WorksheetsCOMPRENSIÓN LECTORA 5TO DE SEC.
Total questions: 10
Worksheet time: 30mins
Los problemas de los otros peruanos
Las encuestas dicen que la inseguridad ciudadana es el tema que más preocupa a los peruanos (un problema tan agudo que incluso ha generado una campaña ligada con el fujimorismo y que consiste, para variar, en naturalizar la violencia como antídoto contra la violencia). Cuando esas encuestas hablan de inseguridad ciudadana, se refieren a la multiplicación de los asaltos callejeros, los atracos en establecimientos públicos, las modalidades de robo en domicilios y locales comerciales, y al hecho de que incluso los delitos más anodinos se cometen hoy a mano armada.
Ese concepto de inseguridad ciudadana está asociado con nuestra idea de que ciudadanos son quienes viven en las ciudades, sujetos a su violencia. El problema, entonces, es el crecimiento de la criminalidad en Lima, donde vive un tercio de los peruanos, y cinco o seis otras ciudades populosas, y la aparición de bandas criminales en urbes medianas donde hasta hace poco la delincuencia no era organizada o era menos violenta. Eso significa que, como lo entendemos, el problema de la inseguridad ciudadana es el más preocupante en un universo que agrupa a la mitad de los peruanos.
No es el que más angustia a la otra mitad, que vive en ciudades pequeñas o en pueblos o en caseríos, incluyendo al 23 % que vive en zonas rurales. Por tanto, además de combatir el problema, que es real, tenemos dos tareas más por delante. La primera es dejar de usar el término inseguridad ciudadana, que parece implicar que los únicos ciudadanos son los de las urbes mayores. La segunda es enterarnos de cuáles son los problemas más angustiantes para la otra mitad de los peruanos, esos a quienes la prensa llama “pobladores” o “habitantes”, como si pertenecieran a otra categoría, una tan secundaria que ni siquiera sabemos, los demás, qué cosas entienden ellos como sus peores problemas. Por cierto, algo más que ignoramos es cómo perciben esos peruanos su propia seguridad, porque no solo en las urbes se tiene derecho a vivir seguro.
SEGÚN EL TEXTO LEÍDO: ¿Cuál es el problema de la inseguridad ciudadana?
La multiplicación de los asaltos callejeros
El incremento de la criminalidad
La delincuencia menos organizada o violenta
Los delitos que se cometen a mano armada
Los problemas de los otros peruanos
Las encuestas dicen que la inseguridad ciudadana es el tema que más preocupa a los peruanos (un problema tan agudo que incluso ha generado una campaña ligada con el fujimorismo y que consiste, para variar, en naturalizar la violencia como antídoto contra la violencia). Cuando esas encuestas hablan de inseguridad ciudadana, se refieren a la multiplicación de los asaltos callejeros, los atracos en establecimientos públicos, las modalidades de robo en domicilios y locales comerciales, y al hecho de que incluso los delitos más anodinos se cometen hoy a mano armada.
Ese concepto de inseguridad ciudadana está asociado con nuestra idea de que ciudadanos son quienes viven en las ciudades, sujetos a su violencia. El problema, entonces, es el crecimiento de la criminalidad en Lima, donde vive un tercio de los peruanos, y cinco o seis otras ciudades populosas, y la aparición de bandas criminales en urbes medianas donde hasta hace poco la delincuencia no era organizada o era menos violenta. Eso significa que, como lo entendemos, el problema de la inseguridad ciudadana es el más preocupante en un universo que agrupa a la mitad de los peruanos.
No es el que más angustia a la otra mitad, que vive en ciudades pequeñas o en pueblos o en caseríos, incluyendo al 23 % que vive en zonas rurales. Por tanto, además de combatir el problema, que es real, tenemos dos tareas más por delante. La primera es dejar de usar el término inseguridad ciudadana, que parece implicar que los únicos ciudadanos son los de las urbes mayores. La segunda es enterarnos de cuáles son los problemas más angustiantes para la otra mitad de los peruanos, esos a quienes la prensa llama “pobladores” o “habitantes”, como si pertenecieran a otra categoría, una tan secundaria que ni siquiera sabemos, los demás, qué cosas entienden ellos como sus peores problemas. Por cierto, algo más que ignoramos es cómo perciben esos peruanos su propia seguridad, porque no solo en las urbes se tiene derecho a vivir seguro.
