WorksheetsPuntos examen UdeA 2
Total questions: 10
Worksheet time: 50mins
Texto 1
1. A cierta edad algunos intelectuales suelen afirmar que, más que a leer, se dedican a la relectura. Tal vez consideran como un descrédito confesar que, también ellos, como la gran masa de lectores, abordan una obra por primera vez. Sus juicios, en todo caso, hablan siempre de revisar y replantear. Mientras los lectores jóvenes andan a la caza del último escritor, ellos miran hacia atrás con una especie de esnobismo al revés. El intelectual relector sacrifica el placer plebeyo que se deriva de la búsqueda de lo desconocido, por esa complacencia burguesa que engendra lo habitual. Como ha encontrado la comodidad y la seguridad, también teme perderlas. Su posición resulta inconmovible, pues a la efímera e incierta obra del presente, opone la ingente e indiscutible producción del pasado.
2. Volver a leer posee una cierta reminiscencia platónica, pero también un inocultable regreso a la placidez del útero. La búsqueda de un libro madre o de una obra arquetípica,
paradójicamente, puede revelar un deseo absolutista encubierto bajo una apariencia de tolerancia y de libertad. Se relee no solo para volver a ver lo mismo, sino para encontrar valores perdurables que pudieron escapar a la primera mirada. El intelectual empieza a releer en cierta etapa avanzada de su vida, cuando ya ha superado la necia e impulsiva búsqueda de novedades. A este intelectual, por tal razón, lo satisface confesar que, en su juventud, leía con impaciencia y con ansiedad. Ahora, en cambio, serio y maduro, carece de interés para llegar a alguna parte. Detrás de un acto tan simple como releer, expresa una crítica a todos aquellos libros que no leerá por primera vez. Su labor parte del dictamen apriorístico de que ningún libro actual superaría a cualquier a de los que ha leído […].
Fragmento de: Vélez, Jaime Alberto (2013). El relector. En: Satura. Ensayos. Medellín. Editorial Universidad de Antioquia. Pp. 117-120
- “Miran hacia atrás” tiene en el texto el mismo sentido que:
Releen textos de la infancia
No avanzan en sus juicios
Descreen de autores contemporáneos
Eligen textos ya leídos
Texto uno
1. A cierta edad algunos intelectuales suelen afirmar que, más que a leer, se dedican a la relectura. Tal vez consideran como un descrédito confesar que, también ellos, como la gran masa de lectores, abordan una obra por primera vez. Sus juicios, en todo caso, hablan siempre de revisar y replantear. Mientras los lectores jóvenes andan a la caza del último escritor, ellos miran hacia atrás con una especie de esnobismo al revés. El intelectual relector sacrifica el placer plebeyo que se deriva de la búsqueda de lo desconocido, por esa complacencia burguesa que engendra lo habitual. Como ha encontrado la comodidad y la seguridad, también teme perderlas. Su posición resulta inconmovible, pues a la efímera e incierta obra del presente, opone la ingente e indiscutible producción del pasado.
2. Volver a leer posee una cierta reminiscencia platónica, pero también un inocultable regreso a la placidez del útero. La búsqueda de un libro madre o de una obra arquetípica,
paradójicamente, puede revelar un deseo absolutista encubierto bajo una apariencia de tolerancia y de libertad. Se relee no solo para volver a ver lo mismo, sino para encontrar valores perdurables que pudieron escapar a la primera mirada. El intelectual empieza a releer en cierta etapa avanzada de su vida, cuando ya ha superado la necia e impulsiva búsqueda de novedades. A este intelectual, por tal razón, lo satisface confesar que, en su juventud, leía con impaciencia y con ansiedad. Ahora, en cambio, serio y maduro, carece de interés para llegar a alguna parte. Detrás de un acto tan simple como releer, expresa una crítica a todos aquellos libros que no leerá por primera vez. Su labor parte del dictamen apriorístico de que ningún libro actual superaría a cualquier a de los que ha leído […].
