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WorksheetsLC 4º Pr Ud 5
Total questions: 41
Worksheet time: 21mins
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1.
El sueño de la niña Había una vez un lobo. Y una niña que tenía miedo al lobo. El lobo vivía en el sueño de la niña. Cuando la niña no quería dormir porque tenía miedo al lobo, la madre le decía: –Los sueños son sueños, hija. Ese lobo no existe. Un día, al espiar tras los árboles del sueño para ver si el lobo estaba despierto, la niña se topó con un corderito. Era de lana blanca y rizada, como todos los corderitos de los sueños. –¡Qué bien que vivas aquí! –dijo ella. Y se hicieron amigos. Pasado un tiempo, cierto día apareció el lobo. «Ese lobo no existe», pensó la niña para tranquilizarse. El corderito temblaba asustado. «Si el lobo no existe», pensó ella, «el corderito tampoco». Y le gustaba tanto el corderito… Entonces, cogió a su amigo y esperó al lobo. En eso sonó el despertador y ella recordó que tenía que ir al colegio. Estuvo todo el día preocupada por haber dejado al cordero solo con el lobo. Por la noche, se fue corriendo a dormir para socorrerlo. Llegó al sueño despavorida. Y más despavorida se quedó al ver al lobo encogido sobre una piedra, mientras el corderito le gruñía. La niña nunca había visto un cordero feroz. El lobo tampoco. Ni siquiera el cordero sabía de su odio. Gruñía y avanzaba hacia el lobo. Del susto, la niña se despertó.
–Ahora voy a tener dos miedos al ir a dormir: del lobo y del cordero. Intentó no volver a dormirse. Pero, por más que se esforzó, vio un cordero que saltaba una valla, después otro. Y al contar el tercer cordero, ¡cataplum!, fue ella la que saltó dentro del sueño. Todo quieto, silencio. El corderito no fue a recibirla. El lobo estaba escondido en algún rincón de aquel sueño. «¿Pero dónde me quedo?», pensó la niña. «Si camino sobre el pasto, el corderito es capaz de saltarme encima. Si voy hacia el bosque, el lobo me come». Trepó rápido a un árbol. Eligió una rama, se sentó. No era cómoda. Cambió de lugar, se recostó en el tronco. Pero era duro y le lastimaba la espalda. Y encima, las hormigas llegaban ahora a escalar sus piernas. La noche fue pasando, incómoda, dura, hasta que saltó al suelo. Y, llena de rabia, gritó bien fuerte: –¡Este sueño es mííííoooooooo! Tan fuerte que se despertó. Todavía faltaba tiempo para que sonara el despertador. La niña decidió que, desde entonces, iría al colegio sin prisa. Y por la noche, se acostaría sin miedo. Sin tener que subirse a los árboles. Porque, al final, aquel sueño era suyo. Y, de ahora en adelante, ella era la que iba a mandar y a echar a los lobos y a los corderos. Y si hacía falta, alguna vez daría unos buenos gruñidos y enseñaría los dientes.
¿Qué pasó cuando se conocieron la niña y el corderito?
–Ahora voy a tener dos miedos al ir a dormir: del lobo y del cordero. Intentó no volver a dormirse. Pero, por más que se esforzó, vio un cordero que saltaba una valla, después otro. Y al contar el tercer cordero, ¡cataplum!, fue ella la que saltó dentro del sueño. Todo quieto, silencio. El corderito no fue a recibirla. El lobo estaba escondido en algún rincón de aquel sueño. «¿Pero dónde me quedo?», pensó la niña. «Si camino sobre el pasto, el corderito es capaz de saltarme encima. Si voy hacia el bosque, el lobo me come». Trepó rápido a un árbol. Eligió una rama, se sentó. No era cómoda. Cambió de lugar, se recostó en el tronco. Pero era duro y le lastimaba la espalda. Y encima, las hormigas llegaban ahora a escalar sus piernas. La noche fue pasando, incómoda, dura, hasta que saltó al suelo. Y, llena de rabia, gritó bien fuerte: –¡Este sueño es mííííoooooooo! Tan fuerte que se despertó. Todavía faltaba tiempo para que sonara el despertador. La niña decidió que, desde entonces, iría al colegio sin prisa. Y por la noche, se acostaría sin miedo. Sin tener que subirse a los árboles. Porque, al final, aquel sueño era suyo. Y, de ahora en adelante, ella era la que iba a mandar y a echar a los lobos y a los corderos. Y si hacía falta, alguna vez daría unos buenos gruñidos y enseñaría los dientes.
¿Qué pasó cuando se conocieron la niña y el corderito?
a)
Que se hicieron amigos
b)
Que se salieron del sueño.
2.
El sueño de la niña Había una vez un lobo. Y una niña que tenía miedo al lobo. El lobo vivía en el sueño de la niña. Cuando la niña no quería dormir porque tenía miedo al lobo, la madre le decía: –Los sueños son sueños, hija. Ese lobo no existe. Un día, al espiar tras los árboles del sueño para ver si el lobo estaba despierto, la niña se topó con un corderito. Era de lana blanca y rizada, como todos los corderitos de los sueños. –¡Qué bien que vivas aquí! –dijo ella. Y se hicieron amigos. Pasado un tiempo, cierto día apareció el lobo. «Ese lobo no existe», pensó la niña para tranquilizarse. El corderito temblaba asustado. «Si el lobo no existe», pensó ella, «el corderito tampoco». Y le gustaba tanto el corderito… Entonces, cogió a su amigo y esperó al lobo. En eso sonó el despertador y ella recordó que tenía que ir al colegio. Estuvo todo el día preocupada por haber dejado al cordero solo con el lobo. Por la noche, se fue corriendo a dormir para socorrerlo. Llegó al sueño despavorida. Y más despavorida se quedó al ver al lobo encogido sobre una piedra, mientras el corderito le gruñía. La niña nunca había visto un cordero feroz. El lobo tampoco. Ni siquiera el cordero sabía de su odio. Gruñía y avanzaba hacia el lobo. Del susto, la niña se despertó.
