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1.

MULTIPLE CHOICE QUESTION

10 mins • 1 pt

Desde la Edad Media hasta los siglos XVI y XVII, el mundo occidental mantuvo la práctica de enterrar a los muertos en las iglesias y conventos, pero a mediados del siglo XVIII, con la difusión de las ideas ilustradas, esta costumbre comenzó a ser cuestionada. En el Perú colonial, alrededor de 1760 empezó a rescatarse la tradición funeraria de los primeros cristianos de sepultar a los muertos en lugares alejados de las ciudades. La idea que enarbolaban los ilustrados se basaba en que los muertos debían dejar de envenenar a los vivos, tal como lo expresó Hipólito Unanue en El Mercurio Peruano:

La salud de los vivos se ve comprometida por las emanaciones pestilentes que provienen de la multitud de cadáveres amontonados en los sótanos de las iglesias, volviendo el aire un elemento insano.

Así, este discurso higienista propició la construcción del cementerio a extramuros y, dentro de este, el entierro en nichos, implicando a su vez el inicio de la individualización de los muertos, es decir, con el nicho propio, los difuntos dejaron de conformar esos inmensos osarios anónimos que caracterizaba el entierro en las catacumbas. Por otro lado, si bien la orden de creación del Cementerio General se decretó en 1786, la obra recién se ejecutó en 1807, en las afueras de la ciudad y a pocas cuadras del Portal Maravillas, concluyéndose al año siguiente bajo la administración del virrey Abascal. Su inauguración fue simbólica: se soterraron los restos del desaparecido arzobispo de Lima Juan Domingo González de la Requena, que habían sido exhumados del panteón de la Catedral. Con este hecho se transmitió un mensaje: el sometimiento de la Iglesia a las medidas estatales. Incluso, el en ese entonces arzobispo Bartolomé María de las Heras, exhortaba a todos los párrocos, prelados y capellanes que instaran a sus feligreses a que aprobaran la inhumación de sus difuntos en el Cementerio General. Asimismo, cabe resaltar que dicho recinto designaba lugares específicos para los muertos de acuerdo con la estratificación de la sociedad colonial, es decir, el lugar que los difuntos ocupaban en el cementerio estaba estrechamente ligado a la posición económica y social que habían tenido en vida: los nichos temporales, los nichos perpetuos, las sepulturas del clero y la burocracia civil, y los pomposos mausoleos. Esta diferenciación de difuntos en el Cementerio General era similar a la practicada en las catacumbas monásticas. En las iglesias se recreaban también la diferenciación social de acuerdo a la relación que el individuo había mantenido en vida en calidad de parroquiano: la mayor o menor proximidad al atrio principal se reflejaba en la distancia en que el cuerpo era sepultado, de tal modo que a los miembros de las congregaciones les era asignado el lugar más importante, luego venían aquellos que habían realizado grandes donaciones o pertenecían a una cofradía y al último el resto de feligreses.

El tema central del texto es

la simbología sobre la muerte en el Perú durante la dinastía de los Borbones.

el discurso ilustrado en el Perú del s. XVII y el origen del Cementerio General.

los cambios funerarios en España y sus colonias americanas en el siglo XVIII.

el impacto de las reformas borbónicas en las prácticas funerarias en el s. XVIII.

aspectos generales de la institución del Cementerio General en el Perú colonial.

2.

MULTIPLE CHOICE QUESTION

5 mins • 1 pt

Desde la Edad Media hasta los siglos XVI y XVII, el mundo occidental mantuvo la práctica de enterrar a los muertos en las iglesias y conventos, pero a mediados del siglo XVIII, con la difusión de las ideas ilustradas, esta costumbre comenzó a ser cuestionada. En el Perú colonial, alrededor de 1760 empezó a rescatarse la tradición funeraria de los primeros cristianos de sepultar a los muertos en lugares alejados de las ciudades. La idea que enarbolaban los ilustrados se basaba en que los muertos debían dejar de envenenar a los vivos, tal como lo expresó Hipólito Unanue en El Mercurio Peruano:

La salud de los vivos se ve comprometida por las emanaciones pestilentes que provienen de la multitud de cadáveres amontonados en los sótanos de las iglesias, volviendo el aire un elemento insano.

