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EL MUNDO CONTEMPORÁNEO (1970-2006)

EL MUNDO CONTEMPORÁNEO (1970-2006)

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History

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Adela Vallejo Solis

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EL MUNDO CONTEMPORÁNEO (1970-2006)

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A pesar de la abundancia de publicaciones sobre el “68” en México, que abarcan también sus antecedentes, causas y contextos, sorprende lo poco que se sabe tanto sobre el significado exacto de los entrelazamientos transnacionales para los sucesos en México como sobre la relación entre la contracultura y la política en el desafío del orden establecido. 

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 La presente contribución no tiene como objetivo llenar estas lagunas. Ampliando la perspectiva hacia la idea de los global sixties, el presente artículo más bien propone una reflexión sobre lo que pueden significar los planteamientos de la historia global, tanto para la comprensión de un periodo considerado como decisivo para el transcurso de la historia contemporánea mexicana, como para la interpretación de fenómenos históricos en muchas otras partes del mundo. 

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Este sondeo se hace a la luz del diagnóstico de que la historia de América Latina, y particularmente su historia contemporánea, ha quedado hasta ahora al margen de la coyuntura de la historia global. El análisis de los años sesenta se presta para dar uno de los primeros pasos en la dirección de una mayor integración de la historia latinoamericana en general y de la historia mexicana en particular en las perspectivas de la historia global. El objetivo de esta integración consiste en llegar a una mejor comprensión no sólo de lo que sucedió en México o en otros países del subcontinente y del mundo, sino también de procesos más allá de los marcos nacionales de la historia.

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Desde 1968, dicho año se ha concebido como un acontecimiento global. Muchos de los que participaron en los movimientos asociados al año icónico lo hacían con cierta conciencia de los vínculos que relacionaban sus protestas con las luchas de emancipación en otros lugares alrededor del mundo. Y en México, como en cualquier otra parte, las narraciones de los analistas y de los analizados se han entrelazado íntimamente desde entonces: hasta en la actualidad, la llamada generación del 68 sigue participando de manera prominente en la interpretación de su historia. 

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Mientras que para los que formaban parte de los movimientos y las protestas, la idea de la globalidad del 68 puede tratarse en las categorías de una “comunidad imaginada”, en el análisis histórico de los hechos no ha quedado muy claro lo que significaba esta condición global. Varios autores han interpretado el año como un punto de inflexión a nivel de la historia mundial, algunos respecto a la historia de la Guerra Fría, otros en cuanto a procesos seculares, como en el caso de Immanuel Wallerstein, quien identificó las “explosiones” de ese año como actos decisivos en la desestabilización de los fundamentos culturales del sistema-mundo como se había desarrollado desde el siglo XVI, iniciando la crisis final del sistema.

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Por su parte, otros historiadores han argumentado no tanto desde una perspectiva de historia universal, sino poniendo énfasis en la simultaneidad de los acontecimientos del 68 con el enfoque, en primer lugar, en contextos nacionales. Las conexiones entre ellos, sin embargo, se han presupuesto más que analizado.

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La integración de las distintas regiones del mundo a la percepción de la coincidencia “global” de las protestas ha variado considerablemente. Mientras que Estados Unidos, Francia y Alemania se han tratado como los centros del desafío del orden establecido, otros espacios han parecido intercambiables y se han considerado como periféricos. A estas periferias pertenecían también países del “primer mundo”. Gran Bretaña es uno de los ejemplos más prominentes, en cuyo caso varios autores han coincidido en que sí participaba de manera importante en la revolución cultural que se condensó en el 68 -alegando, por ejemplo, la “invasión británica

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pero que le faltó la dimensión política que caracterizó las revueltas en otras partes de Europa y del mundo. Sin embargo, las periferias de un 68 representado como global han comprendido sobre todo el “segundo” y el “tercer mundo”. A 20 años del hecho, de entre todas las publicaciones que abordaron el tema en el ámbito nacional, una serie de publicaciones presentaron las protestas y revueltas de ese año como un acontecimiento mundial. Las dos obras de Robert V. Daniels y de David Caute pueden considerarse representativas de las perspectivas en la historiografía de aquel entonces, dado que en ellas el “segundo mundo” -representado por Checoslovaquia- y el “tercer mundo” -represen tado por Vietnam- 

