wayground logo

Free Printable Worksheets

NEW

Font size

S
M
L
XL
Worksheets

LC 5º PR UD 6

Total questions: 22

Worksheet time: 11mins

Name
Class
Date
1.
Marca la opción correcta
a)
Lluvia de estrellas
En las noches de estío, mucha gente organiza una excursión nocturna para ir a ver estrellas fugaces. ¡Da tanta alegría poder pedir un deseo! La noche más adecuada para verlas suele ser la del diez de agosto. Esa noche se produce una espectacular lluvia de estrellas. Si un día tienes ocasión de contemplarla, no te la pierdas: es fascinante.
b)
Lluvia de estrellas 
En las noches de estío, mucha gente organiza una excursión nocturna para ir a ver estrellas fugaces. ¡Da tanta alegría poder pedir un deseo! La noche mas adecuada para verlas suele ser la del diez de agosto. Esa noche se produce una espectacular lluvia de estrellas. Si un día tienes ocasión de contemplarla, no te la pierdas: es fascinante.
c)
Lluvia de estrellas 
En las noches de estío, mucha gente organiza una excursión nocturna para ir a ver estrellas fugaces. ¡Da tanta alegría poder pedir un deseo! La noche más adecuada para verlas suele ser la del diez de Agosto. Esa noche se produce una espectacular lluvia de estrellas. Si un día tienes ocasión de contemplarla, no te la pierdas: es fascinante.
d)
Lluvia de estrellas 
En las noches de estio, mucha gente organiza una excursión nocturna para ir a ver estrellas fugaces. ¡Da tanta alegría poder pedir un deseo! La noche más adecuada para verlas suele ser la del diez de agosto. Esa noche se produce una espectacular lluvia de estrellas. Si un día tienes ocasión de contemplarla, no te la pierdas: es fascinante.
2.
Marca la opción correcta.
a)
El big bang La cosmología es la parte de la astronomía que estudia el universo. Una de las principales preocupaciones de esta disciplina es determinar el origen y la evolución del cosmos. Sobre este tema, en la actualidad, la mayoría de los científicos apoya la denominada teoría del big bang, según la cual el universo surgió a partir de una gran explosión que tuvo lugar hace millones de años. Asimismo, la comunidad científica que defiende esta teoría sostiene que el cosmos se expande y crece de forma constante.
b)
El big bang La cosmología es la parte de la astronomía que estudia el universo. Una de las principales preocupaciones de esta disciplina es determinar el origen y la evolución del cosmos. Sobre este tema, en la actualidad, la mayoría de los científicos apoya la denominada teoría del big bang, según la cual el universo surgió a partir de una gran explosión que tuvo lugar hace millones de años. Asimismo, la comunidad científica que defiende esta teoría sostiene que el cosmos se espande y crece de forma constante.
c)
El big bang La cosmología es la parte de la astronomía que estudia el universo. Una de las principales preocupaciones de esta disciplina es determinar el origen y la evolución del cosmos. Sobre este tema, en la actualidad, la mayoría de los científicos apoya la denominada teoría del big bang, según la cual el universo surgió a partir de una gran explosión que tubo lugar hace millones de años. Asimismo, la comunidad científica que defiende esta teoría sostiene que el cosmos se expande y crece de forma constante.
d)
El big bang La cosmología es la parte de la astronomía que estudia el universo. Una de las principales preocupaciones de esta disciplina es determinar el origen y la evolución del cosmos. Sobre este tema, en la actualidad, la mayoria de los científicos apoya la denominada teoría del big bang, según la cual el universo surgió a partir de una gran explosión que tuvo lugar hace millones de años. Asimismo, la comunidad científica que defiende esta teoría sostiene que el cosmos se expande y crece de forma constante.
3.
Marca la opción correcta.
a)
En el cielo
Aquella fría noche del veintiséis de noviembre todo parecía en calma. Raúl Sáez Sainz inspeccionaba el cielo con su telescopio tal y como tenía por costumbre. De repente, algo llamó su atención: cerca de un lejano planeta algo en movimiento relucía. No había duda: era una nave espacial. Raúl sonrió satisfecho. ¡Nunca había visto algo similar!
b)
En el cielo 
Aquella fría noche del veintiseis de noviembre todo parecía en calma. Raúl Sáez Sainz inspeccionaba el cielo con su telescopio tal y como tenía por costumbre. De repente, algo llamó su atención: cerca de un lejano planeta algo en movimiento relucía. No había duda: era una nave espacial. Raúl sonrió satisfecho. ¡Nunca había visto algo similar!
