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ballenas.

Total questions: 18

Worksheet time: 9mins

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1.

La ballena azul es el animal conocido más grande que jamás

haya poblado la Tierra. Estos majestuosos mamíferos marinos

dominan los océanos con sus 30 metros de longitud y hasta

180 toneladas de peso. Solo su lengua puede pesar tanto

como un elefante, y el corazón, como un automóvil.

Tomado de National Geographic

nationalgeographic.es/animales/mamiferos/blue-whale


Si un profesor de biología te pide realizar una exposición sobre las ballenas le agregarías al anterior texto..

a)

más información científica sobre las ballenas

b)

un poema que hable de ballena.

c)

un artículo sobre lo costoso que es el aceite de ballena.

d)

una canción que hable de la ballena,

2.

La ballena azul es el animal conocido más grande que jamás haya poblado la Tierra. Estos majestuosos mamíferos marinos dominan los océanos con sus 30 metros de longitud y hasta 180 toneladas de peso. Solo su lengua puede pesar tanto como un elefante, y el corazón, como un automóvil.

Tomado de National Geographic

nationalgeographic.es/animales/mamiferos/blue-whale


Señala qué oración podría continuar el texto de la ballena

a)

las ballenas no son animales mamíferos, viven en los mares y en los océanos.

b)

las ballenas son seres que aparecen en la ciencia ficción; muchas de ellas son muy famosas.

c)

Las ballenas poseen bajo la piel una capa gruesa de grasa que sirve como aislante térmico.

d)

La ballena blanca del libro Moby Dick hizo famoso al escritor Herman Melville.

3.

La ballena azul es el animal conocido más grande que jamás haya poblado la Tierra. Estos majestuosos mamíferos marinos dominan los océanos con sus 30 metros de longitud y hasta 180 toneladas de peso. Solo su lengua puede pesar tanto como un elefante, y el corazón, como un automóvil.

Tomado de National Geographic

nationalgeographic.es/animales/mamiferos/blue-whale



El texto de la ballena es

a)

un texto narrativo

b)

un texto lírico

c)

un texto informativo

d)

un texto argumentativo

4.

La ballena azul es el animal conocido más grande que jamás haya poblado la Tierra. Estos majestuosos mamíferos marinos dominan los océanos con sus 30 metros de longitud y hasta 180 toneladas de peso. Solo su lengua puede pesar tanto como un elefante, y el corazón, como un automóvil.

Tomado de National Geographic

nationalgeographic.es/animales/mamiferos/blue-whale


El texto de la ballena fácilmente se encuentra en un libro de poemas.

a)

en un libro de poemas

b)

en un libro de matemáticas

c)

en un libro de cuentos

d)

en un libro de ciencias

5.

AQUEL DÍA ME DORMÍ

Había estado trabajando hasta tarde, terminando un

artículo no demasiado brillante sobre la moratoria para la

caza de ballenas y el hecho de que noruegos y japoneses

se la pasaran por el forro cuando les convenía. Me caen

bien las ballenas. Pero el problema es que cuando algo me

afecta, pierdo la visión periodística, dejo de ser objetivo,

tomo partido y entonces… acabo escribiendo panegíricos (alabanzas,elogios)

bastante densos. Ideales para los boletines informativos

de Greenpeace o de Amnistía Internacional, pero no para

una revista. Aunque la dueña sea tu propia madre. Por esa

misma razón, ese día, al despertar a las diez de la mañana,

me quedé sin aliento. No por ser Paula Montornés la

propietaria y directora de Z.I. tienes más privilegios que los

demás o puedes hacer lo que te dé la gana.

Me aseé, duché y vestí en diez minutos. Ni siquiera desayuné.

Dejé mi desordenado apartamento a la carrera —es tan

pequeño que cualquier cosa fuera de sitio ya crea sensación de desorden y caos— y llegué a la redacción pasadas las diez y media, porque no quise saltarme

ningún semáforo pese a preferir la moto por razones obvias. La primera sonrisa de la mañana me la

dirigió Elsa, sentada como siempre al frente de su mesa en forma de media luna, debajo del logotipo de la revista inserto en la pared situada a sus espaladas.

