetivo desarrollar un prototipo de motor nuclear térmico operativo tomando como base la tecnología del reactor Kiwi B4E. NERVA era por tanto la etapa previa antes de desarrollar un ejemplar de vuelo. Las pruebas del proyecto se desarrollarían entre 1964 y 1969, conviviendo en el tiempo con el Proyecto Rover. Los reactores NERVA se denominaron NRX (Nuclear Reactor Experimental), siendo Aerojet el contratista principal y Westinghouse el subcontratista. Al finalizar 1969 se habían construido seis reactores NRX, cada uno de ellos con una potencia de unos 1100 MW y un Isp de unos 800 segundos. Varios de los reactores funcionaron durante más de una hora, demostrando que el diseño podría usarse en una nave espacial. El mayor desafío frente a los reactores Rover fue el diseño de las bombas de hidrógeno MK-9 diseñadas por Rocketdyne, las cuales terminarían por ser usadas en los motores criogénicos J-2 del Saturno V.


Reactor Kiwi B4E, la base de los NRX del programa NERVA (NASA).


Partes de un motor NRX NERVA (NASA).


Distintos reactores de los programas Rover y NERVA (NASA).

El último programa de motores nucleares estadounidenses seria el RIFT (Reactor In-Flight Test), gestionado por la NASA en solitario. Fundado el 15 de agosto de 1960, RIFT estaba basado en las tecnologías de los reactores NRX y debía desarrollar y probar motores nucleares en misiones espaciales reales. Las empresas Douglas, Martin, Convair y Lockheed participaron activamente en el programa. En un principio se pensó equipar la etapa superior S-IVB del Saturno V con un motor NERVA para aumentar la carga útil, junto a otras combinaciones de motores nucleares (denominadas genéricamente Apolo-N). Desgraciadamente para la NASA, los accidentes de las pruebas Kiwi B1B y Kiwi B4A sirvieron para poner de manifiesto ante la opinión pública el peligro de esta tecnología si se empleaba para construir motores de primeras etapas. Los motores nucleares sólo podrían usarse en el espacio, donde la radiación no pudiese dañar a nadie.


Organigrama de los distintos proyectos de propulsión nuclear en los EEUU (NASA).


Relación y evolución de los distintos programas estadounidenses de motores nucleares (NASA).


Una prueba del NERVA (NASA).


Prototipo de motor nuclear NERVA XE PRIME, el primero en ser probado en posición de vuelo (NASA).


Maqueta de un motor NERVA operativo (NASA).


Pruebas de los reactores de los proyectos Rover y NERVA (NASA).


Todos los reactores de los proyectos Rover y NERVA.

Cuando a finales de los 60 el proyecto Apolo estaba a punto de conseguir sus objetivos, la NASA vio con preocupación como RIFT y NERVA amenazaban con convertirse en sumideros de dinero sin un objetivo claro. Y es entonces cuando surgen con renovada fuerza varios proyectos para usar la propulsión nuclear en una misión tripulada a Marte.

Pero todo fue en vano. En 1973, tras gastarse entre 1400 y 2000 millones de dólares, todos los proyectos relacionados con motores térmicos nucleares fueron cancelados en los EEUU, justo cuando se había demostrado la viabilidad de esta tecnología. La Casa Blanca y el Congreso veían en los motores nucleares una peligrosa puerta trasera por donde la NASA podía intentar colar el desarrollo de un programa tripulado a Marte durante los años 70, como de hecho así fue. La propia NASA había mostrado cierta ambivalencia ante esta tecnología, temerosa de que los programas Rover o NERVA pudiesen suponer una competencia interna con el Apolo. Por si fuera poco, el adjetivo “nuclear” empezaba a no gozar de mucho prestigio entre la opinión pública. Los Estados Unidos habían ganado la carrera lunar. Marte podía esperar.

Motores nucleares térmicos en la URSS

Al igual que su rival, la URSS desarrolló un importante programa de motores nucleares, pero siguió una ruta distinta tanto en la tecnología empleada como en las aplicaciones de este sistema de propulsión. Aunque la inversión económica fue mucho más modesta que en los Estados Unidos, la Unión Soviética fue más constante en el tiempo, extendiéndose el periodo de desarrollo de estos motores hasta bien entrados los años 80. Además, mientras que Rover/NERVA sólo consiguió construir prototipos, la URSS fue capaz de diseñar motores totalmente operativos, aunque jamás se probaron en el espacio.