Fragmento de: Vélez, Jaime Alberto (2013). El relector. En: Satura. Ensayos. Medellín. Editorial Universidad de Antioquia. Pp. 117-120
-En el párrafo se presenta una relación análoga entre ________ y ________:
Burgueses – esnobistas al revés / plebeyos – esnobistas al derecho
Plebeyos – no lectores de lo desconocido / burgueses – lectores de lo nuevo
Plebeyos – lectores de literatura nueva / burgueses – lectores de literatura clásica
Burgueses – personas de cierta edad / plebeyos – personas jóvenes
1. A cierta edad algunos intelectuales suelen afirmar que, más que a leer, se dedican a la relectura. Tal vez consideran como un descrédito confesar que, también ellos, como la gran masa de lectores, abordan una obra por primera vez. Sus juicios, en todo caso, hablan siempre de revisar y replantear. Mientras los lectores jóvenes andan a la caza del último escritor, ellos miran hacia atrás con una especie de esnobismo al revés. El intelectual relector sacrifica el placer plebeyo que se deriva de la búsqueda de lo desconocido, por esa complacencia burguesa que engendra lo habitual. Como ha encontrado la comodidad y la seguridad, también teme perderlas. Su posición resulta inconmovible, pues a la efímera e incierta obra del presente, opone la ingente e indiscutible producción del pasado.
2. Volver a leer posee una cierta reminiscencia platónica, pero también un inocultable regreso a la placidez del útero. La búsqueda de un libro madre o de una obra arquetípica,
paradójicamente, puede revelar un deseo absolutista encubierto bajo una apariencia de tolerancia y de libertad. Se relee no solo para volver a ver lo mismo, sino para encontrar valores perdurables que pudieron escapar a la primera mirada. El intelectual empieza a releer en cierta etapa avanzada de su vida, cuando ya ha superado la necia e impulsiva búsqueda de novedades. A este intelectual, por tal razón, lo satisface confesar que, en su juventud, leía con impaciencia y con ansiedad. Ahora, en cambio, serio y maduro, carece de interés para llegar a alguna parte. Detrás de un acto tan simple como releer, expresa una crítica a todos aquellos libros que no leerá por primera vez. Su labor parte del dictamen apriorístico de que ningún libro actual superaría a cualquier a de los que ha leído […].
Fragmento de: Vélez, Jaime Alberto (2013). El relector. En: Satura. Ensayos. Medellín. Editorial Universidad de Antioquia. Pp. 117-120
La afirmación “a cierta edad algunos intelectuales suelen afirmar que, más que a leer, se dedican a la relectura” permite concluir que:
Solo es posible aprender a releer a medida que avanza la edad
El autor establece una relación entre la edad y la relectura
Son los jóvenes quienes se dedican más a la relectura que a la lectura
La edad no tiene incidencia en la elección de la tarea del lector
1. A cierta edad algunos intelectuales suelen afirmar que, más que a leer, se dedican a la relectura. Tal vez consideran como un descrédito confesar que, también ellos, como la gran masa de lectores, abordan una obra por primera vez. Sus juicios, en todo caso, hablan siempre de revisar y replantear. Mientras los lectores jóvenes andan a la caza del último escritor, ellos miran hacia atrás con una especie de esnobismo al revés. El intelectual relector sacrifica el placer plebeyo que se deriva de la búsqueda de lo desconocido, por esa complacencia burguesa que engendra lo habitual. Como ha encontrado la comodidad y la seguridad, también teme perderlas. Su posición resulta inconmovible, pues a la efímera e incierta obra del presente, opone la ingente e indiscutible producción del pasado.
2. Volver a leer posee una cierta reminiscencia platónica, pero también un inocultable regreso a la placidez del útero. La búsqueda de un libro madre o de una obra arquetípica,
paradójicamente, puede revelar un deseo absolutista encubierto bajo una apariencia de tolerancia y de libertad. Se relee no solo para volver a ver lo mismo, sino para encontrar valores perdurables que pudieron escapar a la primera mirada. El intelectual empieza a releer en cierta etapa avanzada de su vida, cuando ya ha superado la necia e impulsiva búsqueda de novedades. A este intelectual, por tal razón, lo satisface confesar que, en su juventud, leía con impaciencia y con ansiedad. Ahora, en cambio, serio y maduro, carece de interés para llegar a alguna parte. Detrás de un acto tan simple como releer, expresa una crítica a todos aquellos libros que no leerá por primera vez. Su labor parte del dictamen apriorístico de que ningún libro actual superaría a cualquier a de los que ha leído […].