Nos llevábamos bien. Bueno, aunque Elsa sea la recepcionista de Z.I., lo cierto es que me llevo bien

con las recepcionistas y telefonistas que conozco. Son la clave para acceder a sus jefes, para que te digan si están o no están, o a qué restaurante van a ir a comer o cenar. Ellas y las secretarias. Un buen periodista debe saber eso.

—Buenos días —me deseó, antes de darme directamente la noticia—. Tu madre quiere verte ya mismo.

Me olí la bronca. Mamá es de las que aterriza en la oficina a las nueve en punto. Como un reloj. Ella no actúa “fuera”, claro. Ya no ha de tomar aviones, ni quedar con la gente que vive lejos, ni…

—¿Cuándo ha dado la orden de busca y captura?

—Hace una hora. Y la ha repetido hace veinte minutos.

Eso era mucho. Me la iba a ganar. Despedirme, no podía despedirme, pero casi.


(Fragmento) Jordi Sierra i Fabra.

Tomado de Las chicas de alambre, Colombia, Editorial Alfaguara, 2001, pp. 9, 10.


Al leer el texto se sabe que el protagonista de la historia

a)

escribe novelas para una editorial.

b)

escribe artículos deportivos para una revista.

c)

escribe artículos periodísticos

d)

escribe noticias de moda

6.

AQUEL DÍA ME DORMÍ

Había estado trabajando hasta tarde, terminando un

artículo no demasiado brillante sobre la moratoria para la

caza de ballenas y el hecho de que noruegos y japoneses

se la pasaran por el forro cuando les convenía. Me caen

bien las ballenas. Pero el problema es que cuando algo me

afecta, pierdo la visión periodística, dejo de ser objetivo,

tomo partido y entonces… acabo escribiendo panegíricos

bastante densos. Ideales para los boletines informativos

de Greenpeace o de Amnistía Internacional, pero no para

una revista. Aunque la dueña sea tu propia madre. Por esa

misma razón, ese día, al despertar a las diez de la mañana,

me quedé sin aliento. No por ser Paula Montornés la

propietaria y directora de Z.I. tienes más privilegios que los

demás o puedes hacer lo que te dé la gana.

Me aseé, duché y vestí en diez minutos. Ni siquiera desayuné.

Dejé mi desordenado apartamento a la carrera —es tan

pequeño que cualquier cosa fuera de sitio ya crea sensación de desorden y caos— y llegué a la redacción pasadas las diez y media, porque no quise saltarme

ningún semáforo pese a preferir la moto por razones obvias. La primera sonrisa de la mañana me la

dirigió Elsa, sentada como siempre al frente de su mesa en forma de media luna, debajo del logotipo de la revista inserto en la pared situada a sus espaladas.

Nos llevábamos bien. Bueno, aunque Elsa sea la recepcionista de Z.I., lo cierto es que me llevo bien

con las recepcionistas y telefonistas que conozco. Son la clave para acceder a sus jefes, para que te digan si están o no están, o a qué restaurante van a ir a comer o cenar. Ellas y las secretarias. Un buen periodista debe saber eso.

—Buenos días —me deseó, antes de darme directamente la noticia—. Tu madre quiere verte ya mismo.

Me olí la bronca. Mamá es de las que aterriza en la oficina a las nueve en punto. Como un reloj. Ella no actúa “fuera”, claro. Ya no ha de tomar aviones, ni quedar con la gente que vive lejos, ni…

—¿Cuándo ha dado la orden de busca y captura?

—Hace una hora. Y la ha repetido hace veinte minutos.

Eso era mucho. Me la iba a ganar. Despedirme, no podía despedirme, pero casi.


(Fragmento) Jordi Sierra i Fabra.

Tomado de Las chicas de alambre, Colombia, Editorial Alfaguara, 2001, pp. 9, 10.