c)
En el cielo 
Aquella fría noche del veintiséis de noviembre todo parecía en calma. Raúl Sáez Sainz inspeccionaba el cielo con su telescopio tal y como tenía por costunbre. De repente, algo llamó su atención: cerca de un lejano planeta algo en movimiento relucía. No había duda: era una nave espacial. Raúl sonrió satisfecho. ¡Nunca había visto algo similar!
d)
En el cielo 
Aquella fría noche del veintiséis de noviembre todo parecía en calma. Raúl Sáez Sainz inspeccionaba el cielo con su telescopio tal y como tenía por costumbre. De repente, algo llamó su atención: cerca de un lejano planeta algo en movimiento relucía. No había duda: era una nave espacial. Raúl sonrió satisfecho. ¡Nunca habia visto algo similar!
4.
Marca la opción correcta.
a)
Un eclipse de Luna
Hace unos días anunciaron en televisión que se iba a producir un eclipse lunar. Entonces mis padres decidieron organizar una excursión nocturna para ir a observarlo al campo. Entre los dos prepararon todo lo que había que llevar. Uno se encargó de la comida y la bebida, y el otro sacó del baúl las linternas para guiarnos y los almohadones para sentarnos a ver el espectáculo. Yo siempre me quejo cuando tengo que caminar, pero esa excursión fue especial y muy bonita. ¡Tengo ganas de repetir!
b)
Un eclipse de Luna 
Hace unos días anunciaron en televisión que se iva a producir un eclipse lunar. Entonces mis padres decidieron organizar una excursión nocturna para ir a observarlo al campo. Entre los dos prepararon todo lo que había que llevar. Uno se encargó de la comida y la bebida, y el otro sacó del baúl las linternas para guiarnos y los almohadones para sentarnos a ver el espectáculo. Yo siempre me quejo cuando tengo que caminar, pero esa excursión fue especial y muy bonita. ¡Tengo ganas de repetir!
c)
Un eclipse de Luna 
Hace unos días anunciaron en televisión que se iba a producir un eclipse lunar. Entonces mis padres decidieron organizar una excursión nocturna para ir a ovserbarlo al campo. Entre los dos prepararon todo lo que había que llevar. Uno se encargó de la comida y la bebida, y el otro sacó del baúl las linternas para guiarnos y los almohadones para sentarnos a ver el espectáculo. Yo siempre me quejo cuando tengo que caminar, pero esa excursión fue especial y muy bonita. ¡Tengo ganas de repetir!
d)
Un eclipse de Luna 
Hace unos días anunciaron en televisión que se iba a producir un eclipse lunar. Entonces mis padres decidieron organizar una excursión nocturna para ir a observarlo al canpo. Entre los dos prepararon todo lo que había que llevar. Uno se encargó de la comida y la bebida, y el otro sacó del baúl las linternas para guiarnos y los almohadones para sentarnos a ver el espectáculo. Yo siempre me quejo cuando tengo que caminar, pero esa excursión fue especial y muy bonita. ¡Tengo ganas de repetir!
5.
Marca la opción correcta
a)
Un campo léxico es un conjunto de palabras de diferente clase (sustantivos, adjetivos, verbos…) que están relacionadas con un mismo tema. Por ejemplo, las palabras cometa, espacial, despegar… pertenecen al campo léxico del universo. Las palabras de un campo léxico se pueden organizar en diferentes grupos. Por ejemplo: acciones, personas, lugares…
b)
Un campo semántico es un conjunto de palabras de diferente clase (sustantivos, adjetivos, verbos…) que están relacionadas con un mismo tema. Por ejemplo, las palabras cometa, espacial, despegar… pertenecen al campo semántico del universo. Las palabras de un campo semántico se pueden organizar en diferentes grupos. Por ejemplo: acciones, personas, lugares…
6.
Marca la opción correcta.
a)
Los numerales son palabras que expresan cantidad u orden de manera precisa. Los numerales pueden ser cardinales y ordinales. Los indefinidos son palabras que expresan cantidad o existencia de manera imprecisa.
b)
Los indefinidos son palabras que expresan cantidad u orden de manera precisa. Los indefinidos pueden ser cardinales y ordinales. Los numerales son palabras que expresan cantidad o existencia de manera imprecisa.
7.
Marca la opción correcta.
a)
Tienen diptongo: elegancia, náufrago, dieciséis, cuidadoso. Tienen hiato: paseo, país, toalla, griterío, geólogo. 
b)
Tienen hiato: elegancia, náufrago, dieciséis, cuidadoso. Tienen diptongo: paseo, país, toalla, griterío, geólogo.
8.