Fragmento de: Vélez, Jaime Alberto (2013). El relector. En: Satura. Ensayos. Medellín. Editorial Universidad de Antioquia. Pp. 117-120
-La persona esnobista se caracteriza por una admiración exagerad a lo que está de moda. De acuerdo con esto y en coherencia con el texto, un ejemplo de “esnobismo al revés” sería un:
Escritor que aborda temas literarios clásicos con formas de escritura contemporánea.
Cineasta que decide dedicarse a hacer películas en blanco y negro sobre la Guerra Fría
Músico que interpreta la música folclórica colombiana
Poeta joven que imita las obras de un poeta contemporáneo maduro
1. A cierta edad algunos intelectuales suelen afirmar que, más que a leer, se dedican a la relectura. Tal vez consideran como un descrédito confesar que, también ellos, como la gran masa de lectores, abordan una obra por primera vez. Sus juicios, en todo caso, hablan siempre de revisar y replantear. Mientras los lectores jóvenes andan a la caza del último escritor, ellos miran hacia atrás con una especie de esnobismo al revés. El intelectual relector sacrifica el placer plebeyo que se deriva de la búsqueda de lo desconocido, por esa complacencia burguesa que engendra lo habitual. Como ha encontrado la comodidad y la seguridad, también teme perderlas. Su posición resulta inconmovible, pues a la efímera e incierta obra del presente, opone la ingente e indiscutible producción del pasado.
2. Volver a leer posee una cierta reminiscencia platónica, pero también un inocultable regreso a la placidez del útero. La búsqueda de un libro madre o de una obra arquetípica,
paradójicamente, puede revelar un deseo absolutista encubierto bajo una apariencia de tolerancia y de libertad. Se relee no solo para volver a ver lo mismo, sino para encontrar valores perdurables que pudieron escapar a la primera mirada. El intelectual empieza a releer en cierta etapa avanzada de su vida, cuando ya ha superado la necia e impulsiva búsqueda de novedades. A este intelectual, por tal razón, lo satisface confesar que, en su juventud, leía con impaciencia y con ansiedad. Ahora, en cambio, serio y maduro, carece de interés para llegar a alguna parte. Detrás de un acto tan simple como releer, expresa una crítica a todos aquellos libros que no leerá por primera vez. Su labor parte del dictamen apriorístico de que ningún libro actual superaría a cualquier a de los que ha leído […].
Fragmento de: Vélez, Jaime Alberto (2013). El relector. En: Satura. Ensayos. Medellín. Editorial Universidad de Antioquia. Pp. 117-120
-“Acierta edad” presenta al lector una información:
Concreta
Falsa
Vaga
Certera
1. A cierta edad algunos intelectuales suelen afirmar que, más que a leer, se dedican a la relectura. Tal vez consideran como un descrédito confesar que, también ellos, como la gran masa de lectores, abordan una obra por primera vez. Sus juicios, en todo caso, hablan siempre de revisar y replantear. Mientras los lectores jóvenes andan a la caza del último escritor, ellos miran hacia atrás con una especie de esnobismo al revés. El intelectual relector sacrifica el placer plebeyo que se deriva de la búsqueda de lo desconocido, por esa complacencia burguesa que engendra lo habitual. Como ha encontrado la comodidad y la seguridad, también teme perderlas. Su posición resulta inconmovible, pues a la efímera e incierta obra del presente, opone la ingente e indiscutible producción del pasado.
2. Volver a leer posee una cierta reminiscencia platónica, pero también un inocultable regreso a la placidez del útero. La búsqueda de un libro madre o de una obra arquetípica,
paradójicamente, puede revelar un deseo absolutista encubierto bajo una apariencia de tolerancia y de libertad. Se relee no solo para volver a ver lo mismo, sino para encontrar valores perdurables que pudieron escapar a la primera mirada. El intelectual empieza a releer en cierta etapa avanzada de su vida, cuando ya ha superado la necia e impulsiva búsqueda de novedades. A este intelectual, por tal razón, lo satisface confesar que, en su juventud, leía con impaciencia y con ansiedad. Ahora, en cambio, serio y maduro, carece de interés para llegar a alguna parte. Detrás de un acto tan simple como releer, expresa una crítica a todos aquellos libros que no leerá por primera vez. Su labor parte del dictamen apriorístico de que ningún libro actual superaría a cualquier a de los que ha leído […].
