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WorksheetsLengua Castellana. 2º Pr. Unidad 10. Colegio Peñafort
Total questions: 41
Worksheet time: 21mins
Érase una vez un pobre carpintero que trabajaba de sol a sol para alimentar a su familia.
Texto correcto
Texto incorrecto
Un día hubo una terrible tormenta en su pequeña aldea. El río se desbordó y las aguas destrulleron el viejo puente de madera. El pueblecito se quedó aislado, pues ese puente era el único camino para ir a la ciudad.
Texto correcto
Texto incorrecto
Horas después del desastre, el hombre más rico
del pueblo se presentó en el taller del carpintero y le dijo:
–Avelino, tienes que construir un nuevo puente. Dentro de
tres días he de llevar mis productos al mercado. Si no, será mi ruina.
Texto correcto
Texto incorrecto
–No puedo hacer un puente en tan poco tiempo.
–Piensatelo bien. ¡Si lo consigues, te daré mil monedas de oro!
Texto correcto
Texto incorrecto
Y el ricachón se fue de allí dando un portazo.
Texto correcto
Texto incorrecto
Avelino empezó a plantearse la construcción de aquella obra, pues ese dinero le venia muy bien. Así que hizo los planos, calculó la madera necesaria, pensó en posibles ayudantes...
Texto correcto
Texto incorrecto
–¡Es imposible! ¡Una locura! –exclamó abatido poco después.
Texto correcto
Texto incorrecto
En ese momento entró en el taller un extraño anciano, que le dijo:
–Yo puedo ayudarte a tener el puente terminado en tres dias.
Texto correcto
Texto incorrecto
El pobre carpintero se sobrecogió. El personaje que tenía ante él era el mismísimo diablo.
Texto correcto
Texto incorrecto
–Es usted muy jeneroso, señor –le contestó Avelino temeroso–. ¿De verdad puede hacer ese puente? ¿Cómo podré pagarle este enorme favor?
Texto correcto
Texto incorrecto
–Me es fácil hacerlo. Y no quiero que me pagues. Solo te pondré una condición: cuando el puente esté acabado, el primero que lo cruce me pertenecerá y se vendrá conmigo para siempre.
Texto correcto
Texto incorrecto
–De acuerdo –respondió Avelino.
Al amanecer del tercer día, Avelino vio un magnifico puente sobre el río. Así que decidió poner en marcha el plan que había ideado.
Texto correcto
Texto incorrecto
Muy animado, cogió una cabra, la ató con una cuerda y la llevó hasta un extremo del puente. En la otra orilla esperaba el terrorífico anciano con cara triunfal.
Texto correcto
Texto incorrecto
–¡Probaré la resistencia del puente! –gritó Avelino soltando a la cavra.
Texto correcto
Texto incorrecto
El animalito cruzó el puente y se lanzó contra aquel malvado, quien, para esquivarla, se tiró al río y acabó arrastrado por la corriente.
Texto correcto
Texto incorrecto
De este modo, el carpintero recivió la recompensa prometida por haber construido el puente y ninguno de sus vecinos supo nunca cómo lo había conseguido.
Texto correcto
Texto incorrecto
El puente del diablo
Érase una vez un pobre carpintero que trabajaba de sol a sol para alimentar a su familia.
Un día hubo una terrible tormenta en su pequeña aldea. El río se desbordó y las aguas destruyeron el viejo puente de madera. El pueblecito se quedó aislado, pues ese puente era el único camino para ir a la ciudad.
Horas después del desastre, el hombre más rico
del pueblo se presentó en el taller del carpintero y le dijo:
–Avelino, tienes que construir un nuevo puente. Dentro de
tres días he de llevar mis productos al mercado. Si no, será mi ruina.
–No puedo hacer un puente en tan poco tiempo.
–Piénsatelo bien. ¡Si lo consigues, te daré mil monedas de oro!
Y el ricachón se fue de allí dando un portazo.
Avelino empezó a plantearse la construcción de aquella obra, pues
ese dinero le venía muy bien. Así que hizo los planos, calculó la madera necesaria, pensó en posibles ayudantes...
