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La importancia de la formación integral humana y religiosa

La importancia de la formación integral humana y religiosa

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ANDY CABRAL

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53 Slides • 1 Question

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ANDY JOEL COCO

CABRAL

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Formación Integral Humana y Religiosa

Importancia de desarrollar una educación que abarque tanto el crecimiento humano como el espiritual, promoviendo valores y principios éticos en la sociedad. La formación integral busca formar individuos completos y equilibrados en todas las dimensiones de su ser.

3

Formación Integral y Éxito Académico

  • La formación integral humana y religiosa es fundamental para el desarrollo completo de los individuos.

  • Esta formación abarca aspectos físicos, intelectuales, emocionales y espirituales.

  • La relación entre la formación integral y el éxito académico es estrecha.

  • Una formación integral fortalece habilidades como la disciplina, la ética y la responsabilidad.

  • Estas habilidades son clave para alcanzar el éxito en el ámbito académico y en la vida en general.

4

Formación Integral Humana y Religiosa

Trivia: La formación integral humana y religiosa abarca aspectos físicos, intelectuales, emocionales y espirituales. Estos aspectos son fundamentales para el desarrollo completo de una persona, ya que promueven el equilibrio y la armonía en su vida. ¡Asegúrate de cuidar cada uno de ellos!

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SÍNTESIS DE MORAL
FUNDAMENTAL

6

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CONCEPTO DE MORAL

Conjunto

de

normas

externas

que

es

necesario cumplir, como las leyes de un país
para garantizar el orden y la seguridad.

MORAL CRISTIANA

Mientras, que la moral cristiana es la
concreción cotidiana de nuestra experiencia
de fe. Es decir, la forma de manifestar, en lo
que hacemos o dejamos de hacer, nuestra
experiencia de Jesús como salvador. Por ello,
toda la vida del ser humano tiene una
dimensión moral ineludible, que tiene que ver
con lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto.

7

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DIOS TIENE UNA
PROPUESTA PARA

LA PERSONA

Dios ha creado al hombre y le propone un
proyecto de vida, felicidad y plenitud.

Ese proyecto de Dios para el hombre se nos
revela plenamente en la persona de Jesús. Jesús
es el proyecto de Dios para el hombre y para la
humanidad.

En su vida, en su palabra, en sus actitudes, en
su

historia

ysu

entrega

encontramos

la

realización plena del proyecto de Dios para cada
uno de nosotros.

8

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LA PERSONA ES LIBRE

El proyecto de Dios para la persona
incluye la libertad pues Dios lo creó a su
imagen y semejanza, como sujeto capaz
de elección, como ser libre y capaz de
autonomía.

Sin

libertad,

no

tendríamos

la

posibilidad de “ser malos” pero tampoco
la posibilidad de “ser buenos”.

9

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LA PERSONA ES
RESPONSABLE

DE SU VIDA

Si la persona es libre de elegir, también es
responsable de lo que elige, de lo que elige, de
lo que hace con su vida y con todos los bienes
que le fueron confiados. La libertad hace a la
persona un sujeto responsable, esta libertad y
responsabilidad lo hacen un sujeto moral que
puede elegir hacia la vida o hacia la muerte. La
persona responsable de su propia vida y
también de la de los demás.

En definitiva, la Moral es la ciencia que trata
de las acciones humanas en orden a su bondad
o malicia. “la ciencia de lo que el hombre debe
ser en función de lo que ya es”.

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LOS ACTOS MORALES

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EN EL HOMBRE HAY DOS SERIES DE OPERACIONES:

Las “acciones humanas”, que tienen su raíz en el centro mismo de la persona que
recibe el valor moral, lo percibe en forma lúcida y decide libremente en consecuencia;
y,

Las “acciones del hombre”, más biológicas o instintivas, sustraídas a la responsabilidad
personal ya que se realizan sin la advertencia y sin la necesaria libertad y por tanto no
son objeto directo de la reflexión moral.