–Ahora voy a tener dos miedos al ir a dormir: del lobo y del cordero. Intentó no volver a dormirse. Pero, por más que se esforzó, vio un cordero que saltaba una valla, después otro. Y al contar el tercer cordero, ¡cataplum!, fue ella la que saltó dentro del sueño. Todo quieto, silencio. El corderito no fue a recibirla. El lobo estaba escondido en algún rincón de aquel sueño. «¿Pero dónde me quedo?», pensó la niña. «Si camino sobre el pasto, el corderito es capaz de saltarme encima. Si voy hacia el bosque, el lobo me come». Trepó rápido a un árbol. Eligió una rama, se sentó. No era cómoda. Cambió de lugar, se recostó en el tronco. Pero era duro y le lastimaba la espalda. Y encima, las hormigas llegaban ahora a escalar sus piernas. La noche fue pasando, incómoda, dura, hasta que saltó al suelo. Y, llena de rabia, gritó bien fuerte: –¡Este sueño es mííííoooooooo! Tan fuerte que se despertó. Todavía faltaba tiempo para que sonara el despertador. La niña decidió que, desde entonces, iría al colegio sin prisa. Y por la noche, se acostaría sin miedo. Sin tener que subirse a los árboles. Porque, al final, aquel sueño era suyo. Y, de ahora en adelante, ella era la que iba a mandar y a echar a los lobos y a los corderos. Y si hacía falta, alguna vez daría unos buenos gruñidos y enseñaría los dientes.
¿Por qué la niña dejó solo al cordero con el lobo?
–Ahora voy a tener dos miedos al ir a dormir: del lobo y del cordero. Intentó no volver a dormirse. Pero, por más que se esforzó, vio un cordero que saltaba una valla, después otro. Y al contar el tercer cordero, ¡cataplum!, fue ella la que saltó dentro del sueño. Todo quieto, silencio. El corderito no fue a recibirla. El lobo estaba escondido en algún rincón de aquel sueño. «¿Pero dónde me quedo?», pensó la niña. «Si camino sobre el pasto, el corderito es capaz de saltarme encima. Si voy hacia el bosque, el lobo me come». Trepó rápido a un árbol. Eligió una rama, se sentó. No era cómoda. Cambió de lugar, se recostó en el tronco. Pero era duro y le lastimaba la espalda. Y encima, las hormigas llegaban ahora a escalar sus piernas. La noche fue pasando, incómoda, dura, hasta que saltó al suelo. Y, llena de rabia, gritó bien fuerte: –¡Este sueño es mííííoooooooo! Tan fuerte que se despertó. Todavía faltaba tiempo para que sonara el despertador. La niña decidió que, desde entonces, iría al colegio sin prisa. Y por la noche, se acostaría sin miedo. Sin tener que subirse a los árboles. Porque, al final, aquel sueño era suyo. Y, de ahora en adelante, ella era la que iba a mandar y a echar a los lobos y a los corderos. Y si hacía falta, alguna vez daría unos buenos gruñidos y enseñaría los dientes.
¿Por qué la niña dejó solo al cordero con el lobo?
a)
Porque sonó el despertador y se tuvo que ir al colegio.
b)
Porque olvidó su sueño cuando se despertó.
3.
El sueño de la niña Había una vez un lobo. Y una niña que tenía miedo al lobo. El lobo vivía en el sueño de la niña. Cuando la niña no quería dormir porque tenía miedo al lobo, la madre le decía: –Los sueños son sueños, hija. Ese lobo no existe. Un día, al espiar tras los árboles del sueño para ver si el lobo estaba despierto, la niña se topó con un corderito. Era de lana blanca y rizada, como todos los corderitos de los sueños. –¡Qué bien que vivas aquí! –dijo ella. Y se hicieron amigos. Pasado un tiempo, cierto día apareció el lobo. «Ese lobo no existe», pensó la niña para tranquilizarse. El corderito temblaba asustado. «Si el lobo no existe», pensó ella, «el corderito tampoco». Y le gustaba tanto el corderito… Entonces, cogió a su amigo y esperó al lobo. En eso sonó el despertador y ella recordó que tenía que ir al colegio. Estuvo todo el día preocupada por haber dejado al cordero solo con el lobo. Por la noche, se fue corriendo a dormir para socorrerlo. Llegó al sueño despavorida. Y más despavorida se quedó al ver al lobo encogido sobre una piedra, mientras el corderito le gruñía. La niña nunca había visto un cordero feroz. El lobo tampoco. Ni siquiera el cordero sabía de su odio. Gruñía y avanzaba hacia el lobo. Del susto, la niña se despertó.
–Ahora voy a tener dos miedos al ir a dormir: del lobo y del cordero. Intentó no volver a dormirse. Pero, por más que se esforzó, vio un cordero que saltaba una valla, después otro. Y al contar el tercer cordero, ¡cataplum!, fue ella la que saltó dentro del sueño. Todo quieto, silencio. El corderito no fue a recibirla. El lobo estaba escondido en algún rincón de aquel sueño. «¿Pero dónde me quedo?», pensó la niña. «Si camino sobre el pasto, el corderito es capaz de saltarme encima. Si voy hacia el bosque, el lobo me come». Trepó rápido a un árbol. Eligió una rama, se sentó. No era cómoda. Cambió de lugar, se recostó en el tronco. Pero era duro y le lastimaba la espalda. Y encima, las hormigas llegaban ahora a escalar sus piernas. La noche fue pasando, incómoda, dura, hasta que saltó al suelo. Y, llena de rabia, gritó bien fuerte: –¡Este sueño es mííííoooooooo! Tan fuerte que se despertó. Todavía faltaba tiempo para que sonara el despertador. La niña decidió que, desde entonces, iría al colegio sin prisa. Y por la noche, se acostaría sin miedo. Sin tener que subirse a los árboles. Porque, al final, aquel sueño era suyo. Y, de ahora en adelante, ella era la que iba a mandar y a echar a los lobos y a los corderos. Y si hacía falta, alguna vez daría unos buenos gruñidos y enseñaría los dientes.
¿Qué se encontró la niña cuando volvió a su sueño por la noche?
–Ahora voy a tener dos miedos al ir a dormir: del lobo y del cordero. Intentó no volver a dormirse. Pero, por más que se esforzó, vio un cordero que saltaba una valla, después otro. Y al contar el tercer cordero, ¡cataplum!, fue ella la que saltó dentro del sueño. Todo quieto, silencio. El corderito no fue a recibirla. El lobo estaba escondido en algún rincón de aquel sueño. «¿Pero dónde me quedo?», pensó la niña. «Si camino sobre el pasto, el corderito es capaz de saltarme encima. Si voy hacia el bosque, el lobo me come». Trepó rápido a un árbol. Eligió una rama, se sentó. No era cómoda. Cambió de lugar, se recostó en el tronco. Pero era duro y le lastimaba la espalda. Y encima, las hormigas llegaban ahora a escalar sus piernas. La noche fue pasando, incómoda, dura, hasta que saltó al suelo. Y, llena de rabia, gritó bien fuerte: –¡Este sueño es mííííoooooooo! Tan fuerte que se despertó. Todavía faltaba tiempo para que sonara el despertador. La niña decidió que, desde entonces, iría al colegio sin prisa. Y por la noche, se acostaría sin miedo. Sin tener que subirse a los árboles. Porque, al final, aquel sueño era suyo. Y, de ahora en adelante, ella era la que iba a mandar y a echar a los lobos y a los corderos. Y si hacía falta, alguna vez daría unos buenos gruñidos y enseñaría los dientes.