–¡Es imposible! ¡Una locura! –exclamó abatido poco después.
En ese momento entró en el taller un extraño anciano, que le dijo: –Yo puedo ayudarte a tener el puente terminado en tres días.
El pobre carpintero se sobrecogió. El personaje que tenía ante él era el mismísimo diablo.
–Es usted muy generoso, señor –le contestó Avelino temeroso–. ¿De verdad puede hacer ese puente? ¿Cómo podré pagarle este enorme favor?
–Me es fácil hacerlo. Y no quiero que me pagues. Solo te pondré una condición: cuando el puente esté acabado, el primero que lo cruce me pertenecerá y se vendrá conmigo para siempre.
–De acuerdo –respondió Avelino.
Al amanecer del tercer día, Avelino vio un magnífico puente sobre el río. Así que decidió poner en marcha el plan que había ideado. Muy animado, cogió una cabra, la ató con una cuerda y la llevó
hasta un extremo del puente. En la otra orilla esperaba el terrorífico anciano con cara triunfal.
–¡Probaré la resistencia del puente! –gritó Avelino soltando a la cabra.
El animalito cruzó el puente y se lanzó contra aquel malvado, quien, para esquivarla, se tiró al río y acabó arrastrado por la corriente.
De este modo, el carpintero recibió la recompensa prometida por haber construido el puente y ninguno de sus vecinos supo nunca cómo lo había conseguido.
El viejo puente era importante para la aldea porque era el único camino para ir a la ciudad.
Verdadero
Falso
El puente del diablo
Érase una vez un pobre carpintero que trabajaba de sol a sol para alimentar a su familia.
Un día hubo una terrible tormenta en su pequeña aldea. El río se desbordó y las aguas destruyeron el viejo puente de madera. El pueblecito se quedó aislado, pues ese puente era el único camino para ir a la ciudad.
Horas después del desastre, el hombre más rico
del pueblo se presentó en el taller del carpintero y le dijo:
–Avelino, tienes que construir un nuevo puente. Dentro de
tres días he de llevar mis productos al mercado. Si no, será mi ruina.
–No puedo hacer un puente en tan poco tiempo.
–Piénsatelo bien. ¡Si lo consigues, te daré mil monedas de oro!
Y el ricachón se fue de allí dando un portazo.
Avelino empezó a plantearse la construcción de aquella obra, pues
ese dinero le venía muy bien. Así que hizo los planos, calculó la madera necesaria, pensó en posibles ayudantes...
–¡Es imposible! ¡Una locura! –exclamó abatido poco después.
En ese momento entró en el taller un extraño anciano, que le dijo: –Yo puedo ayudarte a tener el puente terminado en tres días.
El pobre carpintero se sobrecogió. El personaje que tenía ante él era el mismísimo diablo.
–Es usted muy generoso, señor –le contestó Avelino temeroso–. ¿De verdad puede hacer ese puente? ¿Cómo podré pagarle este enorme favor?
–Me es fácil hacerlo. Y no quiero que me pagues. Solo te pondré una condición: cuando el puente esté acabado, el primero que lo cruce me pertenecerá y se vendrá conmigo para siempre.
–De acuerdo –respondió Avelino.
Al amanecer del tercer día, Avelino vio un magnífico puente sobre el río. Así que decidió poner en marcha el plan que había ideado. Muy animado, cogió una cabra, la ató con una cuerda y la llevó
hasta un extremo del puente. En la otra orilla esperaba el terrorífico anciano con cara triunfal.
–¡Probaré la resistencia del puente! –gritó Avelino soltando a la cabra.
El animalito cruzó el puente y se lanzó contra aquel malvado, quien, para esquivarla, se tiró al río y acabó arrastrado por la corriente.
De este modo, el carpintero recibió la recompensa prometida por haber construido el puente y ninguno de sus vecinos supo nunca cómo lo había conseguido.
El viejo puente se rompió porque se desbordó el río.
Verdadero
Falso
El puente del diablo
Érase una vez un pobre carpintero que trabajaba de sol a sol para alimentar a su familia.
