SAN MARCOS VERANO S2

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Matty Murga
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1.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
30 sec • 1 pt
TEXTO 1
Quienes no queremos, a ningún precio, que la economía de mercado fracase, sentimos que está muy mal defendida por los teóricos que admiten como normales ciertos despropósitos. Para ellos, no es el Estado quien debe impedir el expendio de productos letales, sino que deben ser los propios consumidores quienes, a través de información adecuada, decidan, en razón del precio y sólo en razón del precio, cuáles productos (basura o no) desean consumir. Lo contrario, preconizan, puede convertir a la política de protección al consumidor en un arma contraria a los intereses de los propios consumidores, pues obligaría a que una economía de pocos recursos tenga que soportar los sobrecostos que tienen los productos de mejor calidad, reduciéndose así los ni veles de bienestar.
En la lógica de ellos cuando el consumidor compra productos basura asume un riesgo consciente, considerando que tal riesgo queda compensado con el beneficio de un precio menor; y que el consumidor, a través del proceso ensayo-error, va depurando racionalmente su capacidad de libre elección. En otras palabras, debe tener la libertad de equivocarse y rectificar su error en el siguiente ensayo.
Ante un producto basura que origina la muerte o un daño grave a la salud no puede argumentarse que se asume un riesgo consciente. Ante esa clase de productos, el cacareado proceso del ensayo-error no pasa de ser una entelequia: con la primera equivocación el consumidor, recluido en un hospital o en la tumba, no podrá jamás reparar su error ni convertirse en un elemento libre y consciente del mercado.
Respecto del derecho del consumidor que debe contar con una información relevante sobre lo que adquiere, sostienen que no se debe exagerar sobre el contenido de la información relevante, pues el exceso de información encarece el producto y confunde al consumidor. En realidad, argumentar sobre cuál es la información relevante, tratándose de un producto basura, es un ejercicio académico que no conduce a nada. El producto basura no tiene ninguna información para el consumidor, ni relevante ni no relevante, ni poco relevante ni muy relevante. Su sistema es el de la «no-información», y este es regla para todos los productos basura, aun para aquellos que no originan daño a la salud.
¿Cuál es la intención principal del autor del texto?
Mostrar los graves errores de los defensores del mercado libre.
Cuestionar el expendio incontrolado de los productos basura.
Reflexionar sobre los desaciertos de la economía de mercado.
Analizar minuciosamente el funcionamiento del libre mercado.
Rebatir los argumentos de ciertos defensores del libre mercado.
2.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
30 sec • 1 pt
TEXTO 1
Quienes no queremos, a ningún precio, que la economía de mercado fracase, sentimos que está muy mal defendida por los teóricos que admiten como normales ciertos despropósitos. Para ellos, no es el Estado quien debe impedir el expendio de productos letales, sino que deben ser los propios consumidores quienes, a través de información adecuada, decidan, en razón del precio y sólo en razón del precio, cuáles productos (basura o no) desean consumir. Lo contrario, preconizan, puede convertir a la política de protección al consumidor en un arma contraria a los intereses de los propios consumidores, pues obligaría a que una economía de pocos recursos tenga que soportar los sobrecostos que tienen los productos de mejor calidad, reduciéndose así los ni veles de bienestar.
En la lógica de ellos cuando el consumidor compra productos basura asume un riesgo consciente, considerando que tal riesgo queda compensado con el beneficio de un precio menor; y que el consumidor, a través del proceso ensayo-error, va depurando racionalmente su capacidad de libre elección. En otras palabras, debe tener la libertad de equivocarse y rectificar su error en el siguiente ensayo.
Ante un producto basura que origina la muerte o un daño grave a la salud no puede argumentarse que se asume un riesgo consciente. Ante esa clase de productos, el cacareado proceso del ensayo-error no pasa de ser una entelequia: con la primera equivocación el consumidor, recluido en un hospital o en la tumba, no podrá jamás reparar su error ni convertirse en un elemento libre y consciente del mercado.
Respecto del derecho del consumidor que debe contar con una información relevante sobre lo que adquiere, sostienen que no se debe exagerar sobre el contenido de la información relevante, pues el exceso de información encarece el producto y confunde al consumidor. En realidad, argumentar sobre cuál es la información relevante, tratándose de un producto basura, es un ejercicio académico que no conduce a nada. El producto basura no tiene ninguna información para el consumidor, ni relevante ni no relevante, ni poco relevante ni muy relevante. Su sistema es el de la «no-información», y este es regla para todos los productos basura, aun para aquellos que no originan daño a la salud.