¿Qué se encontró la niña cuando volvió a su sueño por la noche?
a)
al corderito gruñendo al lobo.
b)
Al lobo gruñendo al corderito.
4.
El sueño de la niña Había una vez un lobo. Y una niña que tenía miedo al lobo. El lobo vivía en el sueño de la niña. Cuando la niña no quería dormir porque tenía miedo al lobo, la madre le decía: –Los sueños son sueños, hija. Ese lobo no existe. Un día, al espiar tras los árboles del sueño para ver si el lobo estaba despierto, la niña se topó con un corderito. Era de lana blanca y rizada, como todos los corderitos de los sueños. –¡Qué bien que vivas aquí! –dijo ella. Y se hicieron amigos. Pasado un tiempo, cierto día apareció el lobo. «Ese lobo no existe», pensó la niña para tranquilizarse. El corderito temblaba asustado. «Si el lobo no existe», pensó ella, «el corderito tampoco». Y le gustaba tanto el corderito… Entonces, cogió a su amigo y esperó al lobo. En eso sonó el despertador y ella recordó que tenía que ir al colegio. Estuvo todo el día preocupada por haber dejado al cordero solo con el lobo. Por la noche, se fue corriendo a dormir para socorrerlo. Llegó al sueño despavorida. Y más despavorida se quedó al ver al lobo encogido sobre una piedra, mientras el corderito le gruñía. La niña nunca había visto un cordero feroz. El lobo tampoco. Ni siquiera el cordero sabía de su odio. Gruñía y avanzaba hacia el lobo. Del susto, la niña se despertó.
–Ahora voy a tener dos miedos al ir a dormir: del lobo y del cordero. Intentó no volver a dormirse. Pero, por más que se esforzó, vio un cordero que saltaba una valla, después otro. Y al contar el tercer cordero, ¡cataplum!, fue ella la que saltó dentro del sueño. Todo quieto, silencio. El corderito no fue a recibirla. El lobo estaba escondido en algún rincón de aquel sueño. «¿Pero dónde me quedo?», pensó la niña. «Si camino sobre el pasto, el corderito es capaz de saltarme encima. Si voy hacia el bosque, el lobo me come». Trepó rápido a un árbol. Eligió una rama, se sentó. No era cómoda. Cambió de lugar, se recostó en el tronco. Pero era duro y le lastimaba la espalda. Y encima, las hormigas llegaban ahora a escalar sus piernas. La noche fue pasando, incómoda, dura, hasta que saltó al suelo. Y, llena de rabia, gritó bien fuerte: –¡Este sueño es mííííoooooooo! Tan fuerte que se despertó. Todavía faltaba tiempo para que sonara el despertador. La niña decidió que, desde entonces, iría al colegio sin prisa. Y por la noche, se acostaría sin miedo. Sin tener que subirse a los árboles. Porque, al final, aquel sueño era suyo. Y, de ahora en adelante, ella era la que iba a mandar y a echar a los lobos y a los corderos. Y si hacía falta, alguna vez daría unos buenos gruñidos y enseñaría los dientes.
¿Por qué se despertó la niña del susto?
–Ahora voy a tener dos miedos al ir a dormir: del lobo y del cordero. Intentó no volver a dormirse. Pero, por más que se esforzó, vio un cordero que saltaba una valla, después otro. Y al contar el tercer cordero, ¡cataplum!, fue ella la que saltó dentro del sueño. Todo quieto, silencio. El corderito no fue a recibirla. El lobo estaba escondido en algún rincón de aquel sueño. «¿Pero dónde me quedo?», pensó la niña. «Si camino sobre el pasto, el corderito es capaz de saltarme encima. Si voy hacia el bosque, el lobo me come». Trepó rápido a un árbol. Eligió una rama, se sentó. No era cómoda. Cambió de lugar, se recostó en el tronco. Pero era duro y le lastimaba la espalda. Y encima, las hormigas llegaban ahora a escalar sus piernas. La noche fue pasando, incómoda, dura, hasta que saltó al suelo. Y, llena de rabia, gritó bien fuerte: –¡Este sueño es mííííoooooooo! Tan fuerte que se despertó. Todavía faltaba tiempo para que sonara el despertador. La niña decidió que, desde entonces, iría al colegio sin prisa. Y por la noche, se acostaría sin miedo. Sin tener que subirse a los árboles. Porque, al final, aquel sueño era suyo. Y, de ahora en adelante, ella era la que iba a mandar y a echar a los lobos y a los corderos. Y si hacía falta, alguna vez daría unos buenos gruñidos y enseñaría los dientes.
¿Por qué se despertó la niña del susto?
a)
Porque vio a un cordero feroz.
b)
Porque vio al lobo feroz.
5.
El sueño de la niña Había una vez un lobo. Y una niña que tenía miedo al lobo. El lobo vivía en el sueño de la niña. Cuando la niña no quería dormir porque tenía miedo al lobo, la madre le decía: –Los sueños son sueños, hija. Ese lobo no existe. Un día, al espiar tras los árboles del sueño para ver si el lobo estaba despierto, la niña se topó con un corderito. Era de lana blanca y rizada, como todos los corderitos de los sueños. –¡Qué bien que vivas aquí! –dijo ella. Y se hicieron amigos. Pasado un tiempo, cierto día apareció el lobo. «Ese lobo no existe», pensó la niña para tranquilizarse. El corderito temblaba asustado. «Si el lobo no existe», pensó ella, «el corderito tampoco». Y le gustaba tanto el corderito… Entonces, cogió a su amigo y esperó al lobo. En eso sonó el despertador y ella recordó que tenía que ir al colegio. Estuvo todo el día preocupada por haber dejado al cordero solo con el lobo. Por la noche, se fue corriendo a dormir para socorrerlo. Llegó al sueño despavorida. Y más despavorida se quedó al ver al lobo encogido sobre una piedra, mientras el corderito le gruñía. La niña nunca había visto un cordero feroz. El lobo tampoco. Ni siquiera el cordero sabía de su odio. Gruñía y avanzaba hacia el lobo. Del susto, la niña se despertó.
