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Total questions: 18
Worksheet time: 26mins
“Las palabras de relleno, también llamadas “muletillas”, perturban la recepción del discurso. Cuando no estamos suficientemente preparados utilizamos “muletillas” para rellenar los momentos que necesitamos para pensar, cuando no sabemos qué decir o, sencillamente, cuando hemos perdido el hilo. Conviene evitarlas para no perturbar al interlocutor”.
¿Cuál es el tema del siguiente texto?
El discurso
Las muletillas
¿Cómo evitar las muletillas?
Perturbaciones en el hilo de comunicación.
“No sabemos cuál fue el primer contacto entre los españoles y el chocolate bebido que consumían mayas y aztecas, para quienes este producto era muy importante. Los mayas dejaron escritas las primeras referencias de la historia a su consumo en el denominado Códice de Madrid, conservado en el Museo de América. Por su parte, los aztecas pensaban que las semillas de las que obtenían el chocolate no eran sino la materialización de Quetzalcoatl, dios de la sabiduría."
¿Cuál es el tema del texto?
Los mayas
Los aztecas
Los españoles
El chocolate
La democracia es un sistema de gobierno que, en la actualidad, está siendo duramente zarandeado. La libertad, pilar central de esta forma de convivencia social, no es el único requisito para garantizar que la sociedad se desarrolle en paz. La educación, la igualdad, la participación diligente y comprometida con el bienestar de todo, entre otras, deben coexistir también en este sistema, puesto que una libertad ejercida sin incluirlas termina reduciendo el concepto de democracia a lo que muchos creen hoy en día: el derecho de todo ciudadano a elegir a sus representantes.
Manin, B. (1998). Los principios del gobierno representativo
El texto trata de
La libertad como baluarte de la democracia.
Una crítica injusta a la democracia.
Los componentes de la democracia.
El bienestar de todas las sociedades.
La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita. Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad; alguna vez, lo sé, mi vana devoción la había exasperado; muerta, yo podía consagrarme a su memoria, sin esperanza, pero también sin humillación. Consideré que el 30 de abril era su cumpleaños; visitar ese día la casa de la calle Garay para saludar a su padre y a Carlos Argentino Daneri, su primo hermano, era un acto cortés, irreprochable, tal vez ineludible. De nuevo aguardaría en el crepúsculo de la abarrotada salita, de nuevo estudiaría las circunstancias de sus muchos retratos: Beatriz Viterbo, de perfil, en colores; Beatriz, con antifaz, en los carnavales de 1921; la primera comunión de Beatriz; Beatriz, el día de su boda con Roberto Alessandri; Beatriz, poco después del divorcio, en un almuerzo del Club Hípico; Beatriz, en Quilmes, con Delia San Marco Porcel y Carlos Argentino; Beatriz, con el pekinés que le regaló Villegas Haedo; Beatriz, de frente y de tres cuartos, sonriendo; la mano en el mentón… No estaría obligado, como otras veces, a justificar mi presencia con módicas ofrendas de libros: libros cuyas páginas, finalmente, aprendía a cortar, para no comprobar, meses después, que estaban intactos.
Fragmento de El Aleph de Jorge Luis Borges
¿Cuál es el tema central del texto?
Una ineludible visita de cortesía
Los retratos de la mujer amada
Los libros como pretexto para mantener una
relación
La decisión de conservar el recuerdo de una muerta
La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita. Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad; alguna vez, lo sé, mi vana devoción la había exasperado; muerta, yo podía consagrarme a su memoria, sin esperanza, pero también sin humillación. Consideré que el 30 de abril era su cumpleaños; visitar ese día la casa de la calle Garay para saludar a su padre y a Carlos Argentino Daneri, su primo hermano, era un acto cortés, irreprochable, tal vez ineludible. De nuevo aguardaría en el crepúsculo de la abarrotada salita, de nuevo estudiaría las circunstancias de sus muchos retratos: Beatriz Viterbo, de perfil, en colores; Beatriz, con antifaz, en los carnavales de 1921; la primera comunión de Beatriz; Beatriz, el día de su boda con Roberto Alessandri; Beatriz, poco después del divorcio, en un almuerzo del Club Hípico; Beatriz, en Quilmes, con Delia San Marco Porcel y Carlos Argentino; Beatriz, con el pekinés que le regaló Villegas Haedo; Beatriz, de frente y de tres cuartos, sonriendo; la mano en el mentón… No estaría obligado, como otras veces, a justificar mi presencia con módicas ofrendas de libros: libros cuyas páginas, finalmente, aprendía a cortar, para no comprobar, meses después, que estaban intactos.