SEGÚN EL TEXTO LEÍDO: ¿Qué se puede deducir del siguiente fragmento del texto? “Ese concepto de inseguridad ciudadana está asociado con nuestra idea de que ciudadanos son quienes viven en las ciudades, sujetos a su violencia”.
La inseguridad ciudadana no afecta a las personas que viven en las ciudades, debido a que no son ciudadanos.
Los que están sujetos a la violencia son solo las personas que viven en pequeños caseríos.
Las personas que viven en las ciudades son las únicas que no se ven afectadas por la inseguridad ciudadana.
Los “pobladores” de los caseríos no son considerados ciudadanos, debido a que no viven en la ciudad y, por lo tanto, no se ven afectados por la inseguridad ciudadana.
Los problemas de los otros peruanos
Las encuestas dicen que la inseguridad ciudadana es el tema que más preocupa a los peruanos (un problema tan agudo que incluso ha generado una campaña ligada con el fujimorismo y que consiste, para variar, en naturalizar la violencia como antídoto contra la violencia). Cuando esas encuestas hablan de inseguridad ciudadana, se refieren a la multiplicación de los asaltos callejeros, los atracos en establecimientos públicos, las modalidades de robo en domicilios y locales comerciales, y al hecho de que incluso los delitos más anodinos se cometen hoy a mano armada.
Ese concepto de inseguridad ciudadana está asociado con nuestra idea de que ciudadanos son quienes viven en las ciudades, sujetos a su violencia. El problema, entonces, es el crecimiento de la criminalidad en Lima, donde vive un tercio de los peruanos, y cinco o seis otras ciudades populosas, y la aparición de bandas criminales en urbes medianas donde hasta hace poco la delincuencia no era organizada o era menos violenta. Eso significa que, como lo entendemos, el problema de la inseguridad ciudadana es el más preocupante en un universo que agrupa a la mitad de los peruanos.
No es el que más angustia a la otra mitad, que vive en ciudades pequeñas o en pueblos o en caseríos, incluyendo al 23 % que vive en zonas rurales. Por tanto, además de combatir el problema, que es real, tenemos dos tareas más por delante. La primera es dejar de usar el término inseguridad ciudadana, que parece implicar que los únicos ciudadanos son los de las urbes mayores. La segunda es enterarnos de cuáles son los problemas más angustiantes para la otra mitad de los peruanos, esos a quienes la prensa llama “pobladores” o “habitantes”, como si pertenecieran a otra categoría, una tan secundaria que ni siquiera sabemos, los demás, qué cosas entienden ellos como sus peores problemas. Por cierto, algo más que ignoramos es cómo perciben esos peruanos su propia seguridad, porque no solo en las urbes se tiene derecho a vivir seguro.
SEGÚN EL TEXTO LEÍDO: ¿Cuál es el propósito del texto?
Defender la idea que propone el autor sobre la inseguridad ciudadana.
Contrastar las dos realidades de la inseguridad ciudadana.
Indagar sobre el concepto de inseguridad ciudadana.
Alarmar a la población sobre la inseguridad ciudadana.
Los problemas de los otros peruanos
Las encuestas dicen que la inseguridad ciudadana es el tema que más preocupa a los peruanos (un problema tan agudo que incluso ha generado una campaña ligada con el fujimorismo y que consiste, para variar, en naturalizar la violencia como antídoto contra la violencia). Cuando esas encuestas hablan de inseguridad ciudadana, se refieren a la multiplicación de los asaltos callejeros, los atracos en establecimientos públicos, las modalidades de robo en domicilios y locales comerciales, y al hecho de que incluso los delitos más anodinos se cometen hoy a mano armada.