–Ahora voy a tener dos miedos al ir a dormir: del lobo y del cordero. Intentó no volver a dormirse. Pero, por más que se esforzó, vio un cordero que saltaba una valla, después otro. Y al contar el tercer cordero, ¡cataplum!, fue ella la que saltó dentro del sueño. Todo quieto, silencio. El corderito no fue a recibirla. El lobo estaba escondido en algún rincón de aquel sueño. «¿Pero dónde me quedo?», pensó la niña. «Si camino sobre el pasto, el corderito es capaz de saltarme encima. Si voy hacia el bosque, el lobo me come». Trepó rápido a un árbol. Eligió una rama, se sentó. No era cómoda. Cambió de lugar, se recostó en el tronco. Pero era duro y le lastimaba la espalda. Y encima, las hormigas llegaban ahora a escalar sus piernas. La noche fue pasando, incómoda, dura, hasta que saltó al suelo. Y, llena de rabia, gritó bien fuerte: –¡Este sueño es mííííoooooooo! Tan fuerte que se despertó. Todavía faltaba tiempo para que sonara el despertador. La niña decidió que, desde entonces, iría al colegio sin prisa. Y por la noche, se acostaría sin miedo. Sin tener que subirse a los árboles. Porque, al final, aquel sueño era suyo. Y, de ahora en adelante, ella era la que iba a mandar y a echar a los lobos y a los corderos. Y si hacía falta, alguna vez daría unos buenos gruñidos y enseñaría los dientes.
¿Qué pasó cuando se durmió otra vez y volvió al sueño?
–Ahora voy a tener dos miedos al ir a dormir: del lobo y del cordero. Intentó no volver a dormirse. Pero, por más que se esforzó, vio un cordero que saltaba una valla, después otro. Y al contar el tercer cordero, ¡cataplum!, fue ella la que saltó dentro del sueño. Todo quieto, silencio. El corderito no fue a recibirla. El lobo estaba escondido en algún rincón de aquel sueño. «¿Pero dónde me quedo?», pensó la niña. «Si camino sobre el pasto, el corderito es capaz de saltarme encima. Si voy hacia el bosque, el lobo me come». Trepó rápido a un árbol. Eligió una rama, se sentó. No era cómoda. Cambió de lugar, se recostó en el tronco. Pero era duro y le lastimaba la espalda. Y encima, las hormigas llegaban ahora a escalar sus piernas. La noche fue pasando, incómoda, dura, hasta que saltó al suelo. Y, llena de rabia, gritó bien fuerte: –¡Este sueño es mííííoooooooo! Tan fuerte que se despertó. Todavía faltaba tiempo para que sonara el despertador. La niña decidió que, desde entonces, iría al colegio sin prisa. Y por la noche, se acostaría sin miedo. Sin tener que subirse a los árboles. Porque, al final, aquel sueño era suyo. Y, de ahora en adelante, ella era la que iba a mandar y a echar a los lobos y a los corderos. Y si hacía falta, alguna vez daría unos buenos gruñidos y enseñaría los dientes.
¿Qué pasó cuando se durmió otra vez y volvió al sueño?
a)
Que no vio ni al lobo ni al cordero.
b)
Que regaño al lobo y al cordero.
6.
El sueño de la niña Había una vez un lobo. Y una niña que tenía miedo al lobo. El lobo vivía en el sueño de la niña. Cuando la niña no quería dormir porque tenía miedo al lobo, la madre le decía: –Los sueños son sueños, hija. Ese lobo no existe. Un día, al espiar tras los árboles del sueño para ver si el lobo estaba despierto, la niña se topó con un corderito. Era de lana blanca y rizada, como todos los corderitos de los sueños. –¡Qué bien que vivas aquí! –dijo ella. Y se hicieron amigos. Pasado un tiempo, cierto día apareció el lobo. «Ese lobo no existe», pensó la niña para tranquilizarse. El corderito temblaba asustado. «Si el lobo no existe», pensó ella, «el corderito tampoco». Y le gustaba tanto el corderito… Entonces, cogió a su amigo y esperó al lobo. En eso sonó el despertador y ella recordó que tenía que ir al colegio. Estuvo todo el día preocupada por haber dejado al cordero solo con el lobo. Por la noche, se fue corriendo a dormir para socorrerlo. Llegó al sueño despavorida. Y más despavorida se quedó al ver al lobo encogido sobre una piedra, mientras el corderito le gruñía. La niña nunca había visto un cordero feroz. El lobo tampoco. Ni siquiera el cordero sabía de su odio. Gruñía y avanzaba hacia el lobo. Del susto, la niña se despertó.
–Ahora voy a tener dos miedos al ir a dormir: del lobo y del cordero. Intentó no volver a dormirse. Pero, por más que se esforzó, vio un cordero que saltaba una valla, después otro. Y al contar el tercer cordero, ¡cataplum!, fue ella la que saltó dentro del sueño. Todo quieto, silencio. El corderito no fue a recibirla. El lobo estaba escondido en algún rincón de aquel sueño. «¿Pero dónde me quedo?», pensó la niña. «Si camino sobre el pasto, el corderito es capaz de saltarme encima. Si voy hacia el bosque, el lobo me come». Trepó rápido a un árbol. Eligió una rama, se sentó. No era cómoda. Cambió de lugar, se recostó en el tronco. Pero era duro y le lastimaba la espalda. Y encima, las hormigas llegaban ahora a escalar sus piernas. La noche fue pasando, incómoda, dura, hasta que saltó al suelo. Y, llena de rabia, gritó bien fuerte: –¡Este sueño es mííííoooooooo! Tan fuerte que se despertó. Todavía faltaba tiempo para que sonara el despertador. La niña decidió que, desde entonces, iría al colegio sin prisa. Y por la noche, se acostaría sin miedo. Sin tener que subirse a los árboles. Porque, al final, aquel sueño era suyo. Y, de ahora en adelante, ella era la que iba a mandar y a echar a los lobos y a los corderos. Y si hacía falta, alguna vez daría unos buenos gruñidos y enseñaría los dientes.
¿Por qué la niña se subió a un árbol?
