NEW
Font size
Worksheetsballenas.
Total questions: 18
Worksheet time: 9mins
La ballena azul es el animal conocido más grande que jamás
haya poblado la Tierra. Estos majestuosos mamíferos marinos
dominan los océanos con sus 30 metros de longitud y hasta
180 toneladas de peso. Solo su lengua puede pesar tanto
como un elefante, y el corazón, como un automóvil.
Tomado de National Geographic
nationalgeographic.es/animales/mamiferos/blue-whale
Si un profesor de biología te pide realizar una exposición sobre las ballenas le agregarías al anterior texto..
más información científica sobre las ballenas
un poema que hable de ballena.
un artículo sobre lo costoso que es el aceite de ballena.
una canción que hable de la ballena,
La ballena azul es el animal conocido más grande que jamás haya poblado la Tierra. Estos majestuosos mamíferos marinos dominan los océanos con sus 30 metros de longitud y hasta 180 toneladas de peso. Solo su lengua puede pesar tanto como un elefante, y el corazón, como un automóvil.
Tomado de National Geographic
nationalgeographic.es/animales/mamiferos/blue-whale
Señala qué oración podría continuar el texto de la ballena
las ballenas no son animales mamíferos, viven en los mares y en los océanos.
las ballenas son seres que aparecen en la ciencia ficción; muchas de ellas son muy famosas.
Las ballenas poseen bajo la piel una capa gruesa de grasa que sirve como aislante térmico.
La ballena blanca del libro Moby Dick hizo famoso al escritor Herman Melville.
La ballena azul es el animal conocido más grande que jamás haya poblado la Tierra. Estos majestuosos mamíferos marinos dominan los océanos con sus 30 metros de longitud y hasta 180 toneladas de peso. Solo su lengua puede pesar tanto como un elefante, y el corazón, como un automóvil.
Tomado de National Geographic
nationalgeographic.es/animales/mamiferos/blue-whale
El texto de la ballena es
un texto narrativo
un texto lírico
un texto informativo
un texto argumentativo
La ballena azul es el animal conocido más grande que jamás haya poblado la Tierra. Estos majestuosos mamíferos marinos dominan los océanos con sus 30 metros de longitud y hasta 180 toneladas de peso. Solo su lengua puede pesar tanto como un elefante, y el corazón, como un automóvil.
Tomado de National Geographic
nationalgeographic.es/animales/mamiferos/blue-whale
El texto de la ballena fácilmente se encuentra en un libro de poemas.
en un libro de poemas
en un libro de matemáticas
en un libro de cuentos
en un libro de ciencias
AQUEL DÍA ME DORMÍ
Había estado trabajando hasta tarde, terminando un
artículo no demasiado brillante sobre la moratoria para la
caza de ballenas y el hecho de que noruegos y japoneses
se la pasaran por el forro cuando les convenía. Me caen
bien las ballenas. Pero el problema es que cuando algo me
afecta, pierdo la visión periodística, dejo de ser objetivo,
tomo partido y entonces… acabo escribiendo panegíricos (alabanzas,elogios)
bastante densos. Ideales para los boletines informativos
de Greenpeace o de Amnistía Internacional, pero no para
una revista. Aunque la dueña sea tu propia madre. Por esa
misma razón, ese día, al despertar a las diez de la mañana,
me quedé sin aliento. No por ser Paula Montornés la
propietaria y directora de Z.I. tienes más privilegios que los
demás o puedes hacer lo que te dé la gana.
Me aseé, duché y vestí en diez minutos. Ni siquiera desayuné.
Dejé mi desordenado apartamento a la carrera —es tan
pequeño que cualquier cosa fuera de sitio ya crea sensación de desorden y caos— y llegué a la redacción pasadas las diez y media, porque no quise saltarme
ningún semáforo pese a preferir la moto por razones obvias. La primera sonrisa de la mañana me la
dirigió Elsa, sentada como siempre al frente de su mesa en forma de media luna, debajo del logotipo de la revista inserto en la pared situada a sus espaladas.