La actitud del protagonista revela.

a)

su desinterés por las ballenas

b)

su despreocupación por el trabajo

c)

su capacidad para hacer amigos

d)

su organización y su disciplina.

7.

AQUEL DÍA ME DORMÍ

Había estado trabajando hasta tarde, terminando un

artículo no demasiado brillante sobre la moratoria para la

caza de ballenas y el hecho de que noruegos y japoneses

se la pasaran por el forro cuando les convenía. Me caen

bien las ballenas. Pero el problema es que cuando algo me

afecta, pierdo la visión periodística, dejo de ser objetivo,

tomo partido y entonces… acabo escribiendo panegíricos

bastante densos. Ideales para los boletines informativos

de Greenpeace o de Amnistía Internacional, pero no para

una revista. Aunque la dueña sea tu propia madre. Por esa

misma razón, ese día, al despertar a las diez de la mañana,

me quedé sin aliento. No por ser Paula Montornés la

propietaria y directora de Z.I. tienes más privilegios que los

demás o puedes hacer lo que te dé la gana.

Me aseé, duché y vestí en diez minutos. Ni siquiera desayuné.

Dejé mi desordenado apartamento a la carrera —es tan

pequeño que cualquier cosa fuera de sitio ya crea sensación de desorden y caos— y llegué a la redacción pasadas las diez y media, porque no quise saltarme

ningún semáforo pese a preferir la moto por razones obvias. La primera sonrisa de la mañana me la

dirigió Elsa, sentada como siempre al frente de su mesa en forma de media luna, debajo del logotipo de la revista inserto en la pared situada a sus espaladas.

Nos llevábamos bien. Bueno, aunque Elsa sea la recepcionista de Z.I., lo cierto es que me llevo bien

con las recepcionistas y telefonistas que conozco. Son la clave para acceder a sus jefes, para que te digan si están o no están, o a qué restaurante van a ir a comer o cenar. Ellas y las secretarias. Un buen periodista debe saber eso.

—Buenos días —me deseó, antes de darme directamente la noticia—. Tu madre quiere verte ya mismo.

Me olí la bronca. Mamá es de las que aterriza en la oficina a las nueve en punto. Como un reloj. Ella no actúa “fuera”, claro. Ya no ha de tomar aviones, ni quedar con la gente que vive lejos, ni…

—¿Cuándo ha dado la orden de busca y captura?

—Hace una hora. Y la ha repetido hace veinte minutos.

Eso era mucho. Me la iba a ganar. Despedirme, no podía despedirme, pero casi.


(Fragmento) Jordi Sierra i Fabra.

Tomado de Las chicas de alambre, Colombia, Editorial Alfaguara, 2001, pp. 9, 10.


El anterior texto es narrativo porque

a)

se realiza una entrevista

b)

se argumenta sobre la importancia de no robar

c)

se cuenta una historia con personajes, conflicto central, y con un narrador.

d)

se informa sobre el oficio de los periodistas.

8.

AQUEL DÍA ME DORMÍ

Había estado trabajando hasta tarde, terminando un

artículo no demasiado brillante sobre la moratoria para la

caza de ballenas y el hecho de que noruegos y japoneses

se la pasaran por el forro cuando les convenía. Me caen

bien las ballenas. Pero el problema es que cuando algo me

afecta, pierdo la visión periodística, dejo de ser objetivo,

tomo partido y entonces… acabo escribiendo panegíricos

bastante densos. Ideales para los boletines informativos

de Greenpeace o de Amnistía Internacional, pero no para

una revista. Aunque la dueña sea tu propia madre. Por esa

misma razón, ese día, al despertar a las diez de la mañana,

me quedé sin aliento. No por ser Paula Montornés la

propietaria y directora de Z.I. tienes más privilegios que los

demás o puedes hacer lo que te dé la gana.

Me aseé, duché y vestí en diez minutos. Ni siquiera desayuné.