–Ahora voy a tener dos miedos al ir a dormir: del lobo y del cordero. Intentó no volver a dormirse. Pero, por más que se esforzó, vio un cordero que saltaba una valla, después otro. Y al contar el tercer cordero, ¡cataplum!, fue ella la que saltó dentro del sueño. Todo quieto, silencio. El corderito no fue a recibirla. El lobo estaba escondido en algún rincón de aquel sueño. «¿Pero dónde me quedo?», pensó la niña. «Si camino sobre el pasto, el corderito es capaz de saltarme encima. Si voy hacia el bosque, el lobo me come». Trepó rápido a un árbol. Eligió una rama, se sentó. No era cómoda. Cambió de lugar, se recostó en el tronco. Pero era duro y le lastimaba la espalda. Y encima, las hormigas llegaban ahora a escalar sus piernas. La noche fue pasando, incómoda, dura, hasta que saltó al suelo. Y, llena de rabia, gritó bien fuerte: –¡Este sueño es mííííoooooooo! Tan fuerte que se despertó. Todavía faltaba tiempo para que sonara el despertador. La niña decidió que, desde entonces, iría al colegio sin prisa. Y por la noche, se acostaría sin miedo. Sin tener que subirse a los árboles. Porque, al final, aquel sueño era suyo. Y, de ahora en adelante, ella era la que iba a mandar y a echar a los lobos y a los corderos. Y si hacía falta, alguna vez daría unos buenos gruñidos y enseñaría los dientes.
¿Por qué la niña se subió a un árbol?
a)
Porque tenía miedo del lobo y del cordero.
b)
Porque tenía hambre y quería una manzana.
7.
El sueño de la niña Había una vez un lobo. Y una niña que tenía miedo al lobo. El lobo vivía en el sueño de la niña. Cuando la niña no quería dormir porque tenía miedo al lobo, la madre le decía: –Los sueños son sueños, hija. Ese lobo no existe. Un día, al espiar tras los árboles del sueño para ver si el lobo estaba despierto, la niña se topó con un corderito. Era de lana blanca y rizada, como todos los corderitos de los sueños. –¡Qué bien que vivas aquí! –dijo ella. Y se hicieron amigos. Pasado un tiempo, cierto día apareció el lobo. «Ese lobo no existe», pensó la niña para tranquilizarse. El corderito temblaba asustado. «Si el lobo no existe», pensó ella, «el corderito tampoco». Y le gustaba tanto el corderito… Entonces, cogió a su amigo y esperó al lobo. En eso sonó el despertador y ella recordó que tenía que ir al colegio. Estuvo todo el día preocupada por haber dejado al cordero solo con el lobo. Por la noche, se fue corriendo a dormir para socorrerlo. Llegó al sueño despavorida. Y más despavorida se quedó al ver al lobo encogido sobre una piedra, mientras el corderito le gruñía. La niña nunca había visto un cordero feroz. El lobo tampoco. Ni siquiera el cordero sabía de su odio. Gruñía y avanzaba hacia el lobo. Del susto, la niña se despertó.
–Ahora voy a tener dos miedos al ir a dormir: del lobo y del cordero. Intentó no volver a dormirse. Pero, por más que se esforzó, vio un cordero que saltaba una valla, después otro. Y al contar el tercer cordero, ¡cataplum!, fue ella la que saltó dentro del sueño. Todo quieto, silencio. El corderito no fue a recibirla. El lobo estaba escondido en algún rincón de aquel sueño. «¿Pero dónde me quedo?», pensó la niña. «Si camino sobre el pasto, el corderito es capaz de saltarme encima. Si voy hacia el bosque, el lobo me come». Trepó rápido a un árbol. Eligió una rama, se sentó. No era cómoda. Cambió de lugar, se recostó en el tronco. Pero era duro y le lastimaba la espalda. Y encima, las hormigas llegaban ahora a escalar sus piernas. La noche fue pasando, incómoda, dura, hasta que saltó al suelo. Y, llena de rabia, gritó bien fuerte: –¡Este sueño es mííííoooooooo! Tan fuerte que se despertó. Todavía faltaba tiempo para que sonara el despertador. La niña decidió que, desde entonces, iría al colegio sin prisa. Y por la noche, se acostaría sin miedo. Sin tener que subirse a los árboles. Porque, al final, aquel sueño era suyo. Y, de ahora en adelante, ella era la que iba a mandar y a echar a los lobos y a los corderos. Y si hacía falta, alguna vez daría unos buenos gruñidos y enseñaría los dientes.
¿Por qué decidió la niña que nunca más se acostaría con miedo?
–Ahora voy a tener dos miedos al ir a dormir: del lobo y del cordero. Intentó no volver a dormirse. Pero, por más que se esforzó, vio un cordero que saltaba una valla, después otro. Y al contar el tercer cordero, ¡cataplum!, fue ella la que saltó dentro del sueño. Todo quieto, silencio. El corderito no fue a recibirla. El lobo estaba escondido en algún rincón de aquel sueño. «¿Pero dónde me quedo?», pensó la niña. «Si camino sobre el pasto, el corderito es capaz de saltarme encima. Si voy hacia el bosque, el lobo me come». Trepó rápido a un árbol. Eligió una rama, se sentó. No era cómoda. Cambió de lugar, se recostó en el tronco. Pero era duro y le lastimaba la espalda. Y encima, las hormigas llegaban ahora a escalar sus piernas. La noche fue pasando, incómoda, dura, hasta que saltó al suelo. Y, llena de rabia, gritó bien fuerte: –¡Este sueño es mííííoooooooo! Tan fuerte que se despertó. Todavía faltaba tiempo para que sonara el despertador. La niña decidió que, desde entonces, iría al colegio sin prisa. Y por la noche, se acostaría sin miedo. Sin tener que subirse a los árboles. Porque, al final, aquel sueño era suyo. Y, de ahora en adelante, ella era la que iba a mandar y a echar a los lobos y a los corderos. Y si hacía falta, alguna vez daría unos buenos gruñidos y enseñaría los dientes.
¿Por qué decidió la niña que nunca más se acostaría con miedo?
a)
Porque se dio cuenta de que en su sueño mandaba ella.
b)
Porque decidió tener siempre felices sueños.
8.
Marca el análisis correcto de la palabra coro.
a)
sustantivo concreto, colectivo, masculino, singular.
b)
sustantivo concreto, individual, masculino, plural.
c)
sustantivo concreto, individual, femenino, singular.
d)
sustantivo concreto, individual, femenino, singular.
9.
Marca el análisis correcto de la palabra amistad.
a)
sustantivo abstracto, individual, femenino, singular.
b)
sustantivo concreto, individual, masculino, plural.
c)
sustantivo concreto, individual, femenino, singular.
d)
sustantivo concreto, individual, femenino, singular.
10.
Marca el grupo de palabras acentuadas correctamente.
a)
Saltaréis, baúl, huésped, barbacoa, aéreo y cuídese.
b)
Saltaréis, baúl, huésped, barbacoa, aéreo y cuidese.
c)
Saltaréis, baúl, huésped, barbacoa, aereo y cuídese.
d)
Saltareis, baúl, huésped, barbacoa, aéreo y cuídese.
