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SIMULACRO 3 -- LECTURA CRITICA

Total questions: 20

Worksheet time: 40mins

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1.

CIUDAD Y LITERATURA


La ciudad puede ser perfectamente un tema literario, escogido por el interés o la necesidad de un autor determinado. Ahora pululan escritores que se autodenominan o son señalados por alguna “crítica” como escritores urbanos. No obstante, considero que muchos de ellos tan sólo se acercan de manera superficial a ese calificativo y lo hacen equívocamente al pretender referirse a la ciudad a través de una mera nominación de calles, de bares en esas calles, de personajes en esos bares de esas calles, como si la descripción más o menos pormenorizada de esas pequeñas geografías nos develara una ciudad en toda su complejidad.


La ciudad es, en sí misma, un tema literario. Además, es el escenario donde transcurren y han transcurrido miles y miles de historias de hombres y mujeres. La ciudad es la materia prima de los sueños y las pesadillas del hombre moderno, el paisaje en el cual se han formado sentimental e intelectualmente muchas generaciones de narradores en todo el mundo.


Esa condición de escenario ambulante y permanente hace que la ciudad sea casi un imperativo temático o, mejor, el espacio natural de la imaginación narrativa contemporánea. Por supuesto que existen otros temas y otros imaginarios, distintos a los urbanos; pero quiero señalar de forma especial la impresionante presencia de lo citadino en la literatura y, en este caso, primordialmente en la cuentística universal del presente siglo.


Frente a la pregunta de qué es lo urbano en literatura, habría que contestar que urbano no es necesariamente lo que sucede o acontece dentro de la urbe. Una narración puede ubicarse legítimamente en la ciudad pero estar refiriéndose a una forma de pensar, actuar y expresarse "rural” o ajena al universo comprendido por lo urbano. Esto último, lo urbano, posee sus maneras específicas de manifestarse, sus lenguajes, sus problemáticas singulares: en definitiva, un universo particular. En consecuencia se podría afirmar que la narrativa urbana es aquella que trata sobre los temas y los comportamientos que ha generado el desarrollo de lo urbano, y siempre a través de unos lenguajes peculiares. Esta definición no pretende ser exhaustiva ni excluyente, pero es útil para delimitar ese universo esquivo y manoseado de lo urbano.


(Tomado de: TAMAYO S., Guido L. Prólogo al texto Cuentos urbanos. Colección El Pozo y el Péndulo, Bogotá:

Panamericana, 1999.)


TENIENDO EN CUENTA LA INFORMACIÓN ANTERIOR RESPONDE


En el texto, con el enunciado “La ciudad puede ser perfectamente un tema literario” se

a)

afirma algo que posteriormente se sustenta.

b)

predice algo que luego se constata.

c)

instituye algo que posteriormente se realiza.

d)

advierte algo que luego se comprueba.

2.

CIUDAD Y LITERATURA


La ciudad puede ser perfectamente un tema literario, escogido por el interés o la necesidad de un autor determinado. Ahora pululan escritores que se autodenominan o son señalados por alguna “crítica” como escritores urbanos. No obstante, considero que muchos de ellos tan sólo se acercan de manera superficial a ese calificativo y lo hacen equívocamente al pretender referirse a la ciudad a través de una mera nominación de calles, de bares en esas calles, de personajes en esos bares de esas calles, como si la descripción más o menos pormenorizada de esas pequeñas geografías nos develara una ciudad en toda su complejidad.


La ciudad es, en sí misma, un tema literario. Además, es el escenario donde transcurren y han transcurrido miles y miles de historias de hombres y mujeres. La ciudad es la materia prima de los sueños y las pesadillas del hombre moderno, el paisaje en el cual se han formado sentimental e intelectualmente muchas generaciones de narradores en todo el mundo.


Esa condición de escenario ambulante y permanente hace que la ciudad sea casi un imperativo temático o, mejor, el espacio natural de la imaginación narrativa contemporánea. Por supuesto que existen otros temas y otros imaginarios, distintos a los urbanos; pero quiero señalar de forma especial la impresionante presencia de lo citadino en la literatura y, en este caso, primordialmente en la cuentística universal del presente siglo.