Un día hubo una terrible tormenta en su pequeña aldea. El río se desbordó y las aguas destruyeron el viejo puente de madera. El pueblecito se quedó aislado, pues ese puente era el único camino para ir a la ciudad.
Horas después del desastre, el hombre más rico
del pueblo se presentó en el taller del carpintero y le dijo:
–Avelino, tienes que construir un nuevo puente. Dentro de
tres días he de llevar mis productos al mercado. Si no, será mi ruina.
–No puedo hacer un puente en tan poco tiempo.
–Piénsatelo bien. ¡Si lo consigues, te daré mil monedas de oro!
Y el ricachón se fue de allí dando un portazo.
Avelino empezó a plantearse la construcción de aquella obra, pues
ese dinero le venía muy bien. Así que hizo los planos, calculó la madera necesaria, pensó en posibles ayudantes...
–¡Es imposible! ¡Una locura! –exclamó abatido poco después.
En ese momento entró en el taller un extraño anciano, que le dijo: –Yo puedo ayudarte a tener el puente terminado en tres días.
El pobre carpintero se sobrecogió. El personaje que tenía ante él era el mismísimo diablo.
–Es usted muy generoso, señor –le contestó Avelino temeroso–. ¿De verdad puede hacer ese puente? ¿Cómo podré pagarle este enorme favor?
–Me es fácil hacerlo. Y no quiero que me pagues. Solo te pondré una condición: cuando el puente esté acabado, el primero que lo cruce me pertenecerá y se vendrá conmigo para siempre.
–De acuerdo –respondió Avelino.
Al amanecer del tercer día, Avelino vio un magnífico puente sobre el río. Así que decidió poner en marcha el plan que había ideado. Muy animado, cogió una cabra, la ató con una cuerda y la llevó
hasta un extremo del puente. En la otra orilla esperaba el terrorífico anciano con cara triunfal.
–¡Probaré la resistencia del puente! –gritó Avelino soltando a la cabra.
El animalito cruzó el puente y se lanzó contra aquel malvado, quien, para esquivarla, se tiró al río y acabó arrastrado por la corriente.
De este modo, el carpintero recibió la recompensa prometida por haber construido el puente y ninguno de sus vecinos supo nunca cómo lo había conseguido.
¿Quién lo dice? Relaciona.
Tienes que hacer un nuevo puente en tres días.
El carpintero
El hombre rico
El extraño anciano
El puente del diablo
Érase una vez un pobre carpintero que trabajaba de sol a sol para alimentar a su familia.
Un día hubo una terrible tormenta en su pequeña aldea. El río se desbordó y las aguas destruyeron el viejo puente de madera. El pueblecito se quedó aislado, pues ese puente era el único camino para ir a la ciudad.
Horas después del desastre, el hombre más rico
del pueblo se presentó en el taller del carpintero y le dijo:
–Avelino, tienes que construir un nuevo puente. Dentro de
tres días he de llevar mis productos al mercado. Si no, será mi ruina.
–No puedo hacer un puente en tan poco tiempo.
–Piénsatelo bien. ¡Si lo consigues, te daré mil monedas de oro!
Y el ricachón se fue de allí dando un portazo.
Avelino empezó a plantearse la construcción de aquella obra, pues
ese dinero le venía muy bien. Así que hizo los planos, calculó la madera necesaria, pensó en posibles ayudantes...
–¡Es imposible! ¡Una locura! –exclamó abatido poco después.
En ese momento entró en el taller un extraño anciano, que le dijo: –Yo puedo ayudarte a tener el puente terminado en tres días.
El pobre carpintero se sobrecogió. El personaje que tenía ante él era el mismísimo diablo.
–Es usted muy generoso, señor –le contestó Avelino temeroso–. ¿De verdad puede hacer ese puente? ¿Cómo podré pagarle este enorme favor?
–Me es fácil hacerlo. Y no quiero que me pagues. Solo te pondré una condición: cuando el puente esté acabado, el primero que lo cruce me pertenecerá y se vendrá conmigo para siempre.
–De acuerdo –respondió Avelino.