Ese concepto de inseguridad ciudadana está asociado con nuestra idea de que ciudadanos son quienes viven en las ciudades, sujetos a su violencia. El problema, entonces, es el crecimiento de la criminalidad en Lima, donde vive un tercio de los peruanos, y cinco o seis otras ciudades populosas, y la aparición de bandas criminales en urbes medianas donde hasta hace poco la delincuencia no era organizada o era menos violenta. Eso significa que, como lo entendemos, el problema de la inseguridad ciudadana es el más preocupante en un universo que agrupa a la mitad de los peruanos.
No es el que más angustia a la otra mitad, que vive en ciudades pequeñas o en pueblos o en caseríos, incluyendo al 23 % que vive en zonas rurales. Por tanto, además de combatir el problema, que es real, tenemos dos tareas más por delante. La primera es dejar de usar el término inseguridad ciudadana, que parece implicar que los únicos ciudadanos son los de las urbes mayores. La segunda es enterarnos de cuáles son los problemas más angustiantes para la otra mitad de los peruanos, esos a quienes la prensa llama “pobladores” o “habitantes”, como si pertenecieran a otra categoría, una tan secundaria que ni siquiera sabemos, los demás, qué cosas entienden ellos como sus peores problemas. Por cierto, algo más que ignoramos es cómo perciben esos peruanos su propia seguridad, porque no solo en las urbes se tiene derecho a vivir seguro.
SEGÚN EL TEXTO LEÍDO: ¿Para qué sería importante emprender la segunda tarea pendiente identificada por el autor?
Para indagar los problemas sobre inseguridad ciudadana que se presentan en las ciudades.
Para saber la opinión de la prensa sobre el tema.
Para conocer los problemas de los peruanos de las ciudades pequeñas.
Para informar sobre las diferencias entre los pobladores y los habitantes.
República
Introducción
A comienzos del siglo XXI, escribir una historia del Perú republicano es una tarea que implica dificultades: inmersos como estamos en momentos críticos, las angustias y contradicciones del presente se extienden necesariamente a la revisión que hacemos del pasado, marcando el camino de las reflexiones que surgen en la labor de intentar explicar qué es lo que ha sucedido en los 180 años de vida independiente que tenemos.
Hemos terminado golpeados el siglo pasado, saliendo recién de la explosión del fenómeno terrorista que tantas muertes y pérdidas ocasionó al país, y con nuestras instituciones de gobierno atravesadas por la corrupción, lastre que —como el terrorismo— ha causado graves daños económicos y morales a la nación. Actualmente, nuestra precaria democracia evidencia las mismas taras de épocas pasadas: incapacidad de los políticos de turno, desorden generalizado, demandas postergadas de grandes sectores de la población, urgencia de cambios y falta de una política definida que otorgue un rumbo certero a la nave del Estado. Esa es la perspectiva presente de la que estamos partiendo en este ejercicio de recorrer los avatares de nuestra vida como República independiente.
Más si se revisa la historia de nuestra República, veremos que en muchas ocasiones los peruanos hemos chocado contra los mismos obstáculos que entorpecen la marcha nacional en la actualidad. Una y otra vez —cambiando solamente fechas, nombres propios y algunas circunstancias— se han presentado insensateces políticas, intereses particulares, estallidos revolucionarios, caudillos mesiánicos, masas desconcertadas y otras constantes que han impedido nuestro desarrollo como una República fuerte.