Frente a la pregunta de qué es lo urbano en literatura, habría que contestar que urbano no es necesariamente lo que sucede o acontece dentro de la urbe. Una narración puede ubicarse legítimamente en la ciudad pero estar refiriéndose a una forma de pensar, actuar y expresarse "rural” o ajena al universo comprendido por lo urbano. Esto último, lo urbano, posee sus maneras específicas de manifestarse, sus lenguajes, sus problemáticas singulares: en definitiva, un universo particular. En consecuencia se podría afirmar que la narrativa urbana es aquella que trata sobre los temas y los comportamientos que ha generado el desarrollo de lo urbano, y siempre a través de unos lenguajes peculiares. Esta definición no pretende ser exhaustiva ni excluyente, pero es útil para delimitar ese universo esquivo y manoseado de lo urbano.


(Tomado de: TAMAYO S., Guido L. Prólogo al texto Cuentos urbanos. Colección El Pozo y el Péndulo, Bogotá:

Panamericana, 1999.)


TENIENDO EN CUENTA LA INFORMACIÓN ANTERIOR RESPONDE


En el primer párrafo del texto se cuestiona fundamentalmente

a)

un juicio.

b)

un concepto.

c)

una definición.

d)

una explicación.

3.

CIUDAD Y LITERATURA


La ciudad puede ser perfectamente un tema literario, escogido por el interés o la necesidad de un autor determinado. Ahora pululan escritores que se autodenominan o son señalados por alguna “crítica” como escritores urbanos. No obstante, considero que muchos de ellos tan sólo se acercan de manera superficial a ese calificativo y lo hacen equívocamente al pretender referirse a la ciudad a través de una mera nominación de calles, de bares en esas calles, de personajes en esos bares de esas calles, como si la descripción más o menos pormenorizada de esas pequeñas geografías nos develara una ciudad en toda su complejidad.


La ciudad es, en sí misma, un tema literario. Además, es el escenario donde transcurren y han transcurrido miles y miles de historias de hombres y mujeres. La ciudad es la materia prima de los sueños y las pesadillas del hombre moderno, el paisaje en el cual se han formado sentimental e intelectualmente muchas generaciones de narradores en todo el mundo.


Esa condición de escenario ambulante y permanente hace que la ciudad sea casi un imperativo temático o, mejor, el espacio natural de la imaginación narrativa contemporánea. Por supuesto que existen otros temas y otros imaginarios, distintos a los urbanos; pero quiero señalar de forma especial la impresionante presencia de lo citadino en la literatura y, en este caso, primordialmente en la cuentística universal del presente siglo.


Frente a la pregunta de qué es lo urbano en literatura, habría que contestar que urbano no es necesariamente lo que sucede o acontece dentro de la urbe. Una narración puede ubicarse legítimamente en la ciudad pero estar refiriéndose a una forma de pensar, actuar y expresarse "rural” o ajena al universo comprendido por lo urbano. Esto último, lo urbano, posee sus maneras específicas de manifestarse, sus lenguajes, sus problemáticas singulares: en definitiva, un universo particular. En consecuencia se podría afirmar que la narrativa urbana es aquella que trata sobre los temas y los comportamientos que ha generado el desarrollo de lo urbano, y siempre a través de unos lenguajes peculiares. Esta definición no pretende ser exhaustiva ni excluyente, pero es útil para delimitar ese universo esquivo y manoseado de lo urbano.


(Tomado de: TAMAYO S., Guido L. Prólogo al texto Cuentos urbanos. Colección El Pozo y el Péndulo, Bogotá:

Panamericana, 1999.)


TENIENDO EN CUENTA LA INFORMACIÓN ANTERIOR RESPONDE


En el primer párrafo del texto se dice que

a)

algunos escritores se caracterizan por ser urbanos.

b)

la literatura urbana se caracteriza por describir la ciudad.

c)

es posible que en literatura exista un tema como la ciudad.

d)

la denominación “literatura urbana” es muy ingenua.

4.

CIUDAD Y LITERATURA


La ciudad puede ser perfectamente un tema literario, escogido por el interés o la necesidad de un autor determinado. Ahora pululan escritores que se autodenominan o son señalados por alguna “crítica” como escritores urbanos. No obstante, considero que muchos de ellos tan sólo se acercan de manera superficial a ese calificativo y lo hacen equívocamente al pretender referirse a la ciudad a través de una mera nominación de calles, de bares en esas calles, de personajes en esos bares de esas calles, como si la descripción más o menos pormenorizada de esas pequeñas geografías nos develara una ciudad en toda su complejidad.