Al amanecer del tercer día, Avelino vio un magnífico puente sobre el río. Así que decidió poner en marcha el plan que había ideado. Muy animado, cogió una cabra, la ató con una cuerda y la llevó
hasta un extremo del puente. En la otra orilla esperaba el terrorífico anciano con cara triunfal.
–¡Probaré la resistencia del puente! –gritó Avelino soltando a la cabra.
El animalito cruzó el puente y se lanzó contra aquel malvado, quien, para esquivarla, se tiró al río y acabó arrastrado por la corriente.
De este modo, el carpintero recibió la recompensa prometida por haber construido el puente y ninguno de sus vecinos supo nunca cómo lo había conseguido.
¿Quién lo dice? Relaciona.
El puente estará terminado en esa fecha.
El carpintero
El hombre rico
El extraño anciano
El puente del diablo
Érase una vez un pobre carpintero que trabajaba de sol a sol para alimentar a su familia.
Un día hubo una terrible tormenta en su pequeña aldea. El río se desbordó y las aguas destruyeron el viejo puente de madera. El pueblecito se quedó aislado, pues ese puente era el único camino para ir a la ciudad.
Horas después del desastre, el hombre más rico
del pueblo se presentó en el taller del carpintero y le dijo:
–Avelino, tienes que construir un nuevo puente. Dentro de
tres días he de llevar mis productos al mercado. Si no, será mi ruina.
–No puedo hacer un puente en tan poco tiempo.
–Piénsatelo bien. ¡Si lo consigues, te daré mil monedas de oro!
Y el ricachón se fue de allí dando un portazo.
Avelino empezó a plantearse la construcción de aquella obra, pues
ese dinero le venía muy bien. Así que hizo los planos, calculó la madera necesaria, pensó en posibles ayudantes...
–¡Es imposible! ¡Una locura! –exclamó abatido poco después.
En ese momento entró en el taller un extraño anciano, que le dijo: –Yo puedo ayudarte a tener el puente terminado en tres días.
El pobre carpintero se sobrecogió. El personaje que tenía ante él era el mismísimo diablo.
–Es usted muy generoso, señor –le contestó Avelino temeroso–. ¿De verdad puede hacer ese puente? ¿Cómo podré pagarle este enorme favor?
–Me es fácil hacerlo. Y no quiero que me pagues. Solo te pondré una condición: cuando el puente esté acabado, el primero que lo cruce me pertenecerá y se vendrá conmigo para siempre.
–De acuerdo –respondió Avelino.
Al amanecer del tercer día, Avelino vio un magnífico puente sobre el río. Así que decidió poner en marcha el plan que había ideado. Muy animado, cogió una cabra, la ató con una cuerda y la llevó
hasta un extremo del puente. En la otra orilla esperaba el terrorífico anciano con cara triunfal.
–¡Probaré la resistencia del puente! –gritó Avelino soltando a la cabra.
El animalito cruzó el puente y se lanzó contra aquel malvado, quien, para esquivarla, se tiró al río y acabó arrastrado por la corriente.
De este modo, el carpintero recibió la recompensa prometida por haber construido el puente y ninguno de sus vecinos supo nunca cómo lo había conseguido.
¿Quién lo dice? Relaciona.
No puedo hacer un puente en ese plazo.
El carpintero
El hombre rico
El extraño anciano
El puente del diablo
Érase una vez un pobre carpintero que trabajaba de sol a sol para alimentar a su familia.
Un día hubo una terrible tormenta en su pequeña aldea. El río se desbordó y las aguas destruyeron el viejo puente de madera. El pueblecito se quedó aislado, pues ese puente era el único camino para ir a la ciudad.
Horas después del desastre, el hombre más rico
del pueblo se presentó en el taller del carpintero y le dijo:
–Avelino, tienes que construir un nuevo puente. Dentro de
tres días he de llevar mis productos al mercado. Si no, será mi ruina.
–No puedo hacer un puente en tan poco tiempo.
–Piénsatelo bien. ¡Si lo consigues, te daré mil monedas de oro!
Y el ricachón se fue de allí dando un portazo.