La investigación sobre motores nucleares térmicos (YaRD en ruso) comienza en la URSS casi al mismo tiempo que en los Estados Unidos. Ya en 1954, los científicos del “Laboratorio V” (actualmente GNTs FEI) empiezan a investigar la posibilidad de usar YaRD para propulsar cohetes. Fruto de estas investigaciones sería el programa BAR (Balistícheskaia Atómnaia Raketa, «Cohete Atómico Balístico»), dirigido por Ígor Bondarenko y V. Pupko. En 1955, Mstislav Keldish decide coordinar este esfuerzo dentro del instituto de investigación NII-2 en lo que sería una especie de Proyecto Rover soviético.

Ya en 1956 se reúnen por primera vez los ingenieros jefe Serguéi Korolyov (OKB-1), Mijaíl Bondariuk (OKB-670) y Valentín Glushkó (OKB-456) para unificar los trabajos de cara al desarrollo de un motor térmico nuclear. Glushkó, el dvigatelist por excelencia, no se muestra muy entusiasmado por este sistema de propulsión. Lo suyo son los motores químicos. Pero los dirigentes soviéticos piensan de otra forma y el 22 de noviembre de 1956 el Consejo de Ministros de la URSS y el PCUS publican el decreto “trabajos para crear un misil balístico de gran alcance con motores atómicos”. Korolyov debe ser el encargado de diseñar el lanzador, mientras que Glushkó fabricará los motores usando reactores desarrollados por A. I. Leypunski.


Mijaíl Bondaryuk.


Valentín Glushkó.

Justo en esa época, el prestigioso instituto nuclear de Ígor Kurchátov -algo así como el equivalente soviético de Los Álamos- propone usar un reactor heterogéneo con hidruro de zirconio como moderador, lo que serviría de base para posteriores desarrollos. Curiosamente, no se decantan inmediatamente por el uso de un reactor de núcleo sólido, sino que durante cierto tiempo flirtean con la idea de usar reactores líquidos y gaseosos, pese a su mayor complejidad. El instituto NII-9 se dedica a investigar en detalle las formas de las barras de combustible (TVEL en ruso) y, como conclusión, recomienda usar barras de UC-ZrC con forma de tirabuzón.


Las «tres K». De izquierda a derecha, Koroliov, Kurchátov y Keldish (Wikipedia).

El 30 de junio de 1958 el gobierno encarga finalmente el desarrollo de un motor nuclear a los centros dirigidos por Keldish, Kurchátov y Korolyov, que serían conocidos como «las tres K». La OKB-1 del Ingeniero Jefe presenta el YaR-1, un cohete totalmente nuclear, y el YaKhR-2, un lanzador basado en el R-7 Semyorka con varios aceleradores químicos. Ambos diseños usarían un YaRD de 1400 kN de empuje. El YaKhR sería capaz de colocar nada más y nada menos que 35-40 toneladas en órbita baja. En este sentido, el programa soviético diverge del estadounidense, el cual nunca llegó a asignar un motor nuclear a un lanzador concreto.


Cohete YaKhR-2 de la OKB-1 con un motor nuclear en su etapa central. Se aprecian los seis aceleradores laterales en vez de los cuatro habituales del Smyorka(RKK Energía).

Mientras, la OKB-456 de Glushkó desarrolló los proyectos de motores RD-401 y RD-402, que empleaban reactores moderados por agua y berilio, respectivamente. Su empuje era de 1600 kN y ambos usaban amoniaco como propelente, por lo que su Isp era de sólo 428 segundos. En 1962 se introdujo el RD-404, con 2000 kN de empuje y un Isp de 950 s. Este proyecto daría lugar al RD-405, más pequeño, con un empuje de 400-500 kN. También la OKB-670 de V. A. Shtokolov investigaría un prototipo de YaRD denominado ARD-3V. El 23 de junio de 1960 se sugiere emplear YaRD para propulsar el futuro cohete N1 de la OKB-1 en misiones hacia la Luna y Marte. Según los cálculos, este sistema permitiría doblar la capacidad de carga del lanzador. Lamentablemente, ninguno de estos proyectos seguiría adelante una vez quedó claro que los motores químicos eran capaces de propulsar lanzadores de cierto tamaño.

No obstante, el programa de motores nucleares soviético sigue adelante, pero con un objetivo más modesto. Ya no se trata de lanzar misiles o cohetes a ras del suelo, sino de emplear esta propulsión en el espacio profundo. Mientras los estadounidenses construyen un reactor tras otro, los soviéticos prefieren probar cada componente por separado, sobre todo por culpa de las limitaciones presupuestarias. El 30 de junio de 1958, el Comité para la Técnica de Aviación (GKAT) es autorizado -junto con los institutos NII-1 y NII-9- a construir un polígono de pruebas para reactores en Semipalatinsk (Kazajistán), decisión que culminaría en 1964 con el decreto para la construcción del Complejo Baikal, situado a sólo 50 km de la zona donde explotó la primera bomba atómica soviética y destinado a servir de banco de pruebas para las tecnologías de los YaRD. Se crea también la oficina NPO Luch con el objetivo de refinar el diseño de las barras de combustible.