La ciudad es, en sí misma, un tema literario. Además, es el escenario donde transcurren y han transcurrido miles y miles de historias de hombres y mujeres. La ciudad es la materia prima de los sueños y las pesadillas del hombre moderno, el paisaje en el cual se han formado sentimental e intelectualmente muchas generaciones de narradores en todo el mundo.


Esa condición de escenario ambulante y permanente hace que la ciudad sea casi un imperativo temático o, mejor, el espacio natural de la imaginación narrativa contemporánea. Por supuesto que existen otros temas y otros imaginarios, distintos a los urbanos; pero quiero señalar de forma especial la impresionante presencia de lo citadino en la literatura y, en este caso, primordialmente en la cuentística universal del presente siglo.


Frente a la pregunta de qué es lo urbano en literatura, habría que contestar que urbano no es necesariamente lo que sucede o acontece dentro de la urbe. Una narración puede ubicarse legítimamente en la ciudad pero estar refiriéndose a una forma de pensar, actuar y expresarse "rural” o ajena al universo comprendido por lo urbano. Esto último, lo urbano, posee sus maneras específicas de manifestarse, sus lenguajes, sus problemáticas singulares: en definitiva, un universo particular. En consecuencia se podría afirmar que la narrativa urbana es aquella que trata sobre los temas y los comportamientos que ha generado el desarrollo de lo urbano, y siempre a través de unos lenguajes peculiares. Esta definición no pretende ser exhaustiva ni excluyente, pero es útil para delimitar ese universo esquivo y manoseado de lo urbano.


(Tomado de: TAMAYO S., Guido L. Prólogo al texto Cuentos urbanos. Colección El Pozo y el Péndulo, Bogotá:

Panamericana, 1999.)


TENIENDO EN CUENTA LA INFORMACIÓN ANTERIOR RESPONDE


La intención del texto anterior es

a)

describir una teoría en torno a lo urbano en la literatura, para caracterizar la estructura de un libro.

b)

exponer una posición sobre la ciudad como tema literario, para motivar a la lectura de un libro.

c)

narrar algunas experiencias de escritores urbanos, para mostrar algunos fragmentos de un libro.

d)

apoyar una postura tradicional sobre la literatura urbana, para promover la venta de un libro.

5.

CIUDAD Y LITERATURA


La ciudad puede ser perfectamente un tema literario, escogido por el interés o la necesidad de un autor determinado. Ahora pululan escritores que se autodenominan o son señalados por alguna “crítica” como escritores urbanos. No obstante, considero que muchos de ellos tan sólo se acercan de manera superficial a ese calificativo y lo hacen equívocamente al pretender referirse a la ciudad a través de una mera nominación de calles, de bares en esas calles, de personajes en esos bares de esas calles, como si la descripción más o menos pormenorizada de esas pequeñas geografías nos develara una ciudad en toda su complejidad.


La ciudad es, en sí misma, un tema literario. Además, es el escenario donde transcurren y han transcurrido miles y miles de historias de hombres y mujeres. La ciudad es la materia prima de los sueños y las pesadillas del hombre moderno, el paisaje en el cual se han formado sentimental e intelectualmente muchas generaciones de narradores en todo el mundo.


Esa condición de escenario ambulante y permanente hace que la ciudad sea casi un imperativo temático o, mejor, el espacio natural de la imaginación narrativa contemporánea. Por supuesto que existen otros temas y otros imaginarios, distintos a los urbanos; pero quiero señalar de forma especial la impresionante presencia de lo citadino en la literatura y, en este caso, primordialmente en la cuentística universal del presente siglo.


Frente a la pregunta de qué es lo urbano en literatura, habría que contestar que urbano no es necesariamente lo que sucede o acontece dentro de la urbe. Una narración puede ubicarse legítimamente en la ciudad pero estar refiriéndose a una forma de pensar, actuar y expresarse "rural” o ajena al universo comprendido por lo urbano. Esto último, lo urbano, posee sus maneras específicas de manifestarse, sus lenguajes, sus problemáticas singulares: en definitiva, un universo particular. En consecuencia se podría afirmar que la narrativa urbana es aquella que trata sobre los temas y los comportamientos que ha generado el desarrollo de lo urbano, y siempre a través de unos lenguajes peculiares. Esta definición no pretende ser exhaustiva ni excluyente, pero es útil para delimitar ese universo esquivo y manoseado de lo urbano.