Marca la opción correcta.
a)
Los numerales cardinales se escriben en una sola palabra hasta treinta, y en dos o más a partir de ese número, excepto las decenas.
b)
Los numerales cardinales se escriben en una sola palabra hasta veinte, y en dos o más a partir de ese número, excepto las decenas.
9.
Marca la opción correcta.
a)
 Púa, amanecía, terráqueo, camaleón, país, Sofía, baúl.
b)
 Púa, amanecía, terráqueo, camaleón, pais, Sofía, baúl.
c)
 Pua, amanecía, terráqueo, camaleón, país, Sofía, baúl.
d)
 Púa, amanecía, terraqueo, camaleón, país, Sofía, baúl.
10.
Marca la opción correcta
a)
Las palabras de un campo semántico son todas de la misma clase y las del campo léxico son de categorías diferentes. Las palabras homónimas se pronuncian igual y las parónimas se pronuncian de forma parecida. Las palabras sinónimas tienen el mismo significado y las antónimas tienen el significado contrario.
b)
Las palabras de un campo semántico son todas de diferente clase y las del campo léxico son de la misma clase. Las palabras homónimas se pronuncian igual y las parónimas se pronuncian de forma parecida. Las palabras sinónimas tienen el mismo significado y las antónimas tienen el significado contrario.
c)
Las palabras de un campo semántico son todas de la misma clase y las del campo léxico son de categorías diferentes. Las palabras homónimas se pronuncian igual y las parónimas se pronuncian igual. Las palabras sinónimas tienen el mismo significado y las antónimas tienen el significado contrario.
11.
¿Cuándo los artículos el o un acompañan a sustantivos femeninos?
a)
Cuando el sustantivo comienza por a o ha tónica.
b)
Cuando el sustantivo comienza por a o ha átona.
12.
El eclipse
Cuando el juego se ponía más interesante, mamá nos llamaba. Siempre lo mismo: en cuanto el sol empezaba a salir, había que irse a dormir. Grancejo juraba que cuando fuera mayor se iba a dar el gusto de quedarse despierto hasta después del mediodía. Papá se reía y le decía que cuando fuera mayor podría hacer lo que quisiera, pero que ahora había que ir a dormir. El día era algo misterioso para nosotros. Sentíamos curiosidad por saber qué ocurría con la llegada de la luz. –Las horas de sol son peligrosas –repetía papá. Pero no nos convencía. Un día Polli vino con una gran noticia: iba a haber un eclipse de Sol. Por la tarde papá nos reunió para explicarnos bien qué era un eclipse: consistía en que el Sol se ensombrecía y, en pleno mediodía, llegaba la oscuridad. Las noches siguientes hablamos sin parar del asunto. Aunque ninguno lo admitió, la idea de que por fin íbamos a conocer los misterios que tanto nos intrigaban nos ponía a todos un poco nerviosos. Por fin llegó el día. Nos despertamos en medio de la mañana, pero estaba tan oscuro que parecía de noche. Lo primero que vimos nos asustó un poco. Debajo de un árbol, unas formas desconocidas corrían y chillaban. Nos apretujamos unos contra otros. –No tengáis miedo, esas formas que corren se llaman chicos –dijo el abuelo.
Fue entonces cuando a Grancejo se le ocurrió bajar a ver las formas de cerca. Aprovechó un momento en que mamá, papá y el abuelo se distrajeron para tirarse en picado desde lo alto del pino. Sin pensárselo dos veces, se lanzó hacia un grupo de chicos que se habían sentado en el suelo, sobre unos almohadones. En ese momento ocurrió algo inesperado: en el cielo, la esfera de sombra que cubría el Sol se desplazó dejando a la vista un borde de luz. Enseguida oí la voz de mamá llamándonos nerviosa. –¡Eh, eh! ¡Volved ahora mismo a casa! Llamé a Grancejo para que volviera y no pude creer lo que veía. Seguía bajando en picado, pero a una velocidad que daba miedo; nunca lo había visto bajar así, caía dibujando tirabuzones. Me di cuenta de que había perdido el control. En el cielo, la franja de luz se iba ensanchando momento a momento. –¡Oh, no! –gritó mamá. La esfera de sombra se deslizó completamente fuera del Sol y llegó la luz plena del mediodía. Fue así como me enteré de por qué nos íbamos a dormir cuando salía el Sol: cuando había luz, ninguno de nosotros podía ver. Lo que sucedió después fue tan rápido que me llevó tiempo entenderlo. De repente escuchamos un ruido seco, ¡plac!, de algo que chocaba al caer. Ese «algo» era Grancejo. A continuación, un confuso griterío. Eran las voces alborotadas de los chicos. –¡Mirad! ¡Mirad lo que ha caído sobre el almohadón! Mamá estaba aterrada y la barriga de papá subía y bajaba agitada por la respiración. –Oh, es muy pequeñito –decían las voces. –Pobre, la luz del Sol lo ha cegado. –¡Es un murciélago! ¿Murciélago? Aunque lo nombraban de una manera tan rara, me di cuenta de que hablaban de Grancejo. En la rama estábamos todos callados, nadie sabía qué hacer. Un rato después sentimos que el árbol se movía y algunas ramas de abajo empezaron a crujir y a agitarse. Alguien trepaba. Pronto vimos a Grancejo, bastante maltrecho y aturdido, y unas manos que lo depositaban cerca de mamá. –Aquí están los padres –dijo el chico que había subido. Grancejo temblaba, todos temblábamos. Desde ese día nunca más hemos insistido en seguir jugando cuando se asoma el Sol. Como recuerdo del eclipse nos ha quedado esa palabra tan rara que no podemos entender. Nos parece graciosa y la usamos a menudo. Cada vez que Grancejo tiene una de sus ocurrencias, para hacerlo rabiar, lo llamamos murciélago.
