WorksheetsCIEN LIRAS EN EL BOLSILLO
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Cien liras en el bolsillo
Había una vez tres hermanos. Eran tan pobres y
no sabían cómo hacer para salir adelante. Una
noche, cuando se iban a la cama sin cenar, dijo
el mayor:
—Hermanos míos, no podemos seguir así.
Nuestro campo es demasiado pequeño para
darnos de comer a los tres. Mañana me marcharé,
iré por el mundo en busca de fortuna…Y si
tengo suerte, volveré a casa y viviremos como
señores.
A la mañana siguiente parte el hermano mayor.
Anda y anda, caía la noche y seguía caminando.
Por fin llegó a una posada en medio de un
bosque, cenó con un poco de pan y queso y fue
a la habitación colectiva. Solo había una cama libre, las otras ya estaban ocupadas por gente que
dormía. Se acostó y él también durmió.
Se despertó temprano porque los campesinos están acostumbrados a levantarse antes del amanecer.
Se vistió, pagó la cuenta y se marchó. Ya había andado un buen trecho cuando le entraron ganas de
sonarse la nariz. Mete la mano en el bolsillo y se echa a reír: “Anda, ¿qué es esto?... ¡una moneda de cien
liras! Nunca he tenido dinero que meter en los bolsillos de los pantalones… ah, ahora lo entiendo:
estos pantalones no son los míos. Se ve que en la oscuridad los he confundido con los de otro.
Aunque, más o menos valen lo mismo, o sea nada. No merece la pena volver atrás para cambiarlos…
¿Y ahora qué hay en el bolsillo? Otra moneda de cien liras… Me pareció que sólo había una… No hay
dos sino tres, vamos a ver si está también la tercera… Casi he ganado un jornal…”.
¡Y algo más que el jornal! Cada vez que metía la mano en el bolsillo encontraba cien liras. Imaginaos
si se iba a cansar…Y fuera y fuera y fuera: ya había juntado un buen montón de monedas y el bolsillo
no se cansaba de tener siempre una dispuesta para que la encontrara. El joven no cabía en sí de la
alegría. Emprendió una carrera y en un par de horas estuvo en casa…
— ¡Hermanos! ¡Hermanitos míos! ¡He hecho fortuna! ¡Mirad!
— Es verdad. ¡Qué montón de dinero!
— Y aún puedo tener más, todo el que quiera…
—Estupendo —dijo el segundo hermano—. Pero no es justo que vivamos a tu costa. Mañana partiré
en busca de fortuna. Si tú la has encontrado, seguro que yo también la encontraré, y viviremos los
tres como señores…
Al día siguiente, se pone en camino el segundo hermano, llega a la misma posada, va a dormir a la
misma habitación y por la mañana se pone los pantalones de su vecino y se va. Cuando ha andado
un buen trecho, se para y se hurga en los pantalones.
—Vamos a ver si yo también he hecho fortuna…En ese bolsillo nada… En cambio aquí hay algo…
uhm, nada de dinero, ¡solo un trozo de papel! ¡pero esto es un billete de mil liras..! A lo mejor hay algún
otro… Pues sí, aquí está… Y otro… y otro más… ¡Soy rico! ¡Soy rico!
Como es natural, el segundo hermano hizo como el primero y volvió a casa, todo contento. Desde
lejos empezó a gritar:
—¡Hermanos, hermanitos, yo también he hecho fortuna! Aún mejor, he encontrado una fortuna
mayor que la tuya, querido hermano mayor…
—Es cierto, ¡qué hermoso montón de billetes de mil!
—Así que —dijo el hermano más pequeño—, tú también has encontrado la máquina de hacer
dinero. Bien, mañana quiero irme a mi vez por el mundo. Si vosotros dos habéis hecho fortuna, ¿por
qué no había de hacerla yo?
(Fragmento) Gianni Rodari.
Cuentos para jugar. Alfaguara: Colombia. 2013.