Por fortuna para nuestro país, al lado de tantos vicios, también han sabido iluminar el camino decenas de peruanos ilustres, muchos de ellos tratados mezquinamente por la historia, que, sin embargo, cargó de elogios a otros tantos que debieran merecer una evaluación menos indulgente. Ha habido en el Perú voces notables que en determinados momentos se alzaron sobre la confusión y las miserias cotidianas de nuestra vida republicana. En este volumen hemos pretendido rescatar esas figuras para darles el reconocimiento que cicateramente se les ha negado, pues el mejor homenaje que se les puede rendir es recoger sus enseñanzas para no repetir los errores del pasado. Y lo más importante: la República del Perú es una obra colectiva en la que han participado millones de peruanos anónimos desde la década de 1820. Ignorados por las páginas oficiales, entre ellos tenemos multitudes de hombres y mujeres que forjaron lo mejor de nuestra República, con su trabajo, su dedicación, su talento, su abnegación por defender esta patria. Allí estuvieron en la lucha emancipadora; en la organización de un nuevo Estado; trabajando en las islas guaneras, en las haciendas del norte y en la selva inhóspita; construyendo caminos que atravesaran desiertos y nevados; resistiendo heroicamente a los ejércitos invasores; sublevándose contra las autoridades ilegítimas; protestando para alcanzar mejores condiciones laborales; emigrando a las ciudades en busca de nuevas oportunidades; agrupándose en organizaciones democráticas; luchando desde el olvido y la indiferencia contra el terrorismo…
Después de 180 años, el Perú sigue siendo una República en formación, que tiene pendiente la tarea de otorgarle óptimas condiciones de vida y desarrollo a millones de compatriotas. Cuando nos acercamos al segundo centenario de nuestra vida republicana, sigue vigente el reto de lograr que el Perú sea un mejor lugar para vivir.
SEGÚN EL TEXTO LEÍDO: ¿Qué causó graves daños económicos y morales a la nación?
La corrupción de los políticos.
Las demandas postergadas.
El terrorismo y la corrupción.
El terrorismo de los años 80.
República
Introducción
A comienzos del siglo XXI, escribir una historia del Perú republicano es una tarea que implica dificultades: inmersos como estamos en momentos críticos, las angustias y contradicciones del presente se extienden necesariamente a la revisión que hacemos del pasado, marcando el camino de las reflexiones que surgen en la labor de intentar explicar qué es lo que ha sucedido en los 180 años de vida independiente que tenemos.
Hemos terminado golpeados el siglo pasado, saliendo recién de la explosión del fenómeno terrorista que tantas muertes y pérdidas ocasionó al país, y con nuestras instituciones de gobierno atravesadas por la corrupción, lastre que —como el terrorismo— ha causado graves daños económicos y morales a la nación. Actualmente, nuestra precaria democracia evidencia las mismas taras de épocas pasadas: incapacidad de los políticos de turno, desorden generalizado, demandas postergadas de grandes sectores de la población, urgencia de cambios y falta de una política definida que otorgue un rumbo certero a la nave del Estado. Esa es la perspectiva presente de la que estamos partiendo en este ejercicio de recorrer los avatares de nuestra vida como República independiente.
Más si se revisa la historia de nuestra República, veremos que en muchas ocasiones los peruanos hemos chocado contra los mismos obstáculos que entorpecen la marcha nacional en la actualidad. Una y otra vez —cambiando solamente fechas, nombres propios y algunas circunstancias— se han presentado insensateces políticas, intereses particulares, estallidos revolucionarios, caudillos mesiánicos, masas desconcertadas y otras constantes que han impedido nuestro desarrollo como una República fuerte.
Por fortuna para nuestro país, al lado de tantos vicios, también han sabido iluminar el camino decenas de peruanos ilustres, muchos de ellos tratados mezquinamente por la historia, que, sin embargo, cargó de elogios a otros tantos que debieran merecer una evaluación menos indulgente. Ha habido en el Perú voces notables que en determinados momentos se alzaron sobre la confusión y las miserias cotidianas de nuestra vida republicana. En este volumen hemos pretendido rescatar esas figuras para darles el reconocimiento que cicateramente se les ha negado, pues el mejor homenaje que se les puede rendir es recoger sus enseñanzas para no repetir los errores del pasado. Y lo más importante: la República del Perú es una obra colectiva en la que han participado millones de peruanos anónimos desde la década de 1820. Ignorados por las páginas oficiales, entre ellos tenemos multitudes de hombres y mujeres que forjaron lo mejor de nuestra República, con su trabajo, su dedicación, su talento, su abnegación por defender esta patria. Allí estuvieron en la lucha emancipadora; en la organización de un nuevo Estado; trabajando en las islas guaneras, en las haciendas del norte y en la selva inhóspita; construyendo caminos que atravesaran desiertos y nevados; resistiendo heroicamente a los ejércitos invasores; sublevándose contra las autoridades ilegítimas; protestando para alcanzar mejores condiciones laborales; emigrando a las ciudades en busca de nuevas oportunidades; agrupándose en organizaciones democráticas; luchando desde el olvido y la indiferencia contra el terrorismo…
Después de 180 años, el Perú sigue siendo una República en formación, que tiene pendiente la tarea de otorgarle óptimas condiciones de vida y desarrollo a millones de compatriotas. Cuando nos acercamos al segundo centenario de nuestra vida republicana, sigue vigente el reto de lograr que el Perú sea un mejor lugar para vivir.
