
Repaso para intermedia 1
Authored by FELIPE GODOY
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1.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
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El hombre del labio torcido
—¿Qué puedo hacer por usted, señor Holmes? —dijo el inspector Bradstreet.
—Estoy interesado en el mendigo Boone, el que fue acusado de participar en la desaparición del señor Neville St. Clair.
—Sí. Fue traído aquí.
—¿Le ha ocasionado alguna molestia?
—En absoluto. Pero le advierto que es un sujeto sucio.
—¿Sucio?
—Sí. Todo lo que pudimos lograr fue que se lavara las manos. Su cara está tan negra como si hubiera pasado el día limpiando chimeneas.
—Me gustaría mucho verlo.
—Venga por aquí. Puede dejar su valija.
—Creo que la llevaré.
—Muy bien. Sígame. Y el señor Watson también.
Nos condujo por un corredor, abrió una puerta de barrotes, bajamos una escalera de caracol y llegamos a un corredor blanco con una serie de puertas a lado y lado.
—Es la tercera a la derecha —dijo el inspector—. ¡Esta es!
El prisionero yacía, con su cara vuelta hacia nosotros, sumido en un profundo sueño. Su respiración era lenta y pesada. Era un hombre de mediana estatura, vestido con una ropa deshilachada. Estaba, tal y como lo había dicho el inspector, extremadamente sucio. Una ancha y vieja cicatriz descendía desde uno de sus ojos hasta la mandíbula, al tiempo que levantaba un extremo de su labio superior de tal manera que tres de sus dientes permanecían expuestos.
—Yo presentí —dijo Holmes— que podía necesitar un baño y por eso me tomé la libertad de traer los implementos adecuados.
Abrió su valija mientras hablaba y sacó una gran esponja de baño.
Holmes se inclinó hacia la jarra de agua y humedeció la esponja. Luego friccionó vigorosamente la cara del prisionero.
—Permítanme presentarles —anunció en voz alta— al señor Neville St. Clair.
Nunca en mi vida había presenciado nada semejante. La cara del hombre se desprendió, por la acción de la esponja, como la corteza de un árbol. ¡El tinte de la cara había desaparecido! ¡Había desaparecido, también, la cicatriz que la atravesaba, y con ella, el labio torcido! Apareció ante nosotros un hombre pálido, de mirada triste y aspecto refinado, pelo negro y piel suave, que se restregaba los ojos y miraba a su alrededor con una perplejidad adormilada. Luego, de improviso, comprendiendo que había sido desenmascarado, lanzó un grito y se arrojó hacia la cama ocultando su cara entre la almohada.
—¡Cielo santo! —exclamó el inspector—. Este es, sin duda, el hombre desaparecido. Es el mismo rostro de las fotografías.
El prisionero se volvió con el abandono de un hombre que se ha puesto en manos de su destino.
—Lo que ha de ser, que sea —dijo—. ¿Podría saber de qué se me acusa?
—De la desaparición del señor Neville…—dijo el inspector.
—Si soy el señor Neville St. Clair, es obvio que no se ha cometido ningún crimen, y, por lo tanto, estoy detenido ilegalmente.
—No se ha cometido ningún crimen, pero sí un gran error —observó Holmes—. Habría sido mejor que hubiera confiado en su esposa.
—No fue por mi esposa, fue por mis hijos —se lamentó el prisionero—. ¡Por Dios! No quería que se avergonzaran de su padre. ¡Dios mío, qué vergüenza! ¿Qué puedo hacer ahora?
Sherlock Holmes se sentó a su lado y le dio unas palmaditas en el hombro.
—Estoy seguro —dijo— de que el inspector Bradstreet tomará nota de cualquier cosa que usted pueda decirnos e informará a las autoridades competentes, evitando que el caso llegue a la Corte.
—¡Dios lo bendiga! —exclamó el prisionero—. Yo habría soportado la prisión, antes que permitir que mi secreto llegara a mis hijos.
Serán ustedes los primeros en escuchar mi historia.
»En mi juventud, incursioné en el teatro y después me convertí en reportero de un periódico de Londres. Un día, mi editor quiso publicar una serie de artículos sobre los mendigos de la ciudad. Yo me ofrecí como voluntario, y ese fue el comienzo de mis aventuras. La única forma de obtener material fidedigno para mis artículos era actuar como mendigo. En mi época de actor había aprendido los secretos del maquillaje y había llegado a ser famoso en los camerinos por mi destreza. Decidí sacar ventaja de mis conocimientos. Pinté mi cara, añadiéndole una cicatriz adherida a mi labio superior con yeso color piel. Tomé posesión de un lugar en la parte más transitada del centro de la ciudad, aparentando ser un vendedor de fósforos. Durante siete horas desempeñé mi papel de mendigo y cuando regresé a casa encontré, para mi sorpresa, que había recibido veintiséis chelines y cuatro peniques.