Nos llevábamos bien. Bueno, aunque Elsa sea la recepcionista de Z.I., lo cierto es que me llevo bien
con las recepcionistas y telefonistas que conozco. Son la clave para acceder a sus jefes, para que te digan si están o no están, o a qué restaurante van a ir a comer o cenar. Ellas y las secretarias. Un buen periodista debe saber eso.
—Buenos días —me deseó, antes de darme directamente la noticia—. Tu madre quiere verte ya mismo.
Me olí la bronca. Mamá es de las que aterriza en la oficina a las nueve en punto. Como un reloj. Ella no actúa “fuera”, claro. Ya no ha de tomar aviones, ni quedar con la gente que vive lejos, ni…
—¿Cuándo ha dado la orden de busca y captura?
—Hace una hora. Y la ha repetido hace veinte minutos.
Eso era mucho. Me la iba a ganar. Despedirme, no podía despedirme, pero casi.
(Fragmento) Jordi Sierra i Fabra.
Tomado de Las chicas de alambre, Colombia, Editorial Alfaguara, 2001, pp. 9, 10.
Al leer el texto se sabe que el protagonista de la historia
escribe novelas para una editorial.
escribe artículos deportivos para una revista.
escribe artículos periodísticos
escribe noticias de moda
AQUEL DÍA ME DORMÍ
Había estado trabajando hasta tarde, terminando un
artículo no demasiado brillante sobre la moratoria para la
caza de ballenas y el hecho de que noruegos y japoneses
se la pasaran por el forro cuando les convenía. Me caen
bien las ballenas. Pero el problema es que cuando algo me
afecta, pierdo la visión periodística, dejo de ser objetivo,
tomo partido y entonces… acabo escribiendo panegíricos
bastante densos. Ideales para los boletines informativos
de Greenpeace o de Amnistía Internacional, pero no para
una revista. Aunque la dueña sea tu propia madre. Por esa
misma razón, ese día, al despertar a las diez de la mañana,
me quedé sin aliento. No por ser Paula Montornés la
propietaria y directora de Z.I. tienes más privilegios que los
demás o puedes hacer lo que te dé la gana.
Me aseé, duché y vestí en diez minutos. Ni siquiera desayuné.
Dejé mi desordenado apartamento a la carrera —es tan
pequeño que cualquier cosa fuera de sitio ya crea sensación de desorden y caos— y llegué a la redacción pasadas las diez y media, porque no quise saltarme
ningún semáforo pese a preferir la moto por razones obvias. La primera sonrisa de la mañana me la
dirigió Elsa, sentada como siempre al frente de su mesa en forma de media luna, debajo del logotipo de la revista inserto en la pared situada a sus espaladas.
Nos llevábamos bien. Bueno, aunque Elsa sea la recepcionista de Z.I., lo cierto es que me llevo bien
con las recepcionistas y telefonistas que conozco. Son la clave para acceder a sus jefes, para que te digan si están o no están, o a qué restaurante van a ir a comer o cenar. Ellas y las secretarias. Un buen periodista debe saber eso.
—Buenos días —me deseó, antes de darme directamente la noticia—. Tu madre quiere verte ya mismo.
Me olí la bronca. Mamá es de las que aterriza en la oficina a las nueve en punto. Como un reloj. Ella no actúa “fuera”, claro. Ya no ha de tomar aviones, ni quedar con la gente que vive lejos, ni…
—¿Cuándo ha dado la orden de busca y captura?
—Hace una hora. Y la ha repetido hace veinte minutos.
Eso era mucho. Me la iba a ganar. Despedirme, no podía despedirme, pero casi.
(Fragmento) Jordi Sierra i Fabra.
Tomado de Las chicas de alambre, Colombia, Editorial Alfaguara, 2001, pp. 9, 10.