SEGÚN EL TEXTO LEÍDO: El Perú sigue siendo una República en formación, debido a que:
Está pendiente la tarea de desarrollar de igual manera a todas las personas.
Se tienen que garantizar las posibilidades para el desarrollo integral y calidad de vida de los peruanos.
Se debe cumplir con el compromiso de otorgar óptimas condiciones de vida.
Se tienen que asegurar óptimas condiciones de vida para todos los peruanos.
República
Introducción
A comienzos del siglo XXI, escribir una historia del Perú republicano es una tarea que implica dificultades: inmersos como estamos en momentos críticos, las angustias y contradicciones del presente se extienden necesariamente a la revisión que hacemos del pasado, marcando el camino de las reflexiones que surgen en la labor de intentar explicar qué es lo que ha sucedido en los 180 años de vida independiente que tenemos.
Hemos terminado golpeados el siglo pasado, saliendo recién de la explosión del fenómeno terrorista que tantas muertes y pérdidas ocasionó al país, y con nuestras instituciones de gobierno atravesadas por la corrupción, lastre que —como el terrorismo— ha causado graves daños económicos y morales a la nación. Actualmente, nuestra precaria democracia evidencia las mismas taras de épocas pasadas: incapacidad de los políticos de turno, desorden generalizado, demandas postergadas de grandes sectores de la población, urgencia de cambios y falta de una política definida que otorgue un rumbo certero a la nave del Estado. Esa es la perspectiva presente de la que estamos partiendo en este ejercicio de recorrer los avatares de nuestra vida como República independiente.
Más si se revisa la historia de nuestra República, veremos que en muchas ocasiones los peruanos hemos chocado contra los mismos obstáculos que entorpecen la marcha nacional en la actualidad. Una y otra vez —cambiando solamente fechas, nombres propios y algunas circunstancias— se han presentado insensateces políticas, intereses particulares, estallidos revolucionarios, caudillos mesiánicos, masas desconcertadas y otras constantes que han impedido nuestro desarrollo como una República fuerte.
Por fortuna para nuestro país, al lado de tantos vicios, también han sabido iluminar el camino decenas de peruanos ilustres, muchos de ellos tratados mezquinamente por la historia, que, sin embargo, cargó de elogios a otros tantos que debieran merecer una evaluación menos indulgente. Ha habido en el Perú voces notables que en determinados momentos se alzaron sobre la confusión y las miserias cotidianas de nuestra vida republicana. En este volumen hemos pretendido rescatar esas figuras para darles el reconocimiento que cicateramente se les ha negado, pues el mejor homenaje que se les puede rendir es recoger sus enseñanzas para no repetir los errores del pasado. Y lo más importante: la República del Perú es una obra colectiva en la que han participado millones de peruanos anónimos desde la década de 1820. Ignorados por las páginas oficiales, entre ellos tenemos multitudes de hombres y mujeres que forjaron lo mejor de nuestra República, con su trabajo, su dedicación, su talento, su abnegación por defender esta patria. Allí estuvieron en la lucha emancipadora; en la organización de un nuevo Estado; trabajando en las islas guaneras, en las haciendas del norte y en la selva inhóspita; construyendo caminos que atravesaran desiertos y nevados; resistiendo heroicamente a los ejércitos invasores; sublevándose contra las autoridades ilegítimas; protestando para alcanzar mejores condiciones laborales; emigrando a las ciudades en busca de nuevas oportunidades; agrupándose en organizaciones democráticas; luchando desde el olvido y la indiferencia contra el terrorismo…
Después de 180 años, el Perú sigue siendo una República en formación, que tiene pendiente la tarea de otorgarle óptimas condiciones de vida y desarrollo a millones de compatriotas. Cuando nos acercamos al segundo centenario de nuestra vida republicana, sigue vigente el reto de lograr que el Perú sea un mejor lugar para vivir.