Complejo de pruebas Baikal en Semipalatinsk para las pruebas de YaRD.


Las instalaciones Baikal en el Google Earth (Google).

Sería el 1 de julio de 1965 cuando el centro Keldish crea el reactor IR-20-100 para usarlo en un motor de 36 kN y además se estudia la posibilidad de emplearlo en el cohete Protón. Este reactor evolucionará en el IR-100, que aparecerá en 1967 y estará formado por cien núcleos de UC-ZrC-NbC y UC-ZrC-C, con una potencia de 196 MW. Para desarrollar el motor basado en el IR-100, Keldish colabora en un principio con la OKB de Isayev, pero en 1966 se delega esta labor en la oficina KB Khimavtomatiki (KBKhA), de A. D. Konopatov. El motor de 36 kN con el reactor IR-100 recibe el código de 11B91, aunque en 1970 el reactor cambia su denominación a 11B91-IR-100 (IRGIT). KBKhA también desarrolla en paralelo un motor de 2200 MW con un empuje de 40 toneladas.


Diseño de un cohete basado en el Protón con motores nucleares (Novosti Kosmonavtiki).

Por otro lado, el instituto Kurchátov prueba las nuevas barras de combustible en los reactores IR-20, Strelá y, por último, en el 11B91-IR-100. En 1972 se transporta el reactor IVG-1 hasta el complejo Baikal de Semipalatinsk, donde se realizan ensayos con las barras de NPO Luch. No obstante, el reactor no será activado hasta 1976. Un año después se inaugura el segundo complejo de pruebas Baikal y, por fin, el 17 de septiembre de 1977 comienzan las pruebas «en frío» con el 11B91. El 27 de marzo de 1978 comienza la fisión dentro del 11B91, consiguiendo una potencia inicial de 25 MW. El 3 de julio y el 11 de agosto de 1978 tienen lugar las primeras pruebas del 11B91 con hidrógeno y unas potencias de 33-42 MW. En total, entre 1978 y 1984 se realizaron 126 pruebas con este motor.

Se construyeron además otros dos reactores 11B91 para diversas pruebas, y se llevaron a cabo varios ensayos con los reactores IGR e IVG. También se fabricó en 1980 el 11B91Kh (IRGIT-Kh), una versión del 11B91 para realizar pruebas del motor sin reactor. Se realizaron un total de 247 «encendidos» en frío que sumaron 2832 minutos, demostrando la idoneidad del diseño.

Como resultado de todos estos ensayos, KBKhA presentó a principios de los 80 la versión operativa del 11B91, denominada RD-0410. Con un empuje de 3,5 toneladas y un Isp de 910 segundos, el RD-0410 es un motor más pequeño que los NERVA, pero preparado desde un principio para ser empleado en una misión espacial. KBKhA también propuso el RD-0411, con 70 toneladas de empuje, aunque no construyó ningún ejemplar. La experiencia a la hora de diseñar el RD-0410 le sirvió a KBKhA a la hora de construir el RD-0120, el motor criogénico más potente de la URSS, empleado en el cohete Energía. El RD-0410 presenta una mejor relación Isp/empuje que el NERVA, además de ser muy compacto. De existir la voluntad política, se trata del único motor nuclear que podría estar operativo en el plazo de unos pocos años.


Motor nuclear ruso RD-0410 (Novosti Kosmonavtiki).


Detalle del reactor 11B91-IR-100 del RD-0410.


Esquema del motor RD-0410. Se aprecian los siete núcleos del reactor.


Comparativa entre las prestaciones de un NERVA de serie y un RD-0410. Vemos que el diseño soviético es más eficiente (NASA).


Comparativa entre el NRX NERVA y el RD-0410.

Aunque los estudios sobre YaRD continuaron en la URSS hasta 1991, el interés sobre los motores nucleares térmicos fue decayendo por la falta de un objetivo claro para su uso. A finales de los 80, los ingenieros soviéticos consideraban más interesante investigar los motores bimodales (reactores que pueden funcionar al mismo tiempo como YaRD y para alimentar sistemas de propulsión nuclear eléctrica), interés que no ha disminuido en los últimos veinte años.

El futuro de la propulsión nuclear

La propulsión nuclear ha sido durante décadas la eterna candidata a revolucionar el futuro de la exploración tripulada del Sistema Solar. Sin embargo, la fuerte oposición pública al uso de la energía nuclear en la Tierra y el nulo interés por parte de los gobiernos para viajar más allá de la órbita baja han frustrado su desarrollo. En los años 90, la iniciativa SEI (Space Exploration Initiative) y más recientemente el Programa Prometheus en 2003, han sido los últimos intentos -infructuosos- de la NASA por reavivar el interés hacia este sistema de propulsión.