Fragmento de El Aleph de Jorge Luis Borges
¿Cuál es la idea central del texto?
A pesar de su dolorosa agonía, la protagonista no
cayó ni en el sentimentalismo ni en el miedo.
La devoción sin esperanza a una mujer indiferente
puede resultar humillante.
La muerte de Beatriz podía servir de pretexto al
narrador para consagrarse a su memoria.
A la mujer mencionada le fascinaba retratarse para
las ocasiones importantes.
La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita. Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad; alguna vez, lo sé, mi vana devoción la había exasperado; muerta, yo podía consagrarme a su memoria, sin esperanza, pero también sin humillación. Consideré que el 30 de abril era su cumpleaños; visitar ese día la casa de la calle Garay para saludar a su padre y a Carlos Argentino Daneri, su primo hermano, era un acto cortés, irreprochable, tal vez ineludible. De nuevo aguardaría en el crepúsculo de la abarrotada salita, de nuevo estudiaría las circunstancias de sus muchos retratos: Beatriz Viterbo, de perfil, en colores; Beatriz, con antifaz, en los carnavales de 1921; la primera comunión de Beatriz; Beatriz, el día de su boda con Roberto Alessandri; Beatriz, poco después del divorcio, en un almuerzo del Club Hípico; Beatriz, en Quilmes, con Delia San Marco Porcel y Carlos Argentino; Beatriz, con el pekinés que le regaló Villegas Haedo; Beatriz, de frente y de tres cuartos, sonriendo; la mano en el mentón… No estaría obligado, como otras veces, a justificar mi presencia con módicas ofrendas de libros: libros cuyas páginas, finalmente, aprendía a cortar, para no comprobar, meses después, que estaban intactos.
Fragmento de El Aleph de Jorge Luis Borges
A partir del texto, es posible afirmar que:
El narrador sentía un afecto profundo por Beatriz.
Beatriz iba mucho a las carreras de caballos.
Carlos Argentino Daneri vivía en la casa de Beatriz.
Beatriz siempre tuvo mascotas.
La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita. Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad; alguna vez, lo sé, mi vana devoción la había exasperado; muerta, yo podía consagrarme a su memoria, sin esperanza, pero también sin humillación. Consideré que el 30 de abril era su cumpleaños; visitar ese día la casa de la calle Garay para saludar a su padre y a Carlos Argentino Daneri, su primo hermano, era un acto cortés, irreprochable, tal vez ineludible. De nuevo aguardaría en el crepúsculo de la abarrotada salita, de nuevo estudiaría las circunstancias de sus muchos retratos: Beatriz Viterbo, de perfil, en colores; Beatriz, con antifaz, en los carnavales de 1921; la primera comunión de Beatriz; Beatriz, el día de su boda con Roberto Alessandri; Beatriz, poco después del divorcio, en un almuerzo del Club Hípico; Beatriz, en Quilmes, con Delia San Marco Porcel y Carlos Argentino; Beatriz, con el pekinés que le regaló Villegas Haedo; Beatriz, de frente y de tres cuartos, sonriendo; la mano en el mentón… No estaría obligado, como otras veces, a justificar mi presencia con módicas ofrendas de libros: libros cuyas páginas, finalmente, aprendía a cortar, para no comprobar, meses después, que estaban intactos.