En el texto, el término ENTELEQUIA connota
fracaso.
irrealización.
equivocación.
contingencia.
inmaterialidad.
3.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
30 sec • 1 pt
TEXTO 1
Quienes no queremos, a ningún precio, que la economía de mercado fracase, sentimos que está muy mal defendida por los teóricos que admiten como normales ciertos despropósitos. Para ellos, no es el Estado quien debe impedir el expendio de productos letales, sino que deben ser los propios consumidores quienes, a través de información adecuada, decidan, en razón del precio y sólo en razón del precio, cuáles productos (basura o no) desean consumir. Lo contrario, preconizan, puede convertir a la política de protección al consumidor en un arma contraria a los intereses de los propios consumidores, pues obligaría a que una economía de pocos recursos tenga que soportar los sobrecostos que tienen los productos de mejor calidad, reduciéndose así los ni veles de bienestar.
En la lógica de ellos cuando el consumidor compra productos basura asume un riesgo consciente, considerando que tal riesgo queda compensado con el beneficio de un precio menor; y que el consumidor, a través del proceso ensayo-error, va depurando racionalmente su capacidad de libre elección. En otras palabras, debe tener la libertad de equivocarse y rectificar su error en el siguiente ensayo.
Ante un producto basura que origina la muerte o un daño grave a la salud no puede argumentarse que se asume un riesgo consciente. Ante esa clase de productos, el cacareado proceso del ensayo-error no pasa de ser una entelequia: con la primera equivocación el consumidor, recluido en un hospital o en la tumba, no podrá jamás reparar su error ni convertirse en un elemento libre y consciente del mercado.
Respecto del derecho del consumidor que debe contar con una información relevante sobre lo que adquiere, sostienen que no se debe exagerar sobre el contenido de la información relevante, pues el exceso de información encarece el producto y confunde al consumidor. En realidad, argumentar sobre cuál es la información relevante, tratándose de un producto basura, es un ejercicio académico que no conduce a nada. El producto basura no tiene ninguna información para el consumidor, ni relevante ni no relevante, ni poco relevante ni muy relevante. Su sistema es el de la «no-información», y este es regla para todos los productos basura, aun para aquellos que no originan daño a la salud.
A través de la caricatura el autor intenta retratar
una práctica muy arraigada del juego libre del mercado en el que el vendedor suele permanecer en el anonimato.
el ocultamiento de la información sobre los productos del mercado y el riesgo de evasión de responsabilidades que ello implica.
la venta con engaño de productos basura y el peligro que estos representan para la vida y salud de los consumidores.
un diálogo entre consumidores de bebidas alcohólicas que bajo la fuerza de una amenaza intentan ponerse de acuerdo.
la astucia con que el comerciante suele actuar en la venta de bebidas alcohólicas para obtener mayores ganancias.
4.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
30 sec • 1 pt
TEXTO 1
Quienes no queremos, a ningún precio, que la economía de mercado fracase, sentimos que está muy mal defendida por los teóricos que admiten como normales ciertos despropósitos. Para ellos, no es el Estado quien debe impedir el expendio de productos letales, sino que deben ser los propios consumidores quienes, a través de información adecuada, decidan, en razón del precio y sólo en razón del precio, cuáles productos (basura o no) desean consumir. Lo contrario, preconizan, puede convertir a la política de protección al consumidor en un arma contraria a los intereses de los propios consumidores, pues obligaría a que una economía de pocos recursos tenga que soportar los sobrecostos que tienen los productos de mejor calidad, reduciéndose así los ni veles de bienestar.
En la lógica de ellos cuando el consumidor compra productos basura asume un riesgo consciente, considerando que tal riesgo queda compensado con el beneficio de un precio menor; y que el consumidor, a través del proceso ensayo-error, va depurando racionalmente su capacidad de libre elección. En otras palabras, debe tener la libertad de equivocarse y rectificar su error en el siguiente ensayo.
Ante un producto basura que origina la muerte o un daño grave a la salud no puede argumentarse que se asume un riesgo consciente. Ante esa clase de productos, el cacareado proceso del ensayo-error no pasa de ser una entelequia: con la primera equivocación el consumidor, recluido en un hospital o en la tumba, no podrá jamás reparar su error ni convertirse en un elemento libre y consciente del mercado.