(Tomado de: TAMAYO S., Guido L. Prólogo al texto Cuentos urbanos. Colección El Pozo y el Péndulo, Bogotá:

Panamericana, 1999.)


TENIENDO EN CUENTA LA INFORMACIÓN ANTERIOR RESPONDE


El texto anterior se ocupa fundamentalmente de

a)

la relación entre narradores urbanos y rurales en la literatura contemporánea.

b)

la similitud entre literatura y urbanismo en la narrativa contemporánea.

c)

la diferencia entre urbanismo y ciudad en la literatura contemporánea.

d)

la relación entre ciudad y literatura en la narrativa contemporánea

6.

CIUDAD Y LITERATURA


La ciudad puede ser perfectamente un tema literario, escogido por el interés o la necesidad de un autor determinado. Ahora pululan escritores que se autodenominan o son señalados por alguna “crítica” como escritores urbanos. No obstante, considero que muchos de ellos tan sólo se acercan de manera superficial a ese calificativo y lo hacen equívocamente al pretender referirse a la ciudad a través de una mera nominación de calles, de bares en esas calles, de personajes en esos bares de esas calles, como si la descripción más o menos pormenorizada de esas pequeñas geografías nos develara una ciudad en toda su complejidad.


En el párrafo, la palabra crítica aparece entre comillas para

a)

enfatizar el sentido de esa palabra en el texto.

b)

señalar que se trata de una postura que el autor no comparte.

c)

nombrar algo que ha sido mencionado por alguien especial.

d)

señalar que lo que se dice proviene de un juicio colectivo.

7.

CIUDAD Y LITERATURA


La ciudad puede ser perfectamente un tema literario, escogido por el interés o la necesidad de un autor determinado. Ahora pululan escritores que se autodenominan o son señalados por alguna “crítica” como escritores urbanos. No obstante, considero que muchos de ellos tan sólo se acercan de manera superficial a ese calificativo y lo hacen equívocamente al pretender referirse a la ciudad a través de una mera nominación de calles, de bares en esas calles, de personajes en esos bares de esas calles, como si la descripción más o menos pormenorizada de esas pequeñas geografías nos develara una ciudad en toda su complejidad.


La ciudad es, en sí misma, un tema literario. Además, es el escenario donde transcurren y han transcurrido miles y miles de historias de hombres y mujeres. La ciudad es la materia prima de los sueños y las pesadillas del hombre moderno, el paisaje en el cual se han formado sentimental e intelectualmente muchas generaciones de narradores en todo el mundo.


Esa condición de escenario ambulante y permanente hace que la ciudad sea casi un imperativo temático o, mejor, el espacio natural de la imaginación narrativa contemporánea. Por supuesto que existen otros temas y otros imaginarios, distintos a los urbanos; pero quiero señalar de forma especial la impresionante presencia de lo citadino en la literatura y, en este caso, primordialmente en la cuentística universal del presente siglo.


Frente a la pregunta de qué es lo urbano en literatura, habría que contestar que urbano no es necesariamente lo que sucede o acontece dentro de la urbe. Una narración puede ubicarse legítimamente en la ciudad pero estar refiriéndose a una forma de pensar, actuar y expresarse "rural” o ajena al universo comprendido por lo urbano. Esto último, lo urbano, posee sus maneras específicas de manifestarse, sus lenguajes, sus problemáticas singulares: en definitiva, un universo particular. En consecuencia se podría afirmar que la narrativa urbana es aquella que trata sobre los temas y los comportamientos que ha generado el desarrollo de lo urbano, y siempre a través de unos lenguajes peculiares. Esta definición no pretende ser exhaustiva ni excluyente, pero es útil para delimitar ese universo esquivo y manoseado de lo urbano.


(Tomado de: TAMAYO S., Guido L. Prólogo al texto Cuentos urbanos. Colección El Pozo y el Péndulo, Bogotá:

Panamericana, 1999.)


TENIENDO EN CUENTA LA INFORMACIÓN ANTERIOR RESPONDE


A partir del texto anterior, podemos afirmar que la crítica literaria es

a)

un proceso por el cual se valora o califica la producción literaria en un contexto particular.

b)

la acción de organizar la producción literaria teniendo en cuenta sus aspectos geográficos.

c)

el acto por el cual alguien señala los aspectos negativos en la producción literaria de otro.

d)

una actitud con la cual se muestran las cosas positivas en la producción literaria de alguien.