Dejé mi desordenado apartamento a la carrera —es tan

pequeño que cualquier cosa fuera de sitio ya crea sensación de desorden y caos— y llegué a la redacción pasadas las diez y media, porque no quise saltarme

ningún semáforo pese a preferir la moto por razones obvias. La primera sonrisa de la mañana me la

dirigió Elsa, sentada como siempre al frente de su mesa en forma de media luna, debajo del logotipo de la revista inserto en la pared situada a sus espaladas.

Nos llevábamos bien. Bueno, aunque Elsa sea la recepcionista de Z.I., lo cierto es que me llevo bien

con las recepcionistas y telefonistas que conozco. Son la clave para acceder a sus jefes, para que te digan si están o no están, o a qué restaurante van a ir a comer o cenar. Ellas y las secretarias. Un buen periodista debe saber eso.

—Buenos días —me deseó, antes de darme directamente la noticia—. Tu madre quiere verte ya mismo.

Me olí la bronca. Mamá es de las que aterriza en la oficina a las nueve en punto. Como un reloj. Ella no actúa “fuera”, claro. Ya no ha de tomar aviones, ni quedar con la gente que vive lejos, ni…

—¿Cuándo ha dado la orden de busca y captura?

—Hace una hora. Y la ha repetido hace veinte minutos.

Eso era mucho. Me la iba a ganar. Despedirme, no podía despedirme, pero casi.


(Fragmento) Jordi Sierra i Fabra.

Tomado de Las chicas de alambre, Colombia, Editorial Alfaguara, 2001, pp. 9, 10.


El profesor de español te pide que escribas un resumen del texto que acabaste de leer. El texto

que mejor cumple lo exigido por el profesor es

a)

la historia de una periodista que trabaja en la empresa de su madre. Le interesa cumplir con

su trabajo y responder con todo lo que se le exige. Nunca se enfurece por nada y escribe sus artículos como es debido.

b)

la historia de la dueña de una revista de moda en la que escribe sin parar de una forma disciplinada y constante. Siempre llega temprano a su trabajo y se interesa porque todas las personas del trabajo sean respetadas.

c)

la historia de un hombre que escribe sobre ballenas, sus animales favoritos. Trabaja con sus

padres en una famosa revista en la que escribe artículos sobre la importancia del aceite de ballenas para la piel humana.

d)

la historia de un hombre, poco organizado, que trabaja para la revista de su madre escribiendo artículos. Pierde la visión periodística si algún tema lo afecta. No le interesa su trabajo y sabe que su madre difícilmente puede despedirlo, por eso llega tarde al trabajo.

9.

En la frase Ellas y las secretarias la palabra y es.

a)

una preposición

b)

una conjunción

c)

un verbo

d)

un sustantivo

10.

En la oración Mamá es de las que aterriza en la oficina a las nueve en punto la palabra de es

a)

un sustantivo

b)

una conjunción

c)

un verbo

d)

una preposición.

11.

En la oración pese a preferir la moto por razones obvias la palabra obvias puede ser remplazada por

a)

evidentes

b)

confusas

c)

discutibles

d)

apropiadas

12.

Indica cuál de las siguientes expresiones NO es lenguaje figurado

a)

La luna es un satélite natural

b)

la luna es la perla de Dios

c)

la luna es una perla que sonríe

d)

la luna es la ventana del cielo.

13.

Señala cuál de los siguientes conjuntos de palabras está mal escrita

a)

azul, explicar, salvar, pez, feliz.

b)

azul, explicar, salvar, peces, felices

c)

azules, explicar, salvar, pez, felices.

d)

asules, esplicar, salbar, peses, felisidad.

14.

Tu mejor amigo te pide el favor de ayudarlo a organizar la siguiente historia.


1. Miguel le contestó que no podía.

2. cuando de pronto se encontró con Susana.

3. Miguel salió de su casa

4. Ella le dijo que quería ir al parque, sin embargo,

5. Al final Miguel se arrepintió y decidió acompañarla.

6. Susana tuvo que ir al parque sola.


El orden correcto de la historia es.

a)

3,2,4,1,6,5.

b)

2,3,1,5,6,4.

c)

3,2,4,1,5,6

d)

2,3,1,5,4,6.