Cuando el juego se ponía más interesante, su mamá los llamaba. En cuanto la luna empezaba a salir, tenían que irse a dormir.
a)
Falso
b)
Verdadero
13.
El eclipse 
Cuando el juego se ponía más interesante, mamá nos llamaba. Siempre lo mismo: en cuanto el sol empezaba a salir, había que irse a dormir. Grancejo juraba que cuando fuera mayor se iba a dar el gusto de quedarse despierto hasta después del mediodía. Papá se reía y le decía que cuando fuera mayor podría hacer lo que quisiera, pero que ahora había que ir a dormir. El día era algo misterioso para nosotros. Sentíamos curiosidad por saber qué ocurría con la llegada de la luz. –Las horas de sol son peligrosas –repetía papá. Pero no nos convencía. Un día Polli vino con una gran noticia: iba a haber un eclipse de Sol. Por la tarde papá nos reunió para explicarnos bien qué era un eclipse: consistía en que el Sol se ensombrecía y, en pleno mediodía, llegaba la oscuridad. Las noches siguientes hablamos sin parar del asunto. Aunque ninguno lo admitió, la idea de que por fin íbamos a conocer los misterios que tanto nos intrigaban nos ponía a todos un poco nerviosos. Por fin llegó el día. Nos despertamos en medio de la mañana, pero estaba tan oscuro que parecía de noche. Lo primero que vimos nos asustó un poco. Debajo de un árbol, unas formas desconocidas corrían y chillaban. Nos apretujamos unos contra otros. –No tengáis miedo, esas formas que corren se llaman chicos –dijo el abuelo.
Fue entonces cuando a Grancejo se le ocurrió bajar a ver las formas de cerca. Aprovechó un momento en que mamá, papá y el abuelo se distrajeron para tirarse en picado desde lo alto del pino. Sin pensárselo dos veces, se lanzó hacia un grupo de chicos que se habían sentado en el suelo, sobre unos almohadones. En ese momento ocurrió algo inesperado: en el cielo, la esfera de sombra que cubría el Sol se desplazó dejando a la vista un borde de luz. Enseguida oí la voz de mamá llamándonos nerviosa. –¡Eh, eh! ¡Volved ahora mismo a casa! Llamé a Grancejo para que volviera y no pude creer lo que veía. Seguía bajando en picado, pero a una velocidad que daba miedo; nunca lo había visto bajar así, caía dibujando tirabuzones. Me di cuenta de que había perdido el control. En el cielo, la franja de luz se iba ensanchando momento a momento. –¡Oh, no! –gritó mamá. La esfera de sombra se deslizó completamente fuera del Sol y llegó la luz plena del mediodía. Fue así como me enteré de por qué nos íbamos a dormir cuando salía el Sol: cuando había luz, ninguno de nosotros podía ver. Lo que sucedió después fue tan rápido que me llevó tiempo entenderlo. De repente escuchamos un ruido seco, ¡plac!, de algo que chocaba al caer. Ese «algo» era Grancejo. A continuación, un confuso griterío. Eran las voces alborotadas de los chicos. –¡Mirad! ¡Mirad lo que ha caído sobre el almohadón! Mamá estaba aterrada y la barriga de papá subía y bajaba agitada por la respiración. –Oh, es muy pequeñito –decían las voces. –Pobre, la luz del Sol lo ha cegado. –¡Es un murciélago! ¿Murciélago? Aunque lo nombraban de una manera tan rara, me di cuenta de que hablaban de Grancejo. En la rama estábamos todos callados, nadie sabía qué hacer. Un rato después sentimos que el árbol se movía y algunas ramas de abajo empezaron a crujir y a agitarse. Alguien trepaba. Pronto vimos a Grancejo, bastante maltrecho y aturdido, y unas manos que lo depositaban cerca de mamá. –Aquí están los padres –dijo el chico que había subido. Grancejo temblaba, todos temblábamos. Desde ese día nunca más hemos insistido en seguir jugando cuando se asoma el Sol. Como recuerdo del eclipse nos ha quedado esa palabra tan rara que no podemos entender. Nos parece graciosa y la usamos a menudo. Cada vez que Grancejo tiene una de sus ocurrencias, para hacerlo rabiar, lo llamamos murciélago.