Fragmento de El Aleph de Jorge Luis Borges
Devoción significa en el texto:
Sufrimiento
Veneración
Piedad
Obsesión
La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita. Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad; alguna vez, lo sé, mi vana devoción la había exasperado; muerta, yo podía consagrarme a su memoria, sin esperanza, pero también sin humillación. Consideré que el 30 de abril era su cumpleaños; visitar ese día la casa de la calle Garay para saludar a su padre y a Carlos Argentino Daneri, su primo hermano, era un acto cortés, irreprochable, tal vez ineludible. De nuevo aguardaría en el crepúsculo de la abarrotada salita, de nuevo estudiaría las circunstancias de sus muchos retratos: Beatriz Viterbo, de perfil, en colores; Beatriz, con antifaz, en los carnavales de 1921; la primera comunión de Beatriz; Beatriz, el día de su boda con Roberto Alessandri; Beatriz, poco después del divorcio, en un almuerzo del Club Hípico; Beatriz, en Quilmes, con Delia San Marco Porcel y Carlos Argentino; Beatriz, con el pekinés que le regaló Villegas Haedo; Beatriz, de frente y de tres cuartos, sonriendo; la mano en el mentón… No estaría obligado, como otras veces, a justificar mi presencia con módicas ofrendas de libros: libros cuyas páginas, finalmente, aprendía a cortar, para no comprobar, meses después, que estaban intactos.
Fragmento de El Aleph de Jorge Luis Borges
Sobre el texto no es posible inferir que:
El universo es cambiante y enorme.
Algunos regalos del narrador eran poco atendidos
por Beatriz.
El cumpleaños de Beatriz se seguía celebrando
después de su muerte.
Alessandri estuvo sentimentalmente vinculado con
Beatriz.
Con el cuadro Las bañistas, realizado al final de su vida, Renoir hizo entrega de su testamento pictórico. Trabajaba con obstinación y escribía: “Soy totalmente feliz y no moriré antes de acabar mi obra maestra”. El tema de las bañistas aparece regularmente en la obra de Renoir, sobre todo en los momentos en que se interrogaba sobre el sentido que debía dar a sus investigaciones. Se trata, además, de uno de los temas fundamentales del impresionismo: Manet fue el primero en explorar las relaciones entre el desnudo y el paisaje con el “Almuerzo en el campo”; Cézanne, con el que Renoir siempre mantuvo una buena amistad, también dedicó sus últimos años a realizar bañistas monumentales y desprovistas de cualquier significación mitológica o contemporánea. Renoir concibe de igual manera a sus mujeres: rellenándolas con toda la pasión que le inspiran sus cuerpos, moldeándolas con la salud y la fuerza que siempre había venerado. El artista se entregó por completo al amor que sentía por la vida, por el cuerpo femenino y por la naturaleza, esperando quizás que sus compatriotas que combatían en la guerra, perdidos en la incertidumbre de la civilización y de sus peligros, encontrasen un mensaje de paz y de sosegada comunión con el sol y la naturaleza.
¿Cuál es el tema del texto?
Las diversas representaciones de bañistas hechas
por los pintores Renoir, Manet y Cézanne.
La importancia y trascendencia de la figura
femenina exuberante en los cuadros impresionistas
Un acercamiento al impresionismo de Renoir, Manet
y Cézanne
El sentido y rol de las representaciones de bañistas
en la obra de Renoir.