Como hemos visto, es muy posible que la ventaja en impulso específico no compense el gasto que conlleva su desarrollo, pero no olvidemos que estamos ante una tecnología madura capaz de ofrecer resultados en poco tiempo. Aunque la propulsión nuclear térmica tradicional puede haber quedado un tanto obsoleta, en los últimos años se han presentado multitud de propuestas que podrían mejorar sus características.

A mediados de los años 60, la tecnología NERVA prometía poner un hombre en Marte para 1981. Casi medio siglo después, aún estamos esperando.

Próximamente:

Misiones a Marte con motores nucleares

Motores nucleares avanzados

Referencias:

A Historical Perspective of the NERVA Nuclear Rocket Engine Technology Program, W. H. Robbins (NASA, 1991). Rover Nuclear Rocket Engine Program (NASA, 1991). Development of the NERVA Nuclear Rocket Engine (NASA-Aerojet General, 1961). Nuclear Propulsion: a Historical Perspective, Stanley Gunn (Space Policy, 2001). NASA’s Nuclear Frontier, M. D. Bowles, M. S. Arrighi (Monographs in Aerospace History 33, NASA, 2004). Upgrades to the NESS, James E. Fittje (NASA). Otechestvennie Yadernie Dvigateli, A. Borisov (Novosti Kosmonavtiki, enero 2001). Iz Istorii Sozdania Yadernikh Kosmicheskikh Reaktorov, A.V. Zrodnikov et al. (Novosti Kosmonavtiki nº 2, 2008). Nuclear Thermal Propulsion (FAS). NERVA, Mark Wade (Encyclopedia Astronautica). RD-0410 (KBKhA). Zvyozdni YaRD RossiZvyozdni YaRD Rossii.