11.
El sueño de la niña Había una vez un lobo. Y una niña que tenía miedo al lobo. El lobo vivía en el sueño de la niña. Cuando la niña no quería dormir porque tenía miedo al lobo, la madre le decía: –Los sueños son sueños, hija. Ese lobo no existe. Un día, al espiar tras los árboles del sueño para ver si el lobo estaba despierto, la niña se topó con un corderito. Era de lana blanca y rizada, como todos los corderitos de los sueños. –¡Qué bien que vivas aquí! –dijo ella. Y se hicieron amigos. Pasado un tiempo, cierto día apareció el lobo. «Ese lobo no existe», pensó la niña para tranquilizarse. El corderito temblaba asustado. «Si el lobo no existe», pensó ella, «el corderito tampoco». Y le gustaba tanto el corderito… Entonces, cogió a su amigo y esperó al lobo. En eso sonó el despertador y ella recordó que tenía que ir al colegio. Estuvo todo el día preocupada por haber dejado al cordero solo con el lobo. Por la noche, se fue corriendo a dormir para socorrerlo. Llegó al sueño despavorida. Y más despavorida se quedó al ver al lobo encogido sobre una piedra, mientras el corderito le gruñía. La niña nunca había visto un cordero feroz. El lobo tampoco. Ni siquiera el cordero sabía de su odio. Gruñía y avanzaba hacia el lobo. Del susto, la niña se despertó.
–Ahora voy a tener dos miedos al ir a dormir: del lobo y del cordero. Intentó no volver a dormirse. Pero, por más que se esforzó, vio un cordero que saltaba una valla, después otro. Y al contar el tercer cordero, ¡cataplum!, fue ella la que saltó dentro del sueño. Todo quieto, silencio. El corderito no fue a recibirla. El lobo estaba escondido en algún rincón de aquel sueño. «¿Pero dónde me quedo?», pensó la niña. «Si camino sobre el pasto, el corderito es capaz de saltarme encima. Si voy hacia el bosque, el lobo me come». Trepó rápido a un árbol. Eligió una rama, se sentó. No era cómoda. Cambió de lugar, se recostó en el tronco. Pero era duro y le lastimaba la espalda. Y encima, las hormigas llegaban ahora a escalar sus piernas. La noche fue pasando, incómoda, dura, hasta que saltó al suelo. Y, llena de rabia, gritó bien fuerte: –¡Este sueño es mííííoooooooo! Tan fuerte que se despertó. Todavía faltaba tiempo para que sonara el despertador. La niña decidió que, desde entonces, iría al colegio sin prisa. Y por la noche, se acostaría sin miedo. Sin tener que subirse a los árboles. Porque, al final, aquel sueño era suyo. Y, de ahora en adelante, ella era la que iba a mandar y a echar a los lobos y a los corderos. Y si hacía falta, alguna vez daría unos buenos gruñidos y enseñaría los dientes.
¿Dónde vivía el lobo del cuento?
–Ahora voy a tener dos miedos al ir a dormir: del lobo y del cordero. Intentó no volver a dormirse. Pero, por más que se esforzó, vio un cordero que saltaba una valla, después otro. Y al contar el tercer cordero, ¡cataplum!, fue ella la que saltó dentro del sueño. Todo quieto, silencio. El corderito no fue a recibirla. El lobo estaba escondido en algún rincón de aquel sueño. «¿Pero dónde me quedo?», pensó la niña. «Si camino sobre el pasto, el corderito es capaz de saltarme encima. Si voy hacia el bosque, el lobo me come». Trepó rápido a un árbol. Eligió una rama, se sentó. No era cómoda. Cambió de lugar, se recostó en el tronco. Pero era duro y le lastimaba la espalda. Y encima, las hormigas llegaban ahora a escalar sus piernas. La noche fue pasando, incómoda, dura, hasta que saltó al suelo. Y, llena de rabia, gritó bien fuerte: –¡Este sueño es mííííoooooooo! Tan fuerte que se despertó. Todavía faltaba tiempo para que sonara el despertador. La niña decidió que, desde entonces, iría al colegio sin prisa. Y por la noche, se acostaría sin miedo. Sin tener que subirse a los árboles. Porque, al final, aquel sueño era suyo. Y, de ahora en adelante, ella era la que iba a mandar y a echar a los lobos y a los corderos. Y si hacía falta, alguna vez daría unos buenos gruñidos y enseñaría los dientes.
¿Dónde vivía el lobo del cuento?
a)
En el sueño de la niña.
b)
En el bosque encantado.
12.
¿Cuál de estas palabras es compuesta?
a)
salvavidas
b)
sombrilla
c)
socorrista
13.
Marca la pareja compuesta por un sustantivo concreto y uno abstracto.
a)
Hada y bondad.
b)
Perfume y regalo.
c)
Educación e inteligencia.
14.
Marca la oración que contiene más adjetivos.
a)
Laura está muy contenta con su nuevo coche negro.
b)
El coche viejo de Laura estaba averiado.
c)
Laura se ha comprado un pequeño coche eléctrico.
15.
Marca la pareja compuesta por una palabra con diptongo y otra con hiato.
a)
Renacuajo y bacalao
b)
Paisaje y agua
c)
Océano y escalofrío
16.
Marca la oración que contiene dos palabras con hiato.
a)
La peonza está en la estantería.
b)
Ese ruido es un cacareo.
c)
El miércoles cayó un aguacero.
17.
Marca la opción correcta.
a)
Cambio de hábitos
Leticia ha tomado la decisión de cambiar sus hábitos. Va a realizar ejercicio cada día. Como vive en Gandía y le gustan mucho los deportes acuáticos, ha pensado practicar la natación en aguas abiertas y el esquí náutico. Además, quiere sustituir los bollos de cacao por unas ciruelas, un trozo de sandía u otra fruta. También se ha propuesto leer más y no utilizar tanto tiempo el ordenador. No le va a resultar nada fácil, pero está dispuesta a intentarlo.
Leticia ha tomado la decisión de cambiar sus hábitos. Va a realizar ejercicio cada día. Como vive en Gandía y le gustan mucho los deportes acuáticos, ha pensado practicar la natación en aguas abiertas y el esquí náutico. Además, quiere sustituir los bollos de cacao por unas ciruelas, un trozo de sandía u otra fruta. También se ha propuesto leer más y no utilizar tanto tiempo el ordenador. No le va a resultar nada fácil, pero está dispuesta a intentarlo.
b)
Cambio de habitos
Leticia ha tomado la decisión de cambiar sus hábitos. Va a realizar ejercicio cada día. Como vive en Gandía y le gustan mucho los deportes acuáticos, ha pensado practicar la natación en aguas abiertas y el esquí náutico. Además, quiere sustituir los bollos de cacao por unas ciruelas, un trozo de sandía u otra fruta. También se ha propuesto leer más y no utilizar tanto tiempo el ordenador. No le va a resultar nada fácil, pero está dispuesta a intentarlo.