EL ANTERIOR TEXTO ES:
narrativo
lírico
argumentativo
informativo
Cien liras en el bolsillo
Había una vez tres hermanos. Eran tan pobres y
no sabían cómo hacer para salir adelante. Una
noche, cuando se iban a la cama sin cenar, dijo
el mayor:
—Hermanos míos, no podemos seguir así.
Nuestro campo es demasiado pequeño para
darnos de comer a los tres. Mañana me marcharé,
iré por el mundo en busca de fortuna…Y si
tengo suerte, volveré a casa y viviremos como
señores.
A la mañana siguiente parte el hermano mayor.
Anda y anda, caía la noche y seguía caminando.
Por fin llegó a una posada en medio de un
bosque, cenó con un poco de pan y queso y fue
a la habitación colectiva. Solo había una cama libre, las otras ya estaban ocupadas por gente que
dormía. Se acostó y él también durmió.
Se despertó temprano porque los campesinos están acostumbrados a levantarse antes del amanecer.
Se vistió, pagó la cuenta y se marchó. Ya había andado un buen trecho cuando le entraron ganas de
sonarse la nariz. Mete la mano en el bolsillo y se echa a reír: “Anda, ¿qué es esto?... ¡una moneda de cien
liras! Nunca he tenido dinero que meter en los bolsillos de los pantalones… ah, ahora lo entiendo:
estos pantalones no son los míos. Se ve que en la oscuridad los he confundido con los de otro.
Aunque, más o menos valen lo mismo, o sea nada. No merece la pena volver atrás para cambiarlos…
¿Y ahora qué hay en el bolsillo? Otra moneda de cien liras… Me pareció que sólo había una… No hay
dos sino tres, vamos a ver si está también la tercera… Casi he ganado un jornal…”.
¡Y algo más que el jornal! Cada vez que metía la mano en el bolsillo encontraba cien liras. Imaginaos
si se iba a cansar…Y fuera y fuera y fuera: ya había juntado un buen montón de monedas y el bolsillo
no se cansaba de tener siempre una dispuesta para que la encontrara. El joven no cabía en sí de la
alegría. Emprendió una carrera y en un par de horas estuvo en casa…
— ¡Hermanos! ¡Hermanitos míos! ¡He hecho fortuna! ¡Mirad!
— Es verdad. ¡Qué montón de dinero!
— Y aún puedo tener más, todo el que quiera…
—Estupendo —dijo el segundo hermano—. Pero no es justo que vivamos a tu costa. Mañana partiré
en busca de fortuna. Si tú la has encontrado, seguro que yo también la encontraré, y viviremos los
tres como señores…
Al día siguiente, se pone en camino el segundo hermano, llega a la misma posada, va a dormir a la
misma habitación y por la mañana se pone los pantalones de su vecino y se va. Cuando ha andado
un buen trecho, se para y se hurga en los pantalones.
—Vamos a ver si yo también he hecho fortuna…En ese bolsillo nada… En cambio aquí hay algo…
uhm, nada de dinero, ¡solo un trozo de papel! ¡pero esto es un billete de mil liras..! A lo mejor hay algún
otro… Pues sí, aquí está… Y otro… y otro más… ¡Soy rico! ¡Soy rico!
Como es natural, el segundo hermano hizo como el primero y volvió a casa, todo contento. Desde
lejos empezó a gritar:
—¡Hermanos, hermanitos, yo también he hecho fortuna! Aún mejor, he encontrado una fortuna
mayor que la tuya, querido hermano mayor…
—Es cierto, ¡qué hermoso montón de billetes de mil!
—Así que —dijo el hermano más pequeño—, tú también has encontrado la máquina de hacer
dinero. Bien, mañana quiero irme a mi vez por el mundo. Si vosotros dos habéis hecho fortuna, ¿por
qué no había de hacerla yo?
(Fragmento) Gianni Rodari.
