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WorksheetsLectura crítica 2019
Total questions: 7
Worksheet time: 21mins
Johnny conocía a un tipo a secas. Johnny era así, uno le decía: me encantaría multiplicar mis ahorros por mil. Y él: conozco un tipo. Me encantaría viajar a Cuba, comprar unos habanos y volver. ¿Para qué? Para venderlos. Conozco un tipo.
Me encantaría hacerme un tatuaje. ¿Dónde? En la nuca. Conozco un tipo.
Me encantaría quedarme acá para siempre. Y ahí Johnny ya no conocía a nadie. Decía: este es un país muy duro. Pero él vivía como un magante, cambiaba de carro cada seis meses y seguía pagando el mismo leasing; cobraba un subsidio de desempleo que nadie le controlaba, o las langostas que nos comíamos en Key West, o los VIP passes de los bares de salsa a los que le gustaba llevarme en Calle Ocho.
Johnny vivía a expensas de su mujer –mitad gringa, mitad ecuatoriana- y compraba hasta los calzoncillos de marca: alimentaba rigurosamente su pequeño sueño americano como si temiera que, si un día se olvidaba de hacerlo, se desplomara a sus pies como un pajarito famélico.
Tomado de: Garcia Robayo, M (2015). Hasta que pase un huracán. Bogotá D.C: Laguna Libros.
1. El fragmento lo narra
A. un observador neutral.
A. un observador neutral.
B. Johnny, el protagonista.
C. un narrador omnisciente.
alguien que conoce a Johnny.
2. El adjetivo que mejor describe a Johnny es
A. vividor.
B. generoso.
C. trabajador.
D. mezquino.
3. ¿Cuál de los siguientes adjetivos es contrario a la palabra famélico?
A. Magro.
B. Enjuto.
C. Relleno.
D. Esquelético
su piel era negra. Pero de un negro muy especial. Ni azulado, ni rojizo, sino tirando a ciruela. Se llamaba Mauki y era hijo de un jefe. Tenía tres tambos, palabra melanesia que significa “prohibición” y es prima hermana del término polinesio tabú. Los tres tambos de Mauki eran los siguientes: primero, no podía estrechar manos femeninas ni podía permitir que mujer alguna le tocara ni a él ninguna de sus pertenencias. Segundo, no podía comer almejas ni alimento alguno guisado sobre un fuego al calor del cual se hubieran cocinado molusco. Tercero, no podía cazar cocodrilos ni navegar en canoas que transportaran una parte de este animal por pequeña que fuera, aunque sólo se tratara de un diente.
Tenía la dentadura de un negro distintos, intenso, o, mejor dicho, de un negro hollín. Se la había teñido así su madre en una sola noche frotándola con un mineral en polvo procedente de un yacimiento que había a espaldas de Port Adams, poblado marinero de Malaita, la más indómita de las ideas del archipiélago de las Salomón, tan indómita que ni comerciantes ni colonos han logrado hasta ahora poner el pie en ella. Desde los tiempos de los primeros pescadores de cohombro de mar y comerciantes de sándalo, hasta los días recientes de negreros provistos de rifles automáticos y motores de gasolina, decenas y decenas de aventureros blancos han muerto en esa isla victimas de las hachas y las balas explosivas de los nativos. […]
Mauki tenía las orejas agujereadas, no en un sitio ni en dos, sino en un par de docenas. En uno de los orificios más pequeños llevaba una pipa de cerámica. Los mayores eran demasiado grandes para tal adorno. La cazuela de la pipa habría pasado a través de ellos. De hecho, en el agujero más grande de cada oreja llevaba tapones redondos de madera de unas cuatro pulgadas de diámetro. La circunferencia de dichas aberturas media aproximadamente doce pulgadas y media. Mauki no era muy especial en sus gustos. En los orificios más pequeños llevaba entre otras cosas casquillos vacíos, tornillos de cobre, pedazos de cuerda, biznas de cables trenzados, tiritas de hojas verdes y, al atardecer, con la fresca, flores de hibisco color escarlata. De ellos se deducirá que para andar por la vida no necesitaba bolsillos, los cuales, por otra parte, le estaban vedados por consistir toda su indumentaria en un retazo de percal de varias pulgadas de anchura. En la cabeza lucía una navaja con la hoja cerrada sobre un rizo del cabello. Su posesión más preciada era el asa de un tazón de porcelana que llevaba colgada de un anillo de concha de tortuga pendiente a su vez del tabique nasal.
Pero a pesar de estos adornos, su cara resultaba agradable. Era el suyo un rostro hermoso desde cualquier punto de vista, sobre todo tratándose de un nativo de la Melanesia. Sólo tenía un defecto: le faltaba firmeza.
Tomado de: London, (1986). Relatos de los mares del Sur, pp. 40-41. Madrid:Alanza.
4. Según el texto anterior, Mauki no necesitaba bolsillos porque
A. llevaba todo lo necesario en sus orejas.
B. tenía las orejas muy agujeradas
C. tenía las orejas grandes.
D. tenía muchos aretes.
5. De la información contenida en el texto anterior, se puede inferir que Mauki era
A. un negrero.
B. un príncipe
C. un caníbal.
D. un isleño.
Aquí hay una pieza de razonamiento práctico:
Podemos elegir creer en la existencia a de un Dios (cristiano); podemos elegir no hacerlo. Supongamos que elegimos creer. O Dios existe o no existe. Si Dios existe, todo está bien. Si no, entonces nuestra creencia es un inconveniente menor: significa que hemos perdido un poco tiempo en la iglesia, y quizá hayamos hecho un par de cosas que de otro modo no hubiéramos querido hacer; pero nada de esto es desastroso. Ahora supongamos, por otro lado, que elegimos no creer en la existencia de Dios. De nuevo, puede ser que Dios exista o que no. Si Dios no existe, todo está bien. Pero si Dios sí existe, ¡vaya que estamos en problemas! Nos espera mucho sufrimiento en el más allá; quizá por toda la eternidad si no hay un poco de misericordia. Así que cualquier persona inteligente debería crecer en la existencia de Dios. Es el único camino prudente.
El argumento es hoy por el general llamado “Apuesta de Pascal", en honor al filósofo del siglo XVII Blaise Pascal, quien lo utilizó primero.
Tomado de: Priest, G. (2000). Una brevísima introducción a la lógica. Oxford: Oxford University Press.
6. A partir del enunciado “cualquier persona inteligente debería creer en la existencia de Dios”, se puede concluir lo siguiente:
A. Las personas que no son inteligentes no deben creer en Dios.
B. Si yo soy una persona inteligente, debería creer en Dios
C. Cualquier persona creyente es inteligente.
D. Alguna personas no creyentes deberían ser inteligentes.
7. Al final del texto, el autor emplea la expresión “así que” para
A. Expresar la premisa central del argumento de Pascal.
B. Indicar la conclusión central del argumento de Pascal.
C. Aclarar el argumento de Pascal.
D. Formular el argumento de Pascal.
