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El Pirineo

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1.

MULTIPLE CHOICE QUESTION

1 min • 1 pt

Río Aragón. Valle Aragón. De pronto, el paisaje se ensancha para que el viajero pueda contemplar las gigantescas moles nevadas de «Collarada» y «La Espata». Abajo ríe el agua como el cristal, canción y espejo.

Villanúa se extiende sobre la llanura, bajo las montañas coronadas de blanco. La vida -más de dos mil habitantes en verano y trescientos en invierno- se desarrolla en el llano, pero en el hombre alienta siempre una irresistible tentación de subir a la montaña. La ilusión por las cumbres viaja con cada vida.

Huesca corre en este punto a su encuentro con Francia. La región nació en los desfiladeros pirenaicos; la huella de nuestros primeros pobladores -lo aragonés- ha quedado presa en el tiempo.

Villanúa se ha dado cita en el kilómetro 330 de la carretera de Madrid a Francia, a mitad del camino entre Jaca y Candanchú -catorce kilómetros en una o en otra dirección- y a ciento tres de la capital de la provincia.

Recuerdo las palabras de Ramón J. Sender, cuando hablaba de Villanúa. Desde la cima de «Collarada» el escritor veía el Atlántico. O le parecía verlo. Mejor sería decir que lo intuía y lo soñaba. El espejismo de la nieve abría rutas imprevistas hacia el océano azul. Sender sigue soñando con sus veraneos en Villanúa y sus visiones atlánticas.


De niño se dedicaba a espiar a Ramón y Cajal, que también veraneaba en Villanúa. Desde entonces, la «Fuente del Paco» ha cobrado fama. Las gentes del lugar aseguraban que aquellas aguas sulfurosas curaban el mal de entraña. Cajal se reía de tales afirmaciones ingenuas, y luego, cuando creía que no era visto, se acercaba a la fuente, sacaba con disimulo un vaso de aluminio que llevaba guardado en el bolsillo y se echaba sus buenos tragos. El paisaje es siempre sugerente, en cualquier época del año. Junto a la carretera, donde están los hoteles y paradores, nacen las urbanizaciones de distinto tipo. El pueblo propiamente dicho queda a la otra orilla del río, donde la piedra gris, casi negra, da forma a las típicas casas montañesas.

El turismo impone sus condicionamientos. El clima y el paisaje ofrecen una segura atracción. Luego cuentan los deportes de la nieve, la caza y la pesca.

-¿Cómo se desenvuelve Villanúa cuando pasa de los trescientos habitantes a los dos mil?

-Normalmente, puesto que hemos previsto servicios para ese aumento de población, con el que ya contamos todos los años.

Luego surgen los visitantes de paso, los que hacen un alto en el camino, los excursionistas.

-Creo -dice el alcalde- que estamos empezando. Las posibilidades son incalculables.

Entre los recursos turísticos sin explotar hay que citar, por derecho propio, las famosas cuevas del «Rebejo» y de «Esjamundo». La segunda mide unos dos kilómetros de longitud; lleva el nombre de los descubridores y del lugar donde se encuentra.


-La descubrieron Esteban y Javier y el paraje se denomina «Mundo». Las cuevas de «Esjamundo» son como un milagro de la naturaleza. Superan, al decir de los entendidos, a las mallorquinas cuevas del «Drach». Son dos kilómetros de estalactitas y estalagmitas, con recovecos sorprendentes, calles y plazas, lagos y riachuelos.

Alfonso Zapater. Esta tierra nuestra I.


Seleccione la opción correcta:


Cerca de Villanúa están las cumbres de «Collarada» y:

"Esjamundo".

"Rebejo"

"La Espata".

2.

MULTIPLE CHOICE QUESTION

1 min • 1 pt

Río Aragón. Valle Aragón. De pronto, el paisaje se ensancha para que el viajero pueda contemplar las gigantescas moles nevadas de «Collarada» y «La Espata». Abajo ríe el agua como el cristal, canción y espejo.

Villanúa se extiende sobre la llanura, bajo las montañas coronadas de blanco. La vida -más de dos mil habitantes en verano y trescientos en invierno- se desarrolla en el llano, pero en el hombre alienta siempre una irresistible tentación de subir a la montaña. La ilusión por las cumbres viaja con cada vida.