Cuentos para jugar. Alfaguara: Colombia. 2013.
PREGUNTA:
LA IDEA CENTRAL DEL TEXTO ES:
la historia de tres hermanos que cultivan la tierra y se vuelven millonarios. Viajan en busca de fortuna y la encuentra gracias a un mago que les regala tres pantalones mágicos.
la historia de unos hermanos que son muy pobres, uno de ellos viaja y vuelve millonario gracias a un pantalón mágico.
Los hermanos menores deciden hacer lo mismo.
la historia de un joven que con mucho esfuerzo y dedicación hace fortuna. Sus tres hermanos lo envidian y deciden trabajar con dedicación, pero la suerte no los favorece.
la historia de tres caballeros que luchan contra la maldad. Un mago malvado quiere destruirlos
haciéndoles la vida imposible.
CIEN CERILLAS EN EL BOLSILLO
Había una vez tres hermanos. Eran tan pobres y
no sabían cómo hacer para salir adelante. Una
noche, cuando se iban a la cama sin cenar, dijo
el mayor:
—Hermanos míos, no podemos seguir así.
Nuestro campo es demasiado pequeño para
darnos de comer a los tres. Mañana me marcharé,
iré por el mundo en busca de fortuna…Y si
tengo suerte, volveré a casa y viviremos como
señores.
A la mañana siguiente parte el hermano mayor.
Anda y anda, caía la noche y seguía caminando.
Por fin llegó a una posada en medio de un
bosque, cenó con un poco de pan y queso y fue
a la habitación colectiva. Solo había una cama libre, las otras ya estaban ocupadas por gente que
dormía. Se acostó y él también durmió.
Se despertó temprano porque los campesinos están acostumbrados a levantarse antes del amanecer.
Se vistió, pagó la cuenta y se marchó. Ya había andado un buen trecho cuando le entraron ganas de
sonarse la nariz. Mete la mano en el bolsillo y se echa a reír: “Anda, ¿qué es esto?... ¡una moneda de cien
liras! Nunca he tenido dinero que meter en los bolsillos de los pantalones… ah, ahora lo entiendo:
estos pantalones no son los míos. Se ve que en la oscuridad los he confundido con los de otro.
Aunque, más o menos valen lo mismo, o sea nada. No merece la pena volver atrás para cambiarlos…
¿Y ahora qué hay en el bolsillo? Otra moneda de cien liras… Me pareció que sólo había una… No hay
dos sin tres, vamos a ver si está también la tercera… Casi he ganado un jornal…”.
¡Y algo más que el jornal! Cada vez que metía la mano en el bolsillo encontraba cien liras. Imaginaos
si se iba a cansar…Y fuera y fuera y fuera: ya había juntado un buen montón de monedas y el bolsillo
no se cansaba de tener siempre una dispuesta para que la encontrara. El joven no cabía en sí de la
alegría. Emprendió una carrera y en un par de horas estuvo en casa…
— ¡Hermanos! ¡Hermanitos míos! ¡He hecho fortuna! ¡Mirad!
— Es verdad. ¡Qué montón de dinero!
— Y aún puedo tener más, todo el que quiera…
—Estupendo —dijo el segundo hermano—. Pero no es justo que vivamos a tu costa. Mañana partiré
en busca de fortuna. Si tú la has encontrado, seguro que yo también la encontraré, y viviremos los
tres como señores…
Al día siguiente, se pone en camino el segundo hermano, llega a la misma posada, va a dormir a la
misma habitación y por la mañana se pone los pantalones de su vecino y se va. Cuando ha andado
un buen trecho, se para y se hurga en los pantalones.
—Vamos a ver si yo también he hecho fortuna…En ese bolsillo nada… En cambio aquí hay algo…
uhm, nada de dinero, ¡solo un trozo de papel! ¡pero esto es un billete de mil liras..! A lo mejor hay algún
otro… Pues sí, aquí está… Y otro… y otro más… ¡Soy rico! ¡Soy rico!