Fragmento de: Vélez, Jaime Alberto (2013). El relector. En: Satura. Ensayos. Medellín. Editorial Universidad de Antioquia. Pp. 117-120
-Es posible afirmar que para el autor una producción ingente:
Se construye en el pasado y es inconmovible
Es incierta, pero conmueve
Pertenece al pasado per es efímera
No es efímera ni incierta
1. A cierta edad algunos intelectuales suelen afirmar que, más que a leer, se dedican a la relectura. Tal vez consideran como un descrédito confesar que, también ellos, como la gran masa de lectores, abordan una obra por primera vez. Sus juicios, en todo caso, hablan siempre de revisar y replantear. Mientras los lectores jóvenes andan a la caza del último escritor, ellos miran hacia atrás con una especie de esnobismo al revés. El intelectual relector sacrifica el placer plebeyo que se deriva de la búsqueda de lo desconocido, por esa complacencia burguesa que engendra lo habitual. Como ha encontrado la comodidad y la seguridad, también teme perderlas. Su posición resulta inconmovible, pues a la efímera e incierta obra del presente, opone la ingente e indiscutible producción del pasado.
2. Volver a leer posee una cierta reminiscencia platónica, pero también un inocultable regreso a la placidez del útero. La búsqueda de un libro madre o de una obra arquetípica,
paradójicamente, puede revelar un deseo absolutista encubierto bajo una apariencia de tolerancia y de libertad. Se relee no solo para volver a ver lo mismo, sino para encontrar valores perdurables que pudieron escapar a la primera mirada. El intelectual empieza a releer en cierta etapa avanzada de su vida, cuando ya ha superado la necia e impulsiva búsqueda de novedades. A este intelectual, por tal razón, lo satisface confesar que, en su juventud, leía con impaciencia y con ansiedad. Ahora, en cambio, serio y maduro, carece de interés para llegar a alguna parte. Detrás de un acto tan simple como releer, expresa una crítica a todos aquellos libros que no leerá por primera vez. Su labor parte del dictamen apriorístico de que ningún libro actual superaría a cualquier a de los que ha leído […].
Fragmento de: Vélez, Jaime Alberto (2013). El relector. En: Satura. Ensayos. Medellín. Editorial Universidad de Antioquia. Pp. 117-120
-De acuerdo con el autor, lo que teme perder el intelectual de cierta edad es:
Un lugar privilegiado entre los lectores jóvenes
La comodidad que le brinda la literatura ya conocida
El reconocimiento social que le da su lugar de plebeyo
El re-conocimiento producto de leer el mismo texto
1. A cierta edad algunos intelectuales suelen afirmar que, más que a leer, se dedican a la relectura. Tal vez consideran como un descrédito confesar que, también ellos, como la gran masa de lectores, abordan una obra por primera vez. Sus juicios, en todo caso, hablan siempre de revisar y replantear. Mientras los lectores jóvenes andan a la caza del último escritor, ellos miran hacia atrás con una especie de esnobismo al revés. El intelectual relector sacrifica el placer plebeyo que se deriva de la búsqueda de lo desconocido, por esa complacencia burguesa que engendra lo habitual. Como ha encontrado la comodidad y la seguridad, también teme perderlas. Su posición resulta inconmovible, pues a la efímera e incierta obra del presente, opone la ingente e indiscutible producción del pasado.
2. Volver a leer posee una cierta reminiscencia platónica, pero también un inocultable regreso a la placidez del útero. La búsqueda de un libro madre o de una obra arquetípica,
paradójicamente, puede revelar un deseo absolutista encubierto bajo una apariencia de tolerancia y de libertad. Se relee no solo para volver a ver lo mismo, sino para encontrar valores perdurables que pudieron escapar a la primera mirada. El intelectual empieza a releer en cierta etapa avanzada de su vida, cuando ya ha superado la necia e impulsiva búsqueda de novedades. A este intelectual, por tal razón, lo satisface confesar que, en su juventud, leía con impaciencia y con ansiedad. Ahora, en cambio, serio y maduro, carece de interés para llegar a alguna parte. Detrás de un acto tan simple como releer, expresa una crítica a todos aquellos libros que no leerá por primera vez. Su labor parte del dictamen apriorístico de que ningún libro actual superaría a cualquier a de los que ha leído […].