Los actos humanos se califican como buenos o malos en razón de su referencia.

12

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LA ACTITUD MORAL

Es “el conjunto de disposiciones

adquiridas que nos llevan a reaccionar

positiva o negativamente ante los

valores éticos.

13

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FUENTES DE LA MORALIDAD

Se denominan así los diferentes elementos
de la acción humana, que se han de medirse
por la norma ética y que determinan la
moralidad de la acción.

Santo Tomás de Aquino las redujo a tres: el
objeto de la acción misma, el fin que con ella
se persigue y las circunstancias que la sitúan
en un lugar y en un momento concreto. Una
acción humana será buena cuando los tres
elementos lo sean.
Y será mala cuando al menos uno de ellos
choque contra los valores éticos que reflejan
las normas de la moralidad.

14

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Por ejemplo, “nunca está permitido
hacer el mal para obtener un bien.

15

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ACTOS INTRÍNSECAMENTE
MALOS
Una finalidad mala corrompe la
acción,

aunque

su

objeto

sea

bueno. así, rezar, ayudar, a alguien
o dar limosna, siendo actos buenos
en sí mismos, no tienen validez si el
fin de la acción es para ser visto por
los hombres”.

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FUNDAMENTACIÓN BÍBLICA DE LA MORAL

CRISTIANA

Olvido de la Sagrada Escritura (S.E.) al exponer el
discurso moral (cf. Ba 4, 1-4; Am 8, 11-12).
b)

Al

reflexionar:

la

escucha

apunta

ala

conversión de las costumbres. No aplicar a la
praxis.
c) Instrumentalizar la Palabra de Dios: cf. Jer 28;
Ez 2.5; 33, 1-9. (usar la S.E. a la conveniencia
personal para demostrar tesis previstas).
d) Literalidad en el uso de la S.E que se vuelve
contra la misma escritura.
e) Detener el mensaje bíblico olvidando su
historicidad

ydinamismo,

(por

ejemplo

la

evolución que significa la ley de Lamec, Gen 4,
con la ley del Talión, Ex 21, 25 y la del Amor de
Jesucristo, Mt 18, 22). f) Desvincular la Palabra de
su sentido más hondo (cf. Am 5, 21- sacrificios;
Mt 23, 13-22).

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MORAL DEL ANTIGUO TESTAMENTO

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MORAL DE LA LEY

Se trata de una moral profundamente
religiosa Una moral que parte de la
experiencia de Dios que elige a su
pueblo, al que Yahveh “dicta” sus leyes.
No es una moral mítica o mágica.

Después de la alianza, las normas del
pueblo son asumidas como entendidas
a

partir

de

esa

experiencia

fundamental.

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MORAL DEL NUEVO TESTAMENTO

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UNA MORA ABIERTA A LA
CULTURA

La moral de los sapienciales es una
ética de la experiencia enraizada en una
cultura ajena: la griega en el libro de la
Sabiduría y la babilónica en el libro de
Job.

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EXIGENCIA DE TOTALIDAD E

INTERIORIDAD

Es necesario llegar a la interioridad, más allá de las formas y
las normas externas. Jesús asume y cumple las exigencias
éticas del Antiguo Testamento: cada sábado acude a la
sinagoga (cf. Mc 1,21).
Jesús se enfrenta a una interpretación de la ley basada en la
superficialidad y el legalismo. Critica la moral farisaica:
a) Por creer que el hombre puede ser justo por sus solas
fuerzas, olvidando la gratuidad de la salvación y la bondad
que se encuentra sólo en Dios.
b) Por haber dado mayor importancia a la acción exterior
que a la disposición interior.
c) Por haber sobre valorado la trascendencia moral de los
actos de culto. d) Por haber convertido el cumplimiento de
la Ley en motivo de orgullo.

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NUEVA IMAGEN DE

DIOS

Ante un Dios que es Padre
y ama desde la absoluta
gratuidad al que no puede
“merecer”

su

amor,

la

exigencia

ética

fundamental se apoya en
la imitación de Dios.
Sólo

así

se

puede

sustentar el “sed perfectos
como es perfecto vuestro
Padre celestial” (Mt 5,48).