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Menudo artículo…¡¡¡SEN-SA-CIO-NAL!!!Es increíble como no sólo no bajas el listón, sino que lo superas una y otra vez. Voy a tener que releerme unas cuantas veces la entrada para poder asimilarla, porque la cantidad de sabiduría y conocimientos es brutal.Simplemente genial, me quito el cráneo.Gracias una vez más por este fantástico blog. Un saludo.RESPONDER Orlando dice:23 noviembre, 2010 a las 8:51 pm¿Habría la posibilidad de diseñar motores nucleares «mixtos», que pudieran funcionar como exclusivamente térmicos, eléctricos o como ambas cosas a la vez?RESPONDER Anonymous dice:23 noviembre, 2010 a las 9:10 pmExcelente artículo Daniel, felicidades, la verdad que este artículo esta muy completo, como siembre, en la NASA se gastaron millardos para no llegar a nada muy practico que digamos, mientras que la URSS con menos desarrolló un reactor más práctico(RD-0410) y que las verdad se puede usar casi de inmediato si la voluntad política así lo quisiera. Más bien de ver que el RD-0410 esta hay listo y sin usarse me PONE A LLORAR!!!RESPONDER MiGUi dice:23 noviembre, 2010 a las 9:14 pm7000 palabras.¡Parad esta guerra entre tú y Sergio o pronto habrá víctimas! xDDDDRESPONDER Spiff dice:23 noviembre, 2010 a las 9:22 pmMagnífico artículo Daniel… por dos motivos; la calidad técnica, y por la forma de exponer de forma sencilla y asequible un tema tan complejo.Me han entrado ganas de desempolvar mis apuntes de motores térmicos y centrales nucleares… jejeje.Mi enhorabuena por el artículo.Un saludo a todos.RESPONDER ARZ dice:23 noviembre, 2010 a las 9:32 pmUfff.Me ha llevado más de 15 minutos de lectura, eso si, ha sido una lectura apasionante. Tiene que haberte costado horas tenerlo a punto, eso, o eres un genio, de la informática quiero decir, porque de astronáutica ya lo eres.Otra magnífica entrada que supera a las anteriores. Algún día te compararán con los grandes divulgadores, yo creo que si grabaras en video una exposición de tus entradas quedaría de lujo y tendrías miles de visitas en youtube.Encima nos dejas con ganas de más, espero un tanto impaciente el siguiente.Un saludo y por favor no dejes de escribir.RESPONDER DarkSapiens dice:23 noviembre, 2010 a las 10:18 pmBuf, esta entrada es impresionante, Daniel, creo que incluso la expresión «me quito el cráneo» se queda corta, jaja 😀Y una vez más, vemos una tecnología muy prometedora que es cancelada cuando está prácticamente lista para su uso. Este tipo de posts me dejan siempre un ligero sabor amargo por estas cosas. Dónde estaríamos ahora…Una cosa que me ha sorprendido es el tamaño de los reactores. Son muchísimo más compactos (especialmente el RD-0410) de lo que me había imaginado.De nuevo, muchísimas gracias por escribir esto. Estoy deseando leer las dos siguientes 🙂Un saludo!RESPONDER Anonymous dice:23 noviembre, 2010 a las 10:27 pmUna pena que este campo no se continuará en su desarrollo.Sobre todo porque a falta de fusión … sería la clave para abrir el sistema solar a la exploración/explotación.Sobre el artículo … que decir, simplemente fantástico.Saludos.RESPONDER octopusmagnificens dice:23 noviembre, 2010 a las 10:41 pmNo veo el problema con el coste del plutonio enriquecido. Creo que hay cientos de toneladas almacenadas.RESPONDER octopusmagnificens dice:23 noviembre, 2010 a las 10:43 pmEl plutonio a secas, no el uranio enriquecido…RESPONDER Rodrigo dice:23 noviembre, 2010 a las 10:54 pmUn tema muy interesante que no se suele escuchar mucho en los medios. No termine leerlo, pero se ve que es una lectura sin desperdicio. Creo que encontré un error en los cálculos de lsp, o sea en esta parte pones que es 100000 «. Al hacer números tenemos que un motor térmico nuclear puede alcanzar sobre el papel un Isp de hasta 10000 segundos» y en esta otra decís que es de 1000 «Utilizando cualquiera de los dos diseños anteriormente expuestos podemos alcanzar un Isp de 900-1000 segundos, el doble que un motor criogénico.» creo que al principio te sobraba un 0. Se denota mucho esfuerzo en el post.RESPONDER TK dice:23 noviembre, 2010 a las 11:30 pmSernsacional! ME ha encantado el articulo y ya ardo en deseos de los siguientes, entre otras cosas porque el uso de reactores nucleares en la exploración espacial es, desde mi humilde punto de vista, necesario si queremos realmente establecernos más allá del sistema tierra-luna.Ahora, es verdaderamente lamentable que, disponiendo de la tecnología desde el siglo pasado, aún nadie se halla arriesguado a poner un trasto de estos en el espacio. Pero claro, hablar de la energía nuclear es un tabú, y encima mal visto. Como siempre, el avance humano constreñido por nuestros propios temores. Menos mal que en su momento Cristobal Colón se arriesgo a romper ciertos tabues y mitos y cruzar el Mare Tenebrosum (O la mar océana), porque si no…En fin, gratamente sorprendido me quedo con los avances soviéticos/rusos en esta materia, y sobretodo con su probervial ingenio para superar con soluciones sencillas, efectivas y baratas lo que los yanquis necesitan años de investigación y un montón desorbitado de pasta.Un saludo!RESPONDER Sparkster dice:23 noviembre, 2010 a las 11:53 pmSimplemente una lectura exquisita.Como siempre demostrando que los americanos, a pesar de tener diseños más cutres siempre terminan sacando todo adelante a base de invertir recursos.Por suerte estás tú para recordarnos que los rusos compensan su carencia endémica de recursos a través del ingenio y que han hecho portentosos desarrollos, por desgracia, siempre opacados por la propaganda pro-americana.Gracias por seguir enseñándonos cosas maravillosas.RESPONDER Anonymous dice:24 noviembre, 2010 a las 3:20 amTremendo articulo, muy bueno, cuanto tardaste en hacerlo?. Espero que algún día se logre(podamos ver) algo de todo esto.RESPONDER Anonymous dice:24 noviembre, 2010 a las 5:07 amMuy buena idea daniel esa de adelantar los proximos temas, queda un aire de suspenso que ni te cuento ! XdMuchas gracias por compartir esto con el mundo y ademas de manera gratuita, te lo agradesco mucho.Tomas O.RESPONDER JorgeC dice:24 noviembre, 2010 a las 9:27 amDespués de releer un par de veces la entrada me va quedando todo un poco más claro.El tema de hacer pasar el propelente por dentro de reactor, para que se caliente más y más rápido, me ha recordado a las calderas de las locomotoras de vapor, donde el tanque de agua es atravesado por multitud de tubos calentadores (que provienen del hogar) para lograr mayor superficie de contacto. En el fondo es lo mismo sólo que al revés.Por cierto, ¿creo haber pillado un guiño al Doctor Emmett Brown? Si es así, muy grande 🙂Un saludo y gracias una vez más.RESPONDER Anonymous dice:24 noviembre, 2010 a las 10:03 amGrandísimo post. Mi enhorabuena, Daniel, por tu blog. Pocos quedan como éste que se actualicen tan a menudo y con tan buenos posts. Me impresiona tu forma de redactar y hacer llegar los datos al lector de esa forma tan clara y sencilla.Este blog es de lo mejor que se puede leer referente al tema de la astronáutica. Daniel, muchas gracias por tu blog!.@@@MiGUi : dices que hay una guerra entre Daniel y un tal Sergio… ¿Es que hay algún otro blog sobre estos temas que no conozco?. ¿Puedes darnos la dirección? Muchas gracias.Saludos!!RESPONDER Iván dice:24 noviembre, 2010 a las 10:03 amVoy a sumarme al coro de alabanzas. ¡Grande (en todos los sentidos)!Me gustaría hacer una pequeña aportación en el campo del entretenimiento, al hilo de este artículo. Stephen Baxter publicó hace tiempo una novela llamada Voyage http://kcy.me/15l3 en la que relata, dentro del contexto de una historia alternativa en la que el atentado contra JFK sólo lo dejó inválido, las vicisitudes de una misión tripulada a Marte en los 80. Parte de la novela relata cómo habría podido progresar el proyecto NERVA… Pero no cuento más, que la destripo. Altamente recomendable. No sé si está en castellano, eso sí.RESPONDER Daniel Marín dice:24 noviembre, 2010 a las 11:43 amMuchas gracias por los comentarios.@MiGUi: jeje, ¡sólo puede quedar uno!@DarkSapiens: tienes razón, es casi inevitable tener ciertos sentimientos de nostalgia cuando se escribe sobre estos temas, pero lo positivo es saber que muchas de estas tecnologías están operativas y que podrían estar listas en poco tiempo si así lo quisiésemos.@Spiff: espero que los apuntes sean más aburridos (que es lo que suele pasar), porque entonces significa que habré hecho algo bien 😉@ARZ: sí que me ha costado lo suyo, para que te voy a engañar. De todas formas, la mayoría de los datos ya los tenía recogidos de cara a un libro que desgraciadamente no pudo ver la luz. Eso sí, el problema de un blog no es tanto la documentación como resumir un tema tan denso para que quepa en «sólo» 7000 palabras.@octopus: sí, pero imagínate lo que podría pasar si se usase uranio militar. Si este tipo de propulsión ya causa rechazo, la asociación con un programa militar sería terrible de cara a la opinión pública. Por otro lado, sigue siendo muy caro, pero tienes razón en que es una posibilidad.@Rodrigo: he buscado y rebuscado, peor no veo que haya puesto 100000 s de Isp por ningún lado, pero a lo mejor es que estoy cegato perdido.@Jorge: por supuesto, ¡se cumplen 25 años del viaje de Marty McFly! 😉@Anónimo: gracias. Lo de MiGUi es una coña que nos traemos sobre la longitud de los posts, pero tranquilo, que no hay ninguna «guerra». Eso sí, te recomiendo el blog de Sergio: Física en la Ciencia Ficción.@Iván: sí, la novela de Baxter es muy realista (tanto que se me hizo un pelín aburrida). En la siguiente entrada hablaré de ella 😉Un saludo.RESPONDER Baldo Mero dice:24 noviembre, 2010 a las 1:02 pm¿Y el motor VASIMR, por qué no lo menciona?RESPONDER