8.

CIUDAD Y LITERATURA


La ciudad puede ser perfectamente un tema literario, escogido por el interés o la necesidad de un autor determinado. Ahora pululan escritores que se autodenominan o son señalados por alguna “crítica” como escritores urbanos. No obstante, considero que muchos de ellos tan sólo se acercan de manera superficial a ese calificativo y lo hacen equívocamente al pretender referirse a la ciudad a través de una mera nominación de calles, de bares en esas calles, de personajes en esos bares de esas calles, como si la descripción más o menos pormenorizada de esas pequeñas geografías nos develara una ciudad en toda su complejidad.


En el párrafo, la expresión --No obstante-- permite introducir

a)

una idea que explica un juicio.

b)

una opinión que rebate un juicio.

c)

una idea que apoya un juicio.

d)

una opinión que explica un juicio.

9.

En el enunciado "No obstante", considero que muchos de ellos tan sólo se acercan de manera superficial a ese calificativo, la expresión entre comillas puede ser reemplazada, sin que se modifique el sentido del enunciado, por

a)

y.

b)

aunque.

c)

sin embargo.

d)

pero

10.

La ciudad puede ser perfectamente un tema literario, escogido por el interés o la necesidad de un autor determinado. Ahora pululan escritores que se autodenominan o son señalados por alguna “crítica” como escritores urbanos. No obstante, considero que muchos de ellos tan sólo se acercan de manera superficial a ese calificativo y lo hacen equívocamente al pretender referirse a la ciudad a través de una mera nominación de calles, de bares en esas calles, de personajes en esos bares de esas calles, como si la descripción más o menos pormenorizada de esas pequeñas geografías nos develara una ciudad en toda su complejidad.


En el párrafo, la expresión - ese calificativo- hace referencia a

a)

pequeñas geografías.

b)

escritores urbanos.

c)

temas literarios.

d)

hombres modernos.

11.

LA VENTANILLA DEL BUS


Comienza a oscurecer, ya están encendidas las vitrinas de la Carrera Trece, en los andenes se agolpa

la multitud; voy en un bus que lucha por abrirse paso en la congestión vehicular. Entre la ciudad y yo

está el vidrio de la ventanilla que devuelve mi imagen, perdida en la masa de pasajeros que se mueven

al ritmo espasmódico del tránsito. Ahora vamos por una cuadra sin comercio, la penumbra de las

fachadas le permite al pequeño mundo del interior reflejarse en todo su cansado esplendor: ya no hay

paisaje urbano superpuesto al reflejo. Sólo estamos nosotros, la indiferente comunidad que comparte el

viaje.


El bus acelera su marcha y la ciudad desaparece. Baudrillard dice que un simulacro es la suplantación

de lo real por los signos de lo real. No hay lo real, tan sólo la ventanilla que nos refleja. Nosotros, los

pasajeros, suplantamos la realidad, somos el paisaje. ¿Somos los signos de lo real?


Un semáforo nos detiene en una esquina. Otro bus se acerca lentamente hasta quedar paralelo al

nuestro; ante mí pasan otras ventanillas con otros pasajeros de otra comunidad igualmente apática.

Pasan dos señoras en el primer puesto. Serán amigas -pienso-, quizás compañeras de trabajo. Pero no

hablan entre ellas. Sigue pasando la gente detrás de las otras ventanas, mezclando su imagen real con

nuestro reflejo. Creo verme sentado en la cuarta ventanilla del bus que espera la señal verde junto a

nosotros. Es mi reflejo, intuyo; pero no es reflejo: soy yo mismo sentado en el otro bus. Con temor y

asombro, él y yo cruzamos una mirada cómplice, creo que nos sonreímos más allá del cansancio del día

de trabajo. Los dos vehículos arrancan en medio de una nube de humo negro.


(Texto tomado de: PÉRGOLIS, Juan Carlos; ORDUZ, Luis Fernando; MORENO, Danilo. Reflejos, fantasmas,

desarraigos. Bogotá recorrida. Bogotá: Arango Editores, Instituto Distrital de Cultura y Turismo, 1999.)