SEGÚN EL TEXTO LEÍDO: A partir de la información sobre el Perú republicano, se puede concluir que:
La República del Perú revela problemas pasados que actualmente no han sido superados.
El Perú como República no logra superar las consecuencias nefastas del terrorismo.
Los peruanos que realmente han aportado al desarrollo del Perú permanecen anónimos.
La esencia del texto radica en recorrer los avatares de nuestra vida como República independiente.
República
Introducción
A comienzos del siglo XXI, escribir una historia del Perú republicano es una tarea que implica dificultades: inmersos como estamos en momentos críticos, las angustias y contradicciones del presente se extienden necesariamente a la revisión que hacemos del pasado, marcando el camino de las reflexiones que surgen en la labor de intentar explicar qué es lo que ha sucedido en los 180 años de vida independiente que tenemos.
Hemos terminado golpeados el siglo pasado, saliendo recién de la explosión del fenómeno terrorista que tantas muertes y pérdidas ocasionó al país, y con nuestras instituciones de gobierno atravesadas por la corrupción, lastre que —como el terrorismo— ha causado graves daños económicos y morales a la nación. Actualmente, nuestra precaria democracia evidencia las mismas taras de épocas pasadas: incapacidad de los políticos de turno, desorden generalizado, demandas postergadas de grandes sectores de la población, urgencia de cambios y falta de una política definida que otorgue un rumbo certero a la nave del Estado. Esa es la perspectiva presente de la que estamos partiendo en este ejercicio de recorrer los avatares de nuestra vida como República independiente.
Más si se revisa la historia de nuestra República, veremos que en muchas ocasiones los peruanos hemos chocado contra los mismos obstáculos que entorpecen la marcha nacional en la actualidad. Una y otra vez —cambiando solamente fechas, nombres propios y algunas circunstancias— se han presentado insensateces políticas, intereses particulares, estallidos revolucionarios, caudillos mesiánicos, masas desconcertadas y otras constantes que han impedido nuestro desarrollo como una República fuerte.
Por fortuna para nuestro país, al lado de tantos vicios, también han sabido iluminar el camino decenas de peruanos ilustres, muchos de ellos tratados mezquinamente por la historia, que, sin embargo, cargó de elogios a otros tantos que debieran merecer una evaluación menos indulgente. Ha habido en el Perú voces notables que en determinados momentos se alzaron sobre la confusión y las miserias cotidianas de nuestra vida republicana. En este volumen hemos pretendido rescatar esas figuras para darles el reconocimiento que cicateramente se les ha negado, pues el mejor homenaje que se les puede rendir es recoger sus enseñanzas para no repetir los errores del pasado. Y lo más importante: la República del Perú es una obra colectiva en la que han participado millones de peruanos anónimos desde la década de 1820. Ignorados por las páginas oficiales, entre ellos tenemos multitudes de hombres y mujeres que forjaron lo mejor de nuestra República, con su trabajo, su dedicación, su talento, su abnegación por defender esta patria. Allí estuvieron en la lucha emancipadora; en la organización de un nuevo Estado; trabajando en las islas guaneras, en las haciendas del norte y en la selva inhóspita; construyendo caminos que atravesaran desiertos y nevados; resistiendo heroicamente a los ejércitos invasores; sublevándose contra las autoridades ilegítimas; protestando para alcanzar mejores condiciones laborales; emigrando a las ciudades en busca de nuevas oportunidades; agrupándose en organizaciones democráticas; luchando desde el olvido y la indiferencia contra el terrorismo…
Después de 180 años, el Perú sigue siendo una República en formación, que tiene pendiente la tarea de otorgarle óptimas condiciones de vida y desarrollo a millones de compatriotas. Cuando nos acercamos al segundo centenario de nuestra vida republicana, sigue vigente el reto de lograr que el Perú sea un mejor lugar para vivir.