Avelino empezó a plantearse la construcción de aquella obra, pues
ese dinero le venía muy bien. Así que hizo los planos, calculó la madera necesaria, pensó en posibles ayudantes...
–¡Es imposible! ¡Una locura! –exclamó abatido poco después.
En ese momento entró en el taller un extraño anciano, que le dijo: –Yo puedo ayudarte a tener el puente terminado en tres días.
El pobre carpintero se sobrecogió. El personaje que tenía ante él era el mismísimo diablo.
–Es usted muy generoso, señor –le contestó Avelino temeroso–. ¿De verdad puede hacer ese puente? ¿Cómo podré pagarle este enorme favor?
–Me es fácil hacerlo. Y no quiero que me pagues. Solo te pondré una condición: cuando el puente esté acabado, el primero que lo cruce me pertenecerá y se vendrá conmigo para siempre.
–De acuerdo –respondió Avelino.
Al amanecer del tercer día, Avelino vio un magnífico puente sobre el río. Así que decidió poner en marcha el plan que había ideado. Muy animado, cogió una cabra, la ató con una cuerda y la llevó
hasta un extremo del puente. En la otra orilla esperaba el terrorífico anciano con cara triunfal.
–¡Probaré la resistencia del puente! –gritó Avelino soltando a la cabra.
El animalito cruzó el puente y se lanzó contra aquel malvado, quien, para esquivarla, se tiró al río y acabó arrastrado por la corriente.
De este modo, el carpintero recibió la recompensa prometida por haber construido el puente y ninguno de sus vecinos supo nunca cómo lo había conseguido.
¿Qué condición le puso el diablo al carpintero para hacer el puente?
Que el primero en cruzar el puente le pertenecería y se iría con él para siempre.
Que el último en cruzar el puente le pertenecería y se iría con él para siempre.
El puente del diablo
Érase una vez un pobre carpintero que trabajaba de sol a sol para alimentar a su familia.
Un día hubo una terrible tormenta en su pequeña aldea. El río se desbordó y las aguas destruyeron el viejo puente de madera. El pueblecito se quedó aislado, pues ese puente era el único camino para ir a la ciudad.
Horas después del desastre, el hombre más rico
del pueblo se presentó en el taller del carpintero y le dijo:
–Avelino, tienes que construir un nuevo puente. Dentro de
tres días he de llevar mis productos al mercado. Si no, será mi ruina.
–No puedo hacer un puente en tan poco tiempo.
–Piénsatelo bien. ¡Si lo consigues, te daré mil monedas de oro!
Y el ricachón se fue de allí dando un portazo.
Avelino empezó a plantearse la construcción de aquella obra, pues
ese dinero le venía muy bien. Así que hizo los planos, calculó la madera necesaria, pensó en posibles ayudantes...
–¡Es imposible! ¡Una locura! –exclamó abatido poco después.
En ese momento entró en el taller un extraño anciano, que le dijo: –Yo puedo ayudarte a tener el puente terminado en tres días.
El pobre carpintero se sobrecogió. El personaje que tenía ante él era el mismísimo diablo.
–Es usted muy generoso, señor –le contestó Avelino temeroso–. ¿De verdad puede hacer ese puente? ¿Cómo podré pagarle este enorme favor?
–Me es fácil hacerlo. Y no quiero que me pagues. Solo te pondré una condición: cuando el puente esté acabado, el primero que lo cruce me pertenecerá y se vendrá conmigo para siempre.
–De acuerdo –respondió Avelino.
Al amanecer del tercer día, Avelino vio un magnífico puente sobre el río. Así que decidió poner en marcha el plan que había ideado. Muy animado, cogió una cabra, la ató con una cuerda y la llevó
hasta un extremo del puente. En la otra orilla esperaba el terrorífico anciano con cara triunfal.
–¡Probaré la resistencia del puente! –gritó Avelino soltando a la cabra.
El animalito cruzó el puente y se lanzó contra aquel malvado, quien, para esquivarla, se tiró al río y acabó arrastrado por la corriente.
De este modo, el carpintero recibió la recompensa prometida por haber construido el puente y ninguno de sus vecinos supo nunca cómo lo había conseguido.