Así, este discurso higienista propició la construcción del cementerio a extramuros y, dentro de este, el entierro en nichos, implicando a su vez el inicio de la individualización de los muertos, es decir, con el nicho propio, los difuntos dejaron de conformar esos inmensos osarios anónimos que caracterizaba el entierro en las catacumbas. Por otro lado, si bien la orden de creación del Cementerio General se decretó en 1786, la obra recién se ejecutó en 1807, en las afueras de la ciudad y a pocas cuadras del Portal Maravillas, concluyéndose al año siguiente bajo la administración del virrey Abascal. Su inauguración fue simbólica: se soterraron los restos del desaparecido arzobispo de Lima Juan Domingo González de la Requena, que habían sido exhumados del panteón de la Catedral. Con este hecho se transmitió un mensaje: el sometimiento de la Iglesia a las medidas estatales. Incluso, el en ese entonces arzobispo Bartolomé María de las Heras, exhortaba a todos los párrocos, prelados y capellanes que instaran a sus feligreses a que aprobaran la inhumación de sus difuntos en el Cementerio General. Asimismo, cabe resaltar que dicho recinto designaba lugares específicos para los muertos de acuerdo con la estratificación de la sociedad colonial, es decir, el lugar que los difuntos ocupaban en el cementerio estaba estrechamente ligado a la posición económica y social que habían tenido en vida: los nichos temporales, los nichos perpetuos, las sepulturas del clero y la burocracia civil, y los pomposos mausoleos. Esta diferenciación de difuntos en el Cementerio General era similar a la practicada en las catacumbas monásticas. En las iglesias se recreaban también la diferenciación social de acuerdo a la relación que el individuo había mantenido en vida en calidad de parroquiano: la mayor o menor proximidad al atrio principal se reflejaba en la distancia en que el cuerpo era sepultado, de tal modo que a los miembros de las congregaciones les era asignado el lugar más importante, luego venían aquellos que habían realizado grandes donaciones o pertenecían a una cofradía y al último el resto de feligreses.

La idea que resume el texto es

las ideas ilustradas de los intelectuales peruanos del siglo XVIII espolearon a que estos alentaran la exhumación y la inhumación de los muertos en el Cementerio General del Perú.

los cambios intelectuales acaecidos en la administración borbónica en el virreinato peruano a mediados del siglo XVIII conllevó a una concepción novedosa sobre la escatología.

la fundación del Cementerio General del Perú se basó en las ideas ilustradas que propugnaban una ciudad higiénica, así como cambios en la forma de enterrar a los difuntos.

los beneficios en la salud de los habitantes intramuros de la Lima colonial se hizo evidente una vez que el Cementerio General del Perú se construyó a extramuros en el siglo XVIII.

la concepción de la muerte durante el virreinato peruano, específicamente durante la administración del virrey Abascal, trajo como consecuencia diversos cambios funerarios.

3.

MULTIPLE CHOICE QUESTION

5 mins • 1 pt

Desde la Edad Media hasta los siglos XVI y XVII, el mundo occidental mantuvo la práctica de enterrar a los muertos en las iglesias y conventos, pero a mediados del siglo XVIII, con la difusión de las ideas ilustradas, esta costumbre comenzó a ser cuestionada. En el Perú colonial, alrededor de 1760 empezó a rescatarse la tradición funeraria de los primeros cristianos de sepultar a los muertos en lugares alejados de las ciudades. La idea que enarbolaban los ilustrados se basaba en que los muertos debían dejar de envenenar a los vivos, tal como lo expresó Hipólito Unanue en El Mercurio Peruano:

La salud de los vivos se ve comprometida por las emanaciones pestilentes que provienen de la multitud de cadáveres amontonados en los sótanos de las iglesias, volviendo el aire un elemento insano.