El dia era algo misterioso y sentían curiosidad por saber qué ocurría con la llegada de la luz.
a)
Verdadero
b)
Falso
14.
El eclipse 
Cuando el juego se ponía más interesante, mamá nos llamaba. Siempre lo mismo: en cuanto el sol empezaba a salir, había que irse a dormir. Grancejo juraba que cuando fuera mayor se iba a dar el gusto de quedarse despierto hasta después del mediodía. Papá se reía y le decía que cuando fuera mayor podría hacer lo que quisiera, pero que ahora había que ir a dormir. El día era algo misterioso para nosotros. Sentíamos curiosidad por saber qué ocurría con la llegada de la luz. –Las horas de sol son peligrosas –repetía papá. Pero no nos convencía. Un día Polli vino con una gran noticia: iba a haber un eclipse de Sol. Por la tarde papá nos reunió para explicarnos bien qué era un eclipse: consistía en que el Sol se ensombrecía y, en pleno mediodía, llegaba la oscuridad. Las noches siguientes hablamos sin parar del asunto. Aunque ninguno lo admitió, la idea de que por fin íbamos a conocer los misterios que tanto nos intrigaban nos ponía a todos un poco nerviosos. Por fin llegó el día. Nos despertamos en medio de la mañana, pero estaba tan oscuro que parecía de noche. Lo primero que vimos nos asustó un poco. Debajo de un árbol, unas formas desconocidas corrían y chillaban. Nos apretujamos unos contra otros. –No tengáis miedo, esas formas que corren se llaman chicos –dijo el abuelo.
Fue entonces cuando a Grancejo se le ocurrió bajar a ver las formas de cerca. Aprovechó un momento en que mamá, papá y el abuelo se distrajeron para tirarse en picado desde lo alto del pino. Sin pensárselo dos veces, se lanzó hacia un grupo de chicos que se habían sentado en el suelo, sobre unos almohadones. En ese momento ocurrió algo inesperado: en el cielo, la esfera de sombra que cubría el Sol se desplazó dejando a la vista un borde de luz. Enseguida oí la voz de mamá llamándonos nerviosa. –¡Eh, eh! ¡Volved ahora mismo a casa! Llamé a Grancejo para que volviera y no pude creer lo que veía. Seguía bajando en picado, pero a una velocidad que daba miedo; nunca lo había visto bajar así, caía dibujando tirabuzones. Me di cuenta de que había perdido el control. En el cielo, la franja de luz se iba ensanchando momento a momento. –¡Oh, no! –gritó mamá. La esfera de sombra se deslizó completamente fuera del Sol y llegó la luz plena del mediodía. Fue así como me enteré de por qué nos íbamos a dormir cuando salía el Sol: cuando había luz, ninguno de nosotros podía ver. Lo que sucedió después fue tan rápido que me llevó tiempo entenderlo. De repente escuchamos un ruido seco, ¡plac!, de algo que chocaba al caer. Ese «algo» era Grancejo. A continuación, un confuso griterío. Eran las voces alborotadas de los chicos. –¡Mirad! ¡Mirad lo que ha caído sobre el almohadón! Mamá estaba aterrada y la barriga de papá subía y bajaba agitada por la respiración. –Oh, es muy pequeñito –decían las voces. –Pobre, la luz del Sol lo ha cegado. –¡Es un murciélago! ¿Murciélago? Aunque lo nombraban de una manera tan rara, me di cuenta de que hablaban de Grancejo. En la rama estábamos todos callados, nadie sabía qué hacer. Un rato después sentimos que el árbol se movía y algunas ramas de abajo empezaron a crujir y a agitarse. Alguien trepaba. Pronto vimos a Grancejo, bastante maltrecho y aturdido, y unas manos que lo depositaban cerca de mamá. –Aquí están los padres –dijo el chico que había subido. Grancejo temblaba, todos temblábamos. Desde ese día nunca más hemos insistido en seguir jugando cuando se asoma el Sol. Como recuerdo del eclipse nos ha quedado esa palabra tan rara que no podemos entender. Nos parece graciosa y la usamos a menudo. Cada vez que Grancejo tiene una de sus ocurrencias, para hacerlo rabiar, lo llamamos murciélago.