La actitud del protagonista revela.
su desinterés por las ballenas
su despreocupación por el trabajo
su capacidad para hacer amigos
su organización y su disciplina.
AQUEL DÍA ME DORMÍ
Había estado trabajando hasta tarde, terminando un
artículo no demasiado brillante sobre la moratoria para la
caza de ballenas y el hecho de que noruegos y japoneses
se la pasaran por el forro cuando les convenía. Me caen
bien las ballenas. Pero el problema es que cuando algo me
afecta, pierdo la visión periodística, dejo de ser objetivo,
tomo partido y entonces… acabo escribiendo panegíricos
bastante densos. Ideales para los boletines informativos
de Greenpeace o de Amnistía Internacional, pero no para
una revista. Aunque la dueña sea tu propia madre. Por esa
misma razón, ese día, al despertar a las diez de la mañana,
me quedé sin aliento. No por ser Paula Montornés la
propietaria y directora de Z.I. tienes más privilegios que los
demás o puedes hacer lo que te dé la gana.
Me aseé, duché y vestí en diez minutos. Ni siquiera desayuné.
Dejé mi desordenado apartamento a la carrera —es tan
pequeño que cualquier cosa fuera de sitio ya crea sensación de desorden y caos— y llegué a la redacción pasadas las diez y media, porque no quise saltarme
ningún semáforo pese a preferir la moto por razones obvias. La primera sonrisa de la mañana me la
dirigió Elsa, sentada como siempre al frente de su mesa en forma de media luna, debajo del logotipo de la revista inserto en la pared situada a sus espaladas.
Nos llevábamos bien. Bueno, aunque Elsa sea la recepcionista de Z.I., lo cierto es que me llevo bien
con las recepcionistas y telefonistas que conozco. Son la clave para acceder a sus jefes, para que te digan si están o no están, o a qué restaurante van a ir a comer o cenar. Ellas y las secretarias. Un buen periodista debe saber eso.
—Buenos días —me deseó, antes de darme directamente la noticia—. Tu madre quiere verte ya mismo.
Me olí la bronca. Mamá es de las que aterriza en la oficina a las nueve en punto. Como un reloj. Ella no actúa “fuera”, claro. Ya no ha de tomar aviones, ni quedar con la gente que vive lejos, ni…
—¿Cuándo ha dado la orden de busca y captura?
—Hace una hora. Y la ha repetido hace veinte minutos.
Eso era mucho. Me la iba a ganar. Despedirme, no podía despedirme, pero casi.
(Fragmento) Jordi Sierra i Fabra.
Tomado de Las chicas de alambre, Colombia, Editorial Alfaguara, 2001, pp. 9, 10.
El anterior texto es narrativo porque
se realiza una entrevista
se argumenta sobre la importancia de no robar
se cuenta una historia con personajes, conflicto central, y con un narrador.
se informa sobre el oficio de los periodistas.
AQUEL DÍA ME DORMÍ
Había estado trabajando hasta tarde, terminando un
artículo no demasiado brillante sobre la moratoria para la
caza de ballenas y el hecho de que noruegos y japoneses
se la pasaran por el forro cuando les convenía. Me caen
bien las ballenas. Pero el problema es que cuando algo me
afecta, pierdo la visión periodística, dejo de ser objetivo,
tomo partido y entonces… acabo escribiendo panegíricos
bastante densos. Ideales para los boletines informativos
de Greenpeace o de Amnistía Internacional, pero no para
una revista. Aunque la dueña sea tu propia madre. Por esa
misma razón, ese día, al despertar a las diez de la mañana,
me quedé sin aliento. No por ser Paula Montornés la
propietaria y directora de Z.I. tienes más privilegios que los
demás o puedes hacer lo que te dé la gana.
Me aseé, duché y vestí en diez minutos. Ni siquiera desayuné.