Huesca corre en este punto a su encuentro con Francia. La región nació en los desfiladeros pirenaicos; la huella de nuestros primeros pobladores -lo aragonés- ha quedado presa en el tiempo.

Villanúa se ha dado cita en el kilómetro 330 de la carretera de Madrid a Francia, a mitad del camino entre Jaca y Candanchú -catorce kilómetros en una o en otra dirección- y a ciento tres de la capital de la provincia.

Recuerdo las palabras de Ramón J. Sender, cuando hablaba de Villanúa. Desde la cima de «Collarada» el escritor veía el Atlántico. O le parecía verlo. Mejor sería decir que lo intuía y lo soñaba. El espejismo de la nieve abría rutas imprevistas hacia el océano azul. Sender sigue soñando con sus veraneos en Villanúa y sus visiones atlánticas.


De niño se dedicaba a espiar a Ramón y Cajal, que también veraneaba en Villanúa. Desde entonces, la «Fuente del Paco» ha cobrado fama. Las gentes del lugar aseguraban que aquellas aguas sulfurosas curaban el mal de entraña. Cajal se reía de tales afirmaciones ingenuas, y luego, cuando creía que no era visto, se acercaba a la fuente, sacaba con disimulo un vaso de aluminio que llevaba guardado en el bolsillo y se echaba sus buenos tragos. El paisaje es siempre sugerente, en cualquier época del año. Junto a la carretera, donde están los hoteles y paradores, nacen las urbanizaciones de distinto tipo. El pueblo propiamente dicho queda a la otra orilla del río, donde la piedra gris, casi negra, da forma a las típicas casas montañesas.

El turismo impone sus condicionamientos. El clima y el paisaje ofrecen una segura atracción. Luego cuentan los deportes de la nieve, la caza y la pesca.

-¿Cómo se desenvuelve Villanúa cuando pasa de los trescientos habitantes a los dos mil?

-Normalmente, puesto que hemos previsto servicios para ese aumento de población, con el que ya contamos todos los años.

Luego surgen los visitantes de paso, los que hacen un alto en el camino, los excursionistas.

-Creo -dice el alcalde- que estamos empezando. Las posibilidades son incalculables.

Entre los recursos turísticos sin explotar hay que citar, por derecho propio, las famosas cuevas del «Rebejo» y de «Esjamundo». La segunda mide unos dos kilómetros de longitud; lleva el nombre de los descubridores y del lugar donde se encuentra.


-La descubrieron Esteban y Javier y el paraje se denomina «Mundo». Las cuevas de «Esjamundo» son como un milagro de la naturaleza. Superan, al decir de los entendidos, a las mallorquinas cuevas del «Drach». Son dos kilómetros de estalactitas y estalagmitas, con recovecos sorprendentes, calles y plazas, lagos y riachuelos.

Alfonso Zapater. Esta tierra nuestra I.


Seleccione la opción correcta:


¿Cuántos habitantes tiene Villanúa en verano?

Trescientos.

Dos mil.

Cinco mil

3.

MULTIPLE CHOICE QUESTION

1 min • 1 pt

Río Aragón. Valle Aragón. De pronto, el paisaje se ensancha para que el viajero pueda contemplar las gigantescas moles nevadas de «Collarada» y «La Espata». Abajo ríe el agua como el cristal, canción y espejo.

Villanúa se extiende sobre la llanura, bajo las montañas coronadas de blanco. La vida -más de dos mil habitantes en verano y trescientos en invierno- se desarrolla en el llano, pero en el hombre alienta siempre una irresistible tentación de subir a la montaña. La ilusión por las cumbres viaja con cada vida.

Huesca corre en este punto a su encuentro con Francia. La región nació en los desfiladeros pirenaicos; la huella de nuestros primeros pobladores -lo aragonés- ha quedado presa en el tiempo.

Villanúa se ha dado cita en el kilómetro 330 de la carretera de Madrid a Francia, a mitad del camino entre Jaca y Candanchú -catorce kilómetros en una o en otra dirección- y a ciento tres de la capital de la provincia.