24

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LA VIDA EN EL ESPÍRITU

Jesús actúa toda su vida bajo la acción del Espíritu
(cf. LC 3,22; 10, 21; 4, 1.14-18), por lo tanto
también lo recibirán los que siguiendo su ejemplo
han aprendido a invocar al Padre (cf. Lc11,13).
La vida de sus discípulos se verá enriquecida, si es
que lo piden, por el don y la presencia del Espíritu
Santo, quien les enseñará todo lo que deban decir.

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LA MORAL EN SAN PABLO

El encuentro con Jesús provocó un profundo cambio
en quienes le conocieron. Este cambio se produjo a la
luz del misterio pascual. Jesús es para ellos el
prototipo del hombre, el “proyecto” de hombre que
Dios nos ha desvelado en los últimos tiempos; “ser
bueno” significa seguir los caminos de Jesús, el Señor.
“ser buenos” significa, para los cristiano, “ser del
Señor”.

UNA MORAL PERSONAL
El encuentro con Jesús, camino de Damasco, cambió
radicalmente a Pablo. A Partir de ese momento, Pablo
tiene clara conciencia que en él vive Cristo (Cf. Gàl 2,
20-21) toda su vida es Cristo; su vivir es Cristo (cf. Flp
1, 21).
Pablo considera la vida cristiana, desde el bautismo
hasta la gloria, como una unión progresiva con Cristo
Señor. En Cristo, los creyentes han sido salvados, de
modo que la salvación es una mera revelación con
Dios por Cristo en el Espíritu.

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UNA

MORAL
DE LA

LIBERTAD

Pablo repite constantemente

que Cristo ha “redimido”,

“recomprado” y rescatado al
hombre de los poderes del mal
para devolverlo a Dios (cf. Rom

6, 15-23) al redescubrir en

Cristo el sentido de la alianza
con Dios, el cristiano queda

liberado del yugo de la ley que
lo esclavizaba: de la fuerza que

lo ataba y condenaba (cf Gàl

5,1).

El cristiano es llamado e

impulsado a una libertad que
nunca puede confundirse con
la depravación del libertino. No

ha sido liberado para vivir

según la carne.

UNA MORAL
VIVIDA EN EL

ESPÍRITU

Gracias al favor divino,

el cristiano, según

Pablo, ha sido liberado
de la ley del pecado y
de la muerte (cf. Rom 5,
12) por una nueva ley:
la del espíritu que da la
vida en Cristo Jesús (cf.

Rom 8,2) con Cristo,

nuevo Adán, comienza

para el hombre un
mundo nuevo y una
nueva creación, un

nuevo modo de vivir la

existencia.

De ahí la continua

contraposición
entre vivir en la
carne y vivir en el
espíritu. Vivir en la
carne significa un

modo de

existencia no
guiado por el

espíritu que guió a
Jesús. Para Pablo,

“los que viven
según la carne

desean lo carnal” y

“no pueden

agradar a Dios”.

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UNA MORAL DE LAS VIRTUDES TEOLOGALES

La novedad de la moral cristiana, enraizada en la normatividad de Cristo, se
concreta en un rasgo fundamental:
vivir de la fe (cfr. Rom 1, 16-17). La fe funda y unifica a las comunidades (cf.
Rom 10, 9-10).
La esperanza en Jesús que ha de venir se ha convertido, junto con el
abandono de los ídolos, en signo de la conversión a la fe cristiana (cf. 1 Tes
5, 1-11).
La caridad es considerada el primero de los “carismas” o dones del Espíritu
para la edificación de la comunidad (cf. 1 Cor 13, 1-7). La caridad así
caracterizada por Pablo puede ser considerada como el resumen de la ley de
Dios (Cf Rom 13, 8-10, Gál 5,14; Flp 2, 2-3; Ef 1, 15) y da el verdadero
sentido moral a la vida del creyente (cf. Flp 1, 9-11).