Dejé mi desordenado apartamento a la carrera —es tan
pequeño que cualquier cosa fuera de sitio ya crea sensación de desorden y caos— y llegué a la redacción pasadas las diez y media, porque no quise saltarme
ningún semáforo pese a preferir la moto por razones obvias. La primera sonrisa de la mañana me la
dirigió Elsa, sentada como siempre al frente de su mesa en forma de media luna, debajo del logotipo de la revista inserto en la pared situada a sus espaladas.
Nos llevábamos bien. Bueno, aunque Elsa sea la recepcionista de Z.I., lo cierto es que me llevo bien
con las recepcionistas y telefonistas que conozco. Son la clave para acceder a sus jefes, para que te digan si están o no están, o a qué restaurante van a ir a comer o cenar. Ellas y las secretarias. Un buen periodista debe saber eso.
—Buenos días —me deseó, antes de darme directamente la noticia—. Tu madre quiere verte ya mismo.
Me olí la bronca. Mamá es de las que aterriza en la oficina a las nueve en punto. Como un reloj. Ella no actúa “fuera”, claro. Ya no ha de tomar aviones, ni quedar con la gente que vive lejos, ni…
—¿Cuándo ha dado la orden de busca y captura?
—Hace una hora. Y la ha repetido hace veinte minutos.
Eso era mucho. Me la iba a ganar. Despedirme, no podía despedirme, pero casi.
(Fragmento) Jordi Sierra i Fabra.
Tomado de Las chicas de alambre, Colombia, Editorial Alfaguara, 2001, pp. 9, 10.
El profesor de español te pide que escribas un resumen del texto que acabaste de leer. El texto
que mejor cumple lo exigido por el profesor es
la historia de una periodista que trabaja en la empresa de su madre. Le interesa cumplir con
su trabajo y responder con todo lo que se le exige. Nunca se enfurece por nada y escribe sus artículos como es debido.
la historia de la dueña de una revista de moda en la que escribe sin parar de una forma disciplinada y constante. Siempre llega temprano a su trabajo y se interesa porque todas las personas del trabajo sean respetadas.
la historia de un hombre que escribe sobre ballenas, sus animales favoritos. Trabaja con sus
padres en una famosa revista en la que escribe artículos sobre la importancia del aceite de ballenas para la piel humana.
la historia de un hombre, poco organizado, que trabaja para la revista de su madre escribiendo artículos. Pierde la visión periodística si algún tema lo afecta. No le interesa su trabajo y sabe que su madre difícilmente puede despedirlo, por eso llega tarde al trabajo.
En la frase Ellas y las secretarias la palabra y es.
una preposición
una conjunción
un verbo
un sustantivo
En la oración Mamá es de las que aterriza en la oficina a las nueve en punto la palabra de es
un sustantivo
una conjunción
un verbo
una preposición.
En la oración pese a preferir la moto por razones obvias la palabra obvias puede ser remplazada por
evidentes
confusas
discutibles
apropiadas
Indica cuál de las siguientes expresiones NO es lenguaje figurado
La luna es un satélite natural
la luna es la perla de Dios
la luna es una perla que sonríe
la luna es la ventana del cielo.
Señala cuál de los siguientes conjuntos de palabras está mal escrita
azul, explicar, salvar, pez, feliz.
azul, explicar, salvar, peces, felices
azules, explicar, salvar, pez, felices.
asules, esplicar, salbar, peses, felisidad.
Tu mejor amigo te pide el favor de ayudarlo a organizar la siguiente historia.
1. Miguel le contestó que no podía.
2. cuando de pronto se encontró con Susana.
3. Miguel salió de su casa
4. Ella le dijo que quería ir al parque, sin embargo,
5. Al final Miguel se arrepintió y decidió acompañarla.
6. Susana tuvo que ir al parque sola.
El orden correcto de la historia es.
3,2,4,1,6,5.
2,3,1,5,6,4.