Un eclipse consistía en que el sol se ensombrecía y, en pleno mediodía, llegaba la oscuridad.
a)
Verdadero
b)
Falso
15.
Grancejo bajó para ver aEl eclipse 
Cuando el juego se ponía más interesante, mamá nos llamaba. Siempre lo mismo: en cuanto el sol empezaba a salir, había que irse a dormir. Grancejo juraba que cuando fuera mayor se iba a dar el gusto de quedarse despierto hasta después del mediodía. Papá se reía y le decía que cuando fuera mayor podría hacer lo que quisiera, pero que ahora había que ir a dormir. El día era algo misterioso para nosotros. Sentíamos curiosidad por saber qué ocurría con la llegada de la luz. –Las horas de sol son peligrosas –repetía papá. Pero no nos convencía. Un día Polli vino con una gran noticia: iba a haber un eclipse de Sol. Por la tarde papá nos reunió para explicarnos bien qué era un eclipse: consistía en que el Sol se ensombrecía y, en pleno mediodía, llegaba la oscuridad. Las noches siguientes hablamos sin parar del asunto. Aunque ninguno lo admitió, la idea de que por fin íbamos a conocer los misterios que tanto nos intrigaban nos ponía a todos un poco nerviosos. Por fin llegó el día. Nos despertamos en medio de la mañana, pero estaba tan oscuro que parecía de noche. Lo primero que vimos nos asustó un poco. Debajo de un árbol, unas formas desconocidas corrían y chillaban. Nos apretujamos unos contra otros. –No tengáis miedo, esas formas que corren se llaman chicos –dijo el abuelo.
Fue entonces cuando a Grancejo se le ocurrió bajar a ver las formas de cerca. Aprovechó un momento en que mamá, papá y el abuelo se distrajeron para tirarse en picado desde lo alto del pino. Sin pensárselo dos veces, se lanzó hacia un grupo de chicos que se habían sentado en el suelo, sobre unos almohadones. En ese momento ocurrió algo inesperado: en el cielo, la esfera de sombra que cubría el Sol se desplazó dejando a la vista un borde de luz. Enseguida oí la voz de mamá llamándonos nerviosa. –¡Eh, eh! ¡Volved ahora mismo a casa! Llamé a Grancejo para que volviera y no pude creer lo que veía. Seguía bajando en picado, pero a una velocidad que daba miedo; nunca lo había visto bajar así, caía dibujando tirabuzones. Me di cuenta de que había perdido el control. En el cielo, la franja de luz se iba ensanchando momento a momento. –¡Oh, no! –gritó mamá. La esfera de sombra se deslizó completamente fuera del Sol y llegó la luz plena del mediodía. Fue así como me enteré de por qué nos íbamos a dormir cuando salía el Sol: cuando había luz, ninguno de nosotros podía ver. Lo que sucedió después fue tan rápido que me llevó tiempo entenderlo. De repente escuchamos un ruido seco, ¡plac!, de algo que chocaba al caer. Ese «algo» era Grancejo. A continuación, un confuso griterío. Eran las voces alborotadas de los chicos. –¡Mirad! ¡Mirad lo que ha caído sobre el almohadón! Mamá estaba aterrada y la barriga de papá subía y bajaba agitada por la respiración. –Oh, es muy pequeñito –decían las voces. –Pobre, la luz del Sol lo ha cegado. –¡Es un murciélago! ¿Murciélago? Aunque lo nombraban de una manera tan rara, me di cuenta de que hablaban de Grancejo. En la rama estábamos todos callados, nadie sabía qué hacer. Un rato después sentimos que el árbol se movía y algunas ramas de abajo empezaron a crujir y a agitarse. Alguien trepaba. Pronto vimos a Grancejo, bastante maltrecho y aturdido, y unas manos que lo depositaban cerca de mamá. –Aquí están los padres –dijo el chico que había subido. Grancejo temblaba, todos temblábamos. Desde ese día nunca más hemos insistido en seguir jugando cuando se asoma el Sol. Como recuerdo del eclipse nos ha quedado esa palabra tan rara que no podemos entender. Nos parece graciosa y la usamos a menudo. Cada vez que Grancejo tiene una de sus ocurrencias, para hacerlo rabiar, lo llamamos murciélago.
Grancejo bajó para ver a los niños de verca tirándose en picado desde lo alto del abeto.
a)
Falso
b)
Verdadero
16.