»Escribí mis artículos y no volví a pensar en el asunto hasta que días después, respondiendo por la cuenta de un amigo, me vi obligado a pagar una letra de veinticinco libras. No tenía forma de conseguir ese dinero, pero llegó súbitamente una idea a mi cabeza. Pedí quince días de gracia al acreedor y unos días libres a mis empleadores, para dedicarme a pedir limosna en el centro de la ciudad, bajo mi anterior disfraz. Logré reunir el dinero y pagar la deuda.
»Fue una larga lucha entre mi orgullo y el dinero, pero, finalmente, dejé la reportería y me senté, día tras día, en la esquina elegida. No digo que cualquier mendigo en Londres pueda ganarse setecientas libras al año, pero yo tenía ventajas excepcionales por mi habilidad para maquillarme y por mi ingenio. Durante todo el día, una cascada de monedas caía sobre mí. Un tiempo después, me casé sin que nadie tuviera la más ligera sospecha de mis verdaderas actividades. Mi querida esposa sabía que yo tenía negocios en la ciudad, pero ignoraba su verdadera naturaleza.
»El lunes pasado, habiendo terminado la labor de ese día, me estaba vistiendo en la habitación, cuando me asomé a la ventana y vi que mi esposa estaba parada en la calle con sus ojos fijos en mí. Di un grito de sorpresa, tuve la intención de cubrirme la cara y, en la pensión donde me maquillaba, rogué que no le permitieran a nadie subir a verme. Oí la voz de mi esposa en el piso de abajo. Sabiendo que no le permitirían subir, me quité rápidamente mi ropa, me vestí de mendigo y me maquillé. Ni siquiera el ojo de una esposa podría penetrar un disfraz tan completo. Sentí los pasos de unos policías que subían rápidamente por la escalera, y pocos minutos después sucedió que, en vez de haber sido identificado como el señor Neville St. Clair, fui arrestado por su asesinato.
Arthur Conan Doyle, El hombre del labio torcido. Trad. María del Rosario García y Juan Torres Mantilla. Bogotá: Editorial Norma (1999), pp. 36-44
(fragmento adaptado).
1. A partir del relato del narrador, ¿qué proyecta la cicatriz del mendigo en el relato?:
Peligro
Falsedad
Desamparo
Desigualdad
2.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
45 sec • 1 pt
2. De acuerdo con el párrafo que inicia con las palabras “Nunca en mi vida había presenciado nada semejante”, Holmes limpia la cara de Boone con el propósito de:
Ayuda al inspector con su trabajo de higiene.
Dispone las condiciones para una entrevista
Devela la verdadera identidad del acusado
atender al mendigo antes de hablar con él.
3.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
45 sec • 1 pt
3. En relación con la forma en que está escrito el texto, ¿cuál de las siguientes características dificulta su comprensión?:
el orden de los acontecimientos
Los cambios en los tiempos verbales
La participación de dos narradores en la historia
Las referencias a un protagonista ausente del relato.
4.
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45 sec • 1 pt
4. De los últimos dos párrafos, se desprende de la relación entre Neville St. Clair y su esposa que ellos
No se conocen a fondo
se comunican a menudo
No viven en la misma casa
Llevan una vida acomodada
5.
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45 sec • 1 pt
5. ¿Cuál de las siguientes frases, si se eliminara del texto, cambiaría más la forma de percibir a Neville St. Clair?
“Era un hombre de mediana estatura, vestido con una ropa deshilachada. Estaba, tal y como lo había dicho el inspector, extremadamente sucio”.
“—No fue por mi esposa, fue por mis hijos —se lamentó el prisionero—. ¡Por Dios! No quería que se avergonzaran de su padre. ¡Dios mío, qué vergüenza!”.
“En mi época de actor había aprendido los secretos del maquillaje y había llegado a ser famoso en los camerinos por mi destreza”.
“(…) pero yo tenía ventajas excepcionales por mi habilidad para maquillarme y por mi ingenio”.
6.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
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El propósito de Neville al decir “¡Dios lo bendiga!” es agradecer porque
Protegerán a sus hijos
Saldran de la prisión sin dilatación
Se guardará discreción sobre lo ocurrido
se tomará en cuenta su testimonio en el juicio.
7.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
45 sec • 1 pt
Del último párrafo, se infiere que en la pensión
Vivía el acusado junto con su familia
se hospedaban falsos mendigos
conocían el secreto de St. Clair
había grandes ventanales
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