A PARTIR DE LA ANTERIOR INFORMACIÓN RESPONDE


En el texto anterior predomina

a)

la descripción del entorno material de una ciudad a partir de un viaje en bus por el centro de ella.

b)

la narración del viaje que alguien realiza en un bus por el centro de una ciudad y la presentación de sus reflexiones.

c)

la caracterización de una ciudad a partir de la relación existente entre el transporte público y el individuo.

d)

la presentación de una teoría sobre la forma de descubrir la falsedad dentro de una ciudad.

12.

LA VENTANILLA DEL BUS


Comienza a oscurecer, ya están encendidas las vitrinas de la Carrera Trece, en los andenes se agolpa

la multitud; voy en un bus que lucha por abrirse paso en la congestión vehicular. Entre la ciudad y yo

está el vidrio de la ventanilla que devuelve mi imagen, perdida en la masa de pasajeros que se mueven

al ritmo espasmódico del tránsito. Ahora vamos por una cuadra sin comercio, la penumbra de las

fachadas le permite al pequeño mundo del interior reflejarse en todo su cansado esplendor: ya no hay

paisaje urbano superpuesto al reflejo. Sólo estamos nosotros, la indiferente comunidad que comparte el

viaje.


El bus acelera su marcha y la ciudad desaparece. Baudrillard dice que un simulacro es la suplantación

de lo real por los signos de lo real. No hay lo real, tan sólo la ventanilla que nos refleja. Nosotros, los

pasajeros, suplantamos la realidad, somos el paisaje. ¿Somos los signos de lo real?


Un semáforo nos detiene en una esquina. Otro bus se acerca lentamente hasta quedar paralelo al

nuestro; ante mí pasan otras ventanillas con otros pasajeros de otra comunidad igualmente apática.

Pasan dos señoras en el primer puesto. Serán amigas -pienso-, quizás compañeras de trabajo. Pero no

hablan entre ellas. Sigue pasando la gente detrás de las otras ventanas, mezclando su imagen real con

nuestro reflejo. Creo verme sentado en la cuarta ventanilla del bus que espera la señal verde junto a

nosotros. Es mi reflejo, intuyo; pero no es reflejo: soy yo mismo sentado en el otro bus. Con temor y

asombro, él y yo cruzamos una mirada cómplice, creo que nos sonreímos más allá del cansancio del día

de trabajo. Los dos vehículos arrancan en medio de una nube de humo negro.


(Texto tomado de: PÉRGOLIS, Juan Carlos; ORDUZ, Luis Fernando; MORENO, Danilo. Reflejos, fantasmas,

desarraigos. Bogotá recorrida. Bogotá: Arango Editores, Instituto Distrital de Cultura y Turismo, 1999.)


A PARTIR DE LA ANTERIOR INFORMACIÓN RESPONDE


Otro posible título para el texto anterior sería:

a)

La ciudad y el transporte.

b)

Caos y transporte.

c)

La ciudad se puede leer.

d)

El transporte público.

13.

LA VENTANILLA DEL BUS


Comienza a oscurecer, ya están encendidas las vitrinas de la Carrera Trece, en los andenes se agolpa

la multitud; voy en un bus que lucha por abrirse paso en la congestión vehicular. Entre la ciudad y yo

está el vidrio de la ventanilla que devuelve mi imagen, perdida en la masa de pasajeros que se mueven

al ritmo espasmódico del tránsito. Ahora vamos por una cuadra sin comercio, la penumbra de las

fachadas le permite al pequeño mundo del interior reflejarse en todo su cansado esplendor: ya no hay

paisaje urbano superpuesto al reflejo. Sólo estamos nosotros, la indiferente comunidad que comparte el

viaje.


El bus acelera su marcha y la ciudad desaparece. Baudrillard dice que un simulacro es la suplantación

de lo real por los signos de lo real. No hay lo real, tan sólo la ventanilla que nos refleja. Nosotros, los

pasajeros, suplantamos la realidad, somos el paisaje. ¿Somos los signos de lo real?


Un semáforo nos detiene en una esquina. Otro bus se acerca lentamente hasta quedar paralelo al

nuestro; ante mí pasan otras ventanillas con otros pasajeros de otra comunidad igualmente apática.

Pasan dos señoras en el primer puesto. Serán amigas -pienso-, quizás compañeras de trabajo. Pero no

hablan entre ellas. Sigue pasando la gente detrás de las otras ventanas, mezclando su imagen real con

nuestro reflejo. Creo verme sentado en la cuarta ventanilla del bus que espera la señal verde junto a

nosotros. Es mi reflejo, intuyo; pero no es reflejo: soy yo mismo sentado en el otro bus. Con temor y

asombro, él y yo cruzamos una mirada cómplice, creo que nos sonreímos más allá del cansancio del día

de trabajo. Los dos vehículos arrancan en medio de una nube de humo negro.