El eclipse 
Cuando el juego se ponía más interesante, mamá nos llamaba. Siempre lo mismo: en cuanto el sol empezaba a salir, había que irse a dormir. Grancejo juraba que cuando fuera mayor se iba a dar el gusto de quedarse despierto hasta después del mediodía. Papá se reía y le decía que cuando fuera mayor podría hacer lo que quisiera, pero que ahora había que ir a dormir. El día era algo misterioso para nosotros. Sentíamos curiosidad por saber qué ocurría con la llegada de la luz. –Las horas de sol son peligrosas –repetía papá. Pero no nos convencía. Un día Polli vino con una gran noticia: iba a haber un eclipse de Sol. Por la tarde papá nos reunió para explicarnos bien qué era un eclipse: consistía en que el Sol se ensombrecía y, en pleno mediodía, llegaba la oscuridad. Las noches siguientes hablamos sin parar del asunto. Aunque ninguno lo admitió, la idea de que por fin íbamos a conocer los misterios que tanto nos intrigaban nos ponía a todos un poco nerviosos. Por fin llegó el día. Nos despertamos en medio de la mañana, pero estaba tan oscuro que parecía de noche. Lo primero que vimos nos asustó un poco. Debajo de un árbol, unas formas desconocidas corrían y chillaban. Nos apretujamos unos contra otros. –No tengáis miedo, esas formas que corren se llaman chicos –dijo el abuelo.
Fue entonces cuando a Grancejo se le ocurrió bajar a ver las formas de cerca. Aprovechó un momento en que mamá, papá y el abuelo se distrajeron para tirarse en picado desde lo alto del pino. Sin pensárselo dos veces, se lanzó hacia un grupo de chicos que se habían sentado en el suelo, sobre unos almohadones. En ese momento ocurrió algo inesperado: en el cielo, la esfera de sombra que cubría el Sol se desplazó dejando a la vista un borde de luz. Enseguida oí la voz de mamá llamándonos nerviosa. –¡Eh, eh! ¡Volved ahora mismo a casa! Llamé a Grancejo para que volviera y no pude creer lo que veía. Seguía bajando en picado, pero a una velocidad que daba miedo; nunca lo había visto bajar así, caía dibujando tirabuzones. Me di cuenta de que había perdido el control. En el cielo, la franja de luz se iba ensanchando momento a momento. –¡Oh, no! –gritó mamá. La esfera de sombra se deslizó completamente fuera del Sol y llegó la luz plena del mediodía. Fue así como me enteré de por qué nos íbamos a dormir cuando salía el Sol: cuando había luz, ninguno de nosotros podía ver. Lo que sucedió después fue tan rápido que me llevó tiempo entenderlo. De repente escuchamos un ruido seco, ¡plac!, de algo que chocaba al caer. Ese «algo» era Grancejo. A continuación, un confuso griterío. Eran las voces alborotadas de los chicos. –¡Mirad! ¡Mirad lo que ha caído sobre el almohadón! Mamá estaba aterrada y la barriga de papá subía y bajaba agitada por la respiración. –Oh, es muy pequeñito –decían las voces. –Pobre, la luz del Sol lo ha cegado. –¡Es un murciélago! ¿Murciélago? Aunque lo nombraban de una manera tan rara, me di cuenta de que hablaban de Grancejo. En la rama estábamos todos callados, nadie sabía qué hacer. Un rato después sentimos que el árbol se movía y algunas ramas de abajo empezaron a crujir y a agitarse. Alguien trepaba. Pronto vimos a Grancejo, bastante maltrecho y aturdido, y unas manos que lo depositaban cerca de mamá. –Aquí están los padres –dijo el chico que había subido. Grancejo temblaba, todos temblábamos. Desde ese día nunca más hemos insistido en seguir jugando cuando se asoma el Sol. Como recuerdo del eclipse nos ha quedado esa palabra tan rara que no podemos entender. Nos parece graciosa y la usamos a menudo. Cada vez que Grancejo tiene una de sus ocurrencias, para hacerlo rabiar, lo llamamos murciélago.
Su mamá los llamó para que volvieran a casa. La luz se iba ensanchando de momento a momento.
a)
Verdadero
b)
Falso
17.