SEGÚN EL TEXTO LEÍDO: ¿Cuál es la intención del autor al redactar esta introducción?
Presentar los sucesos más representativos de la historia de la República del Perú, desde sus inicios hasta la actualidad.
Reconocer a peruanos ilustres, muchos de ellos tratados mezquinamente por la historia, recogiendo sus enseñanzas para no seguir errando.
Homenajear a los peruanos anónimos para compensar lo que se les ha negado, detallando su talento y sus aportes en adelante.
Exponer los problemas vigentes desde el inicio de la República, destacando el aporte de los peruanos anónimos en los avances logrados.
Las vacunas deben ser obligatorias
La muerte del niño de Olot —el primer caso de difteria detectado en España desde 1986— vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de imponer por ley la vacunación en un país donde muchos progenitores se niegan a inmunizar a sus hijos por creencias que carecen de bases científicas. Una decisión que supone un peligro para el menor y para la sociedad, y que en casos extremos ocasiona tragedias como esta, provocada por la desinformación de unos padres que, creyendo que hacían lo mejor para su hijo, lamentan hoy una pérdida irreparable.
El niño fallecido ayer en el hospital Vall d’Hebron de Barcelona llevaba ingresado desde el 30 de mayo. Tenía seis años. Pese a que la vacuna contra la difteria está recomendada por las autoridades sanitarias en el calendario voluntario de vacunación infantil, sus padres optaron por no suministrársela, aunque sí lo hicieron al resto de sus hijos tras el contagio de su hermano. Cabe resaltar, a modo de ejemplo, que ocho compañeros del niño infectado eran portadores de la bacteria, pero no han desarrollado la enfermedad al estar inmunizados.
Esta fatalidad innecesaria ha suscitado el lógico debate sobre si son los padres o Sanidad quien debe decidir sobre la vacunación infantil. La ley únicamente regula la posibilidad de forzar a una familia a vacunar a sus hijos en caso de un grave riesgo concreto para la salud pública. […] Hay que dejar claro que las únicas vacunas que pueden tener efectos adversos graves son aquellas que están en fase de estudio. Y aun así, se trata de incidentes excepcionales. En cambio, no vacunar a los niños afecta a la salud pública y, como ha alertado la Real Academia de Farmacia de Cataluña, aumenta el riesgo de despertar enfermedades en extinción: véase la difteria.
La prevención de enfermedades mediante vacunas es uno de los grandes hitos de la medicina y ha logrado erradicar la mortalidad infantil. Por ello, resulta irresponsable que, mientras cada año las vacunas salvan 3 000 000 de vidas (las mismas que se pierden por falta de acceso a ellas), en los países desarrollados se le impida a un niño estar inmunizado. La vacunación de los menores no puede depender de una decisión arbitraria de los padres: nadie puede creerse con el derecho de poner en peligro la vida de sus hijos.
SEGÚN EL TEXTO LEIDO: Las únicas vacunas que pueden tener efectos adversos graves son aquellas que:
Están en mal estado de conservación.
Están en fase de estudio.
No son indicadas por los médicos.
Se aplican fuera de fecha.
Jugadores online
Un equipo de físicos daneses ha creado un juego online en el que los participantes han logrado resolver problemas complejos de física cuántica para los que no se habían encontrado soluciones computacionales. Según los investigadores, las propuestas intuitivas de los jugadores han sido más rápidas y mejores que las de los superordenadores. La física cuántica mantiene la promesa de inmensos avances tecnológicos en áreas que van desde la informática a las mediciones de alta precisión. Sin embargo, algunos de los problemas planteados son tan complejos que incluso los supercomputadores más potentes son incapaces de resolverlos. Con el objetivo de avanzar en este campo, un equipo de físicos de la Universidad de Aarhus (Dinamarca), liderado por Jacob Sherson, ha desarrollado un proyecto en el que jugadores online logran solucionar problemas de física cuántica que no pueden resolverse solo mediante algoritmos. Los resultados se publican hoy en la revista Nature. Para ello, los investigadores daneses han creado una plataforma de juego en internet llamada Quantum Moves, en la que algunas de estas operaciones se presentan como juegos, que han sido ejecutados casi 500 000 veces por unos 10 000 participantes.