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UNA MORAL ENTRE DOS TIEMPOS

Pablo no olvida que el cristiano vive en entre el “ya” y “el
todavía no”, en la tensión del que ya sido liberado, pero
todavía no ha alcanzado la plenitud de su interna libertad,
la moral paulina oscila entre el indicativo de la salvación ya
anunciada y el imperativo del esfuerzo moral para realizarla
en la vida.

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LA MORAL EN SAN JUAN.
Las exigencias éticas del nuevo nacimiento del
agua y del Espíritu ( CF. Jn 3,5), de la nueva vida
vinculada a la fe en Cristo.

UNA MORAL DEL MANDAMIENTO
La moral de Juan parece centrada en la
observancia no de la ley, sino del mandamiento
dado por Jesús a la comunidad creyente: Jn 14,
21-24: 1Jn 3, 22-24. Al comparar los pasajes
citados

1Jn

2,

5-7

se

descubre

que

el

mandamiento

es

presentado

en

estrecho

paralelismo con la palabra de Jesús el Señor, que
es el camino, la verdad y la vida (cf. Jn 14,6).

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EL MANDAMIENTO RECIBIDO DEL

PADRE

Jesús

también

ha

recibido

del

Padre

un

mandamiento: “Yo no he hablado por mi cuenta
sino que el Padre que me ha enviado, me ha
mandado lo que tengo que decir y hablar, y yo é
que su mandato es vida eterna” (Jn 12, 49-50).
La obediencia al mandato es vida eterna” (Jn
12, 49-50). La obediencia al mandato de hablar
viene ratificada por una obediencia aún más
radical: la que acepta “voluntariamente” la
orden del Padre de entregar su vida como el
siervo de Yahvéh (Cf. Jn 10,17-18).
Pero permite a Jesús decir: “Si guardáis mis
mandamientos, permaneceréis en mi amor,
como yo he guardado los mandamientos de mi
Padre y permanezco en su amor” (Jn 15,10). El
mandamiento de esta unión con Cristo es el
gran motivo en que se fundamente el esfuerzo
moral de la perseverancia en la verdad recibida.

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EL MANDAMIENTO RECIBIDO DE JESÚS

Jesús habla con frecuencia de sus propios mandamientos: “si me
amáis, guardareis mis mandamientos” (Jn 14,15). “Si guardáis mis
mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado
los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor (2 8Jn
15,10). Les deja a sus discípulos un mandamiento particularmente
“suyo”: “éste es el mandamiento mío: que os améis los unos a los
otros como yo os he amado” .

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La moral bíblica es una moral religiosa, es decir,
brota del llamado de Dios expresado en la
Sagrada Escritura y espera una respuesta de la
persona a quien va dirigido ese llamado. Ahora
bien, como la persona es libre, puede responder
positivamente y estará obrando bien (conforme lo
que Dios quiere); de lo contrario obrará mal.
En la Sagrada Escritura hay momentos “fuertes” o
importantes de contenido moral: en el Antiguo
Testamento

es

el

Decálogo

(los

diez

mandamientos) y en el Nuevo Testamento está la
moral del sermón del Monte y la novedad del
mandamiento del amor.
Para un cristiano, la moral bíblica del Antiguo
Testamento debe ser mirada desde la perspectiva
de Nuevo Testamento. Esto permite entender un
proceso de progresiva cercanía de Dios hacia
nosotros en que el primer momento es el de la
mayor lejanía: el momento del Sinaí en que
parece que lo más importante es temer a Dios.
Luego Dios continúa acercándose y viene el
momento de los profetas donde nos muestra un
Dios más próximo a nosotros.

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LA LEY MORAL
La ley, según Santo Tomás es “la ordenación de
la

razón

dirigida

para

el

bien

común

y

promulgada por quien tiene a su cargo la
comunidad”. Brota de la razón e incluye en sí el
concepto de norma, pero además remite a la
voluntad competente, que manifiesta e impone
la norma como obligatoria.