Recuerdo las palabras de Ramón J. Sender, cuando hablaba de Villanúa. Desde la cima de «Collarada» el escritor veía el Atlántico. O le parecía verlo. Mejor sería decir que lo intuía y lo soñaba. El espejismo de la nieve abría rutas imprevistas hacia el océano azul. Sender sigue soñando con sus veraneos en Villanúa y sus visiones atlánticas.


De niño se dedicaba a espiar a Ramón y Cajal, que también veraneaba en Villanúa. Desde entonces, la «Fuente del Paco» ha cobrado fama. Las gentes del lugar aseguraban que aquellas aguas sulfurosas curaban el mal de entraña. Cajal se reía de tales afirmaciones ingenuas, y luego, cuando creía que no era visto, se acercaba a la fuente, sacaba con disimulo un vaso de aluminio que llevaba guardado en el bolsillo y se echaba sus buenos tragos. El paisaje es siempre sugerente, en cualquier época del año. Junto a la carretera, donde están los hoteles y paradores, nacen las urbanizaciones de distinto tipo. El pueblo propiamente dicho queda a la otra orilla del río, donde la piedra gris, casi negra, da forma a las típicas casas montañesas.

El turismo impone sus condicionamientos. El clima y el paisaje ofrecen una segura atracción. Luego cuentan los deportes de la nieve, la caza y la pesca.

-¿Cómo se desenvuelve Villanúa cuando pasa de los trescientos habitantes a los dos mil?

-Normalmente, puesto que hemos previsto servicios para ese aumento de población, con el que ya contamos todos los años.

Luego surgen los visitantes de paso, los que hacen un alto en el camino, los excursionistas.

-Creo -dice el alcalde- que estamos empezando. Las posibilidades son incalculables.

Entre los recursos turísticos sin explotar hay que citar, por derecho propio, las famosas cuevas del «Rebejo» y de «Esjamundo». La segunda mide unos dos kilómetros de longitud; lleva el nombre de los descubridores y del lugar donde se encuentra.


-La descubrieron Esteban y Javier y el paraje se denomina «Mundo». Las cuevas de «Esjamundo» son como un milagro de la naturaleza. Superan, al decir de los entendidos, a las mallorquinas cuevas del «Drach». Son dos kilómetros de estalactitas y estalagmitas, con recovecos sorprendentes, calles y plazas, lagos y riachuelos.

Alfonso Zapater. Esta tierra nuestra I.


Seleccione la opción correcta:


¿Cuántos habitantes tiene en invierno?

Cinco mil.

Dos mil.

Trescientos

4.

MULTIPLE CHOICE QUESTION

1 min • 1 pt

Río Aragón. Valle Aragón. De pronto, el paisaje se ensancha para que el viajero pueda contemplar las gigantescas moles nevadas de «Collarada» y «La Espata». Abajo ríe el agua como el cristal, canción y espejo.

Villanúa se extiende sobre la llanura, bajo las montañas coronadas de blanco. La vida -más de dos mil habitantes en verano y trescientos en invierno- se desarrolla en el llano, pero en el hombre alienta siempre una irresistible tentación de subir a la montaña. La ilusión por las cumbres viaja con cada vida.

Huesca corre en este punto a su encuentro con Francia. La región nació en los desfiladeros pirenaicos; la huella de nuestros primeros pobladores -lo aragonés- ha quedado presa en el tiempo.

Villanúa se ha dado cita en el kilómetro 330 de la carretera de Madrid a Francia, a mitad del camino entre Jaca y Candanchú -catorce kilómetros en una o en otra dirección- y a ciento tres de la capital de la provincia.

Recuerdo las palabras de Ramón J. Sender, cuando hablaba de Villanúa. Desde la cima de «Collarada» el escritor veía el Atlántico. O le parecía verlo. Mejor sería decir que lo intuía y lo soñaba. El espejismo de la nieve abría rutas imprevistas hacia el océano azul. Sender sigue soñando con sus veraneos en Villanúa y sus visiones atlánticas.