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se percibieron más que nada en función de lo que se había observado de ellos en el “primer mundo”, lo que dio lugar a la crítica al imperialismo, al capitalismo y al comunismo soviético ortodoxo. A fines de los años noventa, los enfoques de la historia global empezaron a ganar terreno en la historiografía, y en el trigésimo aniversario del 68 se publicaron libros que declararon de manera más explícita la necesidad de analizarlo como un acontecimiento global. Así, por ejemplo, los editores de la antología 1968: The World Transformed realzaron los múltiples entrelazamientos “among the hundreds of protest movements that sprang up around the world”

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Pero, otra vez, Praga y Saigón (o Hué) entraron en la perspectiva solamente en su condición de escenarios de la Guerra Fría. Y entre las 18 contribuciones al volumen había una sola sobre el “tercer mundo” que, además, se había agregado después de la conferencia en la cual se basaba la publicación. En este artículo, Arif Dirlik cubrió los sucesos en seis países asiáticos, africanos y latinoamericanos apoyándose en unas cuantas obras de la literatura secundaria. El hecho de que México fuera uno de ellos no era fortuito: la masacre de Tlatelolco diez días antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos en la capital del país había asegurado al movimiento estudiantil mexicano una atención internacional que se reproduciría de ahí en adelante en la historiografía sobre el 68.

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Cuando trabajos históricos publicados en Estados Unidos o en Europa sobre las movilizaciones de los estudiantes en este año han integrado un escenario “tercermundista”, el más aludido ha sido el caso mexicano. En concreto, un tomo editado en Francia que ya en 1988 intentó abordar el tema del 68 estudiantil no sólo en una perspectiva nacional sino también global incluyó, junto con muchas contribuciones sobre aspectos franceses de la historia, artículos sobre Estados Unidos, la República Federal Alemana (RFA), Italia, los Países Bajos -con los provos-, España, Suecia y México; el último, redactado por Jacques Lafaye

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A pesar de una idea continua de la globalidad de los hechos de 1968 a lo largo de décadas, la consideración de los procesos en las regiones del mundo designadas, según la terminología de la época, como “tercer mundo”, y más adelante como “sur global”, quedó al margen. Asimismo, a 40 años de los sucesos era todavía posible abordar el tema bajo un título como “revuelta de la juventud y protesta global”, dedicándose exclusivamente a contextos estadounidenses, europeos y japoneses -como fue el caso de una de las más leídas monografías en alemán sobre 1968

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Pero aunque su perspectiva no era global, este estudio dejó en claro el carácter construido del 68. Retomando la idea de Detlev Claussen de un “código 68”, Norbert Frei, el autor del libro, habló al respecto de una “invención”. Sobre el hecho de que 1968 establece relaciones entre múltiples acontecimientos históricos diferentes al pensarlos juntos en una simultaneidad global, existe desde hace varios años un amplio consenso en las publicaciones sobre la materia. Por lo tanto, es posible hablar hasta de una “ilusión de simultaneidad”, como lo hizo el mismo Claussen.13 Años antes, Michael Kidron y Ronald Segal ya habían ilustrado esto sin querer.

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En uno de los mapas de su The State of the World Atlas, intentaron representar los “major student disruptions” de 1968 a 1969 a nivel mundial. La gráfica muestra un sinnúmero de lugares en todos los continentes -11 en México- donde se rebelaron estudiantes en estos dos años de una manera que hubo intervención de las fuerzas del Estado. A pesar de que los autores invocaron en su texto acompañante un “sentido de unidad” de los actores, el mapamundi de las movilizaciones estudiantiles sirve menos para documentar la globalidad de un fenómeno histórico que para medir la labor interpretativa necesaria para establecer la idea de una comunidad de una amplia gama de sucesos muy heterogéneos.

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Comprender todos los pronunciamientos en que participaron jóvenes que cursaban estudios en escuelas superiores en el mismo cuadro histórico requeriría por lo menos una serie de aclaraciones, no sólo sobre el número y las identidades de los actores, sino también sobre las causas, contextos y formas de las protestas, y sobre los objetivos de los movimientos, sus estructuras organizativas, así como sobre sus dinámicas y temporalidades.

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DRA. ADELA VALLEJO SOLIS

  • Instituto Plancarte de Querétaro.


  • Historia de México III

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