LA LEY MORAL
La ley moral es obra de la Sabiduría divina. Se la
puede definir, en el sentido bíblico, como una
instrucción paternal, una pedagogía de Dios.
Prescribe al hombre los caminos, las reglas de
conducta que llevan a la bienaventuranza
prometida; proscribe los caminos del mal que
apartan de Dios y de su amor.

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LA LEY MORAL NATURAL

La ley natural expresa el sentido moral original que
permite al hombre discernir mediante la razón lo que
son el bien y el mal, la verdad y la mentira. La ley
“divina y natural”, muestra al hombre el camino que
debe seguir para practicar el bien y alcanzar su fin.

Esta ley se llama natural no por referencia a la
naturaleza de los seres irracionales, sino porque la
razón que la proclama pertenece propiamente a la
naturaleza humana.

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LA LEY ANTIGUA

Es el primer estado de la ley revelada. Sus prescripciones
morales están resumidas en los Diez mandamientos. Los
preceptos del Decálogo establecen los fundamentos de la
vocación del hombre, formando a imagen de Dios. Prohíben lo
que contrario al amor de Dios y del prójimo, y prescriben lo
que le es esencial.
La importancia que tiene el Decálogo para la moral es enorme.
En primer lugar, para los judíos resume lo más importante que
tienen que cumplir para ser fieles a la Alianza con Dios. Los
cristianos también van a considerar central el Decálogo y será
parte de la enseñanza de la moral hasta el día de hoy, unida, a
la moral que se desprende del Sermón de la Monte. El
Decálogo es una base moral para toda la humanidad. La ley
antigua es una preparación para el Evangelio. “

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Es la perfección de la ley divina, natural y
revelada. Es obra de Cristo y se expresa
particularmente

en

el

Sermón

de

la

Montaña. Es también obra del Espíritu
Santo, y por Él viene a ser la ley interior de
caridad.
Es la gracia del Espíritu Santo dada a los
fieles mediante la fe en Cristo, actúa por la
caridad, utiliza el Sermón del Señor para
enseñarnos lo que hay que hacer y los
sacramentos para comunicarnos la gracia de
realizarlo.
La moral del sermón del Monte es un punto
central de la moral cristiana. Es la propuesta
o programa de conducta moral que Jesús
propone a todos los que creen que Él es el
Hijo de Dios.

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LA “NOVEDAD” DEL MANDAMIENTO DEL

AMOR

Siempre se ha dicho que Jesús enseñó el mandamiento del amor.
a) La unión inseparable que Jesús plantea entre el amor a Dios y el
amor al prójimo. En el AT parecía que era posible separar ambos
tipos

de

amor.

Para

Jesús

son

dos

aspectos

de

un

mismo

mandamiento: la manera de expresar concretamente el amor a Dios
para por el amor al prójimo (“quien dice amar a Dios y no ama al
prójimo es un mentiroso” expresa san Juan).
b) La primacía (o la mayor importancia) que Jesús otorga al amor (a
Dios y al prójimo) por sobre todos los otros mandamientos. Jesús
resume todas las exigencias éticas en el mandamiento del amor (a
Dios y al prójimo). Por eso los 10 mandamientos pueden reducirse a
vivir el amor: el amor a la vida (no matar), el amor a la verdad (no
mentir) el amor al compromiso serio (no cometer actos impuros), el
amor al bien ajeno (no robar), etc.
c) Jesús enseña el amor al prójimo con tres novedades que nunca
antes se habían planteado: Extensión máxima de amor al prójimo:
amar hasta el enemigo; Amar como Jesús nos ha amado (en el AT se
decía “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Jesús cambia el criterio y
dice “amen como Yo los he amado”… es decir con un amor que
puede llegar a dar la vida). Perdonar sin medida.