En uno de los juegos, Bring Home Water (‘Traer agua a casa’), se solicita al usuario coger y mover átomos hacia una zona concreta lo más rápidamente posible, con el fin de encontrar una solución a un problema de optimización asociada con una operación de computación cuántica. El usuario, de forma virtual, mueve átomos utilizando un rayo láser denominado ‘pinza óptica’.
Cuanto más rápido se mueve el átomo, más fácil es que se derrame el agua. Así, los jugadores tienen que encontrar la manera más rápida de “llevar a casa” al átomo sin perderlo, es decir, sin derramar el agua. Las operaciones asociadas con la computación cuántica requieren tiempos de ejecución muy cortos para asegurar su funcionalidad. Sin embargo, si estos tiempos son demasiado cortos, la precisión de la operación puede verse comprometida.
“Hemos aplicado esta plataforma de juegos para dar solución de manera más eficiente a ciertos desafíos de investigación relacionados con las operaciones en ordenadores cuánticos. En estos ordenadores es preciso resolver las operaciones lo más rápidamente posible, ya que de lo contrario la delicada información cuántica se pierde debido al acoplamiento con el medio ambiente”, explica Jacob Sherson.
Los autores han encontrado que los jugadores tenían más éxito donde la optimización puramente numérica fallaba. Además, los participantes fueron capaces de encontrar soluciones más rápidas y mejores que los ordenadores, dice el autor.
“El trabajo ofrece una idea de las estrategias del cerebro humano. Nos comportamos de manera intuitiva cuando tenemos que resolver un nuevo problema, mientras que para un ordenador esto es incomprensible. Una computadora gestiona enormes cantidades de información, pero nosotros podemos elegir no hacerlo basando nuestra decisión en la experiencia y la intuición. Estas ideas intuitivas de los jugadores de Quantum Move son las que nos han dado las soluciones que buscábamos”, señala el investigador.
Según Sherson, “las soluciones suministradas por los jugadores se acomodan de alguna forma con la esencia del problema de la mecánica cuántica. Gracias a las aportaciones de los jugadores, hemos desarrollado un nuevo algoritmo mucho más eficiente, que combina la intuición de los participantes con la capacidad de ajuste de la computadora”.
El físico indica que el equipo se esforzó en no influir a los jugadores y no proporcionó nociones preconcebidas de cómo debía ser resuelto el juego. “Ha sido una buena decisión porque los participantes han encontrado estrategias que eran fundamentalmente diferentes de las que habíamos esperado desde el punto de vista de la física cuántica”, destaca.
Esta semana los investigadores tienen previsto lanzar una nueva versión del juego en el que esperan participen muchos más jugadores que les ayuden a resolver “... no solo retos de física cuántica, sino preguntas fundamentales sobre cómo y por qué los seres humanos son tan buenos en buscar buenas soluciones a estos desafíos y a problemas complejos en general”, señalaron.
Los juegos científicos con participación ciudadana habían demostrado ya su eficacia para avanzar en temas como plegamiento de proteínas y mapeado de neuronas. Esta es la primera vez que se aplican a la física cuántica.
SEGÚN EL TEXTO LEÍDO: ¿Qué enunciado no corresponde al texto?
Los juegos científicos ya han demostrado anteriormente su eficacia con la ciudadanía.
Los jugadores recibieron algunas nociones acerca de la física cuántica.
Con aportes de los jugadores se ha desarrollado un algoritmo más eficiente.
Las ideas intuitivas de los jugadores han dado las soluciones que buscaban los investigadores.