Como es natural, el segundo hermano hizo como el primero y volvió a casa, todo contento. Desde
lejos empezó a gritar:
—¡Hermanos, hermanitos, yo también he hecho fortuna! Aún mejor, he encontrado una fortuna
mayor que la tuya, querido hermano mayo…
—Es cierto, ¡qué hermoso montón de billetes de mil!
—Así que —dijo el hermano más pequeño—, tú también has encontrado la máquina de hacer
dinero. Bien, mañana quiero irme a mi vez por el mundo. Si vosotros dos habéis hecho fortuna, ¿por
qué no había de hacerla yo?
(Fragmento) Gianni Rodari.
Cuentos para jugar. Alfaguara: Colombia. 2013.
EL NARRADOR DE LA HISTORIA ES:
Uno de los hermanos.
uno de los pobres donde durmió el hermano mayor.
un narrador omnisciente
el caballero.
CIEN CERILLAS EN EL BOLSILLO
Había una vez tres hermanos. Eran tan pobres y
no sabían cómo hacer para salir adelante. Una
noche, cuando se iban a la cama sin cenar, dijo
el mayor:
—Hermanos míos, no podemos seguir así.
Nuestro campo es demasiado pequeño para
darnos de comer a los tres. Mañana me marcharé,
iré por el mundo en busca de fortuna…Y si
tengo suerte, volveré a casa y viviremos como
señores.
A la mañana siguiente parte el hermano mayor.
Anda y anda, caía la noche y seguía caminando.
Por fin llegó a una posada en medio de un
bosque, cenó con un poco de pan y queso y fue
a la habitación colectiva. Solo había una cama libre, las otras ya estaban ocupadas por gente que
dormía. Se acostó y él también durmió.
Se despertó temprano porque los campesinos están acostumbrados a levantarse antes del amanecer.
Se vistió, pagó la cuenta y se marchó. Ya había andado un buen trecho cuando le entraron ganas de
sonarse la nariz. Mete la mano en el bolsillo y se echa a reír: “Anda, ¿qué es esto?... ¡una moneda de cien
liras! Nunca he tenido dinero que meter en los bolsillos de los pantalones… ah, ahora lo entiendo:
estos pantalones no son los míos. Se ve que en la oscuridad los he confundido con los de otro.
Aunque, más o menos valen lo mismo, o sea nada. No merece la pena volver atrás para cambiarlos…
¿Y ahora qué hay en el bolsillo? Otra moneda de cien liras… Me pareció que sólo había una… No hay
dos sin tres, vamos a ver si está también la tercera… Casi he ganado un jornal…”.
¡Y algo más que el jornal! Cada vez que metía la mano en el bolsillo encontraba cien liras. Imaginaos
si se iba a cansar…Y fuera y fuera y fuera: ya había juntado un buen montón de monedas y el bolsillo
no se cansaba de tener siempre una dispuesta para que la encontrara. El joven no cabía en sí de la
alegría. Emprendió una carrera y en un par de horas estuvo en casa…
— ¡Hermanos! ¡Hermanitos míos! ¡He hecho fortuna! ¡Mirad!
— Es verdad. ¡Qué montón de dinero!
— Y aún puedo tener más, todo el que quiera…
—Estupendo —dijo el segundo hermano—. Pero no es justo que vivamos a tu costa. Mañana partiré
en busca de fortuna. Si tú la has encontrado, seguro que yo también la encontraré, y viviremos los
tres como señores…
Al día siguiente, se pone en camino el segundo hermano, llega a la misma posada, va a dormir a la
misma habitación y por la mañana se pone los pantalones de su vecino y se va. Cuando ha andado
un buen trecho, se para y se hurga en los pantalones.