Respecto del derecho del consumidor que debe contar con una información relevante sobre lo que adquiere, sostienen que no se debe exagerar sobre el contenido de la información relevante, pues el exceso de información encarece el producto y confunde al consumidor. En realidad, argumentar sobre cuál es la información relevante, tratándose de un producto basura, es un ejercicio académico que no conduce a nada. El producto basura no tiene ninguna información para el consumidor, ni relevante ni no relevante, ni poco relevante ni muy relevante. Su sistema es el de la «no-información», y este es regla para todos los productos basura, aun para aquellos que no originan daño a la salud.
Es incompatible con la crítica sostenida en el texto afirmar que en la venta de los productos basura
se ve reflejada las reglas despiadadas del libre mercado.
el consumidor es atraído con el espejismo del bajo precio.
estos carecen de información relevante para el consumidor.
se revela el favorecimiento a los sectores más necesitados.
no es posible perfeccionar la elección para una compra sana.
5.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
30 sec • 1 pt
TEXTO 1
Quienes no queremos, a ningún precio, que la economía de mercado fracase, sentimos que está muy mal defendida por los teóricos que admiten como normales ciertos despropósitos. Para ellos, no es el Estado quien debe impedir el expendio de productos letales, sino que deben ser los propios consumidores quienes, a través de información adecuada, decidan, en razón del precio y sólo en razón del precio, cuáles productos (basura o no) desean consumir. Lo contrario, preconizan, puede convertir a la política de protección al consumidor en un arma contraria a los intereses de los propios consumidores, pues obligaría a que una economía de pocos recursos tenga que soportar los sobrecostos que tienen los productos de mejor calidad, reduciéndose así los ni veles de bienestar.
En la lógica de ellos cuando el consumidor compra productos basura asume un riesgo consciente, considerando que tal riesgo queda compensado con el beneficio de un precio menor; y que el consumidor, a través del proceso ensayo-error, va depurando racionalmente su capacidad de libre elección. En otras palabras, debe tener la libertad de equivocarse y rectificar su error en el siguiente ensayo.
Ante un producto basura que origina la muerte o un daño grave a la salud no puede argumentarse que se asume un riesgo consciente. Ante esa clase de productos, el cacareado proceso del ensayo-error no pasa de ser una entelequia: con la primera equivocación el consumidor, recluido en un hospital o en la tumba, no podrá jamás reparar su error ni convertirse en un elemento libre y consciente del mercado.
Respecto del derecho del consumidor que debe contar con una información relevante sobre lo que adquiere, sostienen que no se debe exagerar sobre el contenido de la información relevante, pues el exceso de información encarece el producto y confunde al consumidor. En realidad, argumentar sobre cuál es la información relevante, tratándose de un producto basura, es un ejercicio académico que no conduce a nada. El producto basura no tiene ninguna información para el consumidor, ni relevante ni no relevante, ni poco relevante ni muy relevante. Su sistema es el de la «no-información», y este es regla para todos los productos basura, aun para aquellos que no originan daño a la salud.
A partir de la lectura se puede concluir que la economía de mercado
precisa de la participación del Estado y de la ciudadanía, ya que es perniciosa para la salud y la economía de la población.
debe ser sustituida por otro modelo económico que priorice el fin noble de la actividad económica de cada país.
debe ser reformulada a fin de compatibilizar con los valores fundamentales de la sociedad como la vida y la salud.
se instituyó con el claro propósito de obtener ingentes ganancias a costa del engaño a los consumidores.
no es infalible, que contra sus distorsiones y excesos se requiere la intervención del Estado para garantizar su vigencia.
6.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
30 sec • 1 pt
TEXTO 2A
Desde nuestros ancestros el hombre siempre ha querido dejar huella de su paso y de captar el mundo exterior, lo cual derivó bien en el nacimiento de las artes plásticas o bien en simples marcas, signos y señales básicos.
Nuestro mundo siempre ha estado lleno de esas marcas simples y una de las formas en que se expresó fue en hacer pintadas reivindicativas en las paredes. Dado que en algunos medios se fue tolerante con esas pintadas, la cosa devino en hacer dibujos y megaletras con un sentido artístico, lo que se dio en llamar grafitis.
Los grafiteros cada vez se fueron perfeccionando y reivindicándose como arte urbano, lo que queda reflejado en numerosos artículos, así como en el libro que les dedicó Arturo Pérez Reverte. Numerosas iniciativas como las de embellecer mobiliario de la ciudad como contenedores y, sobre todo, diversos edificios de la ciudad dan buena muestra de ello, pues se ha logrado convertir paredes ensuciadas en paredes artísticas que contribuyen a mejorar la estética de nuestra ciudad.