Fragmento de: Vélez, Jaime Alberto (2013). El relector. En: Satura. Ensayos. Medellín. Editorial Universidad de Antioquia. Pp. 117-120
-“Libro madre” remite a una obra que es, EXCEPTO:
Representativa
Significativa
Contemporánea
Arquetípica
1. A cierta edad algunos intelectuales suelen afirmar que, más que a leer, se dedican a la relectura. Tal vez consideran como un descrédito confesar que, también ellos, como la gran masa de lectores, abordan una obra por primera vez. Sus juicios, en todo caso, hablan siempre de revisar y replantear. Mientras los lectores jóvenes andan a la caza del último escritor, ellos miran hacia atrás con una especie de esnobismo al revés. El intelectual relector sacrifica el placer plebeyo que se deriva de la búsqueda de lo desconocido, por esa complacencia burguesa que engendra lo habitual. Como ha encontrado la comodidad y la seguridad, también teme perderlas. Su posición resulta inconmovible, pues a la efímera e incierta obra del presente, opone la ingente e indiscutible producción del pasado.
2. Volver a leer posee una cierta reminiscencia platónica, pero también un inocultable regreso a la placidez del útero. La búsqueda de un libro madre o de una obra arquetípica,
paradójicamente, puede revelar un deseo absolutista encubierto bajo una apariencia de tolerancia y de libertad. Se relee no solo para volver a ver lo mismo, sino para encontrar valores perdurables que pudieron escapar a la primera mirada. El intelectual empieza a releer en cierta etapa avanzada de su vida, cuando ya ha superado la necia e impulsiva búsqueda de novedades. A este intelectual, por tal razón, lo satisface confesar que, en su juventud, leía con impaciencia y con ansiedad. Ahora, en cambio, serio y maduro, carece de interés para llegar a alguna parte. Detrás de un acto tan simple como releer, expresa una crítica a todos aquellos libros que no leerá por primera vez. Su labor parte del dictamen apriorístico de que ningún libro actual superaría a cualquier a de los que ha leído […].
Fragmento de: Vélez, Jaime Alberto (2013). El relector. En: Satura. Ensayos. Medellín. Editorial Universidad de Antioquia. Pp. 117-120
-De acuerdo con el párrafo, se relee para:
Revelar un deseo absolutista
Saciar la ansiedad de leer
Encontrar valores perdurables
Buscar novedades editoriales
1. A cierta edad algunos intelectuales suelen afirmar que, más que a leer, se dedican a la relectura. Tal vez consideran como un descrédito confesar que, también ellos, como la gran masa de lectores, abordan una obra por primera vez. Sus juicios, en todo caso, hablan siempre de revisar y replantear. Mientras los lectores jóvenes andan a la caza del último escritor, ellos miran hacia atrás con una especie de esnobismo al revés. El intelectual relector sacrifica el placer plebeyo que se deriva de la búsqueda de lo desconocido, por esa complacencia burguesa que engendra lo habitual. Como ha encontrado la comodidad y la seguridad, también teme perderlas. Su posición resulta inconmovible, pues a la efímera e incierta obra del presente, opone la ingente e indiscutible producción del pasado.
2. Volver a leer posee una cierta reminiscencia platónica, pero también un inocultable regreso a la placidez del útero. La búsqueda de un libro madre o de una obra arquetípica,
paradójicamente, puede revelar un deseo absolutista encubierto bajo una apariencia de tolerancia y de libertad. Se relee no solo para volver a ver lo mismo, sino para encontrar valores perdurables que pudieron escapar a la primera mirada. El intelectual empieza a releer en cierta etapa avanzada de su vida, cuando ya ha superado la necia e impulsiva búsqueda de novedades. A este intelectual, por tal razón, lo satisface confesar que, en su juventud, leía con impaciencia y con ansiedad. Ahora, en cambio, serio y maduro, carece de interés para llegar a alguna parte. Detrás de un acto tan simple como releer, expresa una crítica a todos aquellos libros que no leerá por primera vez. Su labor parte del dictamen apriorístico de que ningún libro actual superaría a cualquier a de los que ha leído […].
Fragmento de: Vélez, Jaime Alberto (2013). El relector. En: Satura. Ensayos. Medellín. Editorial Universidad de Antioquia. Pp. 117-120
-Dictamen apriorístico significa en el texto:
Juicio
impresión
Intuición
Prejuicio