—Vamos a ver si yo también he hecho fortuna…En ese bolsillo nada… En cambio aquí hay algo…
uhm, nada de dinero, ¡solo un trozo de papel! ¡pero esto es un billete de mil liras..! A lo mejor hay algún
otro… Pues sí, aquí está… Y otro… y otro más… ¡Soy rico! ¡Soy rico!
Como es natural, el segundo hermano hizo como el primero y volvió a casa, todo contento. Desde
lejos empezó a gritar:
—¡Hermanos, hermanitos, yo también he hecho fortuna! Aún mejor, he encontrado una fortuna
mayor que la tuya, querido hermano mayo…
—Es cierto, ¡qué hermoso montón de billetes de mil!
—Así que —dijo el hermano más pequeño—, tú también has encontrado la máquina de hacer
dinero. Bien, mañana quiero irme a mi vez por el mundo. Si vosotros dos habéis hecho fortuna, ¿por
qué no había de hacerla yo?
(Fragmento) Gianni Rodari.
Cuentos para jugar. Alfaguara: Colombia. 2013.
EL TEXTO SE LLAMA CIEN LIRAS EN EL BOLSILLO PORQUE
el hermano mayor encontró un pantalón solo con cien monedas.
el pantalón que encontró el hermano mayor solo tenía unas cuantas monedas.
porque los pantalones que encontraron los hermanos eran mágicos y les proporcionaron mucho dinero.
las monedas del pantalón que encontró el hermano estaban contadas.
CIEN CERILLAS EN EL BOLSILLO
Había una vez tres hermanos. Eran tan pobres y
no sabían cómo hacer para salir adelante. Una
noche, cuando se iban a la cama sin cenar, dijo
el mayor:
—Hermanos míos, no podemos seguir así.
Nuestro campo es demasiado pequeño para
darnos de comer a los tres. Mañana me marcharé,
iré por el mundo en busca de fortuna…Y si
tengo suerte, volveré a casa y viviremos como
señores.
A la mañana siguiente parte el hermano mayor.
Anda y anda, caía la noche y seguía caminando.
Por fin llegó a una posada en medio de un
bosque, cenó con un poco de pan y queso y fue
a la habitación colectiva. Solo había una cama libre, las otras ya estaban ocupadas por gente que
dormía. Se acostó y él también durmió.
Se despertó temprano porque los campesinos están acostumbrados a levantarse antes del amanecer.
Se vistió, pagó la cuenta y se marchó. Ya había andado un buen trecho cuando le entraron ganas de
sonarse la nariz. Mete la mano en el bolsillo y se echa a reír: “Anda, ¿qué es esto?... ¡una moneda de cien
liras! Nunca he tenido dinero que meter en los bolsillos de los pantalones… ah, ahora lo entiendo:
estos pantalones no son los míos. Se ve que en la oscuridad los he confundido con los de otro.
Aunque, más o menos valen lo mismo, o sea nada. No merece la pena volver atrás para cambiarlos…
¿Y ahora qué hay en el bolsillo? Otra moneda de cien liras… Me pareció que sólo había una… No hay
dos sin tres, vamos a ver si está también la tercera… Casi he ganado un jornal…”.
¡Y algo más que el jornal! Cada vez que metía la mano en el bolsillo encontraba cien liras. Imaginaos
si se iba a cansar…Y fuera y fuera y fuera: ya había juntado un buen montón de monedas y el bolsillo
no se cansaba de tener siempre una dispuesta para que la encontrara. El joven no cabía en sí de la
alegría. Emprendió una carrera y en un par de horas estuvo en casa…
— ¡Hermanos! ¡Hermanitos míos! ¡He hecho fortuna! ¡Mirad!
— Es verdad. ¡Qué montón de dinero!
— Y aún puedo tener más, todo el que quiera…
—Estupendo —dijo el segundo hermano—. Pero no es justo que vivamos a tu costa. Mañana partiré
en busca de fortuna. Si tú la has encontrado, seguro que yo también la encontraré, y viviremos los
tres como señores…
Al día siguiente, se pone en camino el segundo hermano, llega a la misma posada, va a dormir a la
misma habitación y por la mañana se pone los pantalones de su vecino y se va. Cuando ha andado
un buen trecho, se para y se hurga en los pantalones.