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Dos sombrillas en el espacio para enfriar el clima del planetaUn estudio muestra la viabilidad de usar parasoles en órbita contra el calentamiento global

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MIGUEL ÁNGEL CRIADO

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12 SEP 2015 - 11:17 CEST


Ampliar fotoLa ilustración muestra como dos sombrillas podrían reducir la radiación solar sobre la Tierra (la imagen no está a escala). CARLES MUÑOZ COSTA

Mientras, los líderes políticos mundiales, cumbre tras cumbre, no se deciden a frenar el calentamiento global, un número creciente de científicos imagina cómo enfriar el planeta para mitigar los efectos del cambio climático. En lo que llaman geoingeniería, algunos proponen inyectar aerosoles en las nubes para aumentar la refracción de los rayos solares. Otros apuestan por fertilizar los océanos para que puedan capturar más CO2. Y, ahora, un estudio demuestra la viabilidad de la alternativa más grandiosa de todas: instalar una especie de sombrillas gigantes en el espacio para que sombreen la Tierra.

La forma más racional de combatir el cambio climático es atacar sus causas: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero, a falta de racionalidad política, la geoingeniería se ha ido abriendo paso. En los últimos años, tanto la Royal Society británica como la estadounidense Academia Nacional de Ciencias elaboraron sendos informes en los que, tras insistir en que sería mejor prevenir que curar, repasan las distintas alternativas para trastear el clima global.