Leticia ha tomado la decisión de cambiar sus hábitos. Va a realizar ejercicio cada día. Como vive en Gandía y le gustan mucho los deportes acuáticos, ha pensado practicar la natación en aguas abiertas y el esquí náutico. Además, quiere sustituir los bollos de cacao por unas ciruelas, un trozo de sandía u otra fruta. También se ha propuesto leer más y no utilizar tanto tiempo el ordenador. No le va a resultar nada fácil, pero está dispuesta a intentarlo.
c)
Cambio de hábitos
Leticia ha tomado la decisión de cambiar sus hábitos. Va a realizar ejercicio cada día. Como vive en Gandía y le gustan mucho los deportes acuáticos, ha pensado practicar la natación en aguas abiertas y el esquí nautico. Además, quiere sustituir los bollos de cacao por unas ciruelas, un trozo de sandía u otra fruta. También se ha propuesto leer más y no utilizar tanto tiempo el ordenador. No le va a resultar nada fácil, pero está dispuesta a intentarlo.
Leticia ha tomado la decisión de cambiar sus hábitos. Va a realizar ejercicio cada día. Como vive en Gandía y le gustan mucho los deportes acuáticos, ha pensado practicar la natación en aguas abiertas y el esquí nautico. Además, quiere sustituir los bollos de cacao por unas ciruelas, un trozo de sandía u otra fruta. También se ha propuesto leer más y no utilizar tanto tiempo el ordenador. No le va a resultar nada fácil, pero está dispuesta a intentarlo.
d)
Cambio de hábitos
Leticia ha tomado la decisión de cambiar sus hábitos. Va a realizar ejercicio cada día. Como vive en Gandía y le gustan mucho los deportes acuáticos, ha pensado practicar la natacion en aguas abiertas y el esquí náutico. Además, quiere sustituir los bollos de cacao por unas ciruelas, un trozo de sandía u otra fruta. También se ha propuesto leer más y no utilizar tanto tiempo el ordenador. No le va a resultar nada fácil, pero está dispuesta a intentarlo.
Leticia ha tomado la decisión de cambiar sus hábitos. Va a realizar ejercicio cada día. Como vive en Gandía y le gustan mucho los deportes acuáticos, ha pensado practicar la natacion en aguas abiertas y el esquí náutico. Además, quiere sustituir los bollos de cacao por unas ciruelas, un trozo de sandía u otra fruta. También se ha propuesto leer más y no utilizar tanto tiempo el ordenador. No le va a resultar nada fácil, pero está dispuesta a intentarlo.
18.
Marca la opción correcta.
a)
Adiós a la enfermedad
Dicen que para estar sano es necesaria una buena alimentación y caminar media hora cada día. También es conveniente practicar la natación, el ciclismo o cualquier otro deporte. Muchos científicos aseguran que reír es beneficioso para el cuerpo. Entonces, con alegría y una vida sana ¡dile adiós a las enfermedades!
Dicen que para estar sano es necesaria una buena alimentación y caminar media hora cada día. También es conveniente practicar la natación, el ciclismo o cualquier otro deporte. Muchos científicos aseguran que reír es beneficioso para el cuerpo. Entonces, con alegría y una vida sana ¡dile adiós a las enfermedades!
b)
Adios a la enfermedad
Dicen que para estar sano es necesaria una buena alimentación y caminar media hora cada día. También es conveniente practicar la natación, el ciclismo o cualquier otro deporte. Muchos científicos aseguran que reír es beneficioso para el cuerpo. Entonces, con alegría y una vida sana ¡dile adiós a las enfermedades!
Dicen que para estar sano es necesaria una buena alimentación y caminar media hora cada día. También es conveniente practicar la natación, el ciclismo o cualquier otro deporte. Muchos científicos aseguran que reír es beneficioso para el cuerpo. Entonces, con alegría y una vida sana ¡dile adiós a las enfermedades!
c)
Adiós a la enfermedad
Dicen que para estar sano es necesaria una buena alimentación y caminar media hora cada dia. También es conveniente practicar la natación, el ciclismo o cualquier otro deporte. Muchos científicos aseguran que reír es beneficioso para el cuerpo. Entonces, con alegría y una vida sana ¡dile adiós a las enfermedades!
Dicen que para estar sano es necesaria una buena alimentación y caminar media hora cada dia. También es conveniente practicar la natación, el ciclismo o cualquier otro deporte. Muchos científicos aseguran que reír es beneficioso para el cuerpo. Entonces, con alegría y una vida sana ¡dile adiós a las enfermedades!
d)
Adiós a la enfermedad
Dicen que para estar sano es necesaria una buena alimentación y caminar media hora cada día. También es conveniente practicar la natación, el ciclismo o cualquier otro deporte. Muchos científicos aseguran que reir es beneficioso para el cuerpo. Entonces, con alegría y una vida sana ¡dile adiós a las enfermedades!
Dicen que para estar sano es necesaria una buena alimentación y caminar media hora cada día. También es conveniente practicar la natación, el ciclismo o cualquier otro deporte. Muchos científicos aseguran que reir es beneficioso para el cuerpo. Entonces, con alegría y una vida sana ¡dile adiós a las enfermedades!
19.
Marca la opción correcta.
a)
La ilusión de Tobías
Tobías es un veterinario recién graduado. Trabaja en una clínica para mascotas. Ayer atendió a dieciséis animales: una cacatúa sin plumas, un búho desganado, un gato con una infección de oído, un erizo con pocas púas y doce perros que había que vacunar. Los tratamientos varían mucho, pero la mayoría de las veces los animales se curan. Esto llena a Tobías de satisfacción.
Tobías es un veterinario recién graduado. Trabaja en una clínica para mascotas. Ayer atendió a dieciséis animales: una cacatúa sin plumas, un búho desganado, un gato con una infección de oído, un erizo con pocas púas y doce perros que había que vacunar. Los tratamientos varían mucho, pero la mayoría de las veces los animales se curan. Esto llena a Tobías de satisfacción.
b)
La ilusión de Tobías
Tobías es un veterinario recien graduado. Trabaja en una clínica para mascotas. Ayer atendió a dieciséis animales: una cacatúa sin plumas, un búho desganado, un gato con una infección de oído, un erizo con pocas púas y doce perros que había que vacunar. Los tratamientos varían mucho, pero la mayoría de las veces los animales se curan. Esto llena a Tobías de satisfacción.