El plan de Avelino era que el primero en cruzar el puente no fuera una cabra.
Verdadero
Falso
Las palabras mi, tu, su, nuestra, vuestros,sus... son posesivos.
Verdadero
Falso
Las palabras mi, tu, su, nuestra, vuestros,sus... son numerales.
Verdadero
Falso
Palabras como dos, veintiocho, cincuenta,primero o tercero son numerales.
Verdadero
Falso
Palabras como dos, veintiocho, cincuenta,primero o tercero son posesivos.
Verdadero
Falso
Los posesivos y los numerales son palabras que también pueden ir delante de los nombres o sustantivos.
Verdadero
Falso
Un buen negocio
Todas las semanas, Avelino y Antonio, su hijo mayor, cargaban en un carro los muebles hechos en su taller
y se dirigían desde Pradillo hasta la ciudad. En el
mercado de Lomas les quitaban los muebles de las manos.
Texto correcto
Texto incorrecto
Un buen negocio
Todas las semanas, Avelino y Antonio, su hijo mayor, cargaban en un carro los muebles echos en su taller
y se dirigían desde Pradillo hasta la ciudad. En el
mercado de Lomas les quitaban los muebles de las manos.
Texto correcto
Texto incorrecto
Juegos blancos blancos
Mis primos, Jaime y Silvia, viven en un pueblo de montaña, muy cerca de Francia.
En invierno, cuando voy a verlos, todo está lleno de nieve. Allí hacemos unas guerras de bolas divertidísimas.
Texto correcto
Texto incorrecto
Juegos blancos blancos
Mis primos, Jaime y Silvia, viven en un pueblo de montaña, muy cerca de Francia.
En inbierno, cuando voy a verlos, todo está lleno de nieve. Allí hacemos unas guerras de bolas divertidísimas.
Texto correcto
Texto incorrecto
Juegos blancos blancos
Mis primos, Jaime y Silvia, viven en un pueblo de montaña, muy cerca de Francia.
En invierno, cuando voy a verlos, todo está lleno de nieve. Allí hacemos unas guerras de bolas divertidisimas.
Texto correcto
Texto incorrecto
Un río de montaña
El río Nevadillo nace en el monte Iris. En la cumbre es solo un riachuelo, pero a su paso por los pueblos de Retamar y Seruela tiene ya un gran cauce de aguas tranquilas y transparentes.
Texto correcto
Texto incorrecto
Un rio de montaña
El río Nevadillo nace en el monte Iris. En la cumbre es solo un riachuelo, pero a su paso por los pueblos de Retamar y Seruela tiene ya un gran cauce de aguas tranquilas y transparentes.
Texto correcto
Texto incorrecto
Un río de montaña
El río nevadillo nace en el monte Iris. En la cumbre es solo un riachuelo, pero a su paso por los pueblos de Retamar y Seruela tiene ya un gran cauce de aguas tranquilas y transparentes.
Texto correcto
Texto incorrecto
Un río de montaña
El río Nevadillo nace en el monte Iris. En la cumbre es solo un riachuelo, pero a su paso por los pueblos de retamar y Seruela tiene ya un gran cauce de aguas tranquilas y transparentes.
Texto correcto
Texto incorrecto
Marca el texto correcto
Mi prima Rosa lleva una rosa en el pelo.
Mi prima rosa lleva una Rosa en el pelo.
Lo que hay que ver
¿Llevas gafas? Si tú no las necesitas, seguro que conoces a alguien que tiene que usar ese útil objeto para ver mejor.
Las gafas se inventaron hace muchos muchos años y se han ido perfeccionando a lo largo del tiempo.
Texto correcto
Texto incorrecto
Las gafas costan de un par de lentes que van sujetas en una montura.
Texto correcto
Texto incorrecto
La montura, que puede estar hecha de plástico o de metal, es el soporte al que van fijados los cristales. La parte de
la montura que se apoya en la nariz es el Larco. Por último, las patillas ason dos varillas que descansan sobre las orejas.
¿No te parece que las gafas son un invento muy ingenioso?
Texto correcto
Texto incorrecto