15.

Lee el siguiente texto.

Los jue___ siempre tienen la ilu___ de encontrar la pa___ y la fel___

Las terminaciones de las palabras anteriores son

a)

juez, ilusión, paz, felicidad

b)

juez, ilusión, pas, felicidad.

c)

jueces, ilusión, paz, felicidad

d)

jueces, ilución, paz, felicidad.

16.

La escritura correcta de la siguiente frase es

El salio a la calle y se encontro con mas personas.

a)

El salió a la calle y se encontró con más personas.

b)

Él salió a la calle y se encontró con más personas.

c)

Él salio a la calle y se encontró con más personas.

d)

Él salió a la calle y se encontro con más personas.

17.

Un compañero de tu escuela te pide que le ayudes a poner tildes a las siguientes palabras:

¿Cuando? Cuando ¿Quien? Tu eres.

Escoge la opción correcta

a)

¿Cuándo? Cuándo ¿Quién? Tú erés

b)

¿Cuándo? Cuando ¿Quién? Tú eres.

c)

¿Cuándo? Cuando ¿Quien? Tú eres

d)

¿Cuándo? Cuándo ¿Quién? Tú eres.

18.

Aquel día me dormí

Había estado trabajando hasta tarde, terminando un

artículo no demasiado brillante sobre la moratoria para la

caza de ballenas y el hecho de que noruegos y japoneses

se la pasaran por el forro cuando les convenía. Me caen

bien las ballenas. Pero el problema es que cuando algo me

afecta, pierdo la visión periodística, dejo de ser objetivo,

tomo partido y entonces… acabo escribiendo panegíricos

bastante densos. Ideales para los boletines informativos

de Greenpeace o de Amnistía Internacional, pero no para

una revista. Aunque la dueña sea tu propia madre. Por esa

misma razón, ese día, al despertar a las diez de la mañana,

me quedé sin aliento. No por ser Paula Montornés la

propietaria y directora de Z.I. tienes más privilegios que los

demás o puedes hacer lo que te dé la gana.

Me aseé, duché y vestí en diez minutos. Ni siquiera desayuné.

Dejé mi desordenado apartamento a la carrera —es tan

pequeño que cualquier cosa fuera de sitio ya crea sensación de desorden y caos— y llegué a la redacción pasadas las diez y media, porque no quise saltarme

ningún semáforo pese a preferir la moto por razones obvias. La primera sonrisa de la mañana me la

dirigió Elsa, sentada como siempre al frente de su mesa en forma de media luna, debajo del logotipo

de la revista inserto en la pared situada a sus espaladas.

Nos llevábamos bien. Bueno, aunque Elsa sea la recepcionista de Z.I., lo cierto es que me llevo bien

con las recepcionistas y telefonistas que conozco. Son la clave para acceder a sus jefes, para que te

digan si están o no están, o a qué restaurante van a ir a comer o cenar. Ellas y las secretarias. Un buen

periodista debe saber eso.

—Buenos días —me deseó, antes de darme directamente la noticia—. Tu madre quiere verte ya

mismo.

Me olí la bronca. Mamá es de las que aterriza en la oficina a las nueve en punto. Como un reloj. Ella

no actúa “fuera”, claro. Ya no ha de tomar aviones, ni quedar con la gente que vive lejos, ni…

—¿Cuándo ha dado la orden de busca y captura?

—Hace una hora. Y la ha repetido hace veinte minutos.

Eso era mucho. Me la iba a ganar. Despedirme, no podía despedirme, pero casi.


(Fragmento) Jordi Sierra i Fabra.

Tomado de Las chicas de alambre, Colombia, Editorial Alfaguara, 2001, pp. 9,


Otro título para el texto Aquel día me dormí podría ser

A. El maestro que no sabe

B. El desinterés

C. Escribir artículos, el mejor trabajo

D. La mamá del un hombre responsable

a)

El maestro que no sabe

b)

El desinterés

c)

Escribir artículos, el mejor trabajo

d)

La mamá de un hombre responsable.