TEXTO 2B
Es un mito sostener que el grafiti es arte, protesta o comunicación, porque, para los grafiteros es simplemente escribir su nombre, exponer su firma, comunicar un mensaje y expresar una voluntad de estilo. El concepto de «arte» es muy subjetivo y el hecho de que un grafiti sea arte o no dependerá del receptor que lo esté mirando e incluso del contexto.
He convivido 26 años con grafiteros, me ha pasado de todo, he aprendido mucho, he observado y más, y llegué a la conclusión de que ellos no saben qué es el arte, y el grafiti para ellos no lo es. Su planteamiento es mucho más espontáneo y menos romántico de lo que cabe esperar, «su» grafiti es simplemente dejar el rastro de su nombre, siguiendo un modelo importando de EE. UU. Por este motivo, los grafiteros suelen mofarse de las opiniones vertidas por teóricos ajenos al grafiti, como sociólogos e historiadores de arte contemporáneo. Hay que tener en cuenta que el grueso del colectivo de grafiteros son jóvenes de entre 13 y 17 años que no se plantean mucho más allá de «ir a pintar» y que probablemente años después dejarán de hacerlo.
¿Cuál es la idea principal del texto?
La posición de Soler es que los grafiteros practican arte desde que comenzaron a perfeccionar su estilo para embellecer las ciudades.
La controversia entre Soler y Reyes Sánchez radica en que el grafiti es una forma de arte urbano que ha llegado a ser perfeccionado.
La posición de Reyes Sánchez sobre la naturaleza del grafiti es más consistente que la de Soler, pues se basa en una investigación.
El debate entre Soler y Reyes se basa en que el primero opina que el grafiti es arte, mientras que el segundo concluye que no lo es.
Soler defiende que los grafiteros son artistas, mientras que Reyes sostiene que estos son ignorantes, por eso, no practican arte alguno.
7.
MULTIPLE CHOICE QUESTION
30 sec • 1 pt
TEXTO 2A
Desde nuestros ancestros el hombre siempre ha querido dejar huella de su paso y de captar el mundo exterior, lo cual derivó bien en el nacimiento de las artes plásticas o bien en simples marcas, signos y señales básicos.
Nuestro mundo siempre ha estado lleno de esas marcas simples y una de las formas en que se expresó fue en hacer pintadas reivindicativas en las paredes. Dado que en algunos medios se fue tolerante con esas pintadas, la cosa devino en hacer dibujos y megaletras con un sentido artístico, lo que se dio en llamar grafitis.
Los grafiteros cada vez se fueron perfeccionando y reivindicándose como arte urbano, lo que queda reflejado en numerosos artículos, así como en el libro que les dedicó Arturo Pérez Reverte. Numerosas iniciativas como las de embellecer mobiliario de la ciudad como contenedores y, sobre todo, diversos edificios de la ciudad dan buena muestra de ello, pues se ha logrado convertir paredes ensuciadas en paredes artísticas que contribuyen a mejorar la estética de nuestra ciudad.
TEXTO 2B
Es un mito sostener que el grafiti es arte, protesta o comunicación, porque, para los grafiteros es simplemente escribir su nombre, exponer su firma, comunicar un mensaje y expresar una voluntad de estilo. El concepto de «arte» es muy subjetivo y el hecho de que un grafiti sea arte o no dependerá del receptor que lo esté mirando e incluso del contexto.
He convivido 26 años con grafiteros, me ha pasado de todo, he aprendido mucho, he observado y más, y llegué a la conclusión de que ellos no saben qué es el arte, y el grafiti para ellos no lo es. Su planteamiento es mucho más espontáneo y menos romántico de lo que cabe esperar, «su» grafiti es simplemente dejar el rastro de su nombre, siguiendo un modelo importando de EE. UU. Por este motivo, los grafiteros suelen mofarse de las opiniones vertidas por teóricos ajenos al grafiti, como sociólogos e historiadores de arte contemporáneo. Hay que tener en cuenta que el grueso del colectivo de grafiteros son jóvenes de entre 13 y 17 años que no se plantean mucho más allá de «ir a pintar» y que probablemente años después dejarán de hacerlo.
En A, la frase DEJAR HUELLA connota _____________; en B, el término MOFAR connota _____________.
influencia; ignorancia
travesía; antagonismo
desplazamiento; burla
evidencia; discrepancia
recuerdo; neutralidad
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