Con el cuadro Las bañistas, realizado al final de su vida, Renoir hizo entrega de su testamento pictórico. Trabajaba con obstinación y escribía: “Soy totalmente feliz y no moriré antes de acabar mi obra maestra”. El tema de las bañistas aparece regularmente en la obra de Renoir, sobre todo en los momentos en que se interrogaba sobre el sentido que debía dar a sus investigaciones. Se trata, además, de uno de los temas fundamentales del impresionismo: Manet fue el primero en explorar las relaciones entre el desnudo y el paisaje con el “Almuerzo en el campo”; Cézanne, con el que Renoir siempre mantuvo una buena amistad, también dedicó sus últimos años a realizar bañistas monumentales y desprovistas de cualquier significación mitológica o contemporánea. Renoir concibe de igual manera a sus mujeres: rellenándolas con toda la pasión que le inspiran sus cuerpos, moldeándolas con la salud y la fuerza que siempre había venerado. El artista se entregó por completo al amor que sentía por la vida, por el cuerpo femenino y por la naturaleza, esperando quizás que sus compatriotas que combatían en la guerra, perdidos en la incertidumbre de la civilización y de sus peligros, encontrasen un mensaje de paz y de sosegada comunión con el sol y la naturaleza.
¿Cuál es la idea central del texto?
Renoir se sentía totalmente rendido ante los
encantos de las mujeres de cuerpo saludable y fuerte.
Las pinturas de bañistas fueron un tema frecuente
entre los pintores impresionistas.
Las mujeres de cuerpos voluminosos fueron
representadas en varios cuadros impresionistas.
Las representaciones de bañistas en la obra de
Renoir expresan su propia visión del cuerpo femenino y la
vida.
Con el cuadro Las bañistas, realizado al final de su vida, Renoir hizo entrega de su testamento pictórico. Trabajaba con obstinación y escribía: “Soy totalmente feliz y no moriré antes de acabar mi obra maestra”. El tema de las bañistas aparece regularmente en la obra de Renoir, sobre todo en los momentos en que se interrogaba sobre el sentido que debía dar a sus investigaciones. Se trata, además, de uno de los temas fundamentales del impresionismo: Manet fue el primero en explorar las relaciones entre el desnudo y el paisaje con el “Almuerzo en el campo”; Cézanne, con el que Renoir siempre mantuvo una buena amistad, también dedicó sus últimos años a realizar bañistas monumentales y desprovistas de cualquier significación mitológica o contemporánea. Renoir concibe de igual manera a sus mujeres: rellenándolas con toda la pasión que le inspiran sus cuerpos, moldeándolas con la salud y la fuerza que siempre había venerado. El artista se entregó por completo al amor que sentía por la vida, por el cuerpo femenino y por la naturaleza, esperando quizás que sus compatriotas que combatían en la guerra, perdidos en la incertidumbre de la civilización y de sus peligros, encontrasen un mensaje de paz y de sosegada comunión con el sol y la naturaleza.
Se puede afirmar a partir del texto que:
Las bañistas son el tema principal tratado por los
pintores impresionistas.
El tema de las bañistas fue tratado por Renoir en
diversos momentos de su vida.
Renoir vivía totalmente ajeno a la situación que
vivían los soldados en la guerra.
Renoir pintaba mujeres de cuerpos voluptuosos en
todos sus cuadros.
La populosa ciudad de Hiroshima, borrada del mapa con una sola bomba atómica, Era el 8 de agosto de 1945 cuando, desde una base aérea de avanzada en el pacífico, se transmitió un parte: ”la primera bomba atómica que ha sido empleada en la guerra, una pequeña granada producida por el hombre, explotó con la fuerza de 20,000 toneladas de T.N.T., arrojada desde un B-29 y aniquiló el gran centro industrial y militar japonés de Hiroshima. Exactamente a las 9:15 hrs de esta mañana, la ciudad se destacaba sobre el claro cielo azul, y un millonésimo de segundo más tarde, tiempo imperceptible para cualquier reloj, había sido barrida por una nube de fuego arrollador, dejando el lugar como si jamás hubiese existido”.