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LA CONCIENCIA MORAL

“En lo más profundo de su conciencia
el hombre descubre una ley que él no
se da a sí mismo, sino a la que debe
obedecer y cuya voz resuena, cuando
es necesario, en los oídos de su
corazón, llamándole siempre a amar y
hacer el bien y a evitar el mal… el
hombre tiene una ley inscrita por Dios
en su corazón…

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EL DICTAMEN DE LA CONCIENCIA

Presente en el corazón de la persona, la conciencia
moral (cf. Rom 2, 14-16) le ordena, en el momento

oportuno, practicar el bien y evitar el mal. Juzga
también las opciones concretas aprobando las que
son buenas y denunciando las que son malas (cf.

Rm 1,32). Mediante el dictamen de su conciencia el
hombre percibe y reconoce las prescripciones de la

ley divina.

La conciencia hace posible asumir la

responsabilidad de los actos realizados. Si el
hombre comete el mal, el justo juicio de la

conciencia puede ser en él testigo de la verdad
universal del bien, al mismo tiempo que de la

malicia de su elección concreta.

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LA FORMACIÓN DE LA

CONCIENCIA

Formula sus juicios según
la razón, conforme al bien
verdadero y querido por la
sabiduría del Creador. Es
una tarea de toda la vida.

DECIDIR EN
CONCIENCIA

La

conciencia

puede

formular un juicio recto de
acuerdo con la razón y con
la ley divina, o al contrario
un juicio erróneo que se
aleja de ellas. El hombre
debe buscar siempre lo que
es justo y bueno y discernir
la

voluntad

de

Dios

expresada en la ley divina.

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EL JUICIO ERRÓNEO

La

persona

humana

debe

obedecer

siempre el juicio cierto de su conciencia.
Si obrase deliberadamente contra éste
último, se condenaría a sí mismo.

Pero sucede que la conciencia moral
puede estar afectada por la ignorancia. Si
por

el

contrario,

la

ignorancia

es

invencible,

o

el

juicio

erróneo

sin

responsabilidad del sujeto moral, el mal
cometido por la persona no puede ser
imputado.

42

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El objeto de la Teología Moral no es el pecado
sino la llamada a la perfección que nos ha sido
dirigida por Jesucristo. Pero la Moral no puede
desentenderse de los pecados del mundo. “El
pecado es una falta contra la razón, la verdad, la
conciencia recta; es faltar al amor verdadero para
con Dios y para con el prójimo, a causa de un
apego perverso a ciertos bienes.

EL PECADO COMO OFENSA A DIOS

El pecado como ofensa a Dios es un tema de origen
bíblico. En la encíclica Humani Generis (12 de Agosto
de 1950), Pio XII se refiere al pecado “en cuanto es
ofensa de Dios”. Esta definición de pecado no puede
entenderse en un sentido antropomórfico, ya que lo
humano y lo divino no están en el mismo nivel (si lo
fueran no tendría sentido distinguirlos y hablar de lo
trascendente).

LA RESPUESTA MORAL NEGATIVA:

EL PECADO

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LOS VALORES

Se define como aquello que es (o hace a un
objeto)

apetecible,

amable,

digno

de

aprobación, de admiración…; lo que provoca
sentimientos, juicios o actitudes de estima y
recomendación; lo que es útil para un fin
determinado. El valor viene a llenar una
ausencia, a satisfacer una necesidad, a ofrecer
precisamente lo que falta.

VALOR Y JUICIO MORAL

El juicio moral se pronuncia sobre la presencia
o la ausencia de un valor ético en una situación
o un comportamiento concreto. Los principios
éticos orientan al sujeto en las situaciones
conflictivas

porque

asumen

la

realidad

concreta

en

cuanto

consideran

las

consecuencias de una acción.

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El principio de doble efecto, supone un contexto en que una

acción determinada provoca simultáneamente dos

consecuencias: una positiva y la otra negativa.

El principio de totalidad asume la relación existente entre la
parte y el todo, privilegiando el significado más completo que

posee el todo con respecto a la parte.