De niño se dedicaba a espiar a Ramón y Cajal, que también veraneaba en Villanúa. Desde entonces, la «Fuente del Paco» ha cobrado fama. Las gentes del lugar aseguraban que aquellas aguas sulfurosas curaban el mal de entraña. Cajal se reía de tales afirmaciones ingenuas, y luego, cuando creía que no era visto, se acercaba a la fuente, sacaba con disimulo un vaso de aluminio que llevaba guardado en el bolsillo y se echaba sus buenos tragos. El paisaje es siempre sugerente, en cualquier época del año. Junto a la carretera, donde están los hoteles y paradores, nacen las urbanizaciones de distinto tipo. El pueblo propiamente dicho queda a la otra orilla del río, donde la piedra gris, casi negra, da forma a las típicas casas montañesas.

El turismo impone sus condicionamientos. El clima y el paisaje ofrecen una segura atracción. Luego cuentan los deportes de la nieve, la caza y la pesca.

-¿Cómo se desenvuelve Villanúa cuando pasa de los trescientos habitantes a los dos mil?

-Normalmente, puesto que hemos previsto servicios para ese aumento de población, con el que ya contamos todos los años.

Luego surgen los visitantes de paso, los que hacen un alto en el camino, los excursionistas.

-Creo -dice el alcalde- que estamos empezando. Las posibilidades son incalculables.

Entre los recursos turísticos sin explotar hay que citar, por derecho propio, las famosas cuevas del «Rebejo» y de «Esjamundo». La segunda mide unos dos kilómetros de longitud; lleva el nombre de los descubridores y del lugar donde se encuentra.


-La descubrieron Esteban y Javier y el paraje se denomina «Mundo». Las cuevas de «Esjamundo» son como un milagro de la naturaleza. Superan, al decir de los entendidos, a las mallorquinas cuevas del «Drach». Son dos kilómetros de estalactitas y estalagmitas, con recovecos sorprendentes, calles y plazas, lagos y riachuelos.

Alfonso Zapater. Esta tierra nuestra I.


Seleccione la opción correcta:


Villanúa se encuentra entre:

Jaca y Candanchú.

Huesca y Zaragoza.

Candanchú y Francia.

5.

MULTIPLE CHOICE QUESTION

1 min • 1 pt

Río Aragón. Valle Aragón. De pronto, el paisaje se ensancha para que el viajero pueda contemplar las gigantescas moles nevadas de «Collarada» y «La Espata». Abajo ríe el agua como el cristal, canción y espejo.

Villanúa se extiende sobre la llanura, bajo las montañas coronadas de blanco. La vida -más de dos mil habitantes en verano y trescientos en invierno- se desarrolla en el llano, pero en el hombre alienta siempre una irresistible tentación de subir a la montaña. La ilusión por las cumbres viaja con cada vida.

Huesca corre en este punto a su encuentro con Francia. La región nació en los desfiladeros pirenaicos; la huella de nuestros primeros pobladores -lo aragonés- ha quedado presa en el tiempo.

Villanúa se ha dado cita en el kilómetro 330 de la carretera de Madrid a Francia, a mitad del camino entre Jaca y Candanchú -catorce kilómetros en una o en otra dirección- y a ciento tres de la capital de la provincia.

Recuerdo las palabras de Ramón J. Sender, cuando hablaba de Villanúa. Desde la cima de «Collarada» el escritor veía el Atlántico. O le parecía verlo. Mejor sería decir que lo intuía y lo soñaba. El espejismo de la nieve abría rutas imprevistas hacia el océano azul. Sender sigue soñando con sus veraneos en Villanúa y sus visiones atlánticas.


De niño se dedicaba a espiar a Ramón y Cajal, que también veraneaba en Villanúa. Desde entonces, la «Fuente del Paco» ha cobrado fama. Las gentes del lugar aseguraban que aquellas aguas sulfurosas curaban el mal de entraña. Cajal se reía de tales afirmaciones ingenuas, y luego, cuando creía que no era visto, se acercaba a la fuente, sacaba con disimulo un vaso de aluminio que llevaba guardado en el bolsillo y se echaba sus buenos tragos. El paisaje es siempre sugerente, en cualquier época del año. Junto a la carretera, donde están los hoteles y paradores, nacen las urbanizaciones de distinto tipo. El pueblo propiamente dicho queda a la otra orilla del río, donde la piedra gris, casi negra, da forma a las típicas casas montañesas.

El turismo impone sus condicionamientos. El clima y el paisaje ofrecen una segura atracción. Luego cuentan los deportes de la nieve, la caza y la pesca.