(Texto tomado de: PÉRGOLIS, Juan Carlos; ORDUZ, Luis Fernando; MORENO, Danilo. Reflejos, fantasmas,

desarraigos. Bogotá recorrida. Bogotá: Arango Editores, Instituto Distrital de Cultura y Turismo, 1999.)


A PARTIR DE LA ANTERIOR INFORMACIÓN RESPONDE


En el texto predomina una narración que combina

a)

la primera persona del singular y la segunda persona del plural.

b)

la tercera persona del plural y la tercera persona del singular.

c)

la primera persona del singular y la primera persona del plural.

d)

la segunda persona del plural y la tercera persona del singular.

14.

LA VENTANILLA DEL BUS


Comienza a oscurecer, ya están encendidas las vitrinas de la Carrera Trece, en los andenes se agolpa

la multitud; voy en un bus que lucha por abrirse paso en la congestión vehicular. Entre la ciudad y yo

está el vidrio de la ventanilla que devuelve mi imagen, perdida en la masa de pasajeros que se mueven

al ritmo espasmódico del tránsito. Ahora vamos por una cuadra sin comercio, la penumbra de las

fachadas le permite al pequeño mundo del interior reflejarse en todo su cansado esplendor: ya no hay

paisaje urbano superpuesto al reflejo. Sólo estamos nosotros, la indiferente comunidad que comparte el

viaje.


El bus acelera su marcha y la ciudad desaparece. Baudrillard dice que un simulacro es la suplantación

de lo real por los signos de lo real. No hay lo real, tan sólo la ventanilla que nos refleja. Nosotros, los

pasajeros, suplantamos la realidad, somos el paisaje. ¿Somos los signos de lo real?


Un semáforo nos detiene en una esquina. Otro bus se acerca lentamente hasta quedar paralelo al

nuestro; ante mí pasan otras ventanillas con otros pasajeros de otra comunidad igualmente apática.

Pasan dos señoras en el primer puesto. Serán amigas -pienso-, quizás compañeras de trabajo. Pero no

hablan entre ellas. Sigue pasando la gente detrás de las otras ventanas, mezclando su imagen real con

nuestro reflejo. Creo verme sentado en la cuarta ventanilla del bus que espera la señal verde junto a

nosotros. Es mi reflejo, intuyo; pero no es reflejo: soy yo mismo sentado en el otro bus. Con temor y

asombro, él y yo cruzamos una mirada cómplice, creo que nos sonreímos más allá del cansancio del día

de trabajo. Los dos vehículos arrancan en medio de una nube de humo negro.


(Texto tomado de: PÉRGOLIS, Juan Carlos; ORDUZ, Luis Fernando; MORENO, Danilo. Reflejos, fantasmas,

desarraigos. Bogotá recorrida. Bogotá: Arango Editores, Instituto Distrital de Cultura y Turismo, 1999.)


A PARTIR DE LA ANTERIOR INFORMACIÓN RESPONDE


El enunciado "un simulacro es la suplantación de lo real por los signos de lo real" se introduce en el texto con la intención de

a)

argumentar la idea de que leer la ciudad es leernos a nosotros mismos.

b)

definir el significado de simulacro partiendo de un viaje en bus por la ciudad.

c)

proponer un método para leer la ciudad a partir de los planteamientos de Baudrillard.

d)

discutir la concepción de Baudrillard en torno a la posibilidad de hallar la ciudad.

15.

LA VENTANILLA DEL BUS


Comienza a oscurecer, ya están encendidas las vitrinas de la Carrera Trece, en los andenes se agolpa

la multitud; voy en un bus que lucha por abrirse paso en la congestión vehicular. Entre la ciudad y yo

está el vidrio de la ventanilla que devuelve mi imagen, perdida en la masa de pasajeros que se mueven

al ritmo espasmódico del tránsito. Ahora vamos por una cuadra sin comercio, la penumbra de las

fachadas le permite al pequeño mundo del interior reflejarse en todo su cansado esplendor: ya no hay

paisaje urbano superpuesto al reflejo. Sólo estamos nosotros, la indiferente comunidad que comparte el

viaje.