3,2,4,1,5,6
2,3,1,5,4,6.
Lee el siguiente texto.
Los jue___ siempre tienen la ilu___ de encontrar la pa___ y la fel___
Las terminaciones de las palabras anteriores son
juez, ilusión, paz, felicidad
juez, ilusión, pas, felicidad.
jueces, ilusión, paz, felicidad
jueces, ilución, paz, felicidad.
La escritura correcta de la siguiente frase es
El salio a la calle y se encontro con mas personas.
El salió a la calle y se encontró con más personas.
Él salió a la calle y se encontró con más personas.
Él salio a la calle y se encontró con más personas.
Él salió a la calle y se encontro con más personas.
Un compañero de tu escuela te pide que le ayudes a poner tildes a las siguientes palabras:
¿Cuando? Cuando ¿Quien? Tu eres.
Escoge la opción correcta
¿Cuándo? Cuándo ¿Quién? Tú erés
¿Cuándo? Cuando ¿Quién? Tú eres.
¿Cuándo? Cuando ¿Quien? Tú eres
¿Cuándo? Cuándo ¿Quién? Tú eres.
Aquel día me dormí
Había estado trabajando hasta tarde, terminando un
artículo no demasiado brillante sobre la moratoria para la
caza de ballenas y el hecho de que noruegos y japoneses
se la pasaran por el forro cuando les convenía. Me caen
bien las ballenas. Pero el problema es que cuando algo me
afecta, pierdo la visión periodística, dejo de ser objetivo,
tomo partido y entonces… acabo escribiendo panegíricos
bastante densos. Ideales para los boletines informativos
de Greenpeace o de Amnistía Internacional, pero no para
una revista. Aunque la dueña sea tu propia madre. Por esa
misma razón, ese día, al despertar a las diez de la mañana,
me quedé sin aliento. No por ser Paula Montornés la
propietaria y directora de Z.I. tienes más privilegios que los
demás o puedes hacer lo que te dé la gana.
Me aseé, duché y vestí en diez minutos. Ni siquiera desayuné.
Dejé mi desordenado apartamento a la carrera —es tan
pequeño que cualquier cosa fuera de sitio ya crea sensación de desorden y caos— y llegué a la redacción pasadas las diez y media, porque no quise saltarme
ningún semáforo pese a preferir la moto por razones obvias. La primera sonrisa de la mañana me la
dirigió Elsa, sentada como siempre al frente de su mesa en forma de media luna, debajo del logotipo
de la revista inserto en la pared situada a sus espaladas.
Nos llevábamos bien. Bueno, aunque Elsa sea la recepcionista de Z.I., lo cierto es que me llevo bien
con las recepcionistas y telefonistas que conozco. Son la clave para acceder a sus jefes, para que te
digan si están o no están, o a qué restaurante van a ir a comer o cenar. Ellas y las secretarias. Un buen
periodista debe saber eso.
—Buenos días —me deseó, antes de darme directamente la noticia—. Tu madre quiere verte ya
mismo.
Me olí la bronca. Mamá es de las que aterriza en la oficina a las nueve en punto. Como un reloj. Ella
no actúa “fuera”, claro. Ya no ha de tomar aviones, ni quedar con la gente que vive lejos, ni…
—¿Cuándo ha dado la orden de busca y captura?
—Hace una hora. Y la ha repetido hace veinte minutos.
Eso era mucho. Me la iba a ganar. Despedirme, no podía despedirme, pero casi.
(Fragmento) Jordi Sierra i Fabra.
Tomado de Las chicas de alambre, Colombia, Editorial Alfaguara, 2001, pp. 9,
Otro título para el texto Aquel día me dormí podría ser
A. El maestro que no sabe
B. El desinterés
C. Escribir artículos, el mejor trabajo
D. La mamá del un hombre responsable
El maestro que no sabe
El desinterés
Escribir artículos, el mejor trabajo
La mamá de un hombre responsable.