-¿Cómo se desenvuelve Villanúa cuando pasa de los trescientos habitantes a los dos mil?

-Normalmente, puesto que hemos previsto servicios para ese aumento de población, con el que ya contamos todos los años.

Luego surgen los visitantes de paso, los que hacen un alto en el camino, los excursionistas.

-Creo -dice el alcalde- que estamos empezando. Las posibilidades son incalculables.

Entre los recursos turísticos sin explotar hay que citar, por derecho propio, las famosas cuevas del «Rebejo» y de «Esjamundo». La segunda mide unos dos kilómetros de longitud; lleva el nombre de los descubridores y del lugar donde se encuentra.


-La descubrieron Esteban y Javier y el paraje se denomina «Mundo». Las cuevas de «Esjamundo» son como un milagro de la naturaleza. Superan, al decir de los entendidos, a las mallorquinas cuevas del «Drach». Son dos kilómetros de estalactitas y estalagmitas, con recovecos sorprendentes, calles y plazas, lagos y riachuelos.

Alfonso Zapater. Esta tierra nuestra I.


Seleccione la opción correcta:


¿Quién veía el Atlántico desde el «Collarada»?

Ramón J. Sender.

Ramón Pignatelli.

Ramón y Cajal.

6.

MULTIPLE CHOICE QUESTION

1 min • 1 pt

Río Aragón. Valle Aragón. De pronto, el paisaje se ensancha para que el viajero pueda contemplar las gigantescas moles nevadas de «Collarada» y «La Espata». Abajo ríe el agua como el cristal, canción y espejo.

Villanúa se extiende sobre la llanura, bajo las montañas coronadas de blanco. La vida -más de dos mil habitantes en verano y trescientos en invierno- se desarrolla en el llano, pero en el hombre alienta siempre una irresistible tentación de subir a la montaña. La ilusión por las cumbres viaja con cada vida.

Huesca corre en este punto a su encuentro con Francia. La región nació en los desfiladeros pirenaicos; la huella de nuestros primeros pobladores -lo aragonés- ha quedado presa en el tiempo.

Villanúa se ha dado cita en el kilómetro 330 de la carretera de Madrid a Francia, a mitad del camino entre Jaca y Candanchú -catorce kilómetros en una o en otra dirección- y a ciento tres de la capital de la provincia.

Recuerdo las palabras de Ramón J. Sender, cuando hablaba de Villanúa. Desde la cima de «Collarada» el escritor veía el Atlántico. O le parecía verlo. Mejor sería decir que lo intuía y lo soñaba. El espejismo de la nieve abría rutas imprevistas hacia el océano azul. Sender sigue soñando con sus veraneos en Villanúa y sus visiones atlánticas.


De niño se dedicaba a espiar a Ramón y Cajal, que también veraneaba en Villanúa. Desde entonces, la «Fuente del Paco» ha cobrado fama. Las gentes del lugar aseguraban que aquellas aguas sulfurosas curaban el mal de entraña. Cajal se reía de tales afirmaciones ingenuas, y luego, cuando creía que no era visto, se acercaba a la fuente, sacaba con disimulo un vaso de aluminio que llevaba guardado en el bolsillo y se echaba sus buenos tragos. El paisaje es siempre sugerente, en cualquier época del año. Junto a la carretera, donde están los hoteles y paradores, nacen las urbanizaciones de distinto tipo. El pueblo propiamente dicho queda a la otra orilla del río, donde la piedra gris, casi negra, da forma a las típicas casas montañesas.

El turismo impone sus condicionamientos. El clima y el paisaje ofrecen una segura atracción. Luego cuentan los deportes de la nieve, la caza y la pesca.

-¿Cómo se desenvuelve Villanúa cuando pasa de los trescientos habitantes a los dos mil?

-Normalmente, puesto que hemos previsto servicios para ese aumento de población, con el que ya contamos todos los años.

Luego surgen los visitantes de paso, los que hacen un alto en el camino, los excursionistas.

-Creo -dice el alcalde- que estamos empezando. Las posibilidades son incalculables.

Entre los recursos turísticos sin explotar hay que citar, por derecho propio, las famosas cuevas del «Rebejo» y de «Esjamundo». La segunda mide unos dos kilómetros de longitud; lleva el nombre de los descubridores y del lugar donde se encuentra.