Tobías es un veterinario recien graduado. Trabaja en una clínica para mascotas. Ayer atendió a dieciséis animales: una cacatúa sin plumas, un búho desganado, un gato con una infección de oído, un erizo con pocas púas y doce perros que había que vacunar. Los tratamientos varían mucho, pero la mayoría de las veces los animales se curan. Esto llena a Tobías de satisfacción.
c)
La ilusión de Tobías
Tobías es un veterinario recién graduado. Trabaja en una clínica para mascotas. Ayer atendió a dieciséis animales: una cacatúa sin plumas, un búho desganado, un gato con una infección de oído, un erizo con pocas púas y doce perros que había que vacunar. Los tratamientos varían mucho, pero la mayoría de las veces los animales se curan. Esto llena a Tobías de satisfaccion.
Tobías es un veterinario recién graduado. Trabaja en una clínica para mascotas. Ayer atendió a dieciséis animales: una cacatúa sin plumas, un búho desganado, un gato con una infección de oído, un erizo con pocas púas y doce perros que había que vacunar. Los tratamientos varían mucho, pero la mayoría de las veces los animales se curan. Esto llena a Tobías de satisfaccion.
d)
La ilusión de Tobías
Tobías es un veterinario recién graduado. Trabaja en una clínica para mascotas. Ayer atendió a dieciséis animales: una cacatúa sin plumas, un búho desganado, un gato con una infección de oído, un erizo con pocas púas y doce perros que había que vacunar. Los tratamientos varían mucho, pero la mayoría de las veces los animales se curan. Esto llena a Tobias de satisfacción.
Tobías es un veterinario recién graduado. Trabaja en una clínica para mascotas. Ayer atendió a dieciséis animales: una cacatúa sin plumas, un búho desganado, un gato con una infección de oído, un erizo con pocas púas y doce perros que había que vacunar. Los tratamientos varían mucho, pero la mayoría de las veces los animales se curan. Esto llena a Tobias de satisfacción.
20.
Aterrorizada, llena de pavor, con mucho miedo.
a)
Despavorida
b)
Se recostó
21.
Se inclinó para apoyarse.
a)
Despavorida
b)
Se recostó
22.
Las palabras compuestas
a)
Son las que se han formado uniendo dos o más palabras. Por ejemplo, salvavidas se ha formado a partir de las palabras salva y vidas. A veces, al unir dos palabras para formar una compuesta, las palabras originales pueden sufrir algún cambio. Por ejemplo, agridulce (de agrio 1 dulce).
b)
No se componen de otras palabras. Por ejemplo, ejercicio.
23.
Las palabras simples
a)
Son las que se han formado uniendo dos o más palabras. Por ejemplo, salvavidas se ha formado a partir de las palabras salva y vidas. A veces, al unir dos palabras para formar una compuesta, las palabras originales pueden sufrir algún cambio. Por ejemplo, agridulce (de agrio 1 dulce).
b)
No se componen de otras palabras. Por ejemplo, ejercicio.
24.
Cuando la niña usa la palabra cordero nombra un animal. Las palabras que nombran a las personas, los animales o las cosas son
a)
Sustantivos
b)
Adjetivos
25.
Cuando la niña usa la palabra blanco dice cómo es el cordero. Las palabras que dicen cómo son o cómo están las personas, los animales o las cosas son
a)
Sustantivos
b)
Adjetivos
26.
Nombran en singular a una sola persona o cosa.
a)
Sustantivos individuales.
b)
Sustantivos colectivos.
27.
Nombran en singular a un conjunto de personas o cosas.
a)
Sustantivos individuales.
b)
Sustantivos colectivos.
28.
Cuando el diptongo está formado por vocales cerradas (i, u), la tilde se escribe sobre la
a)
Segunda vocal.
b)
Primera vocal.
29.
Las palabras con diptongo siguen las normas generales de acentuación. En los diptongos, la tilde se escribe sobre
a)
La vocal abierta (a, e, o).
b)
La vocal cerrada (i, u).
30.
Las palabras con hiato también siguen las normas generales de acentuación, excepto los hiatos formados por vocal cerrada tónica (i, u) y vocal abierta (a, e, o), que llevan siempre tilde sobre
a)
La vocal cerrada.
b)
La vocal abierta.
31.
Género literario al que pertenecen las obras en las que un narrador cuenta lo que les pasa a unos personajes.
a)
Narrativa
b)
Teatro
c)
Acción
d)
Marco narrativo
32.
Se llama ... a quien cuenta la historia.
a)
Narrador
b)
Personaje
33.
Es quien interviene en los hechos que se relatan.
a)
Personaje
b)
Narrador
34.
Los personajes son quienes intervienen en los hechos que se relatan. Esos hechos constituyen
a)
La acción
b)
El marco narrativo.
35.
En narrativa, el lugar y el tiempo en los que transcurre la acción
a)
Son el marco narrativo.
b)
Es la acción
36.
¿Quién escribió Veinte mil leguas de viaje submarino, La vuelta al mundo en ochenta días, Viaje al centro de la Tierra y Miguel Strogoff?
a)
Julio Verne
b)
Paz Castelló
c)
Miguel de Cervantes
d)
Pablo Neruda
37.
Marca el grupo de palabras compuestas.
a)
Lavavajillas, saltamontes, puntiagudo y sacacorchos.
b)
Cartulina y caravana.
38.
Marca el análisis correcto de la palabra amor.
a)
sustantivo abstracto, individual, masculino, singular.
b)
sustantivo concreto, individual, masculino, plural.
c)
sustantivo concreto, individual, femenino, singular.
d)
sustantivo concreto, individual, femenino, singular.
39.
Marca el análisis correcto de la palabra libros.
a)
sustantivo abstracto, individual, masculino, singular.
b)
sustantivo concreto, individual, masculino, plural.
c)
sustantivo concreto, individual, femenino, singular.
d)
sustantivo concreto, individual, femenino, singular.
40.
Marca el análisis correcto de la palabra cigüeña.
a)
sustantivo abstracto, individual, masculino, singular.
b)
sustantivo concreto, individual, masculino, plural.
c)
sustantivo concreto, individual, femenino, singular.
41.
Marca el análisis correcto de la palabra botella.
a)
sustantivo abstracto, individual, masculino, singular.
b)
sustantivo concreto, individual, masculino, plural.
c)
sustantivo concreto, individual, femenino, singular.
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