El eclipse 
Cuando el juego se ponía más interesante, mamá nos llamaba. Siempre lo mismo: en cuanto el sol empezaba a salir, había que irse a dormir. Grancejo juraba que cuando fuera mayor se iba a dar el gusto de quedarse despierto hasta después del mediodía. Papá se reía y le decía que cuando fuera mayor podría hacer lo que quisiera, pero que ahora había que ir a dormir. El día era algo misterioso para nosotros. Sentíamos curiosidad por saber qué ocurría con la llegada de la luz. –Las horas de sol son peligrosas –repetía papá. Pero no nos convencía. Un día Polli vino con una gran noticia: iba a haber un eclipse de Sol. Por la tarde papá nos reunió para explicarnos bien qué era un eclipse: consistía en que el Sol se ensombrecía y, en pleno mediodía, llegaba la oscuridad. Las noches siguientes hablamos sin parar del asunto. Aunque ninguno lo admitió, la idea de que por fin íbamos a conocer los misterios que tanto nos intrigaban nos ponía a todos un poco nerviosos. Por fin llegó el día. Nos despertamos en medio de la mañana, pero estaba tan oscuro que parecía de noche. Lo primero que vimos nos asustó un poco. Debajo de un árbol, unas formas desconocidas corrían y chillaban. Nos apretujamos unos contra otros. –No tengáis miedo, esas formas que corren se llaman chicos –dijo el abuelo.
Fue entonces cuando a Grancejo se le ocurrió bajar a ver las formas de cerca. Aprovechó un momento en que mamá, papá y el abuelo se distrajeron para tirarse en picado desde lo alto del pino. Sin pensárselo dos veces, se lanzó hacia un grupo de chicos que se habían sentado en el suelo, sobre unos almohadones. En ese momento ocurrió algo inesperado: en el cielo, la esfera de sombra que cubría el Sol se desplazó dejando a la vista un borde de luz. Enseguida oí la voz de mamá llamándonos nerviosa. –¡Eh, eh! ¡Volved ahora mismo a casa! Llamé a Grancejo para que volviera y no pude creer lo que veía. Seguía bajando en picado, pero a una velocidad que daba miedo; nunca lo había visto bajar así, caía dibujando tirabuzones. Me di cuenta de que había perdido el control. En el cielo, la franja de luz se iba ensanchando momento a momento. –¡Oh, no! –gritó mamá. La esfera de sombra se deslizó completamente fuera del Sol y llegó la luz plena del mediodía. Fue así como me enteré de por qué nos íbamos a dormir cuando salía el Sol: cuando había luz, ninguno de nosotros podía ver. Lo que sucedió después fue tan rápido que me llevó tiempo entenderlo. De repente escuchamos un ruido seco, ¡plac!, de algo que chocaba al caer. Ese «algo» era Grancejo. A continuación, un confuso griterío. Eran las voces alborotadas de los chicos. –¡Mirad! ¡Mirad lo que ha caído sobre el almohadón! Mamá estaba aterrada y la barriga de papá subía y bajaba agitada por la respiración. –Oh, es muy pequeñito –decían las voces. –Pobre, la luz del Sol lo ha cegado. –¡Es un murciélago! ¿Murciélago? Aunque lo nombraban de una manera tan rara, me di cuenta de que hablaban de Grancejo. En la rama estábamos todos callados, nadie sabía qué hacer. Un rato después sentimos que el árbol se movía y algunas ramas de abajo empezaron a crujir y a agitarse. Alguien trepaba. Pronto vimos a Grancejo, bastante maltrecho y aturdido, y unas manos que lo depositaban cerca de mamá. –Aquí están los padres –dijo el chico que había subido. Grancejo temblaba, todos temblábamos. Desde ese día nunca más hemos insistido en seguir jugando cuando se asoma el Sol. Como recuerdo del eclipse nos ha quedado esa palabra tan rara que no podemos entender. Nos parece graciosa y la usamos a menudo. Cada vez que Grancejo tiene una de sus ocurrencias, para hacerlo rabiar, lo llamamos murciélago.
Grancejo se deslumbró con la luz y cayó sobre un almohadón. Un chico trepó al árbol y lo dejó junto a su madre.
a)
Verdadero
b)
Falso
18.
¿Por qué lleva tilde la palabra océano?
a)
Porque es una palabra esdrújula y las palabras esdrújulas se acentúan siempre.
b)
Porque es una palabra llana acabada en vocal.
19.
¿Por qué lleva tilde el nombre propio María?
a)
Porque es una palabra que contiene un hiato formado por una vocal cerrada y una abierta.
b)
Porque es una palabra aguda acabada en vocal.
20.
¿Por qué lleva tilde el apellido Peláez?
a)
Porque es una palabra llana acabada en consonante distinta de n o s.
b)
Porque es una palabra aguda acabada en consonante distinta de n o s.
21.
¿Por qué no lleva tilde la palabra marea?
a)
Porque es una palabra llana acabada en vocal.
b)
Porque es una palabra aguda acabada en vocal.
22.
¿Por qué no lleva tilde el verbo creer?
a)
Porque es una palabra aguda que acaba en consonante distinta de n o s.
b)
Porque es una palabra aguda que acaba en consonante.