Una de ellas es una técnica de gestión de la radiación solar que parece más propia de la ciencia ficción que de la ciencia a secas. No por casualidad, apenas tiene hueco en los dos informes. Se trata de reducir la cantidad de energía solar que llega al planeta colocando algo en la trayectoria entre el Sol y la Tierra. Pero ese algo debería ser tan grande como para poder sombrear el planeta. Y si es tan gigantesco, habría que saber dónde colocarlo y cómo.

Las sombrillas deberían ser colocadas más allá del punto de Lagrange L1, a 2,4 millones de km. de la Tierra

"Desde nuestro planeta se vería como un puntito, algo parecido a una mancha solar", dice el experto en astrodinámica de la Universidad de Cranfield (Reino Unido), el español Joan-Pau Sánchez. Con la colaboración de su colega aeroespacial Colin McInnes, de la universidad escocesa de Strathclyde, Sánchez ha estudiado la viabilidad de colocar una especie de sombrilla entre el Sol y la Tierra.

Partiendo de que la radiación solar media global es de 1.367 vatios por metro cuadrado, los climatólogos han estimado que haría falta reducir esa cifra en un 1,7%. Con ese porcentaje como referencia, los investigadores ensayaron miles de configuraciones del tamaño, ubicación y masa de su sombrilla sobre un modelo climático para lograr cancelar el cambio climático, volviendo a la situación de 1980.

Lo primero que tenían que averiguar Sánchez y McInnes era dónde colocar la sombrilla. Estudios anteriores habían señalado al llamado punto de Lagrange L1 entre el Sol y la Tierra. Aunque el matemático ítalo-francés Joseph-Louis Lagrange (de ahí su nombre) lo explica mejor, se trata de una de las zonas (hay cinco puntos lagranguianos) donde la atracción de la gravedad del planeta y el astro se anulan, por lo que allí podría orbitar otro cuerpo más pequeño sin que se viera arrastrado por alguno de los dos gigantes. El L1 entre el Sol y la Tierra se encuentra a 1,5 millones de kilómetros de la segunda.

ampliar fotoDesde la Tierra, las sombrillas se verían contra el Sol aún más pequeñas que Venus (en la imagen) durante su tránsito ante el astro. NASA

Sin embargo, y tal como explica Sánchez en PLoS ONE, esos cálculos no tienen en cuenta el empuje de la radiación solar. Los fotones chocarían contra la estructura y, como si fuera una vela, la arrastrarían hacia la Tierra hasta que su gravedad la atrapara. Por eso, metiendo en la ecuación la masa de la sombrilla, la presión de la radiación solar y la atracción gravitatoria del Sol y la Tierra, el resultado es que habría que alejar la sombrilla hasta los casi 2,44 millones de kilómetros del planeta. Así, el impulso de los fotones compensaría la mayor atracción del Sol.

Dos sombrillas mejor que unaDurante sus simulaciones, los investigadores comprobaron que no bastaba con una sombrilla. Aunque pudiera conseguir la reducción de aquel 1,7% de radiación solar, una única estructura provocaría grandes diferencias entre latitudes y estaciones. Vieron que, con dos, cubrían los dos hemisferios y evitaban acusados cambios en el clima.

Una de las estructuras debería tener un radio de 1.522 kilómetros, más o menos la distancia que hay entre Barcelona y Londres por carretera. La otra, solo 880 kilómetros de radio. "Con una solo no lograríamos buenos resultados en el control estacional y con dos tienes mayor grado de libertad para dibujar la sombra sobre la Tierra para compensar las diferencias entre latitudes", explica el investigador español. Y es que, y esto es lo más fascinante, a pesar de sus dimensiones y lejanía, las estructuras podrían ser manejadas usando la propia radiación solar para orientarlas.

EL DESPERTAR DE LA GEOINGENIERÍA

La geoingeniería contra el cambio climático está plagada de riesgo e incertidumbre Una flota de aviones podría ser la última línea de defensa contra el cambio climático ¿Ha llegado la hora de experimentar con el clima del planeta? Los científicos de EE UU quieren investigar cómo alterar el clima

Aunque el objetivo del estudio era demostrar la viabilidad de este sistema desde el punto de vista de la física y la astrodinámica, quedan dos grandes cuestiones por resolver y las dos están relacionadas: ¿cómo llevarla hasta allí y de qué estaría hecha? En el estudio mencionan que haría falta la producción de aluminio de una década para fabricar un filme tan enorme. Y después habría que sacarla de la Tierra, montarla y ponerla en órbita.

Otra opción sería aprovechar nubes de asteroides para, tras reubicarlas, hacerle sombra al Sol. Parece algo imponente, sobrehumano, pero en la Tierra ya se han hecho esfuerzos de ingeniería con un coste similar, como la presa de las Tres Gargantas, en China, y proyectos como el de poner a un hombre en la Luna llevaron más tiempo y recursos de los que necesitarían estas dos sombrillas espaciales.