-La descubrieron Esteban y Javier y el paraje se denomina «Mundo». Las cuevas de «Esjamundo» son como un milagro de la naturaleza. Superan, al decir de los entendidos, a las mallorquinas cuevas del «Drach». Son dos kilómetros de estalactitas y estalagmitas, con recovecos sorprendentes, calles y plazas, lagos y riachuelos.

Alfonso Zapater. Esta tierra nuestra I.


Seleccione la opción correcta:


Ramón J. Sender solía espiar a:

Esteban y Javier.

Ramón Pignatelli.

Ramón y Cajal.

7.

MULTIPLE CHOICE QUESTION

1 min • 1 pt

Río Aragón. Valle Aragón. De pronto, el paisaje se ensancha para que el viajero pueda contemplar las gigantescas moles nevadas de «Collarada» y «La Espata». Abajo ríe el agua como el cristal, canción y espejo.

Villanúa se extiende sobre la llanura, bajo las montañas coronadas de blanco. La vida -más de dos mil habitantes en verano y trescientos en invierno- se desarrolla en el llano, pero en el hombre alienta siempre una irresistible tentación de subir a la montaña. La ilusión por las cumbres viaja con cada vida.

Huesca corre en este punto a su encuentro con Francia. La región nació en los desfiladeros pirenaicos; la huella de nuestros primeros pobladores -lo aragonés- ha quedado presa en el tiempo.

Villanúa se ha dado cita en el kilómetro 330 de la carretera de Madrid a Francia, a mitad del camino entre Jaca y Candanchú -catorce kilómetros en una o en otra dirección- y a ciento tres de la capital de la provincia.

Recuerdo las palabras de Ramón J. Sender, cuando hablaba de Villanúa. Desde la cima de «Collarada» el escritor veía el Atlántico. O le parecía verlo. Mejor sería decir que lo intuía y lo soñaba. El espejismo de la nieve abría rutas imprevistas hacia el océano azul. Sender sigue soñando con sus veraneos en Villanúa y sus visiones atlánticas.


De niño se dedicaba a espiar a Ramón y Cajal, que también veraneaba en Villanúa. Desde entonces, la «Fuente del Paco» ha cobrado fama. Las gentes del lugar aseguraban que aquellas aguas sulfurosas curaban el mal de entraña. Cajal se reía de tales afirmaciones ingenuas, y luego, cuando creía que no era visto, se acercaba a la fuente, sacaba con disimulo un vaso de aluminio que llevaba guardado en el bolsillo y se echaba sus buenos tragos. El paisaje es siempre sugerente, en cualquier época del año. Junto a la carretera, donde están los hoteles y paradores, nacen las urbanizaciones de distinto tipo. El pueblo propiamente dicho queda a la otra orilla del río, donde la piedra gris, casi negra, da forma a las típicas casas montañesas.

El turismo impone sus condicionamientos. El clima y el paisaje ofrecen una segura atracción. Luego cuentan los deportes de la nieve, la caza y la pesca.

-¿Cómo se desenvuelve Villanúa cuando pasa de los trescientos habitantes a los dos mil?

-Normalmente, puesto que hemos previsto servicios para ese aumento de población, con el que ya contamos todos los años.

Luego surgen los visitantes de paso, los que hacen un alto en el camino, los excursionistas.

-Creo -dice el alcalde- que estamos empezando. Las posibilidades son incalculables.

Entre los recursos turísticos sin explotar hay que citar, por derecho propio, las famosas cuevas del «Rebejo» y de «Esjamundo». La segunda mide unos dos kilómetros de longitud; lleva el nombre de los descubridores y del lugar donde se encuentra.


-La descubrieron Esteban y Javier y el paraje se denomina «Mundo». Las cuevas de «Esjamundo» son como un milagro de la naturaleza. Superan, al decir de los entendidos, a las mallorquinas cuevas del «Drach». Son dos kilómetros de estalactitas y estalagmitas, con recovecos sorprendentes, calles y plazas, lagos y riachuelos.

Alfonso Zapater. Esta tierra nuestra I.


Seleccione la opción correcta:


En Villanúa son famosas las cuevas de «Esjamundo» y:

"Molinos".

El "Rebejo".

El "Drach".

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