El principio del bien posible o del mal menor presume una

colisión de deberes o de conflicto de valores, ya que la

observación de una norma llevaría a consecuencias aún más
graves, comprometiendo valores de igual o mayor jerarquía

(como por ejemplo en el caso de la legítima defensa).

El principio de la epiqueya tiene un talante ético jurídico dado

que presupone una situación donde la perspectiva moral no
coincide con la jurídica vigente. Se trata de una situación

concreta no prevista ni previsible por el legislador, justamente
para poder ser fiel al espíritu del legislador contenido en la ley

promulgada.

PRINCIPIOS

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EL PECADO COMO ALEJAMIENTO DE

DIOS

Según San Agustín: “Todos los pecados incluyen este

elemento de apartarse de los divino y de lo verdaderamente

permanente y se convierte a lo cambiante e incierto”

EL PECADO COMO VIOLACIÓN DE LA LEY DE

DIOS

Segu San Agustín. El pecado consiste en la desobediencia, es

decir, un rechazo a Dios que entrega la ley.

UNA DECISIÓN LIBRE.

Tradicionalmente se ha establecido que para hablar de pecado
se requiere no sólo que lo que se elige sea malo (la materia),
sino también que se le reconozca como tal (advertencia) y que
haya adhesión a ello por una decisión propia (consenso). En
este perspectiva se distingue en la actualidad, a nivel de la
responsabilidad personal, entre el desorden y el pecado.

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LA GRAVEDAD DEL PECADO: PECADO MORTAL Y VENIAL

N° 1854 Conviene valorar los pecados según su gravedad. La distinción entre pecado mortal
y venial, perceptible ya en la Escritura (Jn 5,16-17) se ha impuesto en la Tradición de la
Iglesia.

N° 1855 El pecado mortal destruye la caridad en el corazón del hombre por una infracción
grave de la ley de Dios;

N° 1856 El pecado mortal que ataca en nosotros el principio vital que es la caridad, necesita
una nueva iniciativa de la misericordia de Dios y una conversión del corazón.

N° 1857 para que un pecado sea mortal se requiere tres condiciones: “Es pecado mortal lo
que tiene por objeto una materia grave y que, además, es cometido con pleno conocimiento y
pleno consentimiento” (Reconciliatio et penitentia, 17).

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LA CONVERSIÓN EN LA
SAGRADA ESCRITURA

La Sagrada Escritura no se entendería si
se niega la experiencia del pecado como
rechazo del pueblo de Israel y de los
seres humanos al ofrecimiento del amor
de Dios.
Pero si la Escritura nos habla del pecado
es para hablarnos del amor de Dios que
nos vuelve a invitar una y otra vez a
volver a Él que es misericordioso, lento
a la ira y rico en piedad.
La conversión siempre nace por una
iniciativa

de

Dios

que

nos

envía

mensajeros, que nos invita y nos mueve.

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LA CONVERSIÓN COMO OPCIÓN

FUNDAMENTAL

La

conversión

en

su

profundidad

es

optar

fundamentalmente por Cristo y por su Evangelio de
manera que orientemos radicalmente nuestra vida y
energía a su servicio.Esta conversión, entendida
como

opción

fundamental

positiva,

exige

la

trasformación de nuestras actitudes personales
frente al mundo.

La conversión significa dejar que obre el Espíritu de
Cristo,

que

desde

dentro

transforme

nuestras

actitudes y que produzca en nosotros los frutos
enumerados por Pablo en Gálatas 5, 22-24. La
conversión implica, por lo tanto, el abandonar una
opción fundamental de centramiento en nosotros
mismos y de cerrazón a Dios y al hermano, para
asumir la opción de vivir abiertos a Dios, al Evangelio
y al amor hacia los hermanos.

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Otra forma de expresar sacramentalmente la conversión es a
través del sacramento de la reconciliación por el cual el ya
bautizado que ha abandonado su opción por Dios, pide perdón
en la Iglesia por el daño causado a sí mismo o a los demás, y al
hacerlo, pide perdón a Dios mismo.