El bus acelera su marcha y la ciudad desaparece. Baudrillard dice que un simulacro es la suplantación

de lo real por los signos de lo real. No hay lo real, tan sólo la ventanilla que nos refleja. Nosotros, los

pasajeros, suplantamos la realidad, somos el paisaje. ¿Somos los signos de lo real?


Un semáforo nos detiene en una esquina. Otro bus se acerca lentamente hasta quedar paralelo al

nuestro; ante mí pasan otras ventanillas con otros pasajeros de otra comunidad igualmente apática.

Pasan dos señoras en el primer puesto. Serán amigas -pienso-, quizás compañeras de trabajo. Pero no

hablan entre ellas. Sigue pasando la gente detrás de las otras ventanas, mezclando su imagen real con

nuestro reflejo. Creo verme sentado en la cuarta ventanilla del bus que espera la señal verde junto a

nosotros. Es mi reflejo, intuyo; pero no es reflejo: soy yo mismo sentado en el otro bus. Con temor y

asombro, él y yo cruzamos una mirada cómplice, creo que nos sonreímos más allá del cansancio del día

de trabajo. Los dos vehículos arrancan en medio de una nube de humo negro.


(Texto tomado de: PÉRGOLIS, Juan Carlos; ORDUZ, Luis Fernando; MORENO, Danilo. Reflejos, fantasmas,

desarraigos. Bogotá recorrida. Bogotá: Arango Editores, Instituto Distrital de Cultura y Turismo, 1999.)


A PARTIR DE LA ANTERIOR INFORMACIÓN RESPONDE


Del enunciado "Nosotros, los pasajeros,suplantamos la realidad, somos el paisaje" se puede concluir que

a)

los individuos que componen la masa son sólo objetos para ser observados.

b)

siempre que se hace parte de algo colectivo, es inevitable suplantar la realidad.

c)

el concepto de paisaje se fundamenta en la inexistencia de la individualidad.

d)

el objeto que constituye la realidad es el mismo sujeto que la observa.

16.

"El modelo rojo" De René Magritte (Surrealismo)


La imagen que aparece en el cuadro ha sido creada por el pintor surrealista René Magritte. Con respecto a una obra como ésta, se puede afirmar que

a)

es posible en la medida en que fue pensada y plasmada artísticamente por el autor.

b)

resulta extraña, pues da la impresión de que el artista posee una idea equivocada de la realidad.

c)

es absurda, en vista de que el autor confunde sus intereses estéticos con la función del arte.

d)

corresponde a una propuesta real de ciertos objetos que son usados por el artista.

17.

Uno de los intereses esenciales del pintor René Magritte giró en torno a la liberación del hombre de cualquier restricción mental o física. Según la imagen, se podría pensar que el autor está interesado en provocar una reflexión en torno a múltiples aspectos, excepto en torno a

a)

lo interesante que sería poder cambiar de personalidad ocasionalmente.

b)

lo insoportable que a veces nos resulta nuestro propio cuerpo.

c)

la necesidad de ausentarnos de nosotros mismos como rutina cotidiana.

d)

lo desconcertante que siempre nos ha resultado el cuerpo humano.

18.

El cuadro "El modelo rojo", como toda obra de arte, puede remitir a quien la contempla a múltiples significados, pero si se piensa que estos zapatos acaban de ser usados por alguien, una posible causa de que hayan sido dejados al lado de una construcción de madera es que, para esta persona,

a)

sentir las piedras del camino es más agradable que usar zapatos.

b)

un lugar a donde ingresó está sucio y no desea dañar sus zapatos.

c)

el camino que va a recorrer es suave y no necesita zapatos.

d)

el suelo que va a pisar ya no exige el uso de zapatos.

19.

En este cuadro están plasmadas las ideas de

a)

un creador que considera que lo imposible es posible.

b)

un inventor que cree que los pies pueden convertirse en zapatos.

c)

un idealista que está muy cansado y desea unos zapatos imposibles.

d)

un soñador que quiere sentirse tan tranquilo como cuando duerme

20.

De las siguientes expresiones, aquella que resulta más adecuada al sentido del cuadro es:

a)

Para qué zapatos si no tengo pies.

b)

Mis pies sienten aun con zapatos.

c)

Pies sobre los pies y ¡adiós, zapatos!

d)

Sin zapatos me libero de caminar.