—Vamos a ver si yo también he hecho fortuna…En ese bolsillo nada… En cambio aquí hay algo…
uhm, nada de dinero, ¡solo un trozo de papel! ¡pero esto es un billete de mil liras..! A lo mejor hay algún
otro… Pues sí, aquí está… Y otro… y otro más… ¡Soy rico! ¡Soy rico!
Como es natural, el segundo hermano hizo como el primero y volvió a casa, todo contento. Desde
lejos empezó a gritar:
—¡Hermanos, hermanitos, yo también he hecho fortuna! Aún mejor, he encontrado una fortuna
mayor que la tuya, querido hermano mayo…
—Es cierto, ¡qué hermoso montón de billetes de mil!
—Así que —dijo el hermano más pequeño—, tú también has encontrado la máquina de hacer
dinero. Bien, mañana quiero irme a mi vez por el mundo. Si vosotros dos habéis hecho fortuna, ¿por
qué no había de hacerla yo?
(Fragmento) Gianni Rodari.
Cuentos para jugar. Alfaguara: Colombia. 2013.
Es común encontrar este texto
"CIEN LIRAS EN EL BOLSILLO"
Una revista científica
Un libro de poemas.
Un libro de historietas.
Un libro de cuentos.
En la oración "Se acostó y él también durmió" la palabra él es
Un verbo.
Un pronombre personal.
Un adjetivo
Un adverbio.
CIEN CERILLAS EN EL BOLSILLO
Había una vez tres hermanos. Eran tan pobres y
no sabían cómo hacer para salir adelante. Una
noche, cuando se iban a la cama sin cenar, dijo
el mayor:
—Hermanos míos, no podemos seguir así.
Nuestro campo es demasiado pequeño para
darnos de comer a los tres. Mañana me marcharé,
iré por el mundo en busca de fortuna…Y si
tengo suerte, volveré a casa y viviremos como
señores.
A la mañana siguiente parte el hermano mayor.
Anda y anda, caía la noche y seguía caminando.
Por fin llegó a una posada en medio de un
bosque, cenó con un poco de pan y queso y fue
a la habitación colectiva. Solo había una cama libre, las otras ya estaban ocupadas por gente que
dormía. Se acostó y él también durmió.
Se despertó temprano porque los campesinos están acostumbrados a levantarse antes del amanecer.
Se vistió, pagó la cuenta y se marchó. Ya había andado un buen trecho cuando le entraron ganas de
sonarse la nariz. Mete la mano en el bolsillo y se echa a reír: “Anda, ¿qué es esto?... ¡una moneda de cien
liras! Nunca he tenido dinero que meter en los bolsillos de los pantalones… ah, ahora lo entiendo:
estos pantalones no son los míos. Se ve que en la oscuridad los he confundido con los de otro.
Aunque, más o menos valen lo mismo, o sea nada. No merece la pena volver atrás para cambiarlos…
¿Y ahora qué hay en el bolsillo? Otra moneda de cien liras… Me pareció que sólo había una… No hay
dos sin tres, vamos a ver si está también la tercera… Casi he ganado un jornal…”.
¡Y algo más que el jornal! Cada vez que metía la mano en el bolsillo encontraba cien liras. Imaginaos
si se iba a cansar…Y fuera y fuera y fuera: ya había juntado un buen montón de monedas y el bolsillo
no se cansaba de tener siempre una dispuesta para que la encontrara. El joven no cabía en sí de la
alegría. Emprendió una carrera y en un par de horas estuvo en casa…
— ¡Hermanos! ¡Hermanitos míos! ¡He hecho fortuna! ¡Mirad!
— Es verdad. ¡Qué montón de dinero!