LA CONVERSIÓN COMO GRACIA Y SU EXPRESIÓN

SACRAMENTAL

La iglesia ha sido constante en afirmar que nosotros no podemos
establecer una relación con Dios ni salir de una opción fundamental
negativa por nuestras propias fuerzas, sino que necesitamos la gracia y
benevolencia de Dios. La conversión se expresa fundamentalmente en el
sacramento del bautismo.

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LA DIMENSIÓN SOCIAL DE

NUESTRA CONVERSIÓN

La conversión significa aceptar plenamente
a Cristo y su Evangelio como criterio de
nuestra vida y acoger al Espíritu como la
fuerza transformadora de nuestras vidas.
La conversión conduce a la comunión
fraterna, porque ayuda a comprender que
Cristo es la cabeza de la Iglesia, su Cuerpo
místico; mueve a la solidaridad, porque nos
hace conscientes de que lo que hacemos a
los

demás,

especialmente

a

los

más

necesitados, se lo hacemos a Cristo.

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EL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

Habla de la conversión y de la sociedad afirmando
que

“Es

preciso

apelar

a

las

capacidades

espirituales y morales de la persona y a la
exigencia permanente de su conversión interior
para

obtener

cambios

sociales

que

estén

realmente a su servicio.

La conversión, por lo tanto debe expresarse en un
deseo de transformar las estructuras y las pautas
culturales en factores de humanización de manera
que la opción fundamental positiva alcance lo que
Pablo VI llamó la “evangelización de la cultura”, es
decir, un cambio de los modos de pensar, de obra
y de valorar que no sea puramente decorativo,
sino que toque el centro mismo de una cultura, y
por lo tanto a cada uno de los que están inmerso
en ella.

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Las virtudes morales se adquieren mediante las fuerzas humanas. Son los
frutos y los gérmenes de los actos moralmente buenos.
Cuatro virtudes desempeñan un papel fundamental. Por eso se las llama
‘cardinales’Son la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. La
prudencia es la virtud que dispone a la razón práctica a discernir en toda
circunstancia nuestro verdadero bien y a elegir los medios rectos para
realizarlo… es la regla recta de la acción, escribe santo Tomas (s.th. 2-
2,47,2)…

CONVERSIÓN Y VIRTUD

La virtud es una disposición habitual y firme a hacer el bien. Permite a la persona
no sólo realizar actos buenos, sino dar lo mejor de sí misma. Las virtudes humanas
son

actitudes

firmes,

disposiciones

estables,

perfecciones

habituales

del

entendimiento y de la voluntad que regulan nuestros actos, ordenan nuestras
pasiones y guían nuestra conducta según la razón y la fe.

53

media

“La justicia es la virtud moral que consiste en la

constante y firme voluntad de dar a Dios y al
prójimo lo que les es debido, la justicia para con
Dios es llamada la virtud de la religión.

“La fortaleza es la virtud moral que asegura, en

las dificultades, la firmeza y la constancia en la
búsqueda del bien. Reafirma la resolución de
resistir a las tentaciones

y de superar los

obstáculos en la vida moral.

“La templanza es la virtud moral que modera la

atracción de los placeres y procura el equilibrio
en el uso de los bienes creados. Las virtudes
teologales son la fe, la esperanza y la caridad, y
se refieren directamente a Dios.

Disponen a los cristianos a vivir en relación con la
Santísima Trinidad. “Las virtudes teologales fundan,
animan y caracterizan el obrar moral del cristina
informan y vivifican todas las virtudes morales.

54

Multiple Choice

¿Qué aspectos abarca la formación integral humana y religiosa?

1

Físicos, intelectuales, emocionales y espirituales

2

Físicos, emocionales, sociales y económicos

3

Intelectuales, espirituales, éticos y morales

4

Físicos, intelectuales, sociales y culturales

media

ANDY JOEL COCO

CABRAL

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