EN ESTA NOTICIA

Documento: 'Optimal Sunshade Configurations for Space-based Geoengineering near the Sun-Earth L1 point'

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¿Ha llegado la hora de experimentar con el clima del planeta?

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Científicos hallan un método para acercarse a velocidad de la luz

Un grupo de científicos descubre un método para realizar viajes interestelares a velocidades cercanas a la de la luz, sin necesidad de motores ni propulsores.

Esto es posible, al menos en teoría, en caso de que una nave espacial aprovechara la enorme cantidad de energía liberada como resultado de la explosión de una estrella, según resalta un estudio recientemente publicado por investigadores de la Universidad de Harvard (EE.UU.).

Para ello se necesitaría una vela solar o magnética, la cual aprovecharía la energía de la supernova de manera similar a como un velero utiliza la fuerza del viento. Se trata de un modelo de propulsión basado en el uso de la radiación solar para generar presión sobre un material altamente reflexivo y, de esta manera, crear una fuerza de empuje sin necesidad de combustibles.

Energía de 1000 millones de soles

A su vez, para alcanzar velocidades aún mayores de las que permite la radiación solar, otra de las posibilidades sería acelerar la nave espacial mediante energía dirigida, es decir, apuntando a la vela con un rayo láser.

Una vela cuyo peso sea inferior a medio gramo por metro cuadrado sería suficiente para que la nave pudiera alcanzar velocidades relativistas —aquellas que constituyen una fracción de la velocidad de la luz—, señalan los investigadores.

Vídeo muestra que velocidad de la luz es rápida y lenta a la vez | HISPANTV

Las animaciones producidas por la NASA ilustran la capacidad que la luz tiene para recorrer distancias de acuerdo a su velocidad y el espacio recorrido.

La energía liberada por una supernova es 1000 millones de veces superior a la que emite el Sol en el transcurso de un mes. Así, el viento solar solamente es capaz de acelerar una vela solar hasta una milésima de la velocidad a la que viaja la luz, mientras que con una explosión estelar llegaría a una décima de la velocidad de la luz.

Virtualmente posible

Sin embargo, para efectuar este tipo de viajes sería necesario resolver una serie de dificultades. Por ejemplo, evitar los elevados niveles de fricción con las corrientes de gas generadas por las estrellas masivas que podrían destruir la nave. Para ello, sería necesario abrir la vela en el momento de la explosión y luego plegarla para evitar la fricción con el ambiente gaseoso.

Además, la vela solar debería estar hecha de un material lo suficientemente reflexivo como para no absorber demasiada energía e incendiarse en consecuencia. Asimismo, sería necesario conocer con exactitud el momento en el que explosione la estrella y posicionar oportunamente la nave para aprovechar la supernova.

Por último, también sería indispensable calcular la trayectoria que realice la nave una vez que sea propulsada para evitar posibles colisiones con partículas espaciales sólidas.

No obstante, en palabras de los científicos, todas estas cuestiones pueden ser resueltas en teoría.

Científicos logran ralentizar la velocidad de la luz

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Tras 30 años, estudian cómo Venus se convirtió en mundo infernal

La NASA anunció el envío de dos misiones a Venus por primera vez en más de 30 años, a fin de estudiar cómo se convirtió en “un mundo infernal”.

El miércoles, la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio de EE.UU. (NASA, por sus siglas en inglés) informó de dos misiones estadounidenses a Venus, posiblemente el primer planeta habitable en el Sistema Solar, en las que estudiarán cómo se convirtió en un invernadero en el que no puede existir vida.

“Tienen como objetivo comprender cómo Venus se convirtió en un mundo infernal, cuando tiene tantas otras características similares al nuestro, y puede haber sido el primer mundo habitable en el sistema solar, con un océano y un clima como la Tierra”, indicó en un comunicado.

Asimismo, detalló que la primera misión, DAVINCI+, analizará la atmósfera y la segunda, VERITAS, mapeará la superficie del planeta, agregando que se trata de los proyectos ganadores de la competición Discovery 2019, cada uno de los cuales recibirá alrededor de 500 millones de dólares de financiación.

Audio: La NASA descubre impresionantes sonidos de Venus | HISPANTV

La sonda solar Parker de la NASA ha descubierto una señal de radio natural en la atmósfera superior de Venus durante el sobrevuelo más cercano del planeta.

La última vez que una misión especializada fue lanzada a Venus fue en 1990, cuando el aparato Magellan, también de la NASA, orbitó alrededor del planeta hasta el 13 de octubre de 1994.

mdh/anz/mkh

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