Así, este discurso higienista propició la construcción del cementerio a extramuros y, dentro de este, el entierro en nichos, implicando a su vez el inicio de la individualización de los muertos, es decir, con el nicho propio, los difuntos dejaron de conformar esos inmensos osarios anónimos que caracterizaba el entierro en las catacumbas. Por otro lado, si bien la orden de creación del Cementerio General se decretó en 1786, la obra recién se ejecutó en 1807, en las afueras de la ciudad y a pocas cuadras del Portal Maravillas, concluyéndose al año siguiente bajo la administración del virrey Abascal. Su inauguración fue simbólica: se soterraron los restos del desaparecido arzobispo de Lima Juan Domingo González de la Requena, que habían sido exhumados del panteón de la Catedral. Con este hecho se transmitió un mensaje: el sometimiento de la Iglesia a las medidas estatales. Incluso, el en ese entonces arzobispo Bartolomé María de las Heras, exhortaba a todos los párrocos, prelados y capellanes que instaran a sus feligreses a que aprobaran la inhumación de sus difuntos en el Cementerio General. Asimismo, cabe resaltar que dicho recinto designaba lugares específicos para los muertos de acuerdo con la estratificación de la sociedad colonial, es decir, el lugar que los difuntos ocupaban en el cementerio estaba estrechamente ligado a la posición económica y social que habían tenido en vida: los nichos temporales, los nichos perpetuos, las sepulturas del clero y la burocracia civil, y los pomposos mausoleos. Esta diferenciación de difuntos en el Cementerio General era similar a la practicada en las catacumbas monásticas. En las iglesias se recreaban también la diferenciación social de acuerdo a la relación que el individuo había mantenido en vida en calidad de parroquiano: la mayor o menor proximidad al atrio principal se reflejaba en la distancia en que el cuerpo era sepultado, de tal modo que a los miembros de las congregaciones les era asignado el lugar más importante, luego venían aquellos que habían realizado grandes donaciones o pertenecían a una cofradía y al último el resto de feligreses.


En el texto, la expresión LOS MUERTOS DEBÍAN DEJAR DE ENVEVENAR A LOS VIVOS connota, por parte de los ilustrados limeños, una

prohibición.

preocupación.

censura.

intimidación.

petición.

4.

MULTIPLE CHOICE QUESTION

1 min • 1 pt

Algunas lenguas nativas de nuestro país se hallan en el ámbito amazónico y otras a lo largo de la cordillera andina. De estas últimas, ¿cuáles son las más habladas en el Perú?

Cauqui - jacaru

Aimara – aguaruna

Quechua - aimara

Ashaninka – aguaruna

5.

MULTIPLE CHOICE QUESTION

30 sec • 1 pt

Dada la compleja realidad lingüística de nuestro país en el que coexisten diversidad de lenguas, señale la alternativa conceptualmente correcta.

Las lenguas andinas carecen de gramática.

Las lenguas amerindias tienen dialectos.

El castellano es el único idioma en el Perú.

El quechua es la única lengua nativa panperuana.

6.

MULTIPLE CHOICE QUESTION

30 sec • 1 pt

La realidad compleja de nuestro país y los constantes flujos migratorios contribuyen a la no menos compleja realidad lingüística nacional. Acorde con esta, señale la opción incorrecta con respecto al multilingüismo en el Perú.

Algunas lenguas amazónicas tienen pocos hablantes.

El español tiene prestigio social a diferencia del quechua.

En la región Loreto, se habla varias lenguas amerindias.

No se hablan lenguas nativas en el departamento de Lima.

7.

MULTIPLE CHOICE QUESTION

1 min • 1 pt

Se denomina lengua materna a la primera lengua que aprende un ser humano en su infancia y que normalmente deviene su instrumento natural de pensamiento y comunicación; acorde con esta idea, ¿en qué departamentos pueden considerarse el quechua y el aimara como lenguas maternas mayoritarias?

Tacna y Cusco.

Lima y Tacna.

Ayacucho y Puno.

Puno y Cusco.

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