— Y aún puedo tener más, todo el que quiera…
—Estupendo —dijo el segundo hermano—. Pero no es justo que vivamos a tu costa. Mañana partiré
en busca de fortuna. Si tú la has encontrado, seguro que yo también la encontraré, y viviremos los
tres como señores…
Al día siguiente, se pone en camino el segundo hermano, llega a la misma posada, va a dormir a la
misma habitación y por la mañana se pone los pantalones de su vecino y se va. Cuando ha andado
un buen trecho, se para y se hurga en los pantalones.
—Vamos a ver si yo también he hecho fortuna…En ese bolsillo nada… En cambio aquí hay algo…
uhm, nada de dinero, ¡solo un trozo de papel! ¡pero esto es un billete de mil liras..! A lo mejor hay algún
otro… Pues sí, aquí está… Y otro… y otro más… ¡Soy rico! ¡Soy rico!
Como es natural, el segundo hermano hizo como el primero y volvió a casa, todo contento. Desde
lejos empezó a gritar:
—¡Hermanos, hermanitos, yo también he hecho fortuna! Aún mejor, he encontrado una fortuna
mayor que la tuya, querido hermano mayo…
—Es cierto, ¡qué hermoso montón de billetes de mil!
—Así que —dijo el hermano más pequeño—, tú también has encontrado la máquina de hacer
dinero. Bien, mañana quiero irme a mi vez por el mundo. Si vosotros dos habéis hecho fortuna, ¿por
qué no había de hacerla yo?
(Fragmento) Gianni Rodari.
Cuentos para jugar. Alfaguara: Colombia. 2013.
LA SECUENCIA DE PALABRAS QUE MEJOR PRESENTA LA IDEA DE TEXTO ES...
hermanos, pobreza, viajes, pantalones mágicos, regreso a casa, nota del mago.
hermano mayor, pantalón, viaje, riqueza, felicidad, viajes, agradecimiento del mago.
hermanos, riqueza, hermano mayor, viaje, pantalón, riqueza, hijos, mago engañado.
pantalón mágico, riqueza, hermanos, pobreza, felicidad, hijos, mago agradecido
Señala la respuesta que está escrita correctamente
el cavallero salvó a la princesa.
el buen caballero salbó a la princesa.
el buen cavallero salvó las bacas.
el buen caballero salvó a la princesa.
Señala la respuesta que contenga sustantivos abstractos
alma, pensamiento, bicicleta, amor.
idea, amistad, alma, teléfono.
dragón, amor, sentimiento, mariposa.
alma, pensamiento, idea, amistad.
En la biblioteca te piden ayuda para ubicar tres libros:
Un cuento para mamá (1), un poema a la patria (2) y biología de primero (3).
El lugar donde deben ir ubicados los libros es
1, sección de cuentos; 2, sección de poesía; 3, sección de ciencias.
1, sección de ciencias; 2, sección de cuentos; 3, sección de poesía.
1, sección de cuentos; 2 sección de poesía; 3, sección de cuentos.
1, sección de cuentos; 2, sección de cuentos; 3, sección de ciencias.
Un compañero te pide ayuda para escribir una fábula. Señala los elementos que debe tener en cuenta a la hora de escribirlo.
Escribir sobre un tema científico con argumentos racionales.
Escribir una historia en la cual algunos personajes realicen acciones y desarrolle un conflicto
central.
Escribir una historia sin personajes en la que se hable de un problema científico.
Escribir una historia con inicio, nudo y desenlace. Donde los animales hablan y se comportan como humanos.
Reconstruye el orden de la siguiente historia...
1. Mi mamá me dijo que era mi regalo de cumpleaños,
2. Llegué a mi casa y encontré un perro muy pequeño.
3. Pero no sabía qué hacer, no sé cómo cuidar un animal.
4. Mi mamá me tranquilizó, me dijo que ella me ayudaría.
1,2,4,3.
2,1,3,4.
2,1,4,3.
1,2,3,4.