Un título adecuado para el texto es:
La bomba atómica y sus consecuencias
El inicio de la edad atómica
La bomba atómica: inicio de una nueva era
Hiroshima, una nube de fuego
La populosa ciudad de Hiroshima, borrada del mapa con una sola bomba atómica, Era el 8 de agosto de 1945 cuando, desde una base aérea de avanzada en el pacífico, se transmitió un parte: ”la primera bomba atómica que ha sido empleada en la guerra, una pequeña granada producida por el hombre, explotó con la fuerza de 20,000 toneladas de T.N.T., arrojada desde un B-29 y aniquiló el gran centro industrial y militar japonés de Hiroshima. Exactamente a las 9:15 hrs de esta mañana, la ciudad se destacaba sobre el claro cielo azul, y un millonésimo de segundo más tarde, tiempo imperceptible para cualquier reloj, había sido barrida por una nube de fuego arrollador, dejando el lugar como si jamás hubiese existido”.
Con este breve relato el autor pretende:
Hacer un paralelo de Hiroshima.
Ser el propulsor de una tendencia nueva en la historia.
Hacer una descripción crítica y apodíctica de lo sucedido.
Narrar una gran historia.
En los altos y bajos de mi vida, en los vaivenes espirituales de mi vida interior, parece que he llegado coincidiendo con una perfecta salud corpórea, a un período de plenitud, de reposo, de serenidad. Por supuesto algo pensando que lo capital es el problema religioso, y que, para el pueblo todo, tomado en conjunto no hay solución fuera del cristianismo.
El título del texto podría ser:
La vida
Vida y cristianismo
El cristianismo
El hombre y el problema religioso
En los altos y bajos de mi vida, en los vaivenes espirituales de mi vida interior, parece que he llegado coincidiendo con una perfecta salud corpórea, a un período de plenitud, de reposo, de serenidad. Por supuesto algo pensando que lo capital es el problema religioso, y que, para el pueblo todo, tomado en conjunto no hay solución fuera del cristianismo.
El autor considera que lo capital en el problema religioso:
Se identifica con su momento de plenitud somática y psíquica.
En el cristianismo no hay solución posible para el hombre.
Coincide con los altibajos de su vida.
Está en lo profundo de su vida interior.
En los altos y bajos de mi vida, en los vaivenes espirituales de mi vida interior, parece que he llegado coincidiendo con una perfecta salud corpórea, a un período de plenitud, de reposo, de serenidad. Por supuesto algo pensando que lo capital es el problema religioso, y que, para el pueblo todo, tomado en conjunto no hay solución fuera del cristianismo.
El autor en el texto:
Vida religiosamente.
Enfatiza que lo trascendental es la religión.
Es partícipe de que el pueblo tenga altibajos en su vida.
Goza de una extraordinaria salud corpórea.
No me parece prudente que a un adolescente se le convoque para exponerse a la violencia o la banalidad, porque de esto está hecha la televisión. El artefacto denominado hace ya bastante tiempo “La caja boba” ha excluido desde siempre todo planteamiento de análisis o de pensamiento. Estar sentados pasivamente frente a un aparato que produce noventa por ciento de basura, no puede ser benéfico para nadie.
¿Cuál es la posición del autor?
La televisión es de beneficio para todos, porque nos aleja de nuestra capacidad de análisis.
La televisión no es de beneficio para nadie, porque nos aleja de nuestra capacidad de análisis.
La televisión no representa un beneficio para todos porque expone a los adolescentes a la violencia.
La televisión es la mejor opción para que los adolescentes logren sus sueños.
El alumno es más que un ser pasivo, sino un ser que está creciendo, con un potencial que debe orientarse en la dirección que le es propia. Su comportamiento se interpreta como la expresión total de su personalidad. Cada alumno es un ser humano en vías de desarrollo con formas personales de adaptación y condicionado por la influencia de la familia y de grupos sociales específicos.
¿Cuál es la idea principal del párrafo?
El alumno es más que un ser pasivo, con formas personales de adaptación y condicionado por la influencia de la familia y de grupos sociales específicos
El alumno y su comportamiento se interpreta como la expresión total de su personalidad..
El alumno es más que un ser pasivo, sino un ser que está creciendo, con un potencial que debe orientarse en la dirección que le es propia
Cada alumno es un ser humano en vías de desarrollo con formas personales de adaptación y condicionado por la influencia de la familia y de grupos sociales específicos
